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16 de febrero de 2026 - 14min.
Avance
Durante los dos últimos años, la Innovative Universities Summit y la Innovative Schools Summit, cumbres organizadas por la Next Challenge Foundation, han reunido a pioneros de la educación de más de veinte instituciones de los cinco continentes para integrar libre circulación de conocimiento, emprendimiento y ciudadanía en un ecosistema que reemplaza la competitividad por colaboración y que trasciende las fronteras. Producto de estas cumbres es la iniciativa Alliance and Beyond (la alianza y más allá), con la filosofía de que las universidades ya no operan como aisladas torres de marfil de la ciencia, sino como redes vivas que evolucionan al ritmo de la sociedad.
Cinco perspectivas, permiten dibujar el aprendizaje del futuro: Primera, el conocimiento ya no es estático, sino transferible, transdisciplinar y transformador, como demuestran las experiencias de Minerva University y London Interdisciplinary School. Segunda, la formación se enfoca al emprendimiento como herramienta de impacto social y transformación de comunidades, y así lo ejemplifica la African Leadership University, que no forma al alumnado para que busque trabajo, sino para que cree sistemas de valores en campos como las energías limpias o la tecnología agrícola. Tercera, se trata de poner en marcha modelos regenerativos y de cooperación orientados a la comunidad, como hacen la universidad española de Mondragón, en la que alumnado, profesorado y tejido empresarial comparten la institución; y la Green School de Bali, en la que los estudiantes diseñan proyectos de gestión de residuos, energías renovables y agricultura regenerativa. Cuarta, el aula abre las puertas a profesionales que comparten sus experiencias con los estudiantes; sirva de botón de muestra Harbour. Space (España/Tailandia) que invita a fundadores de empresas unicornio y ejecutivos de las grandes tecnológicas a impartir cursos cortos intensivos. Y quinta, la innovación educativa debe ser transfronteriza y adaptarse, a la vez, a la realidad de cada zona. El Sunway iLabs de Malasia, que adapta el modelo francés de la École 42 para formación de programadores, o la VinUniversity (Vietnam) que aplica a su ámbito y sus necesidades las aportaciones de la Universidad de Cornell (EE. UU.) demuestran que la transferencia a Oriente de modelos occidentales deviene creación conjunta de conocimiento.
ArtÍculo
conforme la humanidad se aproxima al umbral de la singularidad tecnológica, el disfrute de avances revolucionarios deja de ser patrimonio exclusivo de determinados sectores económicos para pasar a reconfigurar el tejido mismo de la civilización. La automatización, la inteligencia artificial y las tecnologías humanoides no solo transforman nuestra manera de trabajar, sino que también redefinen los motivos por los cuales lo hacemos. Mientras ciertas categorías laborales se van disolviendo, nuevas formas de generar valor surgen de las intersecciones entre el ser humano y la máquina.
En este paisaje cambiante, la educación no puede seguir consistiendo en las mismas carreras predecibles y especializaciones técnicas de la era industrial. Nos enfrentamos al desafío de cultivar destrezas transferibles de emprendimiento, mentalidades que hacen posible que un individuo se adapte, cree y aporte su contribución a unos ecosistemas en constante evolución. Ese es el motivo por el cual se ha vuelto indispensable diseñar nuevos modelos educativos: es una respuesta colectiva a un mundo que dicta la necesidad de hacer que el propio aprendizaje se vuelva dinámico e imaginativo.
En el transcurso de los últimos dos años, la Innovative Universities Summit (2024) y la Innovative Schools Summit (2025), cumbres organizadas por la Next Challenge School & Next Challenge Foundation, han reunido a pioneros de la educación provenientes de más de veinte instituciones distribuidas por cinco continentes: de la Minerva University de San Francisco a la Green School Bali; de Aalto, en Helsinki, a la African Leadership University de Kigali. El producto de estos encuentros no ha sido un mero recopilatorio de recomendaciones prácticas, sino toda una visión de la educación como ecosistema, que trasciende las fronteras, los sectores y las jerarquías convencionales.
Estas instituciones, que conforman el colectivo de la Global Alliance of Innovative Schools, revelan una nueva lógica para la educación del futuro, por la cual las universidades y centros escolares ya no actúan como fortalezas aisladas de conocimiento, sino como redes vivas que evolucionan al ritmo de la sociedad a la que pertenecen.

La Innovative Schools Summit nunca persiguió la escala ni solemnidad de las conferencias académicas clásicas. En lugar de favorecer centenares de encuentros fugaces, se optó por reunir a un pequeño círculo de en torno a treinta innovadores educativos, número óptimo para favorecer un diálogo real y una cooperación genuina. Este ambiente íntimo generó en los participantes una extraordinaria sensación de seguridad, que los animó a abrirse y exponer ideas, retos e incluso planteamientos en desarrollo.
El formato itinerante de la cumbre, celebrada en Incheon, Seúl y Jeju (Corea del Sur), refleja la creencia de que el aprendizaje solo se produce en movimiento, nunca en aislamiento. Cada ciudad se escogió para encarnar los vínculos que la educación mantiene con la cultura, el emprendimiento y la comunidad. El itinerario alternaba visitas a centros escolares y colaboraciones locales, con momentos de reflexión (un paseo por el bosque en Jeju, una visita histórica por Seúl, una conversación con estudiantes autóctonos en Incheon) para que los participantes tuvieran la oportunidad de experimentar la forma en que se entrelazan educación y ubicación.
Este enfoque experimental refleja el espíritu de la Next Challenge School, fundada sobre la idea de que la mejor forma de aprender es viajando, colaborando y explorando ecosistemas reales. La cumbre no fue únicamente un evento, fue un prototipo de la educación del futuro, en el que el diálogo, la inmersión y el descubrimiento se fusionan en una única experiencia ininterrumpida.

Las conclusiones de la cumbre han dado forma a cinco perspectivas que trazan el itinerario recorrido por las distintas filosofías y áreas geográficas en su progresiva transformación: del replanteamiento del qué y el cómo aprendemos, al uso del emprendimiento como herramienta de renovación social; de la regeneración de las comunidades a través de la cooperación, a la redefinición de la figura del docente en un mundo postindustrial; y para concluir, la adaptación y localización a nuevas geografías educativas de los modelos de innovación global. El conjunto dibuja un mapa de la ruta por la cual el aprendizaje del futuro está tomando forma de ecosistema.
1. Un giro de 180º: el aprendizaje transferible e interdisciplinar
La adquisición de conocimientos ha sido durante siglos lo que ha definido el concepto de educación; pero los referentes actuales en innovación optan por perfilarla en torno a la adquisición de capacidades.
En la Minerva University (EE. UU.), el plan de estudios se estructura sobre una serie de destrezas transferibles (pensamiento crítico, comunicación eficaz y resolución creativa de problemas) incorporadas a cada disciplina y que se evalúan dentro de contextos genuinos del mundo real. En lugar de memorizar hechos, el alumnado aprende a pensar de manera transversal entre diferentes sistemas y a adaptar lo que saben a cualquier lugar en el que se encuentren.
Por su parte, la London Interdisciplinary School (Reino Unido) convierte una pregunta («¿Cómo se aprende?») en un experimento radical. En lugar de cursar programas de especialización convencionales, el alumnado se enfrenta a problemas de escala mundial (desde el cambio climático a la desinformación) mediante métodos que combinan ciencia, filosofía y diseño. El aprendizaje por retos les permite saltar con fluidez de un campo a otro y desarrollar la agilidad intelectual que demanda este nuevo siglo.
Minerva y LIS le han dado un giro de 180º al mundo académico: de contenido a cognición, del nicho a la síntesis. Encarnan un modelo educativo en el que el conocimiento no es estático, sino transferible, transdisciplinar y transformador.
2. El emprendimiento como herramienta de impacto social y transformación nacional
Otra dimensión de la alianza es la de utilizar el emprendimiento no ya como un mero instrumento económico, sino como tecnología social, un medio por el cual transformar tanto comunidades como naciones.
En la African Leadership University (Ruanda y Mauricio), el emprendimiento se plantea como un acto ético: la responsabilidad de diseñar soluciones útiles para la sociedad. No se forma al alumnado para que busquen trabajo, sino para que creen sistemas de valores en campos como las energías limpias, la tecnología agrícola y la innovación cívica.
La Universidad Aalto (Finlandia) cuenta con un ecosistema emprendedor surgido de la fusión entre las facultades de Empresariales, Diseño e Ingeniería, que se ha convertido en la piedra angular de las políticas de innovación nacional. Las plataformas de colaboración establecidas por la institución y las empresas fundadas por sus estudiantes han transformado Helsinki en un centro que reúne creatividad y tecnología, en el que la resiliencia tan inherentemente finlandesa se traduce en una cultura de la acción.
Por su parte, la Universidad Ciputra (Indonesia) encarna un emprendimiento capaz de dar nuevas formas a una economía emergente. Esta institución, fundada como parte de una de las principales corporaciones indonesias, defiende la visión de «crear emprendedores de escala mundial», algo que encaja con el impulso demográfico y la transformación digital que está experimentando el país. Fomenta que el alumnado funde startups con interés social y regional, lo que convierte el emprendimiento en un motor cívico de desarrollo.
En cualquiera de estos ejemplos, el emprendimiento no es el fin en sí mismo, sino el medio que posibilita el cambio, el mecanismo por el cual la educación logra enlazar historia, economía e identidad.
3. Modelos regenerativos, cooperativos y orientados a la comunidad
Si los modelos anteriores hablan el idioma de la innovación, este grupo habla el de la regeneración: la recuperación del equilibrio entre el progreso humano y el bienestar ecológico.
El modelo cooperativo de la Universidad de Mondragón (España) desafía la lógica capitalista de la competitividad. Alumnado, profesorado y tejido empresarial comparten la institución y aprenden que un sistema económico democrático y ético es posible. La formación se convierte aquí en un acto gestionado de manera conjunta en el que conviven la creación y distribución de valor.
La Green School Bali (Indonesia) lleva este espíritu a la práctica medioambiental. Sus aulas al aire libre construidas con bambú no son símbolos de sencillez rústica, sino de un aprendizaje sistémico en el que la sostenibilidad no es una asignatura que se imparta: es una cultura que se vive a diario. El alumnado diseña proyectos de gestión de residuos, energías renovables y agricultura regenerativa con los que descubren que el planeta puede ser tanto el aula como un participante más.
Mondragón y la Green School son la expresión de una verdad fundamental: que la innovación no trata únicamente de ir más rápido, sino también de actuar con mayor responsabilidad, de incorporar la cooperación, la ética y la ecología al ADN mismo de la educación.
4. Cuando los aprendices se convierten en maestros
En una época en la que el conocimiento evoluciona más rápido que los planes de estudio, nuestra alianza ha comprendido que la siguiente frontera de la innovación educativa reside en quién enseña.
El instituto Harbour.Space (España/Tailandia) nos permite vislumbrar ese futuro. Su sistema modular de tres semanas de duración invita a referentes empresariales, fundadores de empresas unicornio y profesionales venidos de las grandes tecnológicas a diseñar e impartir cursos cortos intensivos. No se trata de ponencias impartidas por visitantes, sino de auténticas experiencias académicas en las que expertos transmiten los conocimientos adquiridos a lo largo de toda una carrera trabajando en la vanguardia de la tecnología y diseño.
Esto establece unos vasos comunicantes entre el mundo académico y el industrial, gracias a los cuales el equipo docente deja de ser una categoría exclusiva para convertirse en una comunidad rotatoria de innovadores. Es un enfoque que redefine ambas partes: los profesionales aprenden a expresar y sistematizar sus conocimientos, mientras que el alumnado toma contacto con el mundo real en toda su inmediatez e incertidumbre.
Este modelo sugiere que las universidades del futuro no se valorarán en base al profesorado a tiempo completo que tengan en nómina, sino a la diversidad del abanico de conocimientos que sean capaces de reunir, lo que dará lugar, a su vez, a una generación de graduados capaces de ejercer como docentes competentes.
5. Innovación transfronteriza y adaptación local
La más dinámica de las transformaciones de la alianza surge de la intersección entre educación y localización, cuando se interpretan las ideas globales a través del prisma de la realidad regional.
En Malasia, Sunway iLabs adoptó el modelo educativo por pares que la École 42 aplica en la formación de programadores, pero en lugar de limitarse a replicar la estructura de la institución parisina, la trasladó al ecosistema innovador malayo. El programa incluye mentorías empresariales, colaboración gubernamental y apoyo a startups locales, con lo que logra transformar un experimento europeo en todo un motor de empoderamiento digital en Asia.
La VinUniversity (Vietnam), desarrollada en colaboración con la Universidad de Cornell, ha adoptado una ruta similar de globalización contextualizada. Sus planes de estudio y programas de capacitación docente se estructuran sobre la aportación de Cornell, pero se han adaptado a la energía emprendedora y a los valores colectivos de Vietnam. Lo que comenzó como una mera colaboración ha cristalizado en una institución híbrida, con criterios de calidad internacionales, pero de espíritu local.
El campus del instituto Harbour.Space en Bangkok, creado en colaboración con la Universidad de la Cámara de Comercio de Tailandia (UTCC por sus siglas en inglés) bajo el auspicio del programa sandbox para la educación tailandesa, encarna la innovación en su faceta reguladora. La cooperación directa con la administración les ha proporcionado la flexibilidad necesaria para diseñar programas ágiles y con una vinculación directa al entorno empresarial, lo que demuestra la forma en que las políticas públicas pueden contribuir en la experimentación.
Todos estos casos reflejan una nueva geografía educativa, en la que la transferencia a Oriente de los modelos occidentales ha dado paso a la creación conjunta de conocimiento. Son la prueba de que la adaptación local, lejos de restringir la creatividad, puede ser la fuerza que permita que la innovación arraigue, se adapte y crezca más allá de las fronteras.
