Rafael Rodríguez Tapia

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Andrea Wulf, “La invención de la naturaleza”

Reseña del libro "La invención de la naturaleza. El nuevo mundo de Alexander von Humboldt", de Andrea Wulf (Taurus, 2017).
"Buda de Frankfurt" Conversaciones con Arthur Schopenhauer

Incursiones por el “terreno Schopenhauer”

  Nunca se dejará de discutir hasta qué punto se puede esperar de un filósofo que viva según su filosofía, o cuánto se le pueden perdonar sus desviaciones vitales respecto de sus propuestas teóricas (o cómo, para algunos, queda desacreditada una obra a causa de esas desviaciones). Superado eso, la atención a la biografía de ese autor puede estar fundamentada en la búsqueda de más elementos que los escritos directamente por él con intención editorial: por ejemplo, las famosísimas cartas de Spinoza podrían pesar tanto en el conocimiento de su pensamiento como las que él consideró obras acabadas. Da la impresión de que Moreno Claros nos propone algo por el estilo, y lo cierto es que al acabar esta lectura vamos a saber algo sobre el pensamiento de Schopenhauer que el mismo Schopenhauer no dejó escrito. ¿Qué sistemática de trabajo puede aplicarse a la caza de fragmentos literarios, postales, periodísticos, memorialistas y de cualquier clase que exista por escrito sobre un determinado tema o personaje? Durante la lectura de esta obra, el lector tendrá la impresión de que el compilador debía de tener tendida una red mundial de detectores, tal es la insuperable heterogeneidad de orígenes y estilos y tonos de los fragmentos expuestos. Resulta que el filósofo antipático, el gruñón intratable, el misántropo por antonomasia, dejó a su muerte decenas de personas agradecidas por el trato directo que con ellas tuvo, y que no se abstuvieron de narrar sus impresiones de ese trato. Moreno Claros, ya bregado trabajador del territorio Schopenhauer, probablemente ya constituido en referencia obligada en castellano cuando se quiera tratar con el Buda de Fráncfort, ha recopilado, ordenado y traducido más de medio centenar de testimonios, algunos de solo quince líneas y otros de más de veinte páginas: la claridad neta de su castellano hace olvidar en qué idioma se está leyendo, y uno se sumerge en el contenido como si estuviera navegando directamente en el idioma original. Y empieza a oír los gruñidos del cascarrabias soberbio, y sus zapatazos, y sus portazos; pero también se oye con volumen creciente otra cosa. Esta no es una obra de cotilleos irrelevantes o travesuras rebeldes, como a menudo acaban resultando estas recopilaciones biográficas «paralelas» a la obra teórica de un gran personaje. Solo los fragmentos establecen alguna división en este libro de introducción (muy sólida) y un solo capítulo, de modo que se trata casi de un texto corrido en el que ciertos temas y sucesos reaparecen una y otra vez, según los viera este o aquel memorialista, pero nunca se detiene el avance, porque en cada recuerdo hay algo que en otro no había; y en esos recuerdos a veces triviales, cotidianos y banales, hay siempre un punto de apoyo para saltar adelante y seguir componiendo con teselas el retrato de conjunto. Llama la atención al principio la ausencia de personajes de primera fila entre los memorialistas; luego se recuerda cómo le fue, en efecto, al filósofo con los importantes de su época, y la cosa extraña menos. E...
Rüdiger Safranski, Goethe. La vida como obra de arte

Rüdiger Safranski, Goethe. La vida como obra de arte

Cuando una obra biográfica es tan contundente y extensa como esta de Safranski sobre Goethe, es fácil confundir el comentario sobre la misma con el comentario sobre el biografiado; colabora con ello en este caso, evidentemente, el peculiar carácter de este, su posición en la cultura europea y su condición de rara avis. O quizá no tan rara, sino más bien el modelo, o uno de los principales modelos de todos los que después se han postulado a sí mismos como raros, diferentes, mejores, superiores y únicos. Pero una de las mejores virtudes de esta escritura es precisamente que el autor no se queda en ello, sino que por fin se muestra al público el otro Goethe, ese que los muy entendidos parecen conocer pero los solamente iniciados no pueden más que sospechar. Leemos en esta obra múltiples textos originales y también decenas de referencias que nos muestran al Goethe envanecido, egocéntrico, divino, el del estereotipo de los pro- y de los anti-Goethe; y al lado de esas, leemos las que comunican el otro Goethe, el que detestaba a los románticos narcisistas, a los solipsistas poéticos o filosóficos, el Goethe casi humilde en sus inseguridades artísticas y literarias, el simple burgués más bien sobrepasado por su buena suerte. Safranski es todo lo ecuánime que se puede ser al reflejar ambos en su escritura desde el primer momento, y mantiene esa bipolaridad con tensión y energía hasta el final de las 600 páginas. En realidad, se introducen más y más polos conceptuales que van componiendo un complejo mundo tanto individual como colectivo, de un modo que al lector se le antoja verosímil e incluso veraz. No solo atenderemos, veremos y oiremos al mismo Goethe individual y sus luchas consigo mismo, sino que, simultáneamente, como en paralelo, tendremos parte de nuestra atención absorbida por la galerna histórica que nosotros conocemos pero los personajes ni sospechan, y que por fin se adueña del paisaje, de las actividades y hasta del mismo biografiado, esa Revolución Francesa que apenas es el comienzo de nuestro presente, como algunos lúcidos de entonces casi vislumbran. La Revolución, su resolución o continuación o disolución en el napoleonismo, y cómo todo ello construye al Goethe histórico va a ser un argumento muy principal de esta biografía, a diferencia de otras sobre el mismo personaje, más centradas en el estro poético y sus desventuras. Recorremos al estilo clásico y en línea temporal continua la vida del niño y joven Johann Wolfgang, pero Safranski consigue evitar esas pegajosas anticipaciones de los biógrafos devotos: simplemente, y a la vista de las referencias aportadas, no nos queda más remedio que dar por sentado que se trató de un niño superdotado, sí, pero repelente y seguramente insoportable aunque no por su superdotación como algunos suelen suponer, sino a causa de las enseñanzas que sobre sí mismo ya le habían proporcionado a corta edad: rara vez el «nadie como yo» de los adultos deja de tener su origen en un «nadie como tú» repetido como mantra...

Jaron Lanier, ¿Quién controla el futuro?

Jaron Lanier puede que sea desconocido para muchos, pero resulta ser uno de los tecnogurús de mayor graduación del mundo, inventor de la mitad de los programas y las aplicaciones que todos manejamos en la actualidad, así como de la expresión «realidad virtual» (que ya quisieran muchos haber inventado). Es decir, un súper artesano de su arte, un «tecnólogo», como dice de él mismo.

Brian Cox y Jeff Forshaw: El universo cuántico.

El empeño de explicar los fundamentos de la mecánica cuántica a quienes previamente no tienen formación matemática es lo que guía a Brian Cox y a Jeff Forshaw, ambos físicos de los equipos del LHC del CERN, a confeccionar un libro arriesgado, no siempre triunfante, pero valiente.

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