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A mediados de octubre de 1919, en el Instituto madrileño de San Isidro, los estudiantes de Preparatorio también preparaban otra cosa: una huelga, pretexto para adelantar las vacaciones navideñas. José López Rubio, «Pepe» para los amigos, miraba cómo un compañero, sobre un tejadillo del patio, arengaba a los demás. Se lo presentaron luego. Su nombre: Enrique Jardiel Poncela, dos años mayor que él. Aquella misma tarde acudió invitado a su casa, en la calle Churruca. En el gabinete —ha recordado López Rubio en su discurso de ingreso en la Real Academia-, «Jardiel estaba leyendo a los que habían llegado antes un monólogo que acababa de escribir. Se titulaba El precipitado Rojo, y se refería a un señor apellidado Rojo que era muy precipitado». Dicha obra hacía el número sesenta y tantos de su producción teatral, escrita con su vecino Serafín Adame (a quien luego cedió la propiedad de esos escritos juveniles). Entre Pepe y Jardiel fragua una amistad fraterna, teñida de mutua admiración, que duraría hasta la muerte de éste, en 1952. AI poco de conocerse, apareció la nueva revista Buen Humor, en la que López Rubio, como secretario de redacción, introdujo al prolífico amigo. Juntos aparecen en Los Lunes del ImparciaL, Macaco, Gutiérrez…, juntos escriben dos comedias primerizas sin alcanzar su estreno: Un hombre de bien y El año 2.500 y, con el dibujante Antonio Barbero, fundan Chiquilín, efímera revista de niños. Es la época de acudir a las mismas tertulias, especialmente a la de Pombo, donde imparte su magisterio Gómez de la Serna, figura a la que los cinco humoristas-dramaturgos del 27 (Neville, López Rubio, Jardiel, Tono y Mihura) profesaron una deslumbrada admiración («buque nodriza» lo definió Neville). La noche del estreno de Los medios seres (1929), polémica obra de Ramón, Jardiel tumbó de un guantazo, sobre una escupidera, a un espectador disconforme. Ese mismo año, al editar la novela ¡Espérame en Siberia, vida mía!, Jardiel escribía a López Rubio una bromista dedicatoria, sin saber que se haría realidad: «Pepe: ¿Te acuerdas de nuestros días de caza y aventuras en América? Pues ahí va eso para que calces una mesa. Enrique. Otoño 1929»

Efectivamente, un año más tarde, López Rubio parte hacia Hollywood, contratado para dialogar películas americanas en su versión española. Seguía el camino abierto por Edgar Neville. Cuando Fox Film precise un escritor más, López Rubio apoya la candidatura de Jardiel: «Es tan bueno -les anunció-, que cuando esté aquí Vds. solo necesitarán a uno. Y, por lógica, me despedirán a mí». Rápidamente, le telegrafía: «Contesta si te interesan seis meses de contrato, cien dólares semanales sin viajes». Por el mismo medio, Jardiel responde: «Con viajes pagados, desde luego; sin viajes, imposible». Y, aceptado, Enrique marchó para allá. Cuando llegó, Pepe y él ocuparon vivienda pared por medio con la pareja del autor Gregorio Martínez Sierra y la actriz Catalina Bárcena. Los dos amigos se comentan proyectos, comparten comidas con Chaplin, asisten a espectáculos de fútbol o boxeo, realizan excursiones a Long Beach… y, jóvenes en una sociedad tan abierta, viven aventuras con chicas. López Rubio comentaba siempre que todos los empleados jóvenes de Hollywood eran guapos, chicos y chicas venidos desde rincones del país y colocados a la espera de una oportunidad de llegar a estrellas. Especialmente constante fue el trato con el grupo de cineastas españoles, aparte de Gregorio y Catalina: los actores Antonio Moreno, José Crespo, Rosita Díaz, Julio Peña, Conchita Montenegro, Gilbert Roland (nombre artístico de Luis Alonso), Fernando, hijo de la Bárcena, al que Jardiel menciona como pintor con futuro…, así como algunos adjuntos, la cantante de ópera Grace Moore, el brasileño Raúl Roulien, el argentino Enrique de Rosas (luego será el brigadier en el rodaje de Angelina..) y la propia novia de López Rubio, aludida en la posdata de esta primera carta (se trataba de Lillian Wurtzel, hija de un alto directivo de la Fox).

