Paul Strand

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El fotoperiodismo de Weegee, un medio de expresión creativo

Reseña del libro de Weegee "Naked City" y una breve biografía del autor.

Alfred Stieglitz, el fotógrafo. Una aproximación

En juiio de 1947, un año después de morir Alfred Stieglitz, el Museo de Arte Moderno de Nueva York dedicó una exposición antológica a su obra. Se reunieron entonces no sólo las copias de los negativos que el fotógrafo había realizado durante casi cincuenta años, sino también pinturas, esculturas y obra en otros soportes de artistas que Stieglitz había formado junto a sí y dado a conocer al público de su país y en el extranjero —él había sido un mentor de artistas, sin dejar de ser él mismo un gran espíritu creativo—. En aquella ocasión, Paul Strand escribió unas notas sobre la figura y la obra de quien consideraba —él también— como su maestro y un hombre adelantado a su tiempo. Nueva Revista ha hecho un resumen de algunas de aquellas observaciones de Strand y, junto a algunas anteriores, las presenta como prolegómeno a la gran exposición que reunirá en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, en febrero próximo, una muestra importante de ia obra de Stieglitz. Esta oportunidad no cae en tierra seca, pues hace algo más de tres años, en el verano de 2001, la Fundación Pedro Barrié de la Maza organizó en La Coruña una importante muestra de Stieglitz, con fotografías procedentes del museo George Eastman House de Nueva York. Los fenómenos culturales se acumulan, pues, en nuestro país, como si, transcurrido más de medio siglo desde su muerte, Stieglitz y su obra fotográfica empezaran a parecemos por fin imprescindibles.

Historia del arte fotográfico (y II)

Ofrecemos la sjgunda y última parte del texo de Paul Strand. La primera se publicó ai el número anterior.

Historia del arte fotográfico I

El estudio de todas las ramificaciones de los métodos fotográficos en la vida moderna requeriría más tiempo y más conocimientos especiales de los que yo dispongo. Incluiría ante todo los diversos usos que se dan a la Fotografía en una civilización fundamentalmente industrial y científica. Algunas de las aplicaciones de la máquina —de la cámara y los materiales que la acompañan— resultan especialmente maravillosas. Baste citar como ejemplos los rayos X, la microfotografía, la fotografía astronómica y los distintos procesos fotomecánicos que dan al mundo acceso a la comunicación icónica de un modo tan revolucionario como en su día lo hizo la invención de la imprenta respecto de la comunicación oral.Mucha menor importancia tiene esa otra fase de la Fotografía a la que yo me he dedicado, y a la cual pretendo ceñirme. Me refiero al empleo del medio fotográfico como cauce de expresión en el mismo sentido en que se utilizan para tal fin la pintura, la piedra, las palabras y el sonido. En una palabra, como un conjunto de materiales que, en manos de unos pocos individuos y que, controlado por la necesidad interior más intensa, puede convertirse en un organismo con vida propia. Y digo unos pocos individuos, porque los verdaderos artistas entre los fotógrafos escasean tanto como entre los pintores, los escultores y los compositores.EL IDIOMA UNIVERSAL DE LAS ARTESPara empezar, ¿a qué nos referimos al hablar de «las artes»? Enumerémoslas: la música, la arquitectura, la pintura, la escultura, la literatura, el teatro, y la danza. Estas llegan hasta nosotros desde las épocas históricas más antiguas. Ya en nuestra época, la ciencia nos ha proporcionado la fotografía, el cine, la radio y la televisión. La radio sigue todavía en pañales y la televisión acaba prácticamente de nacer (ambas, sin embargo, me parece que tienen posibilidad de llegar a ser artes, y de gran importancia). ¿Qué son todas estas cosas que acabo de enumerar? A mi modo de ver, son formas de expresión, lenguajes mediante los cuales las personas intentan comunicarse entre sí. ¿Comunicarse qué? Esta pregunta ya la contestó el fascismo. Los nazis decían: «cuando oigo la palabra cultura echo mano del fusil». En efecto, echaban mano del fusil y de la antorcha para quemar libros y cuadros, para reducir a escombros ciudades enteras y todo su contenido y para hacer caprichosamente añicos los panteones-museos de un Tolstói o de un Chaikovski. ¿Por qué lo hacían? Lo hacían porque se daban cuenta de que el conjunto de la cultura pasada y presente, que se atesora y busca continuidad, les llevaba la contraria, los debilitaba. Sabían que las artes son medios, instrumentos a través de los cuales las personas libres de todas las razas y creencias conversan entre sí, dejando constancia del ancestral esfuerzo democrático por entender el mundo, por llegar a las verdades básicas de la relación que el hombre tiene con el mundo y con sus congéneres.En suma, las artes, en su nivel superior, son dinámicas y tienen la posibilidad de conmover y unificar...

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