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Este es un libro ecologista de verdad, pero a la vez es profundamente sensato y esperanzado. Y además, muy fácil de leer y cargado de datos contrastados.

Siempre me ha parecido que parte del ecologismo actual peca de dos pecados capitales: un antihumanismo ideológico y una carencia de ciencia que es sustituida por emotividad y pasión como fuente de verdad. Claramente la obra de Jahren no incurre en ninguno de estos dos errores.

El afán sin límite. Paidós. 2020. 240 págs. 19 € (papel) / 9.40 € (digital).

La autora es norteamericana de origen, de Minnesota en concreto como nos recuerda con frecuentes anécdotas de su infancia y juventud en el libro, y vive en Oslo donde enseña en la Universidad e investiga en cuestiones ecológicas (es geobióloga).

Ya desde el prólogo a la edición española la autora lanza su mensaje positivo: «la capacidad de la humanidad de crear un problema entraña también su capacidad de resolverlo« 

Ya desde el prólogo a la edición española la autora lanza su mensaje positivo: «la capacidad de la humanidad de crear un problema entraña también su capacidad de resolverlo» (pág. 13). Este es el tono de fondo del libro: tenemos un problema muy serio que hemos creado nosotros los humanos, pero también está en nuestras manos afrontarlo. En nuestras manos, quiere decir en la de todos y cada uno, no solo en las de los políticos. Este es el mensaje de Jahren.

Las tres primeras partes o capítulos del libro (págs. 17 a 144) nos ayudan a repasar la dinámica de la vida en nuestro planeta en los últimos tiempos: la demografía, los alimentos, el consumo de energía, el transporte, etc, con un mensaje claro: la causa de los desequilibrios ecológicos es un consumo desaforado incentivado por un sistema productivo que nos aboca a un ciclo incontrolado de más producción para más consumo y así sin límite. Por eso, la autora nos dice que la solución no podemos esperarla de la industria, sino que está en nuestras manos: modificar nuestros hábitos de consumo: «Consume menos, comparte más. (…) no existe ninguna tecnología mágica que vaya a salvarnos de nosotros mismos. Contener el consumo será la mayor dificultad del siglo XXI. Consumir menos y compartir más será el mayor reto que deberá afrontar nuestra generación» (págs, 106-107).

Estos tres primeros capítulos son deliciosos, pues analizan la evolución de nuestro consumo y la consiguiente sobreexplotación del planeta a partir de la vida real de las personas corrientes, con múltiples anécdotas y referencias a la propia vida de la autora y su entorno geográfico y económico vital, desde los que se eleva con naturalidad a referencias estadísticas que  acreditan tendencias globales y universales.

Me llama positivamente la atención que en estas primeras partes del libro la autora no caiga en la obsesión antipoblación tan habitual en el ecologismo de moda. Solo este parámetro de análisis serviría para acreditar la objetividad del estudio que comentamos, que no se rinde ante la moderna ideología anti humanista aunque la autora sea ecologista convencida.

El capítulo o parte cuarta (págs. 147 a 200) está dedicado al cambio climático y su conclusión es clara: solo tendrá solución este problema real e indiscutible si todos y cada uno decidimos consumir menos y no más (pág. 195). La autora nos dice. «Creo que todavía hay esperanza; te invito a que cojas un puñado y la guardes para tí» (pág. 196); «debemos empezar a desintoxicarnos del consumo, ya que de lo contrario las cosas no mejorarán jamás« (pág. 197).

A cualquier lector del libro le llamará la atención que en una obra plagada de datos no haya notas a pie de página, pero este defecto se subsana en las págs. 219 a 229 en las que la autora referencia sus fuentes. Es de agradecer que se haya dejado para el final el aparato bibliográfico; pues de lo contrario se haría dificultosa la lectura, dado que el libro está plagado de datos de todo tipo y muy necesarios.

CLAVES ÉTICAS

La apelación de la autora a hábitos de consumo responsables y a la responsabilidad personal de todos y cada uno para luchar contra la actual crisis y el cambio climático, entronca con quienes, como el papa Francisco, denuncian las claves éticas de la crisis ecológica actual, aunque no haya en Jahren ningún atisbo de consideración religiosa.


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