Las dos cartas inéditas de Jardiel que aparecen en esta entrega corresponden a su estancia en España entre el primer viaje a Hollywood (agosto, 1932-mayo, 1933) y su regreso allí, contratado de nuevo (julio, 1934-abril, 1935). Es sabido que aquella ciudad de cartón —conocido título de Martínez Sierra-, no gustó a Jardiel. Le molestaba todo, hasta la estatura de los americanos: «No hace falta ser tan alto», solía rezongar. Y López Rubio lo convenció de que nada ni nadie lo ataba allí. Acercándose el regreso a España, aquellas fechas eran «los últimos días de Poncella«, en alusión a una célebre película, pues en los estudios les llamaban por el segundo apellido. Echaba de menos los madriles, la familia, la Puerta del Sol, sus cafés con leche diarios…. Por ello, encontramos a un Jardiel repatriado y optimista, de cuidada caligrafía fácilmente legible, satisfecho con realidades (funciona bien su comedia Usted tiene ojos de mujer fatal) y con proyectos (aunque alguno sea rodar con alguien tan visceralmente antipático como Benito Perojo), capaz de largas cartas dando excelentes pinceladas del ambiente y de las personas. Sus cartas son un carrusel por donde desfilan empresarios (Tirso Escudero, Arturo Serrano), escritores de la época (Vidal y Planas, Arniches, Samuel Ros, Eduardo Ugarte, al que alude como «el gafas»), periodistas (González Ruano, K-Hito), editores (Ruiz Castillo), artistas plásticos del teatro (Santiago Ontañón, Paco López Rubio, Burmann). Reconoce lo subjetivo de sus juicios sobre la «Meca del cine», salvando el buen recuerdo de los amigos. Tranquiliza a Pepe sobre la falsa alarma de estrenar una antigua comedia firmada en colaboración con Serafín Adame y no olvida la gratitud de Evangelina -entonces su única hija— por el obsequio recibido. En cuanto al estilo, aparece su inconfundible personalidad (si escuchaba algo ingenioso, decía «esto se cobra , o sea, digno de incluir en texto literario), su talento desmesurado para las comparaciones («el vacío neumático, como en las bombillas Osram), imágenes plásticas como la de Perojo con un roedor, y cuya película Se ha fugado un preso, no obstante su opinión, sería un éxito.

 

 

La primera carta es útil para fijar fecha y títulos de la serie Celuloides rancios, rodada en París, a donde viajó con su flamante Ford 8 V, descrito minuciosamente en otra carta anterior.

La segunda carta, escrita en varias etapas entre el 14 de febrero y el 11 de marzo de 1934, da un panorama social más preocupante. Menos optimismo en el horizonte económico personal. Ya ha nacido Mari Luz, su segunda hija, habida con Carmen Labajos. Continúan sus aventuras esporádicas y recuerda las de América (Marceline). Pero el texto es útil, también, por otras razones: noticias sobre la escritura y éxito de Angelina o el honor de un brigadier y los buenos juicios que ha suscitado; antipatía hacia Neville por su persona y su obra (la comedia Margarita y los hombres), declive económico de Gómez de la Serna. Por este tiempo, López Rubio deseaba que Hollywood abandonara las «copias» en español de películas americanas para apostar por un cine nutrido en comedias y guiones españoles. Pero Jardiel no le encuentra por Madrid las obras solicitadas. Fruto de la tenacidad y confianza de la Fox en López Rubio, sería el rodaje posterior de, entre otras, Angelina o el honor de un brigadier, una de las más celebradas. Pepe recordó siempre con entusiasmo aquel rodaje, en el que, por ejemplo, él y Jardiel hicieron escribir en las lápidas de la escena del cementerio nombres de amigos españoles. También fue allí la primera experiencia de rodaje en verso español. Al final, Enrique anuncia que irá a ver el melodrama La cruz y la espada, donde el famoso actor mexicano José Mojica interpretaba a un franciscano, nueve años antes de ingresar, él mismo, en dicha orden religiosa (casaría a Julio Peña en Madrid) y del que Enrique y Pepe no soportaban su afectación.

