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La educación avanza hacia una forma de enseñar y de aprender distinta a la de la pedagogía tradicional. Dentro de esta filosofía, surge la educación disruptiva, cuya pretensión es afrontar el futuro con la implantación de diferentes acciones, estrategias y metodologías orientadas a la transformación de los procesos educativos que generen nuevas formas de aprender y de enseñar utilizando como principal impulsor las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) y las Tecnologías del Aprendizaje y el Conocimiento (TAC).

Se debe entender el término disruptivo en el sentido más literal de la palabra, pues lo que se pretende es la interrupción o ruptura con las formas más anacrónicas de la enseñanza que continúan ancladas en el siglo pasado y que nos alejan de la capacidad de dar respuesta a las actuales necesidades. Nos encontramos, por tanto, ante la demanda de fortalecer los procesos educativos a través de la innovación para lograr un desarrollo competencial del estudiantado en aras de un aprendizaje realmente significativo y de una enseñanza de calidad.

La constante metamorfosis social que estamos viviendo dificulta enormemente el objetivo de alcanzar un consenso respecto a los retos de la educación del siglo XXI, aunque sí podamos vislumbrar ciertos acuerdos de carácter global. Es así como surge la personalización de la educación, la formación de futuros profesionales en base a los valores cívicos y el fomento de una formación continua basada en una red de habilidades y competencias que permitan a los estudiantes dar respuesta a las demandas del mercado laboral presente y futuro.

A través del acompañamiento individualizado de cada estudiante se promueve el crecimiento a través del conocimiento de la vida y el espíritu crítico que permita discernir la verdad del error

En esta línea, la OCDE insiste en promover una transformación educativa que se base en nuevos modelos de formación y en currículos actualizados, adaptados a las demandas sociales y que permitan a los docentes ser los propulsores de una rápida adaptación a un mundo tan cambiante. Se propone que los sistemas educativos tengan en cuenta la necesidad de desarrollar, a través de sus currículos, competencias que van desde las consideradas más básicas -como son la matemática, la comprensión lectora y la competencia digital- hasta la sociales y emocionales, pasando por las denominadas competencias cognitivas y meta cognitivas, entendidas como transversales y que están relacionadas con la creatividad, la resolución de problemas, el autocontrol, el pensamiento crítico y la capacidad de aprender a aprender.

APRENDIZAJE MULTIDISCIPLINAR

La educación superior también debe hacer una especial aportación a esta transformación educativa de tal manera que base su modelo en la priorización de la práctica sobre la teoría; fomente el aprendizaje multidisciplinar; sea fuente de innovación digital y establezca lazos estrechos con el mercado laboral a través de la investigación, la transferencia del conocimiento y la innovación educativa.

La educación virtual se posiciona como una alternativa innovadora y didáctica que no se limita a la impartición de una clase a través de una cámara, sino que abre un inmenso abanico de posibilidades

Aunque en algunos sectores se vislumbra cierta tendencia hacia la transfiguración progresiva de la educación de la mano de un mayor conocimiento científico del proceso de aprendizaje avalado por grandes ciencias como la pedagogía, la psicología y la neurociencia, los acontecimientos de los últimos años han evidenciado que la implementación de innovaciones en el sistema educativo es insuficiente, por lo que apremia una consolidación de este cambio de tendencia.

Las TIC, como facilitadoras de la innovación, han ayudado a forzar el cambio en las prácticas educativas y, por tanto, una modificación de los sistemas de enseñanza. Esto ha desencadenado la aparición de un extraordinario campo de posibilidades que han facilitado la integración de estas tecnologías en el mundo educativo, permitiendo que tanto docentes como estudiantes se apropien de ellas para desarrollar su labor educativa.

Hay que tener en cuenta que la aceptación de estas tecnologías en el proceso de enseñanza y aprendizaje se deben a que no se perciben como un fin en sí mismas, sino como un medio para la mejora de los resultados, a través de la personalización y la visión inclusiva de la educación.

Entorno a las TIC se han ido generando una serie de métodos, herramientas y estrategias que hacen posible una verdadera educación disruptiva en el aula, en todos los niveles educativos. En este sentido, es importante reconocer que una de las formas de enseñar que ha cambiado, en gran parte, el devenir de la educación superior es la educación virtual.

A pesar de que en los primeros momentos parecía que este nuevo método de enseñar y de aprender ofrecía muchas menos posibilidades de crecimiento que la enseñanza tradicional, poco a poco ha ido encontrando su propio espacio.  Tal es así que se posiciona como una alternativa innovadora y didáctica que no se limita meramente a la impartición de una clase a través de una cámara, sino que abre un inmenso abanico de posibilidades. Para ello, ha sido fundamental demostrar que la educación virtual requiere de una serie de pilares pedagógicos, didácticos y técnicos que aseguren el acceso a la educación, convirtiendo a esta en una enseñanza de verdadera calidad.

Estas fortalezas sobre las que debe crecer el modelo pedagógico de la educación virtual están en consonancia con los principios de la educación disruptiva y es que, para que un modelo de enseñanza así sea exitoso, debe asegurar la personalización de la enseñanza; la actualización de los contenidos; la flexibilidad; la posibilidad de romper con las barreras espaciotemporales y debe tener en cuenta los intereses y necesidades de cada estudiante convirtiendo a este en el principal actor dentro del proceso educativo.

CAMBIO EN LA MENTALIDAD DEL DOCENTE

Por tanto, esta transformación no puede basarse solo en una evolución de las metodologías, sino que debe venir acompañado de un cambio real en la mentalidad del docente. Se debe apostar, de forma definitiva, por una modificación de los planteamientos de los roles desempeñados por los principales agentes educativos tal y como los hemos conocido hasta el momento. Y es que sabemos que, cuanto más responsable y protagonista sea el estudiante de su propio proceso de aprendizaje, mejores y más significativos serán sus resultados académicos.

El docente aparece, en esta nueva forma de entender la educación, como un guía indispensable cuya labor debe centrarse en que el estudiante desarrolle las competencias necesarias para poder enfrentarse, de forma autónoma, a las necesidades que irán surgiendo a lo largo de su vida. Las clases magistrales en las que el docente trasmite unidireccionalmente sus conocimientos están desapareciendo para dar paso a métodos mucho más interactivos y constructivos en los que se trabaja desde la perspectiva del autoaprendizaje.

Este cambio no sitúa al educador en una posición de desventaja, sino todo lo contrario, su papel se vuelve más relevante. Y es que debe convertirse en el facilitador que, siendo experto en la materia que imparte, sea capaz de conocer a los estudiantes y dar una correcta respuesta educativa utilizando las dinámicas y metodologías más adecuadas en cada momento para transformar el aprendizaje en una experiencia extraordinariamente estimulante y emocionante. En definitiva, el papel del docente en un proceso de educación disruptiva debe ser el de propiciar espacios que generen experiencias de aprendizaje desde una visión de apertura al cambio.

En esta línea, es importante resaltar la necesidad -como ya se ha indicado- de la personalización de la enseñanza, una forma de enseñar que busca adaptar el aprendizaje a las necesidades, intereses y fortalezas de los estudiantes y que se basa en la flexibilización y la búsqueda de la consecución de los más altos estándares de calidad educativa. Pero personalizar es algo mas que esto, ya que se busca un desarrollo integral de la persona acorde a las más profundas necesidades del ser humano. A través del acompañamiento individualizado de cada estudiante y con la participación de toda la comunidad, especialmente de la familia, se promueve el crecimiento a través del conocimiento de la vida, los valores universales y el espíritu crítico que permita discernir la verdad del error.

Las herramientas con las que se lleven a cabo estos objetivos educativos cobran mucha importancia ya que de ellas dependerá, en gran medida, la consecución del éxito pedagógico.

El Mobile Learning hace referencia al proceso de aprendizaje a través de dispositivos móviles y tiene una clara intención de personalización de la enseñanza y de ruptura con las barreras espacio-temporales

Encontramos una gran variedad de métodos que pretenden dar una nueva visión a la forma de enseñar, pudiendo diferenciar entre aquellos que tienen una muy estrecha relación con las tecnologías -como son el enfoque STEAM, el Mobile Learning, la gamificación, los paisajes de aprendizaje y el Flipped Classroom- y aquellos que, teniendo igualmente el objetivo de romper con la pedagogía tradicional, no están tan directamente relacionados con las TIC, como pueden ser las Unidades Didáctica Integradas, el Aprendizaje Basado en Proyectos y el Aprendizaje Cooperativo.

El enfoque STEAM, toma su nombre de las iniciales de las disciplinas que se consideran fundamentales en la formación actual: Science, Technology, Engineering, Art and Mathematics (Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Arte y Matemáticas). Está inspirado en el trabajo colaborativo y se basa en la resolución de problemas a partir del planteamiento de diferentes desafíos a través de los cuales los estudiantes adquieren los conocimientos. Tiene como principios el aprendizaje transversal, pues se trabaja de forma interdisciplinar para garantizar un aprendizaje contextualizado, así como los aprendizajes relacionados con el desarrollo competencial.

Con el objetivo también de generar situaciones de aprendizaje cooperativas, encontramos el Mobile Learning que hace referencia al proceso de aprendizaje a través de dispositivos móviles. Tiene una clara intención de personalización de la enseñanza, de inmediatez en la interacción entre profesor y estudiantes, y de ruptura con las barreras espacio-temporales. Este tipo de método busca fomentar las competencias digitales, ser una fuente de motivación y promover el aprendizaje basado en las experiencias.

Precisamente, aprender a través de la experiencia, del hacer y no del memorizar es lo que pretende otros de los modelos mencionados: el Flipped Classroom. Propone invertir las formas de hacer en el método pedagógico tradicional, y para ello plantea que los alumnos estudien y preparen las lecciones fuera de clase, accediendo en casa a los contenidos de las asignaturas para que, posteriormente, en el aula sea donde interactúen y realicen actividades más participativas. En la educación Superior la implantación de esta metodología es más sencilla de aplicar debido a la madurez de los estudiantes.

Introducir la mecánica del juego en el ámbito educativo para adquirir los aprendizajes, y para lograr unos mejores resultados académicos, así como para aumentar la atención y la motivación, es lo que pretende conseguir la gamificación. Dentro de las técnicas de gamificación podemos destacar, por su fuerte irrupción en las aulas, los paisajes de aprendizaje. Esta, es una técnica que consiste en realizar, a través de una web de carácter gráfico, una representación visual de una asignatura o parte de ella. Se presenta a través de un itinerario que va aumentando de dificultad de forma secuenciada a través de diferentes misiones principales y secundarias, basándose en los niveles cognitivos de la taxonomía de Bloom.

A pesar de que, a priori, se pueda pensar que estas formas pedagógicas más lúdicas son una forma de aprender diseñadas para los primeros niveles educativos, su presencia es cada vez más notable en los más altos niveles de enseñanza. Son realmente técnicas aplicables a cualquier área de conocimientos y permiten generar en los estudiantes situaciones de diversión acompañadas de una verdadera emoción por aprender.

EL PAPEL DE LAS EMOCIONES

Las emociones juegan un papel muy relevante en el proceso de aprendizaje, algo que cada vez es más defendido por todos los sectores educativos, especialmente ante la propuesta de cambio educativo.

El avance científico de los últimos años nos ha demostrado que el aprendizaje y las emociones son procesos que están íntimamente ligados, no solo por una cuestión estructural de nuestro cerebro si no por una cuestión funcional, ya que cognición y emoción comparten redes neuronales que les hacen ser un binomio indisoluble. Por eso es de suma importancia realizar una adecuada elección de los métodos pedagógicos a desarrollar, así como la necesidad de generar situaciones emocionalmente positivas en el aula. Y es que cuando el estudiante percibe un clima emocional positivo, se predispone al aprendizaje activo.

Nuestro cerebro está diseñado para atender, procesar y consolidar de manera más eficiente y rápida cuando los aprendizajes se asocian a experiencias con un fuerte componente emocional, pues se graban en la memoria de una forma mucha más perdurable. Sabemos que se aprende más y mejor, cuando los aprendizajes están asociados a cualquier tipo de emoción, ya sea esta positiva o negativa. El problema radica en que, si las experiencias son negativas, podemos estar realizando un aprendizaje asociativo que vincule el aprendizaje a respuestas negativas, llegando a poder rechazar, incluso, el querer seguir aprendiendo.

Las emociones también están fuertemente ligadas a otros procesos relacionados con el aprendizaje, como son la atención, la memoria y la motivación. La emoción activa la curiosidad y la atención, y en consecuencia activa el interés por el aprendizaje. Para que el aprendizaje sea más significativo y se facilite la evocación del conocimiento, se ha de asociar a una emoción, preferiblemente siempre positiva.

El avance científico nos ha demostrado que el aprendizaje y las emociones son procesos que están íntimamente ligados, ya que cognición y emoción comparten redes neuronales que les hacen ser un binomio indisoluble

La posibilidad de que esta forma diferente de enseñar se convierta en una realidad en cualquier sector educativo, pasa por la necesidad de seguir formando docentes que arriesguen por un cambio de la educación a través de prácticas pedagógicas innovadoras. Los docentes deben ser grandes expertos en las materias que imparten pero, además, deben apostar por un tipo de formación rupturista que les ayude a mantener actualizados sus métodos y a desarrollar el entusiasmo necesario para poner en marcha procesos creativos, para promover entre sus estudiantes el autoaprendizaje, el aprender a aprender, y para ser capaces de generar espacios de aprendizaje emocionalmente positivos y de esta manera convertirse en docentes que trasmiten mucho más que un mero conocimiento.

Actualmente, pues, es más necesario que nunca seguir apostando por una forma de enseñar basada en la innovación siendo esta producto de la investigación y la trasferencia a la vida real de los centros educativos.


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