Francisco A. Marcos Martín

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Catedrático de Lingüística Española de la Universidad de Texas en San Antonio

Las polémicas del español en los Estados Unidos

El autor elabora en el siguiente artículo una radiografía sobre la presencia hispanohablante y señala las principales disputas que se han producido en el país al respecto.

La unidad de la lengua española

El yo y los otros, la unidad y las diferencias son factores constantes en la experiencia humana. Cuando nos fijamos en nuestro entorno, percibimos lo que nos resulta cómodo y lo que nos hace sentirnos incómodos. Pocas personas se sienten a gusto, en un contacto inicial, con las diferencias. Al encontrarnos con alguien por primera vez hacemos siempre un reconocimiento que nos permita responder a la pregunta: « ¿Cómo es Fulanito?». Es la pregunta que nos formulará, seguro, cualquiera que no lo conozca todavía. La respuesta tampoco será la misma si Fulanito es Fulanita, ni el modo de ver será igual si el que mira es un hombre o una mujer.Uno de los detalles que formará parte de la descripción es el habla de ese nuevo conocido, siempre que tenga alguna diferencia: un acento extranjero o de otra región, un defecto elocutivo, incluso una imagen general de cultura o de zafiedad, derivada de sus usos de la sintaxis y el léxico. Parece que al ser humano le llama la atención lo diferente, tanto si lo considera positivo, como si no y, desde luego, ante lo que rompe con lo habitual no solemos quedarnos impávidos. La discusión entre la unidad y el cambio como factores fundamentales de la estructura del universo se remonta, en la cultura occidental, a los griegos, así que no faltan argumentos de todo tipo en favor de la unidad ni de la diversidad. La lengua, como rasgo o componente específicamente humano, cae dentro de esta discusión: se habla de la unidad o de la variación en las lenguas. Tampoco está ausente del debate la síntesis, la unidad en la variedad, cuyo exponente más poderoso fue don Manuel Alvar, entre los estudiosos del español.La lengua es más que un asunto exclusiva o predominantemente filológico o de los lingüistas, es cosa de todos. Los hablantes no se dejan arrebatar ese dominio, aunque estén atentos a las marcas lingüísticas socioculturales, como a cualquier otro índice de ese tipo. La normalización, la estandarización, si se quiere, es un proceso que favorece el intercambio, la convivencia, con disminución del esfuerzo. Si vamos a comprar un tornillo del 7 o papel A4 para la impresora, sabemos que no tendremos que ir midiendo cada objeto que nos propongan, obedecerán a un estándar. Esas normas no se limitan a los objetos materiales. En la historia de las comunidades surgen diversas instituciones a las que los hablantes recurren para convalidar sus propios rasgos. En el caso de los lingüísticos, la primera institución, la primera máquina cultural, por usar el término de Beatriz Sarlo, es la escuela. La lengua española cuenta, desde el siglo XVIII, con la institución a la que los hablantes se remiten como garante final de una interpretación lingüística, sea una apuesta o incluso un juicio: la Real Academia Española. Cuando entré a trabajar en el Seminario de Lexicografía de la docta casa, hace muchos años, una de las primeras cosas de las que me advirtió Manuel Seco fue de que tuviera cuidado...

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