Jardiel Poncela titularía El amor sólo dura 2.000 metros una de sus comedias. La felicidad, para él, aún duraría menos.

[I]

Madrid, 11

Querido Pepe: Me enviaron a París tu código de las siete Partidas y francamente: yo sí que no esperaba tanta longitud. Te has portado como los grandes, en cantidad y en calidad, pues tu carta es de las que se cobran. Hay una parte, especialmente, la que se refiere a las vicisitudes imaginativas (vamos… al decir) porque está atravesando la historia de la nueva película Roulien que basta copiarla y mandarla a una revista para encontrarse con que ha publicado uno el artículo más gracioso que puede escribirse sobre las interioridades de los Studios de Hollywood. A lo mejor te encuentras con que te lo cobra alguien, un Poncella sin ir más lejos. Pero no, pobrecito: respetaré tu copyright.

Bueno, encantado de que me hayas escrito en esa magnitud.

Y, ahora, a contar cosas; pero no esperes que esta sea tan larga como la anterior, ¿eh? No seas ansioso.

Pues, señor… Resulta que hasta el día 5 no regresé de París. He estado cerca de un mes y fui por siete días. Idéntica proporción a lo que sucede en Hollywood… por algo el personal de Fox en París también es norteamericano. Ya le conté a Gregorio, y te supongo enterado, lo que era el trabajo: hacer explicaciones y comentarios en broma a unas películas dramáticas de un rollo de los años 1903 y subsiguientes. En total seis; y en noviembre habrá que hacer otras seis. Creo que han quedado muy graciosas; ya veremos. Se titulan respectivamente: El calvario de un hermano gemelo – El amor de una secretaria – Cuando los bomberos aman… – Los ex-presos y el expreso – Emma, la pobre rica, y Ruskaia gunai zervirovit (drama ruso). El título general de la serie es CELULOIDE RANCIO – Películas dramáticas de principio de siglo. Se ha tardado tanto en hacerlas, porque, después de hechas, se quemó un aparato del sonido y hubo que repetirlas todas, y, después de repetidas, estaban bajas de música y hubo que repetirlas otra vez, lo que prueba que los americanos no son peritos en lo artístico, pero lo técnico lo dominan. Total: que he hecho 18 películas: tres veces cada una de las seis. En Fox se han quedado muy contentos, y he vuelto amiguísimo [sic] —y a partir un piñón— del jefe de Movietone, mister Benjamin Miggins. Si ahora se me ocurriera casarme, vendría un camión de Movietone a la puerta de la iglesia a tomar los comentarios de los invitados; pero, felizmente, ahora no se me ocurrirá casarme. Resumen: 23 días en París de un trabajo fácil y poco molesto y 1.000 pesetas líquidas. Se puede tolerar. Mis invitados, señores Sampelayo y Tapia, de la buena sociedad de Utebo, han regresado contentísimos, y el viaje de vuelta, en el Ford 8 V, ha sido tan magnífico, rápido y regular como el de ida. Ni un pinchazo en los 27 días que hemos estado alejados de la calle de Hortaleza. Por cierto que a Sampelayo le he amargado la vida para in aeternum con el viaje, pues, poco acostumbrado al turismo internacional, se ha mareado con la estancia en París y ahora dice que en Madrid «se ahoga». Supongo que si en lugar de ir a París hubiera ido ahí, a Hollywood, habría fallecido de asco al tomar el primer café con leche en Acuarium o en Negresco. Yo -hombre más de mundo, como sabes, que ha recorrido el planeta de punta a punta doce veces y ha subido cuatro a la estratosfera -sigo tan contento en Madrid…, aun cuando me parece imprescindible irse unos días de cuando en cuando para volver a tomarle el gusto cuando se pierde.

