Rafael Llano

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Filósofo. Profesor Titular de Periodismo. Universidad Complutense de Madrid. Director de Nueva Revista entre 2000 y 2005

Periodismo cultural y comunidad política ¿De verdad deseamos saber?

Texto de la intervención que Rafael Llano impartió en el simposio sobre «El lenguaje de la crítica. Crítica de exposiciones de arte antiguo en los medios de comunicación», celebrado en la Cátedra Museo del Prado, el 11 de mayo de 2016.

Sociedad de la información y el conocimiento en los países nórdicos

Los países nórdicos ofrecen el ejemplo de un modelo económico y cultural en el que las nuevas tecnologías han madurado como una eficiente herramienta de cohesión social. Nuestro país, en cambio no ha logrado una implantación económica y socialmente eficaz de las nuevas tecnologías.

Ciudadanos católicos: mujeres y hombres cultos, pacíficos, benévolos. O si no, malos católicos

La primera línea de la Constitución de 1978 se refiere a tres valores, que la Nación española afirma como garantía de la convivencia democrática a la que aspira: la justicia, la libertad y la seguridad. Junto a ellos, se refiere también al «bien de cuantos integran» esa Nación, es decir, aquel o aquellos en los que comunican todos los ciudadanos. Se propugna, así, una justicia, una libertad y una seguridad tan comunes a los españoles, que pasando por encima de las diferencias que puedan registrarse entre ellos, se constituyan en medio y en fin -en valores últimos- de la convivencia social. Ahora bien, cuál es el contenido de esos conceptos y, sobre todo, cuál es el fundamento del valor y legitimidad de esa justicia, de esa libertad y de esa seguridad sobre la que se quiere construir legalmente la convivencia de los españoles, es algo que no se define en ese prólogo ni en toda la Constitución. Se trata de unos axiomas que se dan por supuestos en la Ley Fundamental y que se confían al sensus communis de los ciudadanos. Y éstos parece que entendieron esos valores y los aceptaron, en grado suficiente al menos, cuando aprobaron la Constitución al ser consultados en referéndum. Ellos y el Parlamento Constituyente aceptaron que la injusticia, la falta de libertad y la inseguridad serían los enemigos absolutos de cualquier ciudadano español y, por tanto, del conjunto de ellos. A la erradicación de la injusticia, la falta de libertad o la inseguridad quedarían orientados los artículos desarrollados por la Constitución, tras el Preámbulo. La garantía estatal de los derechos fundamentales individuales, tal y como se desglosan en el Titulo I; más la división de los poderes supremos y su peculiar territorialización en autonomías, tal y como se desarrollaba en los siguientes, eran herramientas para evitar algunas injusticias, inseguridades o faltas de libertad particularmente graves e incompatibles con la convivencia democrática de los españoles. Pero en qué consistían positivamente aquellos bienes, de cuyo crecimiento compartido dependería la existencia y mejora de la convivencia social, seguía sin definirse en el texto de la Constitución. Lo mismo ocurre con los valores de referencia expresados en el artículo 1.1, ya dentro del Título Preliminar. De nuevo aparecen allí la libertad y la justicia como los axiomas superiores de la Ley Fundamental; aunque a diferencia del Preámbulo, no se cita ahora la seguridad, y sí en cambio la igualdad y el pluralismo político. Éste es sin duda una parte de la libertad, referente a las propias opiniones sobre la forma de organización del Estado, o sobre quiénes deben acceder a los puestos de poder, de acuerdo con las leyes. Por su parte, la igualdad es otra forma de comprender la justicia, pues supone la aceptación de que todos los ciudadanos son iguales por naturaleza y por tanto también en sus derechos y deberes fundamentales. Así, pues, existe una comprensión social de sentido, aún vigente, acerca de la justicia y la libertad como los valores últimos del ordenamiento legal vigente en nuestro país,...

Las artes. El modelo inédito para una nueva constitución

El autor nos habla acerca de las síntesis culturales que Europa ha logrado realizar desde la antigua Grecia hasta nuestros días, que pueden resumirse en: La guerra, la comunidad jurídica, la economía, la religión, la ciencia política, la ciencia empírica, las artes, etc.

Picasso, la lógica de la libertad no es como la pintan

La próxima gran exposición del Museo del Prado, con el título «El retrato español: de El Greco a Picasso», promete ser uno de los acontecimientos culturales del año. Por primera vez en su historia, la pinacoteca nacional presenta un recorrido cronológico por la historia de un género, que en este caso resulta esencial para la comprensión de la pintura española. Basta repasar la nómina de artistas que estarán representados en esa exposición, para apreciar hasta qué punto la pintura de retrato está en el corazón de nuestro arte: Berruguete, Moro, El Greco, Zurbarán, Velázquez, Valdes Leal, Goya, Madrazo, Zuloaga, Picasso, Miró y Gris, y no son todos los nombres que se proponen en este recorrido desde los orígenes del retrato hasta las vanguardias. Nueva Revista publica un ensayo que el director de la publicación, Rafael Llano, ha preparado para esta ocasión. A propósito de Picasso, es difícil encontrar un género plástico en el que, a la larga o a la corta, no haya obrado él una revolución. Pero tratándose del retrato, estamos autorizados a pensar que se trata de uno de los géneros que están más en el centro de su poética. No en vano Picasso ha sido considerado por algunos críticos de arte como el retratista más importante del siglo xx. Sus opiniones, observaciones y relatos de anécdotas, que están en la base de los siguientes comentarios, pueden ser una buena propedéutica para esa inminente gran fiesta, que resulta siempre la contemplación de nuestra pintura.

El testamento de Dostoievsky (I)

Relato de Rafael Llano, Capítulo 1: El secreto que Pushkin no alcanzó a revelar.

A quiénes consideramos hombres políticos buenos

1 «No es lo mismo ser hombre bueno y ser buen ciudadano de un régimen cualquiera».Aristóteles, Ética a Nicómaco, V, 1130 b 29-30.Política ha sido y es la vocación de Fontán —política es y ha sido su visión del mundo—. Este concepto tiene su origen en la civilización griega, sobre la que tendrían muchas y más precisas cosas que decir los eminentes filólogos clásicos que han sido invitados a colaborar en este número. Con su venia, y por necesidades del guión, permítaseme a mí recordar cómo en aquella cultura lo político se contraponía a lo doméstico como lo común o colectivo se contrapone en general a lo individual y particular. Allí, eran cuestiones domésticas la elección de mujer, el gobierno de la hacienda (normalmente una explotación agrícola) y, en caso de tenerlos, el mando sobre los esclavos. Todas estas cuestiones pertenecían al dominio de la vida particular o privada de cada persona. En cambio, mandar sobre hombres libres e iguales a uno, lo mismo que obedecer a hombres de esa misma condición, pensando en el bien de todos —de las familias, de las haciendas, de los esclavos—: esas eran en las ciudades griegas cuestiones de dominio público o general —eran cuestiones políticas—.LO POLÍTICO SE DICE DE MUCHAS MANERASAlgunos elementos de lo político griego repugnan a los hombres y, en especial y con razón, a las mujeres de hoy. Nos resulta inconcebible que los varones libres se proclamaran a sí mismos señores de sus casas y ciudadanos de pleno derecho, argumentando que no reconocían ni en las mujeres ni en los esclavos facultad de mando —admitiendo que no eran sus iguales—. Y como no toleraban que mujeres y esclavos decidieran por ellos, les permitían solamente una obediencia completa.Al margen de estos rasgos felizmente superados, hay otros de aquella civilización que aceptamos en la nuestra y que incluso continuamos admirando. A ellos me quiero referir a propósito de Fontán, y más particularmente a esa inclinación, digamos que instintiva o espontánea, por la que todo griego que se preciase se proponía ser un actor político, es decir, protagonista y responsable del destino de la polis en la que le había tocado nacer. Aquel ciudadano originario no tenía que pedir permiso a nadie para actuar como tal, no aguardaba a que nadie le comisionara o bendijera para ponerse en marcha: le bastaba sentirse responsable y actuar en consecuencia. La polis era cosa sentida como propia no sólo por aquellos ricos por su casa —los domini— que desempeñaban los cargos onerosos de la ciudad, sino también por los poetas trágicos que contribuían a dar brillo a las fiestas patrias, y por los ancianos sacerdotes encargados de las ofrendas, y los arcontes, y los jueces, y el inspector de mujeres, ese modesto cargo de la ciudad que podía ser ejercido con orgullo por cualquier ciudadano al que se le encomendase.Otra sede nos permitiría discutir cuánto de liberal, en sentido moderno, tiene esta concepción del ciudadano activo, «agente». Nos interesa aquí subrayar que también cabe aplicarlo...

