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6 de marzo de 2026 - 14min.
Avance
Las Alianzas de Universidades Europeas son consorcios de varias instituciones de educación superior que colaboran para el beneficio de sus estudiantes, del personal investigador y de administración y servicios y de la sociedad. Estos consorcios persiguen una transformación integral en las universidades, lo que los hace muy diferentes de las clásicas redes en las que las universidades buscan elevar sus intereses a las altas instituciones, fomentar la interacción poniendo en contacto a sus investigadores, cooperar en materia educativa, pero no transformarse. Las alianzas son tan diversas como diferentes son las instituciones que componen cada una de ellas. Existen alianzas de universidades con gran tradición, de instituciones jóvenes e investigadoras, de universidades en ciudades periféricas y en ciudades de tamaño medio, de universidades más técnicas, etc.
La iniciativa de las Universidades Europeas aspira a ser una palanca de transformación que redefina la función de las universidades. Transita desde un modelo de colaboración basado en la «movilidad individual» o de «proyectos» hacia uno de «integración estructural», diseñado para transformar la docencia, la investigación y el servicio a la sociedad, al tiempo que refuerza los valores y la identidad europeos entre la ciudadanía. Mientras que el modelo clásico se basaba en acciones puntuales y movilidad individual, el modelo de alianzas exige una transformación estructural. Esto se materializa en tres dimensiones clave de gobernanza: autoconocimiento, gobernanza compartida y multinivel y cultura de campus único. Más allá de su estructura, el verdadero valor de las alianzas reside en su capacidad para actuar como palancas de innovación en las tres misiones de la universidad.
Esta experiencia europea se erige como un modelo de referencia para otras regiones del mundo, en particular, para el Espacio Iberoamericano del Conocimiento. Las alianzas de Universidades Europeas no son un fin en sí mismas, sino un laboratorio vivo de la universidad del futuro. Su éxito no se medirá solo por los títulos que expidan, sino por su capacidad para transformar la cultura universitaria. Son una oportunidad para repensar cómo la cooperación universitaria puede convertirse en el motor de sociedades más prósperas e integradas.
ArtÍculo
Imagino que cuando los líderes europeos lanzaron las Alianzas de Universidades Europeas en 2017, en sus cabezas debería haber muchas preguntas: ¿Cómo conseguir que las universidades europeas se encuentren entre las mejores universidades a nivel mundial? ¿Qué tipo de transformaciones son necesarias para mejorar la calidad de la enseñanza? ¿Cómo hacer que varias universidades de diferentes países cooperen entre ellas para que sean más competitivas? Lo que no está tan claro es que supieran el impacto que, cuando lanzaron la primera convocatoria Erasmus del 2019 y las posteriores, iba a tener en las universidades que forman parte de las alianzas. Y es que esta iniciativa, relativamente reciente, nos ha puesto a trabajar de manera algo frenética en esta idea de cooperación y colaboración, y está consiguiendo transformaciones estructurales en las universidades en tiempos récord.
Las Alianzas de Universidades Europeas o directamente Universidades Europeas, que es como se conocen entre los que trabajan en ellas, son consorcios de varias instituciones de educación superior europeas (típicamente formadas por cerca de 10 universidades) que colaboran para el beneficio de sus estudiantes, del personal investigador y de administración y servicios y de la sociedad. Y esto de la colaboración entre universidades en el panorama de la educación superior, que se caracteriza por la rivalidad entre ellas para obtener el mejor alumnado y más destacados investigadores/as por competir por los recursos y estar mejor posicionadas en los rankings, no es tarea sencilla. Quizás por eso Europa señala a este programa como el programa más ambicioso. El hecho es que estos consorcios han conseguido financiación europea en convocatorias competitivas para que haya una transformación integral en las universidades, es decir, que haya cambios en todos los ámbitos donde las universidades desarrollan sus actividades, lo que los hace muy diferentes de las clásicas redes en las que trabajan las universidades para elevar sus intereses a las altas instituciones, fomentar la interacción de las universidades poniendo en contacto a sus investigadores o para cooperar en materia educativa, pero no para transformarse.
A nivel global, las universidades se enfrentan a la necesidad de dar respuesta a retos que no entienden de fronteras, como la digitalización, la sostenibilidad o la empleabilidad y, en el caso europeo, a retos como el envejecimiento de la población o la pérdida de competitividad. En este escenario, el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), pese a sus décadas de éxito en los programas de movilidad del estudiantado (el famoso Erasmus), mostraba signos de fragmentación frente a los grandes bloques académicos de Estados Unidos y Asia. La cooperación tradicional, basada en proyectos puntuales o en movilidades de personas, ya no era suficiente para generar la masa crítica y la innovación sistémica necesarias.
Como decía antes, esta apuesta estratégica de la Comisión Europea, de ambición sin precedentes, que no desmedida como dice la canción, ha generado un verdadero «shock» transformador en el ecosistema universitario.
La respuesta del sector ha sido un «frenesí» colaborativo que ha superado todas las expectativas, como demuestra el caso de España, donde 56 universidades participan ya en 53 de las 65 alianzas1 que han recibido financiación. Hasta la fecha, la Comisión Europea ha destinado más de 1.000 millones de euros de financiación directa a través de la acción de Universidades Europeas de Erasmus+ (con una primera convocatoria en 2019 de 85 M€ y una dotación máxima de 5 millones/alianza para proyectos de 3 años, le siguió otra en 2020 de 120 M€ en donde el número de alianzas pasó de 17 a 41). En 2022, la convocatoria aumentó su presupuesto hasta 272 M€, financiando un máximo de 14,4 M€/alianza para proyectos de 4 años (donde obtuvieron financiación 16 de las primeras alianzas más 4 nuevas) y en 2023 la financiación llegó a 387 M€ y se financiaron 30 alianzas (24 anteriores y 6 nuevas) y en 2024 fueron 189,2 M€ y se alcanzaron las 64 alianzas activas. Además, hay que tener en cuenta la convocatoria de 2026, abierta a la fecha de escritura de este capítulo, que está financiada con 145,6 millones de euros para las alianzas de primera generación, es decir aquellas que obtuvieron financiación en 2017.
Las alianzas son tan diversas como diferentes son las instituciones que componen cada una de ellas. Existen alianzas de universidades con gran tradición como UNA EUROPA, de instituciones jóvenes e investigadoras, como YUFE, de universidades en ciudades periféricas como NEOLIA, de instituciones en ciudades de tamaño medio como ARQUS, de universidades más técnicas como EELISA y así podríamos seguir… Las instituciones que han formado las alianzas a menudo venían colaborando en otras redes o en proyectos de investigación o proyectos Erasmus, y eso ha hecho que de manera natural hayan surgido estas coaliciones. Esta colaboración surgía al calor de un proyecto de investigación como los Horizon Europe o de un proyecto de desarrollo de capacidades como los proyectos Erasmus+ KA2, pero estos proyectos siempre han tenido una duración determinada (3 o 4 años típicamente) y unos objetivos y alcances concretos y no involucraban ni a tantos docentes, ni al personal de todos los servicios, ni implicaban transformaciones estructurales.
En este sentido, la iniciativa de las Universidades Europeas pretende ser mucho más que un proyecto: aspira a ser una palanca de transformación que redefina la función de las universidades. Transita desde un modelo de colaboración basado en la «movilidad individual» o de «proyectos» hacia uno de «integración estructural», diseñado para transformar la docencia, la investigación y el servicio a la sociedad, al tiempo que refuerza los valores y la identidad europeos entre la ciudadanía.
La Iniciativa de Universidades Europeas no debe entenderse como un «proyecto» con fecha de caducidad, sino como el impulso para forjar alianzas estratégicas a largo plazo. Una de las primeras transformaciones ha sido la creación de estructuras de gobernanza para una cooperación global en donde participan los rectores o rectoras (en alguna ocasión, los vicerrectores) que da una idea de la magnitud de la colaboración, el grado de compromiso y el deseo de que las relaciones perduren. En estas estructuras, la toma de decisiones es conjunta, lo que es fundantal para que ningún actor se sienta desplazado, pero también implica negociaciones lentas y complejas. Destaca el alto perfil institucional, con rectores involucrados directamente y la inclusión radical de estudiantes en los órganos de gobierno, validando el principio de poner al estudiantado en el centro y de la cocreación.
Fruto de este deseo, algunas alianzas han creado entidades legales, la más habitual es la de AISBL (Asociación sin fines de lucro belga), pero también se han formado fundaciones, agrupaciones europeas de cooperación transnacional (EGTC, en inglés) o asociaciones económicas europeas (EEIG, en inglés). Estas entidades permiten contratar a personal para unificar procesos, facilitar actividades y unificar datos, además de poder participar como miembros (partners) en las convocatorias de financiación europeas.
Su magnitud es innegable: en 2024, la iniciativa engloba a 73 alianzas (64 alianzas con financiación) que agrupan a más de 650 instituciones de educación superior (570 instituciones dentro de las alianzas financiadas) de toda Europa. El salto es tal que la iniciativa tiene el potencial de aportar «mayores beneficios a las instituciones de educación superior que cualquier proyecto de cooperación anterior».
En línea con la Agenda Europea de Competitividad, el objetivo central que unifica esta acción es doble: mejorar la competitividad internacional de las instituciones europeas y, fundamentalmente, promover los valores y la identidad europeos. Este último objetivo subraya que la Iniciativa de las Universidades Europeas es un proyecto de integración política y cultural. Aunque la iniciativa se asienta sobre décadas de cooperación (Erasmus, redes como YERUN o Coimbra), las eleva a un nuevo nivel, donde lo que define a este paradigma es el paso de la cooperación a la integración estructural.
Mientras que el modelo clásico se basaba en acciones puntuales y movilidad individual, el modelo de alianzas exige una transformación estructural. Esto se materializa en tres dimensiones clave de gobernanza:
Más allá de su estructura, el verdadero valor de las alianzas reside en su capacidad para actuar como palancas de innovación en las tres misiones de la universidad. No solo buscan «hacer cosas juntos», sino «hacer las cosas de manera diferente».
El objetivo educativo principal es la creación de itinerarios formativos flexibles y personalizados que se adapten al estudiantado.
– Movilidad «sin costuras» (seamless): Se busca que la movilidad no sea una excepción (el «año Erasmus»), sino la norma integrada en el currículo (física, virtual o híbrida).
– Nuevos formatos: Las alianzas están siendo pioneras en el uso de Microcredenciales y Programas Intensivos Híbridos (BIPs), que permiten una formación más ágil y accesible, vital para el desarrollo de talento en áreas estratégicas.
– Formación en competencias: centrada en el desarrollo de habilidades y actitudes para que las personas puedan desempeñarse de manera efectiva en contextos laborales o personales. En lugar de centrarse en la transmisión teórica, este modelo prioriza el «aprender haciendo» a través de la resolución de problemas reales, situaciones simuladas y la aplicación práctica de lo aprendido. En este caso tenemos los ejemplos de las actividades de compromiso cívico, como son las actividades de voluntariado que desarrollan competencias emocionales y personales como la inteligencia emocional, resiliencia, empatía o la adaptabilidad y también valores democráticos o las actividades de emprendimiento que desarrollan capacidades de planificación, organización, proactividad y la orientación a la eficiencia, pero también capacidades de liderazgo y trabajo en equipo.
– Títulos conjuntos: La creación de grados y másteres conjuntos (Joint Degrees) es la punta de lanza de esta innovación. Estos estudios, diseñados por varias universidades, con las fortalezas de cada una de ellas, permiten al alumnado obtener una titulación combinando estudios en varios países europeos, desafiando las rigideces burocráticas nacionales y sin tener que cursar años extra. En ese sentido es necesario reconocer el esfuerzo del gobierno español en el reconocimiento de los grados de 3 años.
– Aprendizaje basado en retos: Las alianzas han adoptado masivamente el enfoque del aprendizaje basado en retos (Challenge-Based Learning). En este modelo, estudiantes de distintas disciplinas y países, personal investigador y emprendedoras/es trabajan juntos para resolver problemas reales planteados por actores externos (ayuntamientos, empresas, ONGs). Este tipo de enseñanza fomenta la creatividad al abordar problemas reales desde una perspectiva multidisciplinar, en donde los roles tradicionales de docente/estudiante cambian en pro de la experiencia de aprendizaje.
Otro de los aspectos destacables es el impulso que hay para conectar la universidad con su entorno, que convierte a la universidad en un agente de cambio activo y un verdadero motor de desarrollo regional y competitividad, al vincular la educación, la empleabilidad y la calidad de vida en sus áreas de influencia.