Al volver me he encontrado con mi Mujer fatal en la 73 representación. Ha aflojado una semana y en vista de eso hoy se estrena una obra nueva de Vidal y Planas allí, pero ya están todos pesarosos de haberse precipitado, pues lo mío ha vuelto a subir hasta el punto de ponerse anteayer, tarde y noche, el No hay billetes. Detalle importante: ese hermoso cartel, que la Mujer fatal ha exigido varios días, no existía hecho en el Teatro y ha habido que pintarlo a propósito, lo que prueba que hacía años que en el Teatro Cervantes imperaba el vacío neumático, como en las bombillas Osram. De todas suertes, —y aun cuando lo de Vidal y Planas fuera un éxito,— yo seguiré en el cartel por las tardes. Hoy me dan, en la sección vermouth, el 80° golpe a la obra, lo que quiere decir que cumplirá las 100. Se entiende que los precios no han sido altos: 3 pts. butaca, pues con precio caro no se lleva gente a Cervantes ni atándola a la cola del caballo que despedazó a Brunequilda. ¡Qué cultura!

Me dirás si sigo trabajando en la obra nueva de Lara y yo te contestaré que no. El destino se opone, al menos, de aquí al 20, a que la acabe, pues estoy metido hasta esa fecha en otro lío cinematográfico. ¿Con quién? Agárrate bien. Con Perojo.

Este mamífero, orden de los roedores, suborden de los ratones, me telegrafió a París y me ha buscado insistentemente en Madrid para que —de un churro escrito a máquina que él me ha dado— haga yo el argumento de una película operetesco-lírico-humorística con destino a Juan de Landa y Rosita D. Gimeno y financiada por Orphea. 5.000 pts. cash. En vista de las 5000 pts. cash, he contestado que oui y aquí me tienes liado con ello. Se titula la futura infamia en celuloide Se ha fugado un preso, título que he tenido que conservar, pues le interesa, por lo visto, recordarle a los públicos que el Landa es el mismo de El presidio. En realidad la fuga del preso tiene en la obra la misma importancia que el sueter de Perojo, y lo mismo se podía titular Se ha fugado un preso que Enajenación y masoquismo, que Barro en los suburbios o que La boina enmoecida [sic]. He quedado en entregar el script completo, con diálogo y cantables para el 20. Allá veremos lo que sale. Yo, mis mil duritos, media vuelta a la derecha, y ahí queda eso, que dijo Mallarmé. Pero para otra vez (pues quiere que le haga otra película, yo solo, sin su luminosa colaboración) menos de 10.000 pts. no mueve la estilo el vástago del señor Jardiel (don Enrique, hijo de María y de Lorenzo).

No le he hecho nada nuevo a Castillo, que llora por las esquinas y tengo hambre de seguir trabajando en lo verdad teatro y libro.

Veo que sigues como cuando yo me fui y los detalles que me das de tu vida me emocionan y me enmelancolizan.. Leyéndote añoro Hollywood. Pero creo que no es Hollywood lo que añoro, sino el grupo que formábamos y lo que hemos rabiado y reído juntos.

Respecto a lo que me dices de los artículos de Nuevo Mundo no sólo no me molesta sino que te doy la razón y tu juicio… lo pago con las costas. Ya ves que aun cuando te dije que te los mandaría no te los he mandado, lo que prueba que tampoco a mí me gustan. Creo que me va a ser difícil escribir de América honradamente y sin falsear. De todas formas si me decido a hacer el libro… no lo leas. O léelo e insúltame, pues ya sabes que soy menos decente que tú en literatura y que cedo con más facilidad a las presiones del éxito fácil y quién sabe si ruborizante, a pesar de todo. Lo de Nuevo Mundo aquí ha gustado… a determinadas gentes, lo que demuestra que es el tema lo que interesa. Pero, en fin, no estoy contento de ese asunto, que, por otra parte, tampoco tiene demasiada importancia.

En cuanto al se dice que leíste de Serafinito es una falsa alarma tuya. Yo me quedé tan sorprendido como tú cuando lo leí. La obra a que se refiere es una de las que hice con él allá por el año 18. En un principio pensé mandar una carta a los periódicos inhibiéndome de la bobada; luego pensé que la cosa no tenía trascendencia para mandar una carta a los periódicos, y he acabado por limitarme a dar orden en la Sociedad de que no permitan que mi nombre aparezca en los carteles, escribiendo en el mismo sentido a la Compañía que la anunciaba, con lo cual creo que al fin no se estrenará. Si él volviera a insistir mandando más sedices idiotas, entonces haría ya en serio lo de la renuncia pública, llamándole majadero en varios idiomas.

No le veo al pobre gordo, del que hay serios temores de que sea decapitado como Van der Lubbe, el del Reichstag, por el proceso con que le persigue incansable el culto abogado del Colegio de Madrid, don Enrique Paredes y Regoyos, Piamonte, 5.

Mi Evangelina recibió tu perrito y [ilegible] agradece con muchos besos muy apretados. Dice que si son así de peludos todos los perros de Joliguz. Ha aprendido a llamarle Doggy y lo lleva debajo del brazo a todas partes. El perro hasta ahora está resignado.

Yo tampoco he hecho nada nuevo de cine casero. Espero hacer algún día, sin embargo.

Devuelve los recuerdos y dáselos a todos los que te pregunten por mí.

Mañana escribiré a Gregorio; en esa carta ampliaré noticias, que te interesan.

Un fuerte abrazo de

Enrique.

A Sweetheart dile en el maravilloso inglés que hablas ya, que sea castiza y que se venga a España contigo. Y dila que es guapísima, de mi parte, aunque ella esté ya enterada de ello.

Hasta pronto, chato; pero no esperes mi nueva carta para contestarme.

Espero que algún día le escribiré al fin a Peñita.

[II]

Miércoles, 14 (Febrero)

Querido Pepe: No sé cuántos días hace que recibí tu carta del 3 de Enero y entre que me ha pillado en plena fiebre de trabajo y entre que quería, como de costumbre, escribir largo, he ido diferiéndolo [sic] hasta ahora.

Panorama social— Todos los días noticias y rumores de que va a ocurrir esto y aquello y de que se va a armar la de Dios es Cristo. Que los comunistas, que los anarquistas, que los socialistas, que los fascistas, etc. En fin: ya te enterarás por la prensa y por tus padres. Realidad: poco dinero, cierta inquietud en las gentes y algún que otro disturbio aislado alguna vez. A los teatros no va la gente como no hagan cosas muy interesantes y los libros dicen que no se venden. Esto último yo no lo he notado por aquello de que me reduzco a ganar poco con los libros: mis 300 pesetillas mensuales y al avío. Y hasta ahora todavía no me han faltado.

Panorama personal— Hecho el argumento y diálogo de la película de Perojo, Se ha Jugado un preso, ya concluida y que se estrenará el día menos pensado en el Capitol, me metí a organizar un tomo para Ruiz Castillo. Teatro. Título: Tres comedias con un solo ensayo. Materia: las tres comedias Primavera, Cadáver y Margarita precedidas de un largo prólogo sobre Teatro: autores, críticos y actores, y acompañadas de sendos preambulitos en los que se explica cómo y en qué circunstancias fue escrita cada una de las comedias. Total: 110 cuartillas inéditas y las 3 comedias. Lo entregué y aguardo pruebas cualquier día. Entonces llegó Gregorio. Monólogo al canto para Catalina, que debutará el Sábado de Gloria, 31 de marzo, como fin de fiesta en el estreno de La ciudad de cartón en el Coliseum. Monólogo, hablando de Hollywood y del cine. Once cuartillas mías. A continuación me metí a escribir una comedia que concluí el día 2.

Éstas han sido mis actividades. Estado económico en la actualidad: 1.100 pesetas en efectivo y todo el porvenir —el del mes que viene inclusive— pendiente ya del resultado característico del estreno de la obra. Y dos casas y el Ford que sostener… Pero ya sabes que esto, que a ti te aterraría, a mí no me asusta demasiado por estar habituado a ello desde siempre. Dios proveerá.

