José Antonio Santos Arnaiz

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Para evitar ambiguedades

]Estamos ante el último libro de Andrés Ollero, que incluye nueve trabajos, tres de ellos inéditos, en los que aborda la problemática del bioderecho. Al comienzo de la obra precisa el porqué de la utilización de este término. Así dice: «La bioética es una ramade la ética, entendido este término como sustantivo y no como adjetivo; si llamamos "Derecho" al estudio de la regulación jurídica de diversos aspectos de la vida en sociedad, parece lógico acudir a tal sustantivo y no a un adjetivo para identificar a la naciente disciplina»(p. 19). Su atención estará pues centrada en problemasnetamente jurídicos.El bioderecho se ocupará de los problemas relacionados con la vida humana desde una perspectiva jurídica. Ollero no desconoce el debate moral que plantean estas cuestiones pero da un paso más y se adentra en las peculiaridades que revisten para el derecho. Su margen de actuación está delimitado por unas legislaciones llenas de eufemismos y una jurisprudencia con resoluciones complejas, ante las que el autor siempre muestra su sentido crítico.En su análisis aborda cuestiones de suma actualidad como el estatuto jurídico del embrión humano, señalando las dificultades que surgen a la hora de reconocerle la condición jurídica de persona o incluso una dignidad que exigiría éticamente similar protección. En el caso de la utilización de células embrionarias, la bioindustria se desmarca de la bioética para ceder paso a la biopolítica. Las consecuencias derivadas de ello no son nada pacíficas: los intereses privados alcanzan una dimensión supranacional; cualquier país teme que si se aparta de la carrera científica hacia el progreso estaría condenado al aislamiento. No hay que descartar que esos tentadores beneficios económicos queden en meras expectativas.No faltan tampoco capítulos dedicados al aborto, con especial hincapié en la protección jurídica de la vida. Se plantea la necesidad de someter a un juicio de ponderación los derechos de la mujer frente a la vida del no nacido, siendo no poco problemático establecer su condición de persona. Para Ollero, tirando por elevación, el ser persona «no se actualiza en su plenitud cuando se alcanza la capacidad de ser consciente de la propia dignidad, sino que se ejerce cuando se es capaz de reconocerla en el otro»(p. 106). Si aceptamos que la vida tiene un valor objetivo y fundamental, tendremos que estar en contra de actitudes, que, aun consideradas lícitas, lleven aparejada una finalidad rechazable para el derecho. Ejemplificativa al respecto es la sentencia del Tribunal Constitucional sobre la huelga de hambre de los terroristas del Grapo, en la que se protege la vida como un bien al margen de la voluntad de los sujetos. En este sentido, es posible detectar que no toda pretensión individual puede ser convertida en derecho, y aun en el caso de que así fuera sería preciso definir sus límites. Esto es así, porque «todo derecho implica una conducta mesurada; lo natural y lo legal no serán sino el doble posiblefundamento de esa medida, que animan a una tarea delimitadora inevitablemente abierta»(p. 130).Los adjetivos utilizados para calificar al derecho...

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