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Cualquiera que lea la biografía del abogado Benigno Blanco  (1957) y no sepa más de él quizá se lo imagine como un alto funcionario (ex secretario de Estado de Aguas y luego de Infraestructuras) sin capacidades intelectuales adicionales. Cuando se le conoce, o al menos cuando se escucha una conferencia suya, lo que más bien uno se pregunta es qué hacía un hombre como él con las aguas y las infraestructuras, debido a que su perfil se asemeja más al de los grandes pensadores y oradores que al de los gestores.

Me quedo, pues, con su segunda faceta. Recuerdo, para objetivarla, que en 2011 fue galardonado con el premio San Benedetto que se otorga en Italia a personas e instituciones que destacan por su contribución a la construcción de una Europa comprometida con la tradición cristiana y humanista. Es un galardón que en 2005 fue otorgado ni más ni menos que al entonces cardenal Joseph Ratzinger.

Beningo Blanco clausuró el pasado viernes el seminario sobre Buenas prácticas internacionales de apoyo público a la familia, organizado por la asociación Familia y Dignidad. En él intervinieron Katalin Novák, ministra para la Familia y la Juventud de Hungría, la francesa Ludovine de la Rochère, presidenta de La Manif pour Tous, el croata Kresimir Planinic, cofundador de In the Name of the FamilyMartin Patzelt, diputado del Bundestag, Manuel Calabuig, presidente del Foro Español de la FamiliaCarlos Martínez de Aguirre, catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Zaragoza y presidente de The Family Watch EspañaAntonio Román, alcalde de Guadalajara y Rafael Fuertes, director general de la Fundación Más Familia.

La intervención de Blanco el pasado viernes fue tan brillante, que en vez de trocearla con citas parciales, he decido transcribirla y darla casi por completo. El lector que la lea saldrá ganando, seguro. Aquí van las palabras de Blanco:

Mi función aquí es hoy, simplemente, sacar conclusiones.

Empiezo con la señora Novak, la ministra húngara, cuando ha dicho literalmente: “La neutralidad no es buena opción para gobernar, hay que defender siempre valores”. Y eso es importante. Hemos escuchado a Antonio Román, el alcalde de Guadalajara, los planes que aprueba, los nombres que pone en su municipio, no se puede ser neutro ante algo bueno, y la familia es algo bueno.

Por eso también me ha gustado lo que ha dicho la ministra húngara y luego ha salido también en otras intervenciones de la mañana, de que “las políticas familiares no pueden confundirse con las políticas sociales”. Las políticas sociales son para atender problemas, y la familia no es un problema, es una gozada; como es una gozada, merece ser tratada como algo bueno por las políticas; pero no por ser un problema.

Por eso cuando se habla del tanto por ciento que se está dedicando a las familias en los presupuestos, en realidad se habla de lo que se está dedicando a las políticas sociales.  Atender a las mujeres víctimas de violencia de género, atender a los niños desamparados, a los ancianos solos, a los discapacitados que no tienen quienes les cuiden…, no es política familiar; es política imprescindible por justicia, pero eso no es política familiar.

Política familiar es aquella que trata a la familia como algo bueno, al margen de que en ella haya o no haya personas individuales en situación problemática. Merece el apoyo la familia que tienen hijos con problemas y merece el apoyo la familia que tiene hijos sin ningún problema, y merece el apoyo la familia donde se dan situaciones de violencia entre los cónyuges, y en aquellas donde los cónyuges se quieren y se respetan profundamente, porque repito: la familia es algo bueno, y verse tratado por las instituciones públicas como algo bueno, digno de ser protegido, al margen de situaciones de desprotección, injusticia, necesidad o insuficiencia de atenciones.

Tendría que haber una política que trate a la familia como tal, como algo bueno, y esto todavía no existe en ningún país europeo. Son procesos que llevan su tiempo… Sí parece evidente que hemos dado un salto positivo en las últimas décadas, y es que se habla mucho de familia. Que en España tengamos este seminario demuestra que también en España hablamos de familia.

En Europa se impone cada vez más la constancia de que una sociedad sin una consistencia familiar cualitativamente sólida es una sociedad con problemas estructurales muy difíciles de resolver. El divorcio es la mayor causa de pobreza femenina en la Unión Europea. La ruptura de las uniones son la mayor causa de falta de socialización de los niños y de los jóvenes. La ausencia de las familias es una de las causas determinantes del abandono de las personas de la tercera edad, y cuando esa situación de falta de familia afecta a una minoría de la sociedad, es relativamente fácil para las políticas públicas suplir, cuando va afectado a sectores mayoritarios de la población, es inviable para las políticas públicas sustituirla.