La comedia nueva no es El pulso, etc. de que te hablé. Eso está interrumpido aunque espero poder realizarlo del todo pronto. Es otra cosa nueva. Se titula Angelina o el honor de un brigadier. Es un drama. Un drama en verso. Un drama que ocurre en 1880. La burla de los dramas de Sellés o de Leopoldo Cano, acertadísimo si hacemos caso a todos los que lo conocen, incluido Gregorio. Se lo llevé a Tirso a quien le ha gustado, pero, después de llevárselo, he sabido que va a estrenar Arniches en la Comedia y en vista de ello y como no quiero (ni puedo) esperar a estrenar en Mayo o a no estrenar ya en esta temporada, se lo he quitado a Tirso y se lo he dado a Arturito Serrano para el María Isabel [sic]. Acogida entusiasta. Lectura ayer a la compañía, con asistencia de Gregorio por cierto, saque de papeles y pasado mañana primer ensayo. Decorado de Burmann, figurines de Ontañón y estreno planeado para el 2 de marzo. Todos los teatros están sin comedia y el que no estrene este año en Madrid es realmente porque no inspire la mínima confianza.

Panorama literario – Ya ves: ha estrenado Neville. No he visto la obra. Me pilló el estreno en San Sebastián, donde he estado dos días para dar una conferencia, pagada claro, en el Ateneo Guipuzcoano, pero tengo referencias de varios sectores de la «opinión pública» y de los «círculos literarios». Las referencias son: buen asunto, rasgos aislados de gracia verdadera y despreocupada; una buena escena en el tercer acto… de antecedente cinematográfico y barutismo, confusión, desigualdad, torpeza e ineficacia en el resto de la obra. Ha tenido una prensa magnífica, como yo no recuerdo desde hace años… y no va gente. El domingo pasado, 3a y 4 a representaciones y todos los teatros de Madrid atestados, ellos han hecho 900 pesetas de entrada entre tarde y noche. Dicen que lo que hay bueno en la obra es de eso que «no llega» a la gente, y, de otra parte, el Benavente es un teatro gafe y la Carbonell y Vico no interesan como base de espectáculo. Esto es todo en el asunto Neville. Él, muy contento y amable con todo el mundo.

Samuel Ros se obstina en escribir comedias y las Empresas se obstinan en no hacerle caso. Lucha espantosa, dantesca y desigual. ¿Quién morirá? Se supone que Ros. Su cara ha adquirido un color violáceo. El éxito de Neville le tuvo en la agonía. Fue salvado por Marañón en colaboración con el bicarbonato. Noto que empieza a odiarme, ante las sospechas de mi próximo estreno. Si esto sigue así, se convertirá en un nuevo Manuel Abril, lo que será terrible para quienes le rodeen.

Cuenca ha comenzado a hacer un drama policiaco en colaboración con un empleado de Aduanas amigo suyo. Está más cómico que nunca.

Ruano, con su ABC y su catolicismo.

Sampelayo, en el Heraldo y decidido a ver si mete la cabeza en el teatro.

Gargallo en su Juzgado y más amigo de Mojica que nunca. En realidad del único que es amigo es de Mojica.

Ugarte, entregado a trabajos misteriosos de los que no se entera nadie.

Tono, haciendo bichitos para Crónica.

Gómez de la Serna, mal de dinero. Ha tenido que desalojar el torreón de Velázquez y se ha despedido de él en Luz, con un artículo desgarrador.

No veo a K-Hito ni a nadie de Gutiérrez… Tampoco veo a Paco, y eso que siempre que nos vemos, quedamos en vernos… Pero sospecho ya que somos igual de pelmazos.

Barbero, encontrando mal todas las películas, más biliosavalenciano que nunca, y sonriendo justo en tres centímetros de la boca. Por milagro ha hablado bien de Lady Loy, aquella primera película de Mae West, que vimos juntos en Los Angeles, y que se ha estrenado el lunes pasado. Hoy voy a verla.

Continúo el día 26.

Desde que comencé la carta, lastimosamente interrumpida, hasta hoy, han pasado bastantes cosas: por ejemplo, he visto la comedia de Neville. Insisto en ello porque me supongo que te interesa… es una cosa destartalada, deslavazada y fría. Buen tema: la mujer fea, que por una operación quirúrgica se pone guapa; pero (Otra interrupción en la carta y sigo nada menos que el 11 de Marzo!)

Esto te dará idea de lo complicados que han sido para mí los últimos tiempos. Todavía han pasado más cosas en este período de interrupción. La principal es que he estrenado con un éxito rotundo de público y crítica Angelina o el honor de un brigadier (Un drama de 1880). Hoy van las representaciones 14a6,50 butaca. Hoy, el precio es nada menos que 8,65. Nos reímos de la crisis; los demás empresarios rabian y Don Tirso, a quien todavía no ha entregado su comedia Arniches, está que bufa. No te doy más detalles del estreno porque te supongo enterado por la Prensa; pero ya te digo: un éxito de los gordos, de los muy gordos.

………………………….Bueno: seguiré el ritmo que llevaba la carta.

Como te digo lo de Neville no me gustó. Tenía cosas de gracia, pero todo tan frío, tan sin corazón que daba miedo de siniestro. Le han dado diez o doce representaciones a teatro vacío. Y cuenta que aquel teatro es una caja de cerillas. Él está contento por fuera, pero no sé por qué me parece que por dentro va la procesión. Se le nota ansia de dinero. Ha venido a verme, después del éxito de Angelina, con la proposición absurda de que hiciéramos juntos un drama «de santos», por el estilo de Teresa de Jesús o El divino impaciente, en broma. Sobre que la cosa me parece vulgar y antipático el colaborar con Neville, estoy seguro de que fracasaríamos en redondo, porque es tonto esperar que aplaudiera la tomadura de pelo a los santos el mismo público que, cuando se trata el tema en serio, llena noches y noches los teatros. Pero él está obstinadísimo y solo me libro de sus excitaciones a fuerza de largas. También quiere hacer una comedia que ocurra en 1900, a lo cual tampoco me parece bien acceder después de Angelina, pues van a decir que me ha dado por las conservas literarias. Y sobre todo, que él, personalmente, me es odioso y que yo no tengo interés en complicarme en colaboraciones. Aparte de que sigue en su actitud eterna de escribir las cuartillas encima de la aleta del coche, mientras le echan gasolina y ya sabes que yo soy todo lo contrario y me gusta trabajar con método y escrupulosamente. Y a otras cosas.

Le hice, como te he dicho ya, el monólogo sobre Hollywood y el cine a Catalina para su presentación personal en el Coliseum el próximo día 31, sábado de Gloria con el estreno de La ciudad de cartón. Anteayer regresaron de una pequeña tournée —Sevilla, Málaga, Cádiz, Jerez, Córdoba,- a base del monólogo y del estreno sucesivo de Yo, tú y ella y, según dicen, el monólogo ha resultado muy bien. La consecuencia es que el sábado de Gloria en Madrid ya no dirá Catalina un monólogo, sino dos, el segundo de los cuales me he comprometido a entregarlo mañana; quiere Gregorio que sea en verso… ¡y aún no lo he empezado! Jehová sobre todos.

Como te supondrás, cuando están aquí, nuestro contacto es casi constante y como allí muchas veces. Gregorio se ha portado conmigo lo mejor que uno se puede portar, leyendo la Angelina antes de que la llevase a ningún lado, señalándome defectos que corregí e incluso haciéndome rehacer el tercer acto, que era un poco desmayado. La realidad luego ha puesto de manifiesto lo exactas y necesarias que eran sus correcciones. Sigue tan absorbente como siempre, y yo se lo he dicho ya, y él ha reconocido que lo es. Hemos hablado mucho de ti y ten la evidencia de que te quieren de veras. Claro que es un afecto, en particular el de Gregorio, que obliga —como tantas veces hemos hablado— a prescindir uno bastante de su libre albedrío; pero, como cada vez creo más que es sincero y hay tan poco a afectos sinceros por el mundo, quizá vale la pena de dejarse dominar un poco.

Catalina igual de simpática y divertida que siempre. Fernando, empezando cuadros a más y mejor y acaparando todas las fórmulas de fabricar colores de Fra Angélico, y la nena, muy afectuosa y adhesiva. Te recordamos muchas veces y reprisamos [sic] con la evocación a menudo la época del unidos ante el peligro. Cuando regresen ahí haz un esfuerzo y déjate dominar un poco, aunque tengas que dejar de ir por las tardes a la piscina del W. M. S. A., pues, te repito, que te tienen todos verdadero cariño.

