Javier Fernández del Moral

6 publicaciones 0 Comentarios
Catedrático de Periodismo Especializado. Universidad Complutense.
Nueva Revista

Antxón Sarasqueta: Somos información. La nueva ciencia de lo intangible

En su último libro titulado Somos Información, Antxón Sarasqueta acumula a partes iguales imaginación y conocimientos; intuiciones y experiencias, para llevarnos hasta las mismas orillas del pasado en las que termina todo lo viejo y se distingue ya un nuevo panorama capaz de prepararnos un final feliz.
Nueva Revista

En recuerdo de Alberto Miguel Arruti. La ciencia en “Nueva Revista”

No quiso empezar el nuevo año bisiesto, y a finales del 2011 Alberto Miguel Arruti, físico, periodista, gran divulgador y colaborador habitual de Nueva Revista desde sus inicios, nos dejó discretamente, sin alardes, sin espectáculo, con un gesto muy de los suyos. «Yo creo que esto va a ser el final», me dijo con toda naturalidad, como aceptándolo de antemano, aunque nadie sospechaba entonces que el motivo de su hospitalización, unas molestias intestinales, le fuera a conducir a tan irremediable y rápido final. Ha muerto un gran periodista, un gran científico, un gran profesor y una gran persona. Ha muerto Arruti, así le conocía casi todo el mundo, sus compañeros, sus alumnos, sus amigos. Arruti era el apellido materno al que él, en cuanto le dabas la más mínima oportunidad, añadía una larga lista de apellidos vascos que pronunciaba con devoción, como si se trataran de condecoraciones. Su padre había sido militar y el recuerdo de su figura ponía siempre de manifiesto una relación escasa pero de gran influencia. La represión de algunos altercados nacionalistas llevó a su padre hasta el país vasco, donde se enamoró de su madre. «¿Te he contado alguna vez cómo se conocieron mis padres?», te preguntaba con una sonrisa pícara e irónica muy suya... «No, no» decías, aunque hubieras oído la historia cientos de veces, porque te encantaba oírsela contar, siempre te parecía nueva. Se ha muerto uno de los nuestros, para mí un amigo entrañable con el que disfrutaba, con el que buceaba buscando infinitos trascendentes desde las historias, desde el análisis, desde las reflexiones. Alberto además de ser licenciado en ciencias físicas había hecho periodismo, era periodista, un gran periodista, y aprendía todos los días algo nuevo porque se asomaba a la actualidad con curiosidad, con ganas de saber. Por eso no se limitaba a enterarse de las noticias, las pensaba, las relacionaba, las comentaba, las analizaba..., bajo su cultura vasta, bajo su inteligencia penetrante, bajo sus relaciones sólidas y amplias. Así, siempre era capaz de dar un paso más que los demás, de ofrecerte unas claves mucho más profundas, más enraizadas, más atrevidas. «¿Tú qué opinas...?», sonaba su voz grave, cercana, cariñosa. Te preguntaba siempre por todo, cómo si tu opinión fuera la que iba a darle la clave del arco, como si tú fueras el mayor experto. Y escuchaba, sabía escuchar, por eso era tan gran conversador, un conversador al que le aturdían los ruidos, las inclemencias, los cacareos y los boatos. Alberto Miguel Arruti vivió su periodismo desde dentro con una intensidad y un rigor difíciles de lograr. Llegó a ser director de los servicios informativos de Radio Nacional y de Televisión Española en los años finales del franquismo, donde coincidió con Victoriano Fernández Asís, y desde allí le tocó dar la información del cambio de régimen. Fue especialmente enriquecedora su etapa internacional, sus estancias tanto en Alemania como en Francia le dieron unas vivencias únicas. Destacaba en sus recuerdos el romanticismo de una Alemania recién salida de la tragedia bélica. En París...
Nueva Revista

En busca de un nuevo modelo de enseñanza común

Este mes de octubre de 2006 se cumplen treinta años de la creación de FELAFACS (Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación), un organismo internacional de carácter no gubernamental que agrupa en la actualidad a más de trescientas facultades y escuelas de comunicación, pertenecientes a diferentes instituciones universitarias de veintiún países de América Latina.En aquel momento, octubre de 1981, se constituyó la Federación agrupando cuatro Asociaciones Nacionales, las de Brasil, Colombia, México y Perú, país en cuya capital, Lima, se instaló la sede central con el reconocimiento del Estado peruano como Organismo de Cooperación Técnica Internacional. El número de facultades era entonces de setenta y dos, la mayoría de México, Brasil y Argentina, aunque también estaban presentes otros doce países: el anfitrión Perú, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Chile, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay y Uruguay.En el momento de su constitución, los objetivos se orientaron fundamentalmente a la «contribución al desarrollo de la enseñanza de la Comunicación y de su práctica profesional, en sus diferentes áreas y especialidades». Especialidades que en algunos casos se definen y desarrollan en licenciaturas específicas de «Periodismo», «Publicidad y relaciones públicas» y «Comunicación audiovisual», como ocurre en nuestro país, siguiendo la tradición de las aplicaciones profesionales clásicas. El espíritu y los perfiles dominantes entonces de los integrantes de FELAFACS eran de tipo académico, de universitarios y de investigadores, manteniéndose en la actualidad esa misma cultura federativa. De todos modos, aunque la enseñanza de la Comunicación constituye el eje central de la actividad de FELAFACS, se tienen asumidas como líneas complementarias todas aquellas acciones o iniciativas que contribuyan a mejorar las especialidades de la comunicación desde la perspectiva del desarrollo integral en América Latina.Así, entre los excesos de una teoría excesivamente alejada de las realidades profesionales, a veces abstrusa y en ocasiones grotesca y con tintes ideológicos marxianizados por la moda universitaria, y una práctica sin calado, sin sustancia, más cercana a la formación profesional que a las exigencias académicas del ámbito universitario, el modelo de las facultades de comunicación en Latinoamérica se ha debatido en muchas ocasiones entre extremos poco fecundos, sin avanzar a la velocidad y con la profundidad esperada cuando se constituyó la Federación.Como podemos apreciar, vuelven a ser México y Brasil los países con mayor número de postgrados, tanto doctorados como maestrías, seguidos de Argentina. A gran distancia Chile, Bolivia, Perú, Venezuela y Puerto Rico, y algunos otros testimoniales como ese doctorado cubano.En definitiva, el X II Encuentro Latinoamericano de Facultades de Comunicación que celebra FELAFACS ahora para conmemorar su trigésimo aniversario, debe servir para consolidar un camino lleno de dificultades pero factible, el de encauzar el nuevo modelo de enseñanza superior universitaria de ciencia experimental para la comunicación. España debe participar y unir nuestra experiencia a la suya antes de desembocar de forma precipitada en el modelo impuesto por Bolonia, que puede alejarnos de nuestra vocación, de nuestros logros y de nuestros hermanos de América.
Nueva Revista

