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Ian Mortimer. Historiador, miembro de la Royal Historical Society y de la Society of Antiquaries. Su trabajo sobre la historia social de la Medicina ganó el Alexander Prize en 2004 y fue publicado por la Royal Historical Society en 2009. Es autor de otros ensayos de Historia que se han convertido en superventas en Inglaterra.


Avance

Este libro, según Ian Mortimer, ilustra que los años de la Edad Media fueron los años de formación del mundo moderno. Revela que el principal obstáculo que nos impide ver la importancia de la Edad Media es nuestra obsesión por la tecnología. «Estamos tan centrados en el ingenio de la fabricación moderna que mucha gente considera la invención del teléfono inteligente o del avión mucho más importante que nuestra capacidad para alimentarnos». Para alguien con el estómago lleno, los métodos de producción de alimentos no son tan impresionantes como viajar al otro lado del mundo y hablar por teléfono con un amigo en casa. «Pero para un campesino desnutrido que corre el riesgo de morir de hambre debido a una mala cosecha, esa tecnología es un lujo sin sentido. Y en por ello, debemos mucho a nuestros antepasados medievales». Las brutales dificultades por las que lucharon les hicieron introducir sistemas que redujeron gradualmente el sufrimiento y que continúan beneficiándonos hasta el día de hoy.


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En público no has de permitir que del trasero te emanen secretos aires hasta más allá de los muslos. Habrás vergüenza si a otros llegara tu fedionda pestilencia». Este consejo tan útil, destinado a los jóvenes cortesanos ingleses de principios del siglo XIII, aparece en el poema de Daniel de Beccles Urbanus Magnus, o Libro del hombre civilizado. Fue el primer manual de buenos modales publicado en aquel país.

Ian Mortimer: «Medieval Horizons. Why the Middle Ages Matter». Open Road Integrated Media, 2024

El historiador Ian Mortimer señala que la aparición en torno a la misma época de esta y otras obras guía, de gran popularidad, es indicativo de algo importante: una creciente sensación de autoconsciencia, de autocrítica y de autocontrol. Pero ¿por qué en ese momento? Probablemente porque en el siglo XII el uso de los espejos de cristal, que habían desaparecido de Europa tras la caída de Roma, experimentó un resurgimiento. El espejo hizo posible que tanto hombres como mujeres se vieran a sí mismos de la misma forma que los veían los demás. Confirmó su individualidad e inspiró una mayor sensación de autonomía y de potencial. Para el año 1500, los espejos ya eran un producto barato y de importancia generalizada en todos los estratos de la sociedad.

Mortimer se ha propuesto demostrar que el periodo medieval, entre los años 1000 y 1600, es una era profundamente incomprendida. No se trató de una época de retroceso e inmovilismo marcada por la violencia, la ignorancia y la superstición, sino todo lo contrario. Por aquel entonces se dieron pasos importantes en cuanto a progreso social y económico, y se establecieron los cimientos de lo que sería después el mundo moderno.

Esta percepción tergiversada surge de que nuestro concepto de progreso suele estar profundamente ligado a los avances científicos y tecnológicos que se dieron con posterioridad, sobre todo durante las revoluciones industrial y digital. El escritor recuerda cierta ocasión en que oyó afirmar que una escolar contemporánea, iPhone en mano, sabía más del mundo que el mayor de los científicos del siglo XVI.

Habrá que olvidarse, entonces, de astrónomos de la talla de Copérnico o Galileo, cuyos conocimientos en astrología superaban con creces los de la mayoría de niños actuales. Preguntémonos: ¿podría un arquitecto moderno construir un chapitel de piedra de 160 metros de altura, como el que coronó la catedral de Lincoln en el año 1311, sin recurrir al ordenador? Entre los años 1000 y 1300 la silueta de Londres quintuplicó su altura, mientras que, entre el 1300 y la conclusión de los 72 pisos del edificio Shard en 2010, solo se dobló. Inventos como la pólvora, la brújula magnética y la imprenta llegaron desde China para transformar la guerra, la navegación y la cultura.

A consecuencia de todo ello, fueron muchos los horizontes, como reza el título, que se abrieron para los europeos. Uno de ellos fue el de los viajes. En el siglo XI nadie en Europa tenía la más remota idea de lo que había al este de Jerusalén, o al sur de Sahara. Para el año 1600 ya se había circunnavegado el mundo en varias ocasiones.

El campo del orden público fue otra frontera a superar. Con la llegada del papel desde China en el siglo XII y el advenimiento de la imprenta en la década de 1430, surgieron la emisión y archivado de documentos, tareas fundamentales para la administración. Entre los años 1000 y 1600 el número de palabras escritas e impresas en Inglaterra pasaron del millón anual a los cerca de 100.000 millones. En Inglaterra, a partir del siglo XII, el sistema judicial experimentó una rápida evolución hacia una estructura legal, penal y centralizada, que hizo que las muertes violentas descendieran de 23 por cada 100.000 habitantes en el 1300 a los siete por cada 100.000 habitantes de finales del siglo XIV.

Otro de esos «horizontes» fue la velocidad, así como la sensación de urgencia que la acompaña. Para el año 1600 ya era posible hacer llegar por carta noticias importantes a más de 300 km de distancia en un solo día, gracias al establecimiento de postas que permitían el relevo de los caballos. A lo largo del siglo XIV se desarrollaron los relojes mecánicos, lo que dio lugar a una estandarización del tiempo y, por consiguiente, posibilitó el acordar la hora determinada para cualquier evento.

Fue un periodo marcado también por una creciente libertad personal, surgida de sucesos como la prohibición de la esclavitud por parte de la Iglesia de Inglaterra en el 1102 y el rápido declive del sistema de servidumbre tras la epidemia de peste negra entre los años 1348 y 1349, en la que sucumbió cerca de la mitad de la mano de obra. El poder político se expandió para dar cabida a una nueva clase social, la del pequeño propietario rural, autónomo y con tierras propias. Quien piense que la Edad Media fue todo oscuridad es que no ha entendido del todo lo que ocurrió de verdad a lo largo de la historia.


Este artículo apareció por primera vez en The Economist. Reproducido en Nueva Revista con autorización. Traducción de Patricia Losa Pedrero.