En el contexto de esta actividad internacional, Next Challenge ha estado poniendo en práctica la filosofía de la alianza tanto a nivel municipal como de ecosistema. El primer paso es la infraestructura: la creación de centros físicos que actúen como faros para la cooperación en materia de educación, emprendimiento e innovación. Desde allí, el equipo colabora directamente con centros escolares, docentes y alumnos locales en el fomento del espíritu creativo y la resolución de problemas intercomunitarios. Es un proceso lento y cuidadoso, pero fundamental, dado que son las personas, y no las políticas, las que cambian realmente una cultura.
La Next Challenge Foundation, en su faceta de acelerador de startups y constructora de ecosistemas, logra asociar estas raíces educativas al motor general de desarrollo urbano al establecer vínculos entre emprendedores, aceleradores, instituciones públicas y agencias gubernamentales. En su conjunto, constituyen un modelo de crecimiento circular que promueve las iniciativas de los jóvenes innovadores, apoya las nuevas empresas y genera empleo, lo que a su vez refuerza la economía local. Dentro de este esquema, la Next Challenge School ejerce como incubadora humana dentro del pilar fundamental de la educación, mientras que la fundación crea el paraguas estructural que mantendrá vivo todo el ecosistema.
Abordar la educación desde un enfoque ecosistémico ha dejado de ser opcional: en una era marcada por la complejidad, este sistema se erige como arquitectura imprescindible. Los obstáculos a los que nos enfrentamos (cambio climático, inteligencia artificial, desigualdad, sostenibilidad) están demasiado relacionados entre sí como para poder abordarlos con soluciones unilaterales.
Una formación estructurada en torno a itinerarios profesionales lineales y disciplinas aisladas no puede hacer frente a problemas que abarcan simultáneamente cuestiones tecnológicas, éticas, administrativas y culturales. Hacen falta sistemas intersectoriales e interdisciplinares que permitan la libre circulación de conocimiento entre educación, investigación, emprendimiento y ciudadanía. Eso es precisamente lo que hace el enfoque ecosistémico: crea un ecosistema que reemplaza la competitividad por colaboración, y en el que la innovación se convierte en una cuestión de responsabilidad cívica colectiva. En un ecosistema así, la educación deja de ser una mera cadena de montaje que ensambla trabajadores para el mercado laboral y se convierte en el sistema nervioso central de una inteligencia colectiva que permite a comunidades, ciudades y sectores evolucionar al unísono. Esta red de universidades y centros escolares no compite por prestigio; colabora para lograr relevancia. Se guía por la convicción en que el futuro del aprendizaje no se caracterizará por la uniformidad sino por la capacidad para conectar y adaptarse y por un imaginario común. La iniciativa Alliance and Beyond (la alianza y más allá), producto de estas cumbres, es la demostración de que, cuando la educación opera como una inteligencia colectiva abierta a diferentes naciones, sectores económicos y generaciones, se convierte en algo más que un mero sistema formativo. Se transforma en una arquitectura viva del cambio, capaz de visualizar una nueva versión del mundo para el que se construyó.
El impulso generado por cada cumbre se perpetúa gracias a What Is Your Next Challenge?, un programa virtual mensual diseñado por MindsStudio para los participantes en las cumbres de 2024 y 2025 con el objetivo de crear comunidad, proporcionar apoyo mutuo y compartir lo aprendido a través de las fronteras. Docentes e innovadores se reúnen cada mes para debatir en torno a los auténticos retos que plantea la transformación de la educación superior, para intercambiar experiencias prácticas y para colaborar en el desarrollo de nuevos enfoques. Con el tiempo, estas conversaciones cristalizarán en proyectos conjuntos y supuestos prácticos basados en la experiencia común, que harán que la repercusión de la alianza trascienda ampliamente los límites de la cumbre. Lejos de ser solo un encuentro online, What Is Your Next Challenge? encarna la esencia misma de la alianza: la transformación a través de la conexión, donde el aprendizaje, la reflexión y la innovación avanzan juntas, conversación a conversación.
El presente artículo se basa en la experiencia personal de la autora como anfitriona y curadora de la Innovative Universities Summit (2024) y la Innovative Schools Summit (2025): encuentros internacionales que reúnen a educadores, legisladores y fundadores de instituciones educativas con el objetivo de analizar el futuro del aprendizaje. Su trabajo se centra en el desarrollo de ecosistemas internacionales que fusionan educación, emprendimiento e intercambio cultural, en la creencia de que no hay aprendizaje más poderoso que el que traspasa fronteras y rompe las barreras que aíslan el conocimiento.
Foto: © Next Challenge Foundation