Un gran escritor

Son miles las páginas de letra impresa firmadas por Antonio Fontán. En el libro-homenaje que sus colegas y discípulos filólogos le dedicaron el año 1990, el profesor López Kindler elaboraba una lista de publicaciones con más de doscientas sesenta entradas. De ella nos hemos servido para confeccionar el elenco que presentamos ahora —somos Pulgarcito acomodados en el ala del sombrero de un carretero, pues queremos ver más lejos—.En nuestra lista, hemos tenido que añadir no obstante algunos nuevos títulos, tanto porque Fontán ha seguido dando mucho trabajo a la imprenta estos doce últimos años como, también, porque se ha impuesto la tarea de completar la información que entonces se nos proporcionaba: con ser tan amplia aquella lista de los escritos de Fontán, distaba de ser completa.Tampoco la nuestra lo es, por lo demás. Contamos de antemano con que dentro de diez o doce años vendrán quienes, después de nosotros, tendrán que actualizar la nómina de la obra escrita de Fontán, que ahora damos a la imprenta. Porque es seguro que don Antonio no dejará de escribir, por una parte; y por otra, porque aceptamos de antemano que sólo llegaremos a tener la cuenta exhaustiva de lo que ha escrito Fontán cuando alguien se decida a dedicarle una tesis doctoral a este escritor. Eso habrá de suceder, estoy seguro, si la Universidad española no echa en saco roto lo que su maestro ha conquistado para ella y entregado como herencia, pues las empresas editoriales de Fontán dan claramente de sí para hacer a más de uno, y a más de dos también, doctores en ciencias políticas (y otros tantos en ciencias económicas, cuando alguna facultad del gremio se decida a investigar el milagro de las empresas culturales made in Fontán). Será entonces cuando tengamos la lista fehaciente, «científica», de la obra de este escritor prolífico que es Fontán.Y a propósito de feracidad intelectual: hay tener en cuenta que lo que Fontán ha escrito y firmado es sólo una parte —una especie dentro de un género— de lo que Antonio no ha firmado pero sí escrito. Me atrevo a aventurar que suman varios cientos, fácilmente incluso el millar, las páginas que le corresponden al Fontán escritor sin firma: editoriales de los diarios y semanarios que ha dirigido; «notas», «crónicas» y «panoramas de actualidad» que han aparecido sin desmayo en las revistas culturales que ha puesto en marcha, notas editoriales, etc.En el número 30 de Nuestro Tiempo, por ejemplo, correspondiente a diciembre de 1956, Fontán firmaba (por excepción, pues la sección aparecía habitualmente sin firma) las cuatro colaboraciones colocadas bajo la rúbrica de «Notas de nuestro tiempo» (pp. 57-67): «De la gran persecución», «Húngaros en el desierto», «Facciones en el Kremlin» e «Ingleses y americanos». Así, pues, no parece que Fontán estuviera exagerando cuando, a propósito de esta sección y muchos años después, llegara a decir, entre paréntesis: «Creo que escribí casi la mitad de esas Notas»1.¿Cuántas serán, pues, las páginas sin bautizar que deban a Fontán su existencia? La crítica textual...

