José M. de Areilza Carvajal

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José M. de Areilza es Licenciado en Derecho con Premio Extraordinario de Licenciatura por la Universidad Complutense de Madrid, Doctor en Derecho y Master en Derecho por la Universidad de Harvard y Master en Relaciones Internacionales por The Fletcher School of Law and Diplomacy. Actualmente es profesor ordinario en el Departamento de Derecho y en el Departamento de Dirección General y Estrategia de ESADE. Asimismo, desde 2013 es titular de la Cátedra Jean Monnet en ESADE, otorgada por la Comisión Europea. Secretario General de Aspen Institute España.

A la sombra de Fontán

Discurso de José M. de Areilza en agradecimiento a la concesión del premio Antonio Fontán de periodismo político.
el más y el menos liberal de la UE

El más y el menos liberal de la UE

A mi pregunta por la intención de nuestro seminario mi corresponsal ha respondido con dos preguntas múltiples a su vez y por escrito. Una era: ¿cuánto hay de intervencionismo en la Unión Europea tiende al propio de un Estado? Y la otra: ¿conserva un nivel de pesos y contrapesos, cómo está de check and balances la Unión Europea, para cualificarse aproximadamente como democracia liberal? Como no son inocentes formulaciones, invitan a respuestas complejas, de manera que adelanto a quien se incline por desconectar de antemano que la respuesta es un «ya no» a las dos. Para más detalles, he traído conmigo lo que sigue. La Unión Europea —las Comunidades antes— sí que han servido como límite al intervencionismo y la Unión o las Comunidades antes sí que han tenido un sistema de pesos y contrapesos aproximado al de una democracia liberal. Pero, ya no. Creo que sería bueno, además, recuperar ese modelo o ese sistema, y a eso voy a dedicar estos minutos. Además de avisar de la conclusión final, les advierto de que seguiré la máxima de los colaboradores en The Economist: vamos a simplificar y exagerar deliberadamente, por no hacerlo extremadamente aburrido. Hay veces en que ni yo mismo asistiría a una conferencia mía sobre la UE. EL GRADO DE INTERVENCIONISMO DEL PROCESO EUROPEO HASTA LA UNIÓN EUROPEA La integración europea echa a andar apostando por el libre comercio en un momento histórico muy concreto, la posguerra, en el que la solución a los problemas económicos mundiales, tienen en el centro la idea de potenciar el libre comercio y de ahí surge el gatt en 1947 y en 1957 el Mercado Común. Es cierto que la primera de las Comunidades Europeas, la del carbón y el acero, preocupó mucho a los norteamericanos y a economistas liberales porque era básicamente un cártel de carbón y acero. Pero el impulso liberalizador fue el fiel de las políticas públicas, de modo que el libre comercio siempre estuviera en el primer elemento de la balanza y que cualquier excepción tuviera que ser justificada invocando el imperativo de otras políticas públicas, como se ve muy claramente en la idea del Mercado Común. El Mercado Común es un invento europeo del Tratado de Roma, que parte de la creencia en las virtudes económicas y políticas de la libre circulación de mercancías y la extiende a otros factores de producción, el mismo espíritu liberalizador de libre circulación de libertad de movimientos, trabajadores, servicios, capital, ideas...; se decía: aprovechemos al máximo el potencial del mercado para solucionar problemas económicos y sociales en su origen, un principio liberal clarísimo y que técnicamente se llama integración negativa. O sea, las nuevas Comunidades Europeas como una manera de desregular, de crear libertad económica, no solamente de limitar el proteccionismo estatal, sino el ir más allá y crear libertad económica. Al mismo tiempo, el contexto en el que se pone en marcha esa integración europea es paradójico porque la apuesta a nivel supraestatal por el libre comercio convive con el más fuerte impulso conocido de...

Al fin, elecciones de encrucijada

 Desde que en 1979 se convocaron las primeras elecciones europeas, estas no acaban de movilizar a suficientes ciudadanos, ni han conseguido que nuestros dirigentes las valoren como los comicios proyectados a toda la Unión que realmente debieran ser. La paradoja del 25 de mayo, a la vista ya, es que elegiremos un parlamento con más competencias y poder que nunca. Gracias al Tratado de Lisboa, el hemiciclo de Estrasburgo tiene la última palabra en casi toda la legislación comunitaria, aunque el abultado poder reglamentario de la Comisión escapa de su control real. Además, en Bruselas pretenden que el nuevo presidente de la Comisión salga de aquel que designe de antemano como su candidato la formación política más votada, restando así poder a un Consejo Europeo que mira demasiado hacia Berlín. Lo permita o no Angela Merkel, el socio socialdemócrata estaba por la labor hasta llegar a formar parte del gobierno de gran coalición, nunca el proceso de integración ha tenido un parlamento tan poderoso y nunca la suma de populismo y, sobre todo, la indiferencia hacia la Unión ha campado por sus respetos tan sin complejos. La pesadilla de una cámara dominada por voces antisistema o euroescépticas estropea ruidosamente el sueño europeísta. Mientras el rediseño del euro está aún lejos de completarse, es muy oportuno prestar la debida atención a la voz de los ciudadanos en estas elecciones europeas y tomar buena nota de su veredicto en los cenáculos bruselenses.  COMPROMISO ELECTORAL DE LOS GRANDES  Para ayudar a que suceda así, los grandes partidos nacionales deberían, al menos, hacer el esfuerzo de presentar unas listas con candidatos de peso y un mínimo de bagaje técnico (idiomas, conocimiento de alguna política europea, qué menos). A mi modesto entender, una de las reformas viables que debe plantearse la Unión en el futuro es hacer compatible el escaño europeo con el nacional, para conectar los dos niveles de representación popular en Europa. Al menos, un cambio así estaría más cerca de cumplir con el primer requisito que hoy se echa en falta, el de la autoridad personal. Pero, mientras no se vuelva sobre aquel mal paso de haber separado parlamentos nacionales y parlamento europeo, pongamos filtros, por favor, a la hora de seleccionar representantes políticos para la gran asamblea de la Unión.  Los miembros de la nueva Comisión volverán a tener la doble legitimidad de haber sido designados por los gobiernos, pero confirmados dentro del edificio Louisse Weiis. No tengan dudas, es un buen procedimiento, que mejorará el día que haya menos comisarios que Estados miembros y se abandone la perniciosa práctica inaugurada con el Tratado de Niza de «un comisario, un Estado», la perniciosa cuota que pone demasiado en evidencia la designación nacional. La otra gran cuestión acerca del gobierno comunitario, es si la selección de comisarios y la puesta en pie de un programa para los siguientes cinco años deben reflejar la mayoría de la Cámara, o si la Comisión debe seguir siendo transversal y muy plural.  La misma Unión necesita, tanto o más...
Nueva Revista

El rediseño del euro y el Espacio Europeo de Educación Superior

 En la década pasada se puede decir que la Unión Europea fue víctima de su éxito. Tras cincuenta exitosos cincuenta años de integración, muchos de sus dirigentes dieron por supuesto el proyecto. Una vez se puso en marcha el euro y se culminó la gran ampliación al Este, no fueron capaces de renovar la capacidad de movilizar y atraer de la Unión, con el fin de que siguiera constituyendo una de las utopías de nuestro tiempo. La fallida Constitución europea o el escaso desarrollo de la política exterior tras el Tratado de Lisboa son dos ejemplos. A pesar de que el reparto de fuerzas estaba cambiando con rapidez en el mundo, la crisis financiera de 2008 encontró a la mayoría de los líderes europeos poco dispuestos a hacer reformas y a vertebrarlas en torno a un europeísmo nuevo y adaptado al siglo XXI.Por fortuna, parece que por fin la crisis del euro está siendo afrontada entendiendo su dimensión, que exige el rediseño de las reglas del juego de la eurozona. Esta reingeniería se traduce en un replanteamiento profundo de las tareas de la Unión. Sería el momento de abrir el debate para incluir ciertas competencias sobre educación superior en el «New Deal» que poco a poco se va fraguando. Desde el Tratado de Maastricht en 1992, se considera la educación como una política europea de apoyo o suplementaria, que la Unión no puede armonizar. Dicho límite jurídico estricto se justifica desde el ideal de la diversidad cultural europea y se debe a la resistencia política de algunos niveles del gobierno a la intervención europea sobre la política educativa (el caso paradigmático son las regiones alemanas).Además, la invocación indiscriminada de «más Europa» pone a muchos en guardia porque una cierta «fatiga de la integración» hace que la ciudadanía europea, en muchos países, se muestre reacia a la centralización continuada y sin fin de poderes, una caricatura de las demandas reales de este proceso. Este artículo argumenta que aunque no se den las condiciones políticas para que de modo inmediato se produzca una europeización de la política universitaria, más allá de los ensayos bolonios, es preciso aprovechar el momento de cambio para crear a medio plazo dicha política europea en lo referente a la educación superior. Las razones son bien conocidas y se exponen en otros artículos de este número de Nueva Revista, desde el aprovechamiento de la escala europea para mejorar la competitividad y la aportación del sistema universitario a una economía del conocimiento al famoso dictum de Jean Monnet, «si tuviese que empezar la integración europea otra vez, lo haría por la cultura». La oportunidad estará presente durante unos años, porque debido a la crisis del euro asistimos a un reexamen sin precedentes del reparto de poderes entre Bruselas y las capitales nacionales. EL REDISEÑO DEL EUROLa unión económica y monetaria (UEM) no puede seguir adelante en su forma actual: se trata de una construcción exhausta que ha agotado su recorrido y que necesita una revisión de calado1. Que bajo...

La generacion Obama

Barack Obama fue el número uno cuando estudió en la que posiblemente era la mejor Facultad de Derecho del mundo a principios de los noventa. Su paso fulgurante por Harvard Law School hizo pensar que lograría cualquier empeño profesional que se propusiera. Pero nadie imaginaba que iba tener un impacto tan grande sobre la vida pública norteamericana. Con independencia de quién gane las elecciones presidenciales de noviembre, la manera de hacer política ya ha cambiado algo gracias a él, dentro y fuera de las fronteras norteamericanas. Obama es enormemente popular en todo el mundo y representa a una nueva generación de ciudadanos de países muy desarrollados, los baby boomers. A grandes rasgos, en esta generación la imagen tiene preferencia sobre la palabra y se trabaja toda la vida sometidos a una dura competencia, a pesar del bienestar material de la sociedad occidental en conjunto.El caso de Barack Obama desafía las categorías habituales con las que hasta ahora se explicaban los candidatos a la presidencia de EE.UU. Lo más notable de la campaña de Obama es que está logrando que mucha gente desencantada con el sistema participe y se interese por los asuntos públicos. Esta capacidad para sumar incorporaciones al proceso democrático es algo realmente valioso. El senador de Illinois se ha financiado exitosamente sobre todo a través de pequeñas donaciones en Internet. Posee una rara habilidad, ser muchas cosas muy diferentes para sus muy diversos partidarios. Ante la formidable y agresiva campaña de Hillary Clinton ha demostrado resistencia hasta la extenuación y habilidad para reconocer errores y enmendarlos. Es desde luego el primer candidato afroamericano con posibilidades serias de ocupar la Casa Blanca. Pero se eleva por encima de esta circunstancia. La mayoría de norteamericanos no lo perciben como el candidato de una minoría, sino como un politico capaz de corregir la deriva de la etapa Bush, tanto en el plano exterior como en el doméstico. Su reto sería volver a unir a un país tremendamente polarizado y desafíar a los llamados intereses especiales y a los lobbies de las grandes empresas. Los estudiantes universitarios y el segmento más educado de la población, los jóvenes y no tan jóvenes con estudios superiores lo respaldan de modo mayoritario.Como John F. Kennedy o Ronald Reagan, Barack Obama tiene mucho de vendedor de sueños, pero en version postmoderna («Barack», por cierto, podría traducirse al español como «Fortunato», afortunado). Es muy llamativo que el aspirante demócrata prefiera comunicarse a través de historias, imágenes y emociones y deje en un plano secundario las propuestas racionales, detalladas y articuladas. La historia de su vida y de cómo él mismo encarna el sueño americano, contada en dos libros muy bien escritos, le ha hecho multimillonario. Ambos relatos autobiográficos fueron publicados de forma muy estratégica antes de lanzarse al ruedo presidencial y son la base de su campaña. Lo que resulta más interesante, novedoso y también preocupante es que estas narrativas han sustituido en buena medida a sus argumentos sobre políticas públicas concretas.A estas alturas todavía se...
Nueva Revista

National Review, la revolución de Bill Buckley

El autor se refiere al homenaje que hizo George W. Bush a William F. Buckley Jr. coincidiendo con el cincuenta aniversario de National Review.

La Constitución bifronte

Sobre la nueva Constitución Europea y su parecido a los tratados actualmente aplicados, tanto como que más de dos tercios de sus preceptos están en vigor en igual forma o muy parecida.

Europa federalista, Europa antifederalista

Sobre la aceptación del esquema de Constitución Europea. La publicación de este primer borrador ha servido para crear más cohesión y conciencia de misión histórica en la Convención Europea.