Aunque el foco inicial es educativo, las alianzas funcionan como incubadoras de investigación, generando «masa crítica» y sinergias alineadas con la visión de la UE de autonomía estratégica. El Parlamento Europeo ha enfatizado la necesidad de que las alianzas soporten la transferencia de conocimiento de la academia a la empresa y desmantelen barreras institucionales para la puesta en común de recursos (contratación conjunta, uso compartido de instalaciones).
Más allá de la infraestructura, la verdadera palanca de innovación de las alianzas reside en la promoción de dos principios esenciales que actúan como ventajas competitivas únicas de Europa frente a ecosistemas como EE. UU. y Asia:
– Ciencia Abierta (Open Science): Las alianzas buscan desmantelar los «silos de conocimiento» transformando a las universidades en knowledge commons. Esto acelera los ciclos de innovación, mejora la reproducibilidad y es crucial para la autonomía estratégica de Europa en tecnologías clave.
– Investigación e Innovación Responsable (RRI): Este enfoque ético asegura que la innovación está social y éticamente fundada. Al incrustar la anticipación, la inclusividad y la reflexividad en la investigación, los actores locales (pymes, sociedad civil, responsables políticos) se convierten en cocreadores, asegurando que las innovaciones europeas sean sólidas y éticamente ancladas.
A pesar de los avances en gobernanza e innovación pedagógica, el éxito final de las alianzas pasa por la transformación de la cultura institucional. Un desafío identificado en los informes es la baja percepción y el bajo nivel de conocimiento de la iniciativa entre el profesorado y el estudiantado a nivel local (fuera de los equipos de gestión). Esto subraya, por un lado, la necesidad de campañas de sensibilización efectivas para fomentar una mayor participación y asegurar que la transformación no se quede únicamente en las cúpulas de las instituciones; y por otro, la urgencia de crear incentivos para que la comunidad universitaria participe en las actividades. El profesorado debe ver recompensada su participación en las actividades de las alianzas (a menudo participa personal docente e investigador con un alto grado de compromiso, pero que ven incrementadas notablemente sus tareas de docencia, investigación y gestión) y el estudiantado necesita un reconocimiento a través de ECTS o bien a través de otros reconocimientos o certificados.
Este nuevo modelo se enfrenta a la paradoja de su financiación. Los fondos Erasmus+ actúan como «motor» o capital semilla indispensable, pero la sostenibilidad a largo plazo sigue siendo el gran desafío. Tal como se ha constatado desde la experiencia de las propias alianzas, «no habrá colaboración sin financiación». Este principio subraya que la inversión inicial de la UE es vital para el despegue, pero insuficiente para la continuidad. Es necesario transitar de una «lógica de proyectos» a una financiación estructural. Aquí, el papel de los Estados miembros ha sido desigual pero decisivo: 23 países ya cofinancian sus alianzas, demostrando que la integración europea requiere compromiso nacional y una estrategia de apoyo financiero sólido. A pesar del importante esfuerzo económico de la UE, según el informe de Letta2 harían falta 10 millones de euros anuales para cada alianza para poder culminar la transformación necesaria para la educación superior.
La experiencia europea, con sus éxitos y sus dificultades, se erige como un modelo de referencia para otras regiones del mundo. En particular, para el Espacio Iberoamericano del Conocimiento, las Alianzas Europeas ofrecen una fuente de inspiración valiosa, no para ser replicadas miméticamente, sino para iluminar posibles caminos de evolución.
Lo que Iberoamérica puede extraer de este modelo no es la burocracia, sino los principios rectores de la innovación:
Paradójicamente, Iberoamérica cuenta con una ventaja de partida que Europa envidia: una comunidad lingüística y cultural cohesionada. Mientras las alianzas europeas invierten enormes recursos en gestionar el multilingüismo, una hipotética «Alianza Iberoamericana» podría destinar esa energía directamente a la innovación académica y la movilidad.
Las Alianzas de Universidades Europeas no son un fin en sí mismas, sino un laboratorio vivo de la universidad del futuro. Su éxito no se medirá solo por los títulos que expidan, sino por su capacidad para transformar la cultura universitaria. Son una oportunidad para repensar cómo la cooperación universitaria puede convertirse en el motor de sociedades más prósperas e integradas.
Foto: © Shutterstock / Gigi Delgado. El archivo puede consultarse aquí