Yo, particularmente, sin novedad. Mis nenas engordan a más y mejor y para ellas no es un problema el radicalsocialismo ni los otros ismos, salvo el analfabetismo, que ambas siguen cultivando con la tenacidad de un Serrano Anguita. Yo, como te supondrás, muy contento y con el solo temor de que una huelga general o cualquier otra cabronada socialista me eche del teatro la gente. Mis planes son hacer —al fin— El pulso, la respiración, etc. y dársela a Collado y la Díaz para que la estrenen en provincias y la traigan luego a Madrid para Septiembre o Octubre. Más adelante haré una nueva comedia para Arturito Serrano y en el verano quizá un libro. De un momento a otro espero que me llamen de Fox para ir a París a hacer seis nuevos «Celuloides rancios» o películas de principio de siglo explicadas. Por cierto que los anteriores han sido un éxito sin precedentes en las películas complementarias de programa.

Me preocupo por conseguirte las colecciones de novelas y comedias que me pides, cosa nada fácil. Después de mucho huronear inútilmente, ahora he recurrido a poner anuncios en los periódicos diciendo que compro esas colecciones, pues las dichosas colecciones no las encuentro en ningún sitio ni vivas ni muertas. Si esto me falla también, te mandaré todos los números sueltos que encuentre y, en ese caso, entiende que deberás renunciar a tener nunca las colecciones completas de dichas publicaciones, desaparecidas todas hace tiempo como sabes.

Justo, el maitre, me dio a leer el otro día una larga carta tuya: deliciosa y cobrable en todas las revistas y periódicos del mundo.

¿Qué haces? Cuéntamelo un poquillo al menudeo.

A Peñita dile que no le olvido nunca y que esta carta también es para él. Veo mucho al simpático gafas, que fue al estreno de Angelina y aplaudió como un tigre. Hablamos tardes enteras del hermano de Hollywood, al que se ve que adora el gafas. Dale la enhorabuena a Julio por su contrato de stock.

Envidio las cojonudas mujeres que os sacudís; pero yo aquí tampoco me estoy quieto y hay, sin exagerar lo más mínimo, cuatro chatas a mi disposición. En fin: he adelgazado ocho kilos desde que regresé de ahí y con eso está dicho todo [texto tachado].

Yo también me acuerdo de Marceline. Díselo cuando vayas por el Brown Derby y como no es cosa de que sufra más, cuéntale que cualquier día apareceré por ahí. Esto último, claro, es solo para que se lo crea Marceline, pues la verdad es que no tengo interés ninguno en volver, aun cuando me encantaría estar contigo y reimos juntos. Sólo volvería a gusto en dos casos: en el caso de que la vida aquí se hiciera demasiado difícil, y en el caso de poder ganar ahí ocho mil duros en 6 meses. Como lo primero hay que confiar que no ocurra, y como lo segundo es imposible que pudiera ocurrir, resígnate a no verme en el Pennsylvania Rail Road, que —entre paréntesis— es muy simpático y tiene unas ruedas la mar de redondas. En cambio no me eran simpáticos los high bowl.

Me hace llorar el que no hayas cobrado aún los treinta dollars de Ralph Navarro. Menos mal que eres millonario. A propósito: ¿por qué no me haces un regalo? ¿Por qué no parkear el coche en Hollywood boulevard, y entras en una tienda y adquieres un aparategui bonito de los de pitillera y mechero y lo envuelves en preciosos papeles y lo lacras y lo dejas en la ventanilla de la administración de Correos de Vine Street! Anda, hombre, hazlo hoy mismo, y añádele alguna otra chuchería femenina para mi chica, que está muy mona con los trajes que elegiste tú y que le trajo la Bárcena, y mándamelo cual bala. Tú eres rico y diez o doce dollars para ti son humos de cirio pascual.

Mañana iré a ver a Mojica en La cruz y la espada para morir de risa, que es tan dulce.

Gilbert Roland no ha sido habido.

Besos a Loretta, Rosie, Elvira, las del Brown, los del Drug, los porteros, King, los camareros del Musso, miss Stone, la dependienta de la papelería.

Y besos a Stone, y a Moore, y a todos.

Y besos para ti, en la nariz de

Enrique.

Cuenta cosas. Escribe todos los días doce líneas, y a las dos semanas, mándame la carta.

¡Ah! Y dile algo a Charlot.


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