El proyecto europeo en tiempos de crisis

No podía ser de otro modo entre aliados que comparten una misma idea de la dignidad de la persona y del valor de la democracia: desde la primera hora de los ataques a EEUU, José María Aznar ha ofrecido a George W. Bush su apoyo total. El presidente del Gobierno pretende así estrechar la relación bilateral con Washington, un objetivo prioritario de su política exterior desde 1996. También espera sensibilizar por fin a la superpotencia del problema del terrorismo etarra y hacer lo propio con sus socios europeos.Mientras el presidente Bush dirige los primeros meses de acciones militares, el Gobierno español se mentaliza de que su presidencia de la Unión Europea, a partir del 1 de enero de 2002, estará dominada por la crisis que sufre EE UU y por extensión, el resto del mundo occidental. Con toda probabilidad, habrá menos manifestaciones antiglolazación en torno a las cumbres de Barcelona, Madrid y Sevilla, pero más amenazas terroristas a su seguridad.Tras los ataques del 11-S, el presidente Aznar concentrará su responsabilidad al frente de la UE en asuntos de los llamados Segundo y tercer pilar, es decir, política exterior y de seguridad y asuntos de justicia e interior, dos capítulos subdesarrollados de la integración europea. Los objetivos de liberalización económica y de reformas estructurales, difíciles de obtener con elecciones francesas y alemanas en el semestre, han quedado aparcados por la ofensiva antiterrorista y el incremento de la desconfianza en los mercados. La circulación del euro a partir del 1 de enero de 2002 será un hito, pero es difícil que dé lugar a corto plazo a medidas legislativas de desarrollo de un modelo europeo de gobierno económico.Por lo tanto, en el semestre español Aznar tratará de mostrar a EE UU la mayor solidaridad posible y de lograr los máximos avances en seguridad interna y en acción exterior europea. No será sencillo por las tradicionales resistencias de distintos Estados miembro a comunitarizar cualquiera de estos dos ámbitos. Es decir, para hacerlo de modo eficaz, se tendría que dar la iniciativa en estas parcelas a la Comisión Europea, así como ceder verdadero poder al Parlamento Europeo y al Tribunal de Justicia de la CE, en un momento en el que los vientos de la integración soplan más bien a favor del recorte de competencias europeas.No obstante, Aznar tiene a su favor las conclusiones sobre seguridad interior de los Consejo Europeos de Bruselas, Gante y Laeken. Estas cumbres de emergencia han acelerado la puesta en marcha del llamado «espacio de libertad, seguridad y justicia», a través de medidas como la orden europea de detención y entrega o la cooperación directa entre jueces. La idea, de origen hispano-alemán y en circulación desde la negociación del Tratado de Amsterdam en 1996-97, es conseguir que la ausencia de fronteras del mercado interior no sea una ventaja para el crimen organizado, gracias a la cooperación judicial y policial en toda la Unión.Desde el punto de vista de la política exterior europea, la crisis del 11-S ha vuelto...
Nueva Revista

¿Quién gobierna Internet?

A quien interese saber cómo se gobierna Internet -qué intereses y valores orientan o deben orientar el uso de la nueva tecnología-, la división entre partidarios de la autorregulación y los decididos intervencionistas puede parecer excesivamente simple. Para evitar el trazo grueso en la respuesta a esa pregunta, José M. de Areilza Carvajal describe los elementos principales de ese debate a la luz del reciente origen de la red y su rápida evolución, desde una perspectiva histórica capaz de desafiar al tópico en cualquiera de estas dos versiones extremas.

La Constitución española y la nueva polis europea

La integración europea ha transformado en buena medida el contenido material de nuestra Constitución y ha redefinido, en numerosos ámbitos, cuál es la polis en la que los españoles somos gobernados y la forma en la que la gobernación discurre.

Candidatos a la OTAN

El pasado año, la Alianza Atlántica sentó las bases de una "Identidad Europea de Seguridad y Defensa". El próximo mes de julio se celebrará en Madrid una cumbre en la que la OTAN concluirá importantes reformas internas y anunciará los nombres de los países que van a negociar su entrada en la Alianza antes de fin de siglo. Se trata de un acontecimiento histórico.

Entrevista a Shirley Williams

"Aún nos queda pendiente conseguir un mundo hecho a medias por las mujeres y los hombres"

Nueva Revista

España en la conferencia intergubernamental de 1996

Hay que estudiar ya las materias concretas de negociación a partir de las cuales España podría hacer un buen balance -o al menos, reducir sus pérdidas- tras la Conferencia Intergubemamental de 1996, en la que los Estados miembros van a reformar los tratados de la Unión Europea.

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