Natalia López Moratalla

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Presidenta de la Asociación Española de Bioética
Nueva Revista

La falacia de los embriones híbridos

La cuestión de los llamados «embriones híbridos» forma parte de los engaños programados por el lobby pro uso y destrucción de embriones humanos, ese colectivo que se caracteriza por hacer falsas promesas de curar graves enfermedades degenerativas con los materiales biológicos obtenidos de seres humanos de pocos días de vida. Su trabajo ha sido un fracaso estrepitoso, ya que estos materiales no sirven ni en terapia, ni se les encuentra utilidad en investigación. Como corresponde a un lobby con estos intereses, los que lo forman afirman que la Iglesia católica es de nuevo (en este caso de la mano de la Sociedad para la Protección de niños no nacidos de Gran Bretaña) la que tiene la culpa de que la ciencia no progrese.El primer paso consiste en propagar la crueldad de los «creyentes» que se oponen a la curación de diabéticos, enfermos de parkinson, etc., por el simple hecho de que para ello es necesario trocear embriones. Es verdad que existen fuentes de células madre «jóvenes»: las propias del organismo, las células madre de un adulto, con las que se han dado grandes pasos para un uso terapéutico. Pero al hablar exclusivamente de células madre omitiendo el adejetivo «adultas», la investigación con células embrionarias se intenta apropiar del éxito de aquéllas.Es una vieja estrategia, como también es viejo el tema de los híbridos. Los cultivadores de las ciencias de la vida hemos entendido siempre, y seguimos entendiéndolo así, que un híbrido es el descendiente que resulta del cruzamiento sexual entre dos individuos, macho y hembra, de especies tan cercanas —más bien razas dentro de una especie— como para permitir que la mitad de la dotación genética proceda de uno y la otra mitad de una. Lo que recientemente se aprobó en la Cámara de los Comunes es otra cosa bien distinta.El permiso para crear híbridos humano-animal es otra chapuza más en el marco de la denominada «clonación terapéutica». Otro fracaso total. Pero continúa la obsesión de disponer mediante clonación (aunque no se sepa muy bien para qué hacen falta) de células que tengan en estado embrionario la dotación genética por ejemplo de un enfermo. La conveniencia o necesidad para la investigación de esos tipos celulares se ha resuelto ya brillantemente «rejuveneciendo» las células de una persona enferma o sana. Son las células iPS (células madre con pluripotencialidad inducida).Por segunda vez en este campo, la verdad termina por aflorar: quien quiere investigar en biomedicina empieza por no destruir a unos con el pretexto de, tal vez algún día, curar a otros. Pero de nuevo se difundirá a bombo y platillo que los que se oponen a clonar seres humanos son los que frenan la ciencia. En algunas ciudades españolas, así como en Londres y Newcastle, se busca desesperadamente conseguir la dotación económica para un proyecto obsoleto: inducir la conversión de una célula diferenciada en una pluripotencial embrionaria mediante la tecnología de transferencia del núcleo de la célula diferenciada a un óvulo desnucleado, es decir, por clonación.No ha salido, ni parece...

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