Los nuevos modelos universitarios

Cuando comience el curso próximo, el llamado «proceso de Bolonia» se deberá considerar concluido en la universidad española. Concluido al menos en lo que se refiere a la propuesta definitiva de titulaciones de grado, y por lo tanto con todas ellas iniciadas. Y siendo así, cabría acercarse a la conclusión de que siendo este un proceso de europeización de las universidades, este mismo fenómeno se estará viviendo en el resto de las universidades europeas, pues no. Una vez más nuestro original modo de ser europeos nos dejará prácticamente solos con la obligatoriedad y la universalización del proceso en todas las universidades públicas, privadas y adscritas. Y es que ya estamos cogiendo la costumbre de ponernos delante de la manifestación, llevar la pancarta, y cuando miramos hacia atrás comprobamos que nadie nos sigue...En estos últimos veinte años a los que Nueva Revista ha dedicado multitud de reflexiones a la universidad, en España se han creado casi el noventa por ciento de las universidades que existen hoy. Los once distritos universitarios que se mantuvieron inalterables durante más de seis décadas, se han convertido hoy en cerca de un centenar de establecimientos que expiden títulos de licenciados con reconocimiento estatal, y una infinidad de títulos propios, tan variados como efímeros en la mayoría de las ocasiones. Pues bien, a partir del curso 2010-2011, todos sin excepción tendrán a punto las diferentes titulaciones de grado, con las que en unos años (¡temblad, europeos!), invadiremos el mercado laboral del viejo continente, lo cual me hace pensar que nuestro prestigioso Instituto Cervantes se deberá marcar el objetivo de que toda Europa hable castellano en ese tiempo, porque me temo que nuestros graduados seguirán con la vieja asignatura de los idiomas pendiente.Pero vayamos por partes. ¿Qué es exactamente el «proceso de Bolonia»? ¿En qué consiste ?, ¿Cómo va a mejorar -si es que mejora- la universidad con su aplicación? ¿Quién lo inicia y por qué? Y sobre todo, ¿si es necesario financiarlo, quién lo va ha hacer en estos momentos? Son demasiadas preguntas que desde luego no pretendo responder, no resultaría adecuado en un artículo de estas características, pero su formulación me permitirá al menos compartir con los lectores de Nueva Revista una breve reflexión sobre la institución universitaria.Comienzo por reconocer mi condición de universitario, mi dedicación a la universidad, actividad que he mantenido a lo largo de toda mi vida adulta, y de mi gran amor a una institución que en los momentos actuales seme antoja imprescindible e insustituible. Partimos además de la experiencia acumulada en los últimos ochocientos años y de la infinidad de consideraciones, reformas, adaptaciones, intentos de manipulación, de instrumentalización, de colonización, de control, de vejaciones y desprecios que ha sufrido la universidad sin que por eso haya sucumbido, por lo tanto mi diagnóstico siempre será optimista. Ahora bien, el nacimiento del llamado Espacio Europeo de Educación Superior, que surge como idea en la ciudad de Bolonia, tiene poco que ver con el invento -también europeo- medieval. Se da una diferencia extraordinariamente...
Nueva Revista

Hacia un nuevo paradigma ético en comunicación

El fenómeno de la comunicación en las sociedades democráticas, tanto en EEUU como en Europa, exigía a los parlamentos inglés y americano a dar respuesta a la necesidad de unir la libertad a una serie de principios éticos que salvaguardaran las sociedades democráticas.

Nueva Revista

Globalización y especialización informativa

Con frecuencia, los términos «información» y «conocimiento» se emplean indistintamente para referirse a las relaciones sociales que han surgido de las innovadoras técnicas digitales. Nada, sin embargo, menos justificado. Lo que aún está por inventar es, precisamente, un paradigma cognoscitivo que, merced a su validez social, permita integrar los saberes —las ideas— y la práctica, la investigación y la convivencia, la técnica y la vida social. Existe, según Javier Fernández del Moral, un camino para acercarse rápidamente a ese deseado paradigma cognitivo de la era digital: el periodismo especializado.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies