Ignacio Sotelo

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Catedrático de Ciencias Políticas, Universidad Libre de Berlín

Los avatares de la cuestión alemana

Este año se cumple el décimo aniversario de la unificación de Alemania y empieza a despejarse la incógnita que se planteó entonces sobre el papel de una Alemania unida en el concierto de las naciones, una vez desaparecidas las últimas limitaciones a su soberanía, provenientes de la ocupación cuatripartita. Hacerse cargo de la nueva situación requiere volver la mirada al pasado para detectar diferencias, máxime tratándose de un país como Alemania, que arrastra una historia trágica de la que no puede desprenderse.TANTO LE PESA, QUE LA TENTACIÓN  de arrojarla al olvido es fuerte. Hace unos pocos meses, en al acto solemne de entrega del Premio de la Paz de la ciudad de Francfort, unas palabras del escritor galardonado, Martin Walser, que se interpretaron en este sentido, provocaron un torbellino de críticas y malentendidos. Pero los alemanes saben que arrostrar tan trágica historia no sólo es un destino inexorable, sino que, llevado con dignidad, hasta puede resultar un privilegio. Es buena cosa tener que mirar atrás antes de dar un paso adelante, sopesando, a partir de las experiencias vividas, hasta dónde se puede llegar en el presente. Esta sensibilidad agudizada para con la propia historia me parece el carácter más positivo que muestra la Alemania de nuestros días: sabe que la catástrofe acecha en cuanto se libre de tenerla por maestra y guía.El mismo escritor, en una conferencia1 que pronunció en octubre de 1988 -importa retener la fechamanifestaba que «Alemania es una palabra que pertenece a un pasado que es muy consciente del tamaño de sus crímenes»; pero, aunque los alemanes hubieran merecido la división de su país, no hay castigo que deba y pueda durar mil años. Martin Walser, contra la opinión dominante entonces en el mundo intelectual, se niega a «participar en la liquidación de la historia». Se diga lo que se quiera, a lo largo de los siglos se ha ido aquilatando una realidad, por difícil y problemática que pueda parecer hoy, a la que hay que llamar Alemania. Recuerde el lector que, en 1988, el que se atreviese «a hablar de Alemania», en vez de la República Federal o de la República Democrática, se le suponía aquejado de aquella ilusión óptica que se empeña en reanimar la sombra de lo definitivamente desaparecido, y que suele degenerar en una enfermedad grave, el nacionalismo.LA  « CUESTION ALEMANA » El cambio más llamativo que ha ocurrido en estos diez años es que hoy se habla de Alemania con la mayor naturalidad, y que ha vuelto a ser tema de discusión el papel que deba o pueda desempeñar este país en Europa y en el mundo, un viejo asunto que hasta lleva nombre propio, «la cuestión alemana» (die deutsche Frage ).¿Qué oculta esta fórmula ya casi ritual en la historiografía alemana? Para llenarla de contenido, nada mejor que describir algunos de sus significados. El principal consiste en la difícil y problemática unificación política de la nación  alemana, pero que incluye otros, adheridos a este problema crucial, tales como la indefinición...
Nueva Revista

Grandeza y miseria del modelo alemán de Universidad

Al Dr. Juan Martínez López de Letona, catedrático de
Medicina Interna en la Universidad Autónoma de Madrid,
con el que he mantenido innumerables discusiones sobre el tema.

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