Literatura y cine rusos

Está en las librerías el último libro del director de nuestra publicación, un amplio ensayo que ha dedicado a la cultura rusa y en particular a la creación cinematográfica de Andréi Tarkovski. Era necesario en nuestro país un estudio en profundidad como el suyo, pues a pesar de ser Tarkovski el más importante realizador desde la época del deshielo, ha permanecido, como señala Víctor Erice en el prólogo, él mismo congelado en nuestro olvido. Reproducimos a continuación la Introducción de Llano —una figuración histórica sobre el papel que el cine estaba llamado a jugar en esa Rusia de las grandes creaciones intelectuales, que ha sido recuperada recientemente con la llegada de la democracia a ese no menos grande, grande, geográficamente hablando, país—. 

¿Alguno de ustedes apetece saber?

LITERATURA SAPIENCIAL (I) ¿Alguno de ustedes apetece saber? Cada sociedad ha visto con respeto a ese grupo de hombres que, en su seno, tenia por sabios. Como si ellos fueran tan necesarios para la sociedad como los garantes de la seguridad o los proveedores de los medios de subsistencia. De hecho, solían nuestros padres ir más allá, al reconocer la actividad sapiencial como una de las más altas a la que podían aspirar los miembros del grupo. Qué tipo de bienes debían garantizar los sabios, sin embargo, de cuáles debían proveerse las sociedades gracias a ellos, ha conocido variadas concreciones. Rafael Llano propone un rápido repaso a algunas de las propuestas de filósofos y literatos que han tenido aceptación como actividades sapienciales. Su discusión podría dar lugar a un esclarecimiento de la naturaleza, función y forma que esta actividad adquiriría en nuestros días, si es que algo así es posible y, sobre todo, si es que algo así nos sigue apeteciendo. onocer la posición del hombre en el cosmos —en el universo visible e invisible—; su relación con la naturaleza, con los otros homCbres, consigo mismo: conocerse el hombre como parre de un rodo, sabiendo, por tanto, qué ese todo. En eso consiste saber, al menos para pensadores como Aristóteles que, después de haber dicho que todo hombre desea por naturaleza vivir junto a otros hombres —que a todo ser humano le es tan dulce la compañía de un congénere como amarga la soledad—; que después de haber dicho que todo hombre desde su infancia persigue el placer y rehuye el dolor, concluía que todo hombre sin proponérselo, sin hacerse violencia, porque le es placentero, apetece saber. SABIDURÍA FILOSÓFICA De hecho, él diseñó un edificio para la sabiduría (sofía), consistente en el conocimiento racional de todas las sustancias del universo, según sus especies. Una sabiduría que empezaba por determinar el número y la sustancia de las Categorías racionales necesarias para elevar ese edificio. Una sabiduría que daba después un repaso conceptual a los instrumentos lógicos, cuyas sustancias o formas definía para avanzar luego por vía demostrativa. Una sabiduría que se interesaba por las sustancias definibles para hacer progresar una Física; las correspondientes para hacer progresar una Astrologia; y una sabiduría que necesariamente habría de conocer los principios y habría de saber razonar sobre las sustancias invisibles, es decir, sobre Dios y las cantidades discretas: una sabiduría que no ignoraría la Metafísica, ni obviaría la ciencia de los Animales —que incluiría una Biología racional—; una sabiduría que conocería la sustancia de los seres humanos —esos animales dotados de un chispazo de la lumbre divina—, sobre cuya alma se escribirían varios libros; y, luego, una sabiduría que sería ciencia de la vida práctica de los seres humanos: que conocería la sustancia de nuestras elecciones y la sustancia de nuestras disposiciones respecto a las pasiones, y que se agruparía bajo el nombre de Etica; que conocería también la sustancia de las formas de gobierno, la causa de las revoluciones y de la...

