Pablo de Santiago

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PERIODISTA Y CRÍTICO DE CINE

Cine: El poder del Mediterráneo. La luz de ” Te querré siempre”

Se cumplen sesenta años del estreno de la película "Te querré siempre" ("Viaggio in Italia"), cumbre del neorrealismo y título injustamente olvidado dentro del cine de Roberto Rossellini. Filme sobre el amor y el desamor, y una de las grandes interpretaciones de la actriz sueca Ingrid Bergman.

Tiempo, muerte y eternidad

Revisión de la película Blade Runner, un clásico del género de ciencia ficción.

Seis maestros a tiro

Del orígen del término "Novela negra" y algunas sugerencias para el verano.

Brooklyn follies

]La soledad del individuo en la urbe tumultuosa, el azar como caprichoso gobernante del mundo y la sempiterna mezcla entre realidad y ficción, entre vida y literatura, son los componentes que configuran todala obra de Paul Auster (1947), uno de los escritores más en forma de la actualidad, gracias a títulos como La trilogía de  Nueva York, La música del azar, o El libro de las de Leviatán ilusiones.Vuelve ahora el autor de Nueva Jersey a mostrar sus cartas de siempre en una historia tragicómica, bien armada y mejor narrada, que tiene como protagonista a Nathan Glass, hombre maduro , divorciado, solitario y suavemente cínico, que, al intuir su temprana muerte, decide establecerse en el lugar donde vivió su infancia: Brooklyn. A los pocos días tropieza por casualidad con su sobrino Tom, y a partir de ese encuentro diversas experiencias insuflan otro aire a su vida.En Auster, el hilo argumental — lo que acontece— es lo de menos; lo que importa es la narración propiamente dicha, el sucederse de los hechos, la explosión de historias dentro de la historia y la sensación constante de que la sorpresa más inverosímil puede estar a la vuelta de la esquina. Son elecciones narrativas perfectamente válidas, pero en Brooklyn Follies esta arbitrariedad, también es terreno propicio para airear situaciones groseras, con afirmaciones gratuitamente frívolas y artificiales.Y, sin embargo aunque Auster no conmueva, entretiene como nadie. Se devora. Estamos ante un fabulador compulsivo, experto en seguir caminos secundarios y tejer una gran tela de araña entorno a sus personajes. Además tiene el don de transformar lo más cotidiano en algo atractivo y de ejercer gran complicidad en el lector gracias a la extraordinaria fluidez de su estilo, depurado y coloquial. Y en su faceta estrictamente creativa tiene hallazgos geniales, como el Hotel Existencia (ese lugar imaginario donde somos felices) o el «Libro del desvarío humano», donde  Nathan recoge las anécdotas más extrañas, y que, no sería nada raro que diera título a uno de sus próximos libros.

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