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Ver productosContemplar la mediación familiar desde la perspectiva lingüística evidencia que se trata de un trabajo sobre la palabra y la comunicación

5 de febrero de 2026 - 6min.
Nadia Aldunate Martín. Doctoranda en mediación y conflicto familiar en el Instituto Cultura y Sociedad (ICS) de la Universidad de Navarra. Graduada en Filología Hispánica por la Universidad de Navarra y Máster en Ciencia del Lenguaje y Lingüística Hispánica por la UNED.
Avance
¿Qué hace que un conflicto familiar pueda transformarse en un acuerdo? En mediación familiar —un procedimiento voluntario y alternativo al juicio en el que las personas implicadas buscan soluciones con la ayuda de un profesional—, el éxito depende tanto de la actitud colaborativa de las partes como de la actuación de la figura mediadora. Así, la distribución de los turnos, las preguntas formuladas, incluso los gestos utilizados, constituyen estrategias discursivas que no solo ordenan la conversación durante una sesión de mediación, sino que la transforman.
Contemplar la mediación desde la perspectiva lingüística y el análisis interaccional permite entender que se trata, ante todo, de un trabajo sobre la palabra y la comunicación en su conjunto. Bajo la guía invisible construida por la persona mediadora, el diálogo se convierte en un espacio seguro donde las familias tienen la oportunidad de construir acuerdos.
ArtÍculo
La mediación familiar es un procedimiento voluntario al que las familias acuden con el fin de alcanzar un acuerdo que les permita encauzar un conflicto, contando con el acompañamiento de una figura mediadora imparcial. Aunque su finalidad principal sea resolver un desacuerdo, el eje central del proceso es siempre la comunicación. La sesión de mediación se construye a través de turnos de habla, silencios, gestos y miradas. Desde esta perspectiva, el conflicto se desarrolla en la interacción y también se transforma en ella.
En este escenario, la persona mediadora no actúa como mera observadora del diálogo, sino que es responsable de ordenarlo y guiarlo. Su papel consiste en acompañar a las personas implicadas hacia una conversación que favorezca la expresión, escucha y revisión de sus posiciones. La interacción, por lo tanto, lejos de fluir de una forma completamente espontánea, es orientada mediante intervenciones que permiten, entre otras cosas, devolver el foco a los intereses comunes, realizar aclaraciones y reducir la escalada de conflictos.
Por añadidura, el componente multimodal del lenguaje —esto es, modos de comunicación más allá de lo verbal— resulta todavía más revelador. El modo en el que se reparte la mirada entre las partes, se baja la palma de la mano para pedir una pausa o se dibujan esquemas sobre un folio compartido también es determinante en la construcción del acuerdo.
La actividad de un mediador engloba, por lo tanto, un conjunto de estrategias verbales y no verbales que actúan conjuntamente para sostener el proceso. Así, la mediación familiar se presenta como un evento conversacional orientado, cuya eficacia tiene mucho que ver con la estructura comunicativa que lo hace posible.
Las estrategias conversacionales y multimodales que utilizan los y las mediadoras permiten orientar el diálogo sin apropiarse de él. Estas intervenciones, ya sean verbales o gestuales, se aplican según las necesidades del momento y facilitan que la sesión avance de manera eficaz. En la Universidad de Navarra, los estudios de casos reales de mediación familiar están aportando información empírica muy relevante sobre diversas estrategias y su uso a lo largo de las sesiones.
En la práctica, las estrategias no funcionan de manera aislada, sino que se combinan entre sí y se adaptan a las necesidades de la conversación. Por ejemplo, cuando una idea se expresa de forma ambigua o es susceptible de malinterpretación, la persona mediadora puede reformular el mensaje, devolviéndolo en términos más claros para que los presentes comprendan mejor su sentido. De manera similar, si la narración de los hechos es fragmentaria o predominan los reproches entre las partes, quien media puede hacer uso de preguntas estratégicas que guíen el diálogo y fomenten la reflexión.
Cuando las partes mantienen posturas rígidas o muestran dificultad para anticipar consecuencias o planes futuros, la figura mediadora recurre a escenarios hipotéticos, es decir, a situaciones imaginarias que permiten visualizar posibles consecuencias, explorar alternativas y tomar perspectiva sobre decisiones concretas. Esta técnica ayuda a abrir el diálogo, fomentando la cooperación y la búsqueda de soluciones. Otro recurso frecuente es resumir y recopilar la información aportada por las personas implicadas, especialmente cuando los relatos personales son extensos o dispersos. Esta estrategia permite identificar los temas clave, mostrar avances y mantener la coherencia de la sesión. En ocasiones, el acto de resumir se complementa con el uso de recursos visuales, como pizarras o folios, que permiten hacer más visibles los puntos de acuerdo y los elementos pendientes de diálogo.
El refuerzo positivo constituye otra estrategia valiosa. Cuando las partes muestran cooperación, reconocimiento mutuo o escucha activa, la persona que media subraya esos comportamientos con palabras de apoyo, lo que fomenta un clima de colaboración y fortalece la interacción. De manera complementaria, el mediador puede ofrecer sugerencias o información adicional para aclarar dudas prácticas, sin imponer soluciones ni dirigir el contenido del acuerdo. Esta estrategia facilita decisiones más informadas y permite mantener la autonomía de las personas que acuden a mediación.
Existen también estrategias que buscan controlar la dinámica de la conversación cuando esta se desvía del objeto de la sesión. Por ejemplo, las interrupciones estratégicas permiten detener la interacción temporalmente cuando surgen reproches, falta de cooperación o discusiones que impiden avanzar. Estas suelen ir acompañadas por un gesto de la mano hacia abajo en dirección al hablante, lo que ayuda a recuperar el control del diálogo. Tras una interrupción estratégica, la persona mediadora suele intentar reconducir la conversación hacia los temas principales para asegurar un enfoque productivo de la conversación.
Otras estrategias, como la polifonía, entendida como la representación de distintas voces en el discurso propio, permiten, por ejemplo, hacer alusión a palabras dichas por los presentes para aclarar malentendidos o potenciar que las partes se sientan escuchadas. Por último, el humor, cuando se emplea de manera adecuada, sirve también para aliviar tensiones y generar un clima más relajado, favoreciendo la continuidad del diálogo y la colaboración.
El enfoque lingüístico permite valorar la labor de quienes se dedican a la mediación más allá del ámbito legal. La actividad mediadora implica una intervención activa y consciente para guiar la conversación hacia la creación de acuerdos. Como se ha comprobado, se trata de organizar la comunicación, gestionar interacciones complejas y propiciar las condiciones necesarias para que todas las partes puedan revisar sus posiciones, expresarse y escucharse.
Las estrategias discursivas de los mediadores son esenciales para construir el escenario del diálogo y para generar un espacio seguro de expresión de necesidades de todos los implicados, algo que, por diversas limitaciones materiales y temporales, no suele poder contemplarse en un juicio. Esto pone de relieve la importancia y necesidad de modelos de justicia restaurativa y de métodos alternativos de resolución de conflictos que humanicen los procesos legales a través de un diálogo guiado, y que tengan como objetivo tanto el acuerdo legal como la transformación de los hábitos de interacción de las personas implicadas en el conflicto.
Reflexionar sobre las estrategias empleadas por las personas que se dedican a la mediación no solo contribuye al conocimiento sobre el funcionamiento de esta, sino que también ofrece pautas prácticas para comprender su eficacia y valor. Así, pequeños actos comunicativos pueden convertir un diálogo bloqueado en un acuerdo alcanzado, lo que demuestra que la mediación es, más allá de una alternativa a la vía judicial tradicional, un trabajo que devuelve la confianza sobre la capacidad de la comunicación para regenerar los vínculos y las relaciones humanas.
La imagen que ilustra el texto se encuentra en el repositorio de Pixabay, la firma InPixell_Studio y se puede consultar aquí.