“Industria española del cine”. ¿Qué industria? ¿Cuál cine?

Reseña bibliográfica de "La promesa de Shanghai" de Victor Erice; "Armas, mujeres y relojes suizos" de Eduardo Torres-Dulce Infante; "Imagen, memoria y fascinación" de Varios Autores.

Todos somos todo

Rafael Llano considera uno de los aspectos de la obra de madurez de Cézanne como criterio para evaluar las interpretaciones de la historia nacidas con la ilustración europea y que han estado operativas, por señalar una fecha notoria, hasta la caída del muro de Berlín. Una «lógica total», como la que configura la obra de ese pintor, sirve también para enjuiciar las distintas versiones de lo que, hasta el 11 de septiembre, se había llamado globalización y que, después de esa fecha, parece necesitado de una intervención de urgencia, que pueda sacar a Occidente del colapso en el que se encuentra.

La ciencia primera según Gopegui

Reseña del libro "Lo real" de Belén Gopegui.El discurso narrativo

Robertt Bresson, testigo del mal II

Publicamos la segunda y última parte del ensayo de Rafael Llano (ver n° 69) sobre el cineasta francés, recientemente fallecido.

Nueva Revista

Se anticipo la Política de Aristóteles a la Nueva Economía

Sobre la historia de la economía en el orden conceptual aristotélico. El quehacer económico estaba sometido a regularidades, era objeto de un análisis científico.

Robert Bresson, testigo del mal I

Robert Bresson es al cine francés —aseguró Godard— lo que Dostoyevski a la novela rusa o Mozart a la música alemana. Pero el público español tardó en reconocer su obra como merecían tan señalados méritos. Se trataba, sin duda, de un trabajo cinematográfico peculiar, difícil de asimilar, incómodo pero, a la postre, trascendental en la historia del cine. Comenzado en 1943 con una historia de criminales y conventos, no fue objeto de la atención pública en España hasta 1975. Medió en esta tardanza la censura franquista, como ha recordado hace poco Erice, a la que no satisfacía, al parecer, el catolicismo del realizador francés, acaso excesivamente jansenista. Fue el Festival de Valladolid quien primero organizó una retrospectiva de Bresson, ahora hace veinticinco años. Le siguió en 1977 el ciclo en la Filmoteca Española, ocasión en la que se editó además un excelente dossier, el más completo hasta la fecha de cuantos cabe encontrar en castellano y hoy, lamentablemente, agotado. Veinte años después, la revista Banda aparte dedicó un monográfico (nº 6) al director de Mouchette. Bresson falleció el pasado mes de diciembre, a los noventa y nueve años. La Filmoteca Española se ha apresurado a exhibir en febrero pasado los catorce títulos de su filmografía. Otras Filmotecas harán lo mismo durante los próximos meses, mientras las revistas especializadas analizan y comentan esta obra singular. Rafael Llano plantea en este ensayo una reflexión de corte sociológico sobre el trabajo de quien puede considerarse el último de los mohicanos del cine, un maestro con un algo de viejo artesano medieval, de paciente escultor de catedrales, que al mismo tiempo era un intelectual, un hombre de cultura empeñado en ensanchar, aun a riesgo de quedarse aislado, los horizontes espirituales de este arte difícil, arriesgado, siempre a punto de irse a pique que es el cine.

Manhattan, donde la Objetividad se hizo Belleza

Rafael Llano traza el perfil artístico de Paul Strand, una figura clave en la plástica contemporánea.

España vertebrada, tres generaciones en dos peliculas

Rafael LLano comenta los presupuestos sociológicos que comparten dos recientes películas españolas, ampliamente reconocidas en festivales internacionales: Solas, Premio del Público a la mejor película, Premio Especial del Jurado Ecuménico y Mención Especial CICAE, en el Festival de Cine de Berlín de 1999; y Flores de otro mundo, ganadora del Premio de la Semana de la Crítica en el Festival de Cine de Cannes de 1999 y de los Premios del Público, mejor guión y mejor interpretación femenina en el Festival de Cine de Archacon (Francia).

La España de Tarkovski

EL GUSTO POR LA OBRA cinematográfica de Andréi Tarkovski (1932-1986) no ha seguido entre nosotros pautas europeas. Acaso unas primeras críticas no muy entusiastas, recelosas con el nuevo realizador, determinaron un seguimiento poco apasionado de sus primeras obras. En Italia, Francia, Inglaterra, Estados Unidos y, naturalmente, en la Unión Soviética, las cosas sucedían mientras tanto de otra manera. Un nervioso joven de 29 años se plantaba de sopetón en el circuito cinematográfico internacional al ganar un León de Oro con su primer largometraje. Ni Godard, ni Rossi, ni Kubrick, ni Pasolini, ni el veterano Gerasimov pudieron imponerse en la competición italiana de 1962 a La infancia de Iván de Tarkovski, merecedora del máximo galardón ex aequo con la Crónica familiar de Zurlini. La crítica internacional elogió las cualidades estéticas de la cinta y, tras una breve reflexión, ponderó también los contenidos de la obra exhibida en Venecia. Si Tarkovski era un lírico y primorosa la realización plástica de su film, señalaban, igualmente notable resultaba su pacificismo. La infancia de Iván se distanciaba audazmente de las prédicas protagonizadas por ejemplares héroes patrioteros, lo mismo que de las canónicas emulsiones del «realismo socialista », tan caras a la producción cinematográfica oficial. Sartre acuñó una expresión, «surrealismo socialista», para referirse a la obra de Tarkovski en un artículo publicado en l'Unitá, que luego reprodujo la prensa francesa y alemana, y cebó así una apasionada polémica internacional.Dos críticas aparecieron en la prensa española, pero fueron de otro signo: una nació de la indiferencia, la otra de hostilidad. En la crónica del Festival de Venecia aparecida en Film ideal leíamos: «Toda la película está marcada por el signo del damicisniano que comporta un amaneramiento fotográfico que degenera en el caligrafismo, sobre todo cuando se quiere hacer un contraste entre lo tremebundo de la guerra visto por ojos infantiles y lo poético, lo idílico, de una infancia feliz con su madre y su hermana. La narración tiene que interrumpirse con las evocaciones. Y éstas nos desbarran continuamente a lo cursi, a lo falsamente sentimental y a lo enfáticamente poético»1.El autor de la crítica acababa animando al joven soviético. «Hay que aplaudirle, y decirle que deje ya de jugar a hacer ejercicios y haga cine con fuerza, con garra, con audacia formal, con imperfecciones..., que deje el texto y se lance a crear»; Félix Martialay recomendaba a Tarkovski hacer lo que él mismo no había hecho nunca (¿acaso sabría cómo?), y una crítica tan severa como la suya enfrió probablemente los ánimos de sus colegas, que consagraron a la siguiente película de Tarkovski incluso menos atención que a la primera.Andréi Rublev suscitó en Europa no ya una polémica entre intelectuales asomados a la prensa, sino un verdadero affaire diplomático entre Estados. El joven ganador de Venecia rechazaba una tras otra las novias que le salían al paso. No faltaban incluso invitaciones a coproducir con los yankis, lo que para muchos significaba antes, como ahora, el no va más. Pero las neuronas de Tarkovski albergaban algunas...

Fernando Inciarte, la Filosofía como relato

Sobre el escritor Fernando Inciarte que regresa a España para recoger el Premio Roncesvalles.

Turguénev, una profesión de Fe europeísta

Rafael Llano, “Turguénev, una profesión de Fe europeísta,” Nueva Revista

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