David Cameron, aunque no sea santo de mi devoción,  decía algo cierto: que compensa invertir en la familia para no tener que invertir mucho más cuando esta falte y con mucha menos eficacia que la familia. Por eso invertir en las familias por ser buenas es el gran requerimiento de nuestra época que se ha puesto de manifiesto en todas las intervenciones a lo largo del día de hoy, pero con una política familiar, no como una parte de las políticas familiares.

Todos los ponentes han comentado aquí también que las políticas familiares han de ser transversales. No se trata tanto de que haya un Ministerio de la Familia, que bendito sea si lo hay, se trata de que el ministro de Industria haga política industrial pensando también en las familias, de los que consumen energía, y lo mismo el ministro del Trabajo, y el de Hacienda, viendo cómo el presupuesto incide en los ingresos y gastos en las familias. Y así con todos. Esa transversalidad de las políticas familiares es fundamental y hay que conseguirla, porque repito: no se puede hacer pintar de verde familiar las políticas un poquito sin introducir conceptualmente en el seno de todas las políticas públicas esa perspectiva de familia, porque por ejemplo lo que pasa en la familia incide en el rendimiento laboral, y viceversa.
Me resultó muy atractivo el final de la intervención de la señora Novák cuando hablaba de una sociedad amable con la familia. La familia es fuente de felicidad, y sin embargo nuestra sociedad tiene problemas con la familia. Tasa de natalidad baja, de rupturas altas, etc. Pero seguimos amando a la familia…Las mujeres quieren tener más hijos que los que tienen, dicen todas las encuestas europeas. Se desea que el matrimonio sea para siempre, y si hay una ruptura se vive como un fracaso. Cuando se tienen niños se quiere que sean buenas personas. Uno no sabe cómo conseguirlo, pero se quiere que sean buenas personas. Y si corrompen a tu niño en la escuela, te duele. La naturaleza humana es así, qué le vamos a hacer. Gracias a Dios. Y por lo tanto hay un sustrato fuerte y sólido para reconstruir una sociedad amable con la familia. Es cuestión de ponerse a ello. Y además en ese ponerse a ello, hay que tener en cuenta lo que decía el representante de Croacia: “Nunca desfallecer”. Hay profundas razones para la esperanza. Que estemos aquí en el siglo XXI hablando de la familia demuestra esperanza. La familia ha sobrevivido al siglo XX, y eso quiere decir que es indestructible. La familia ha sobrevivido a los totalitarismos, a las guerras mundiales, a la incorporación de la mujer al mercado del trabajo, a la revolución sexual, a los anticonceptivos, al género. Ahí está, con problemas como siempre, pero ahí está. La familia es indestructible.

Ahora tenemos que enfrentarnos a los restos específicos de nuestro momento. Esa es la labor que nos toca a nosotros, pero sabiendo que hay razones para la esperanza. Y en la sociedad en que vivimos, ha salido esta mañana, son muy importantes las redes de influencia. Se puede influir desde la política y desde la cultura, desde las iglesias, desde las familias, desde los colegios, con el ejemplo y con la palabra. Se puede aprender del fracaso también para aprender a crear una mentalidad de amor a la familia: la abuela, el alcalde, el periodista, el político…, todos aportan, aporta uno con la experiencia triste de su fracaso matrimonial y otro con la alegría de su no fracaso matrimonial. Y de todos se puede aprender.

Por esto creo, y esto no ha dicho nadie, lo digo yo, que hay que crear dinámicas ilusionadas de procesos aunque no sepamos cómo van a acabar. A mí no me preocupa tanto ocupar espacios de poder en defensa de la familia (el apoyo de este político, aquel consejero, el discurso del otro, una reseña en un periódico, que está muy bien todo). Lo que me ilusiona, lo que creo que es eficaz de verdad, no es tomar espacios de poder sino generar dinámicas, sembrar, ilusionar. Las convicciones de la gente no se forman viendo la tele o escuchando un debate, los criterios se cambian cuando alguien te mira a los ojos y te transmite con convicción algo. Cuando alguien te cuenta su experiencia. Es decir, es en el roce existencia del día a día donde de verdad cambiamos y donde de verdad formamos los criterios para bien o para mal. Y hablamos así no a masas, sino a gente que conocemos y que nos conocen. Por lo tanto todos podemos aportar mucho a crear estas sociedades amables con las familias.
La francesa también lo dijo: para hacer políticas familiares hay que saber lo que es familia.  Muchos hablan de familia y no saben de qué están hablando. Dicen matrimonio y no saben lo que están diciendo. Y por eso creo que nos ha venido muy bien a todos la intervención del profesor Carlos Martínez Aguirre recordando lo que es una familia, que yo lo digo así: chico, chica, niño, o chico, chica potencial niño: eso es una familia. Y si falta alguno, no hay familia. Habrá amistad, sexo, puede haber muchas cosas, pero no familia. Y esto es por la propia constitución del hombre y de la mujer,  de la naturaleza humana, es una realidad así dada. No hay ideología que se pueda saltar esto. La realidad tiene una gran fuerza, es así. Pero vivimos en una época en la que la realidad ha dejado de tener fuerza normativa. Nuestra época necesita gente enamorada de la realidad de las cosas. Que hable con convicción de cómo son las cosas. De qué es un niño y una niña, para empezar, y de que no son lo mismo. Que luego somos sexualmente libres, por supuesto, pero solo hay hombres y mujeres y no podemos ser otra cosa: un hombre no puede dejar de ser hombre y una mujer no puede dejar de ser una mujer. ¡Cómo no va a ser eso relevante para organizar una sociedad! Tenemos que volver al respeto y al amor a los hechos. A las realidades.

Com habrán visto ustedes también esta mañana, las fórmulas políticas para ayudar a la familia están todas inventadas. Las políticas fiscales en Francia, las más liberales por acá, las más intervencionistas por acá. No es un problema teórico. Pero no todas funcionan igual porque inciden sobre sociedades distintas. La política de ayuda a la maternidad desde De Gaulle hasta Holland (que las está derogando) ha hecho que Francia tenga una tasa de natalidad que permite la sustitución generacional. Y esas mismas políticas, aplicadas en Alemania, con una crisis demográfica ya insoportable, no funciona. Porque falta el sustrato moral. Ni con ayudas económicas funciona. Y sin embargo en Noruega y Suecia, sí se recupera la natalidad, en los paraísos de la revolución sexual cuando yo era joven. No hay reglas fijas. Hay que ver lo que funciona, pero los mecanismos están estudiados. Por ignorancia no será para ayudar a la familia, será por falta de voluntad para llevarlo a cabo. Sabemos cómo apoyar a la familia.
También ha quedado claro en este seminario que no basta con pedir políticas públicas a los gobiernos. Yo a los gobiernos, ahora que no nos oye nadie, lo que les pediría es que nos dejen en paz. Ya con eso habríamos dado un gran paso adelante. Si nos dejaran educar a nuestros hijos con libertad, ya habríamos adelantado un montón. Pero pidamos lo que pidamos a los políticos, luego nos toca hacer mucho a los que queremos vivir en familia. Hay políticas públicas hechas con la mejor intención que provocan el efecto contrario que pretendían. Por ejemplo, las políticas públicas de conciliación. Porque se convierte en una carga para las empresas privadas. Es mejor que las empresas tomen la iniciativa de defensa familiar, sin imposiciones, por convencimiento, porque comprueban que eso ayuda a que sus empleados trabajen mejor. Y es siempre más eficaz actuar “porque me interesa” que “porque me lo imponen”.

Por último, no todo es familia y hay modelos que aportan más a la sociedad, como nos ha recordado el profesor Martínez. Y que tratar igual a lo desigual no es justo. Dar recursos a lo socialmente rentable y a lo que socialmente no es rentable, no es justo. Y esto no es juzgar a nadie. Por eso el modelo de familia que funciona, que nos ha presentado el profesor Martínez, me parece de lo más razonable. Sobre emociones no se puede hacer política. Lo emocional es subjetivo, limitado a este momento, que cambiará. Las políticas deben definirse sobre los hechos. No se puede construir una sociedad sobre emociones, como no se puede construir una familia sobre emociones. La familia se funda en una voluntad, que lleva normalmente emociones positivas, pero que no desaparece cuando las emociones cambian. Reivindico de nuevo la razón, la fuerza normativa de los hechos, el admitir la naturaleza humana.


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