Checoslovaquia: el juego del «Monopoly»

Miguel Rivero Lorenzo

Un gigantesco partido de «Monopoly» con la participación de más de 8 millones de jugadores, se desarrolla actualmente en Checoslovaquia bajo el programa de la gran privatización de las empresas propiedad del Estado.

Si usted llega de visita a este país del centro de Europa no podrá resistir durante mucho tiempo sin preguntar a qué se debe el bombardeo de mensajes y anuncios por la radio y la televisión que repiten sin cesar lemas y promesas acerca del programa «kuponova privatizace» (privatización a través de la venta de cupones) y las propuestas que hacen los «Investicni Fond» (los fondos que asocian a los inversionistas).

La cuestión es que, en Checoslovaquia todos los ciudadanos mayores de 18 años serán dentro de poco propietarios de acciones de las grandes empresas del país, gracias a este método insólito, ideado por el gobierno para poner en manos privadas todo el aparato productivo que había pertenecido al Estado durante la etapa comunista.

En Checoslovaquia todos los ciudadanos mayores de 18 años serán dentro de poco propietarios de acciones de las grandes empresas del país.

Los defensores del sistema, argumentan que es una fórmula para recompensar a los ciudadanos tras 40 años bajo un sistema social donde teóricamente «el pueblo era el propietario de los medios de producción». Con la compra de estos cupones, pasan a ser de verdad accionistas de las empresas. Por otro lado, al optar por la economía de mercado, el gobierno comprobó que no existían suficientes capitales nacionales para traspasar a ellos la riqueza del país. Se corría el riesgo de que gran parte del patrimonio nacional fuera a parar a manos de extranjeros.

Ese riesgo no ha sido totalmente descartado, argumentan otros, que citan como ejemplo de ello la venta de las principales empresas del país a consorcios alemanes y de otros países de Europa Occidental.

¿Cómo funciona este gigantesco juego de «Monopolio»? Cada persona mayor de 18 años de edad tiene derecho a comprar una libreta de cupones por el precio de mil coronas (aproximadamente 3.300 pesetas). Cada empresa estatal debe establecer en su esquema de privatización una cantidad de acciones que deben ser vendidas a los poseedores de estos cupones. El resto puede ser ofertado al capital extranjero.

El gobierno debe publicar la lista de las empresas que serán privatizadas. Entonces, los poseedores de los cupones pueden hacer su selección y enviar sus solicitudes a un centro computarizado.

Un ejemplo: una empresa valorada en 200.000 coronas oferta el 50% de sus acciones a la venta por cupones, o sea, 100.000 coronas. Si en el centro computarizado se reciben cinco solicitudes, ello significa que las acciones tienen un valor de 20.000 coronas cada una (veinte veces más que lo que la persona pagó por la compra de su cupón). Pero, si son 20 los aspirantes, quiere decir que el precio se reduce a 5.000 coronas por cada acción.

En cada caso, el gobierno publicará los resultados de esta ronda de ofertas y los ciudadanos tendrán la oportunidad de ratificar su compra u optar por otra empresa. Este mecanismo se repetirá cinco veces, con tres meses de intervalo entre cada ajuste de precios.

Hay que decir que, al principio, la venta de los cupones fue acogida con poco entusiasmo y una gran dosis de escepticismo. Los ciudadanos se decían a sí mismos: «Bueno, gasto mil coronas». Pero, si compro acciones en una empresa que después da pérdidas, o se produce la quiebra, he perdido mi inversión. ¿Cómo puedo yo saber cuáles son las industrias competitivas?

Tal estado de ánimo trajo como consecuencia que, para el 13 de diciembre de 1991, después de varias semanas de venta de los cupones, sólo 275.000 ciudadanos se habían decidido a gastar las mil coronas y adquirir su libreta.

Fondos de inversión

Entonces se produjo como un milagro. Surgió una empresa que proponía hacer un «Fondo de los inversionistas» bajo el atractivo nombre en inglés «Harvard Capital and Consulting Company». El presidente de este fondo es un joven checoslovaco que primero emigró a Alemania y después se trasladó a Estados Unidos. Se llama Viktor Kozeny y estudió en la Universidad de Harvard. Kozeny tiene sólo 28 años de edad y, de pronto, se convirtió en un asiduo visitante de los hogares checoslovacos. Todas las noches aparecía en la pequeña pantalla y presentaba a los ciudadanos una atractiva propuesta:

Usted compra su libreta de cupones, pero cede a «Harvard» el derecho de hacer la inversión. Nosotros le garantizamos que después de 12 meses, le devolvemos 11.000 coronas, diez veces más de lo que usted invirtió.

Surgió una empresa que proponía hacer un Fondo de los inversionistas bajo el atractivo nombre en inglés Harvard Capital and Consulting Company.

Kozeny aparecía en su oficina, ante un ordenador y hablando en tono muy convincente. Después, vinieron otros «spots» publicitarios que recogían opiniones de los ciudadanos que habían optado ya por ceder sus cupones a «Harvard». La campaña tuvo un efecto electrizante. En pocas semanas, el Fondo recibió más de 200.000 adhesiones, según declaraciones de su Presidente.

Las ventas de los cupones se dispararon. Al principio, el gobierno había calculado que participarían en esta operación entre 4 y 6 millones de ciudadanos. Pero, la gran sorpresa se produjo el 3 de febrero cuando el director del Centro de Privatización por el Sistema de Cupones, Jaroslav Lizner, anunció que 8.236.000 ciudadanos habían comprado ya su libreta de cupones hasta el 31 de enero. (El país tiene 15 millones 600 mil habitantes, prácticamente todos los que podían ejercer su derecho lo hicieron).

En realidad, nunca antes había visto colas tan largas en Praga y en otras ciudades. Con temperaturas bajo cero, miles de personas esperaban horas y horas para comprar sus libretas o inscribirlas en las oficinas habilitadas a esos efectos.

El gobierno proclamó triunfalmente que esa respuesta masiva representaba como si se hubiera realizado un referéndum nacional de apoyo a la política económica y al plan de privatización. Quizá resulte un poco exagerado, pero de lo que nadie tiene dudas es que ha sido un éxito del proyecto del Ministro de Finanzas Vaclav Klaus, el más firme defensor de este sistema de cupones.

Claro, no todo ha transcurrido por un camino de rosas. El Fondo «Harvard» fue acusado por el Ministro checo de la privatización, Tomas Jezek, de llevar a cabo una dudosa campaña publicitaria destinada a engañar al público.

Algunos agentes de «Harvard» han sido acusados de realizar agresivas propuestas en las oficinas de inscripción y venta de cupones para obtener el endoso o venta de estas libretas, haciendo promesas a ciudadanos incautos.

Pero, lo cierto es que no es sólo «Harvard». En unas semanas se establecieron más de 400 fondos de inversionistas en todo el país y ya resultaba imposible escuchar la radio o mirar la televisión sin recibir un verdadero bombardeo de ofertas.

Kozeny replicó a las acusaciones del Ministro Jezek, asestando el contragolpe de que uno de sus principales asesores, Jiri Vodicka, también ocupaba un alto cargo en el Fondo «Prvni», otro de los que hace la más clara competencia contra «Harvard». Vodicka tuvo que reconocer que era cierto y renunciar a su cargo en el Ministerio de la Privatización checo, el pasado 31 de enero.

Desde el 17 de febrero comenzó la primera etapa de las privatizaciones. En esta ronda serán ofertadas acciones por valor de unos 260 mil millones de coronas (aproximadamente 900 mil millones de pesetas).

Un negocio en el aire

Pero, debido al gran número de ciudadanos que ha adquirido su libreta de cupones, el valor nominal de las acciones ahora ha disminuido. Antes, se pensaba que cada cupón podría evaluarse en unas 70 mil coronas. Ahora, es muy probable que sea la mitad, quizás menos.

El sistema, como es lógico, tiene sus admiradores y detractores. Por el momento, los actuales directores y obreros de las empresas piensan que de esta manera pueden propiciar la conservación de sus puestos de trabajo y que, efectivamente, los ciudadanos son compensados y reciben una parte del patrimonio de la economía nacional.

Otros dicen que el método del cupón es malo porque no significa entrada de nuevo capital y de tecnología, que es lo más urgente y necesario para modernizar el aparato productivo checoslovaco.

Los inversionistas extranjeros tampoco las tienen todas consigo. Ellos argumentan que el sistema de cupones les hace más difícil ganar el control absoluto de una industria o empresa determinada.

Pero, el hecho de que más de 8.000.000 de personas haya endosado el proyecto es muestra de que el ciudadano común ha respaldado la iniciativa. Para el gobierno, ello es crucial. No olvidemos que el proceso de la privatización se realizará y estará en plena efervescencia, coincidiendo con el período electoral, fijado para junio próximo.

Lo que todavía no está muy claro es qué tipo de información recibirán los ciudadanos acerca de la situación económica de las empresas que serán privatizadas. Todo ese proceso de selección de las industrias que se pondrán a la venta, se ha hecho bajo el manto del secreto y del misterio. Los que posean información acerca de la situación interna de las empresas, su estado tecnológico, los estudios de mercado, etc., lógicamente tienen una enorme ventaja.

Riesgo de quiebra

Los fondos, como «Harvard» y otros, aspiran a que sea sólo un tanto por ciento mínimo de ciudadanos los que reclamen, transcurrido un año, que le reintegren la garantía prometida y se limiten a cobrar los primeros dividendos. Algunos reconocen que, si el tanto por ciento de los que reclaman es muy elevado se produciría una debacle financiera, pues no tendrían recursos suficientes para hacer frente a esa demanda.

Se calcula que más del 50% de los ciudadanos optará por comprar sus acciones a través de los fondos establecidos, algunos de los cuales están respaldados por los más importantes bancos del país.

Se calcula que más del 50% de los ciudadanos optará por comprar sus acciones a través de los fondos establecidos, algunos de los cuales están respaldados por los más importantes bancos del país.

En este punto se produce una de las más importantes objeciones al método. Algunos argumentan que estos fondos desvirtúan el espíritu de la ley de privatización, que era hacer propietarios a los simples ciudadanos. ¿Qué capitales se mueven detrás de estos fondos que han proliferado y se gastan sumas fabulosas en la publicidad? Los ciudadanos, dicen los detractores, son despojados en la práctica de su libreta de cupones y las acciones pasan a manos de especuladores, que han podido obtener información sobre las inversiones más rentables. El gran capital (en muchos casos del extranjero) se apoderará de las mejores empresas, comprando las acciones a los ciudadanos.

Por lo pronto, al joven Kozeny no podrán acusarlo de hipócrita. Cuando un diario le preguntó si había regresado a Checoslovaquia para ayudar a establecer el nuevo sistema de la economía de mercado, respondió: Sería muy generoso decir eso. Pero yo no soy un hombre que hago obras de caridad. Regreso por razones profesionales. Los hombres de negocio somos oportunistas y Checoslovaquia ofrece las mejores perspectivas en estos momentos para hacer negocios.

Así andan las cosas. El mapa de este país centroeuropeo es ahora un gigantesco tablero de «Monopolio». Sólo que los jugadores no sólo compran o venden casas y hoteles. Aquí están a la venta todas las principales industrias del país.