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Avelino Corma, profesor de investigación del CSIC y fundador del Instituto de Tecnología Química de Valencia (ITQ), habló el pasado 13 de noviembre en UNIR, en el marco de la jornada sobre “Innovación y transferencia del conocimiento”. Su conferencia versó sobre “Transferencia de conocimiento y su impacto tecnológico en la industria: la experiencia del ITQ”. Después el profesor Corma, premio Príncipe de Asturias de Investigación en 2014, ​contestó a estas preguntas de Nueva Revista.

¿Por qué España no produce gente como Bill Gates o Steve Jobs? ¿Por qué no destaca nuestro país en creaciones tecnológicas que ayuden a la humanidad?

Yo creo que es muy importante el entorno. Esas personas que menciona surgen en un entorno donde se están generando muchas ideas, en donde hay una dinámica muy progresista y en sociedades tecnológicamente muy avanzadas.

¿Cuál es el camino que lleva a la innovación?

Lo podríamos definir con dos ecuaciones. Investigación más ingeniería igual a tecnología, tecnología más mercadotecnia igual a innovación. Para generar tecnología necesitamos investigación y para generar innovación necesitamos tecnología.

¿Puede ponernos un ejemplo de cómo usted, investigador, ha colaborado con una empresa?

En la investigación generamos conocimiento, del que hacen uso las empresas que desarrollan tecnología. Ellas ven la posibilidad de aplicaciones prácticas. A veces tenemos la suerte también nosotros de intuir soluciones y las pasamos a la empresa. Una relación muy importante para mí es la que he tenido con Pedro Miró durante su etapa como director de Investigación en CEPSA. Se aproximó a nosotros, confió en nosotros, y juntos pudimos hacer algo que sirvió no solo para avanzar en conocimiento fundamental: lo convertimos en un nuevo proceso de aplicación industrial.

¿Puede, además del ejemplo que ha puesto de CEPSA, añadir otros casos de colaboración fructífera entre la investigación y la empresa?

Prácticamente yo diría que en cada una de las líneas de investigación que hemos tenido, ya fuera, por ejemplo, en el caso de catalizadores utilizados en refino y petroquímica, como en los catalizadores para la industria química, como en catalizadores para industria de química fina, en todos ellos hemos tenido la suerte de que algunas de las ideas que hemos desarrollado, o bien solos o bien en combinación con las industrias, al final siempre las empresas las han podido materializar.

Si a usted lo nombraran ministro de Ciencia, Innovación y Universidades, ¿qué medidas principales tomaría?

Lo primero, planificaría la investigación a largo plazo. Lo que no puede ser es lo que tenemos en este momento, que funcionamos a impulso. Tenemos que saber a dónde nos dirigimos, cómo nos dirigimos y con qué medios contamos. Y eso, a largo plazo. Y lo segundo sería claramente reducir la burocracia, que en estos momentos está atosigando a la investigación.

¿De qué se siente usted más orgulloso en su carrera?

De haber creado, junto a mis compañeros, el Instituto de Tecnología Química. Empezamos como una aventura ocho o nueve científicos y lo hemos llevado hasta lo que es hoy en día, con más de doscientas personas trabajando.

¿Cuál es para usted la misión de la universidad?

Debe aspirar a una formación integral de la persona, no solamente técnica. Tiene que despertar la capacidad creativa. Es clave también que cultive los principios básicos de lo que es el ser humano, principios de solidaridad y principios de tolerancia.

¿Considera indispensable la estancia en universidades extranjeras? 

Aquellos que quieran dedicarse verdaderamente a la investigación deben salir fuera, cuando terminen el doctorado o para realizar el doctorado. Deben pasar unos años en otros centros. Esto es fundamental no solo desde el punto de vista del aprendizaje particular de la disciplina que se tenga, sino también para que se abran horizontes.


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