Compartir:

Normalmente, cualquier estudio de planificación lingüística suele provocar polémica y debate, y éste, subtitulado Informe sobre el español en el entorno multimedia, encargado a Fundesco por el Gabinete de la Presidencia del anterior gobierno socialista, no podía ser menos. El equipo de investigación está formado por ocho personas, dirigidas por el catedrático de Universidad Francisco Marcos Marín. El objetivo del trabajo es señalar las oportunidades y los riesgos del español en el nuevo entorno de la comunicación multimedia. En el informe se alude a distintas instituciones relacionadas con nuestro idioma, así como a diferentes sectores industriales, y se hacen una serie de observaciones para la toma de decisiones políticas. Analizaremos a continuación qué aspectos, a juicio de este lector, son los más destacables de este análisis.

Para empezar, es importante destacar que el informe está apoyado en numerosos datos. Como no pretende ser un estudio exhaustivo, no incluye todo lo que se ha hecho o se hace en España, pero sí una muestra muy significativa. Hay datos sobre proyectos y recursos generados en lo que se denominan «industrias de la lengua», así como sobre productos multimedia españoles, distinguiendo en ambos casos entre los realizados por instituciones públicas y los realizados por empresas privadas. Esta información, por sí sola, aporta una visión general de la situación española en este campo: el mercado multimedia es un sector en alza, pero que en este momento está acaparado por productos de fabricación o diseño extranjero que han sido adaptados al español. No quiere decir esto que no existan excelentes productos netamente nacionales (y por lo que respecta a la lengua, ya están en soporte electrónico dos de los diccionarios más importantes, el de la R.A.E. y el María Moliner), pero su desventaja frente a los de origen foráneo es evidente en algunos sectores como el de los videojuegos. El informe incluye también una extensa información sobre la prensa española en Internet y la producción audiovisual en español (radio, cine, televisión).

De los datos se puede inferir que hay un gran futuro para los productos multimedia en español. Este lector pudo comprobar en su estancia como investigador Fullbright en la New York University y en su participación en una Conferencia restringida sobre extracción de información (MUC-4), organizada por el Gobierno norteamericano, que el español –junto con el japonés- son las dos lenguas que más interesan a la comunidad científica, a la industria y al Gobierno de los Estados Unidos, por obvios intereses comerciales y sociales. Si pensamos solamente en el mercado de la traducción por ordenador o en el de los cursos de aprendizaje de español podremos imaginarnos el alcance económico. Debemos aprovechar el interés que despierta el español, pero es muy peligroso que nosotros no seamos capaces de realizar productos que satisfagan ese interés y al final lo hagan otros en nuestro lugar.

En contraste con este futuro halagüeño, el presente que nos muestra el informe consiste en una serie de inadecuaciones que pueden poner en peligro la rentabilidad económica de las industrias de la lengua española. En concreto, nos referimos a la falta de adecuación entre la formación universitaria y las necesidades industriales, y a la falta de iniciativa de las empresas españolas para desarrollar productos multimedia. Es bien conocido el desajuste y la escasa relación entre la Universidad y la empresa española. No menos conocido es el insuficiente interés por la «Investigación + Desarrollo»» en las empresas españolas, como se refleja en los datos sobre retomos de la Unión Europea. El informe propone que el Gobierno adopte una serie de medidas para mejorar esta situación: la reforma de los planes de estudio para crear especialidades que fusionen conocimientos en lingüística, informática y comunicación, y la ayuda a la industria multimedia española con incentivos a la creación y apoyo institucional efectivo a la presentación de proyectos en la UE. En varios lugares se refiere a la falta de continuidad de las acciones públicas, poniendo como ejemplo las desaparecidas Áreas de Industrias de la Lengua y Bibliotecas de la Sociedad Estatal Quinto Centenario.

Además de los datos actuales, el informe Fundesco incluye un estudio de prospectiva, el Estudio Delfos (en realidad un informe dentro del Informe) sobre las posibilidades de la lengua española en el futuro de las comunicaciones electrónicas. En él se exponen íntegramente los resultados de la encuesta a un grupo de expertos (cuyos nombres aparecen en un apéndice), lo que permite al lector sacar sus propias conclusiones, independientemente de las recopiladas por el equipo investigador. En este sentido, creemos que de los datos aportados se pueden extraer valoraciones que en gran parte coinciden con las conclusiones del informe, aunque en algunos casos este lector ha ido más allá.

El informe Delfos refleja que los expertos consultados tienen bastante desconfianza en la capacidad de las instituciones públicas actuales para regular las medidas especiales encaminadas a fortalecer la lengua española en el ámbito de las autopistas de la información. Lo que no alcanza a interpretar este lector es si esta desconfianza se debe a una situación coyuntura] -y por tanto posible de resolver-, o a un planteamiento genérico. Conviene recordar que la Internet surgió como una red para el intercambio de conocimiento entre universidades y centros de investigación, y que su espíritu original es el de la autorregulación, sin injerencias de ningún tipo. ¿No será que esa desconfianza está producida por el convencimiento de que serán los usuarios quienes decidirán qué productos comprar y en qué lenguas comunicarse?

Uno de los aspectos más novedosos del informe es la propuesta de creación de una Oficina de Coordinación de la Lengua Española. La justificación de este organismo se basa en la necesidad de que el Gobierno cuente con un centro asesor en materia lingüística para las nuevas tecnologías y en la asunción por parte del equipo investigador de que las instituciones antes mencionadas no reúnen las condiciones para esa función. Aquí hay que mencionar que la opinión de los expertos encuestados apoya esta asunción. Desafortunadamente, el texto es muy poco explícito acerca de dicha Oficina: sería básicamente un centro con un equipo especializado y mínimo que se encargaría de «informar y coordinar» toda la información referente al campo para que pueda ser consultada por cualquier entidad pública y privada, dejando las decisiones a los organismos pertinentes.

Para terminar, quiero destacar un aspecto que se menciona frecuentemente en el informe, pero que desgraciadamente no se desarrolla: el impacto de las nuevas tecnologías y la reforma de la enseñanza de lenguas en los distintos niveles educativos. La encuesta refleja la opinión generalizada de que los productos multimedia educativos transformarán y mejorarán la función de los profesores. Tanto alumnos como docentes tendrán que adaptarse a los nuevos medios y, por las implicaciones que esto conlleva, es del todo necesario que los organismos educativos competentes planifiquen las líneas generales de la utilización de la Internet y los programas educativos en la escuela. Creemos muy apropiado la elaboración de otro informe que aborde el tema.

En resumen, el informe sobre la situación de la lengua española en el contexto de las autopistas de la información no es destructivo ni pesimista, sino que expone los problemas para que se adopten soluciones.


Compartir: