Miquel Ruiz Lacruz

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Sobre los derechos históricos de las nacionalidades de España

España ha iniciado un intenso proceso de transformación política a partir de la reforma de los Estatutos de sus comunidades autónomas. Este proceso se ha iniciado, de forma natural, basándose en la evolución de las distintas realidades. Sin embargo, hoy se impone la necesidad de plantear también una visión general del conjunto de la nueva España que se está configurando. ¿Qué España queremos construir entre todos, con confianza, desde el presente de hoy hacia el futuro? Sólo podremos avanzar con seguridad en el ambicioso proceso de reformas estatutarias si poseemos, además, un plan general para la nueva España que está surgiendo y que debemos saber encaminar, profundizando en el Estado de las autonomías, procurando superar enfrentamientos, oposiciones radicales de unos contra otros, procurando recuperar el consenso. Para ello, la clave hoy es la cultura, el conocimiento, la reflexión serena a partir de nuestros documentos de historia y de derecho.Podemos entender España como una unión de nacionalidades históricas. Desde la unión de los reinos de Castilla, Cataluña y Aragón, España se viene configurando en la historia como una monarquía compuesta de varios pueblos.La historia de España está ahí para leerla, contrastando unos libros y otros para encontrar la visión más equilibrada posible. Sin duda alguna, aparecerá, ante el lector deseoso de conocer la historia del propio país, la visión de un gran conjunto de pueblos, de lenguas y tradiciones políticas distintas que, con el curso de los siglos, han ido moldeando la España de hoy.Esta España, la monarquía constitucional que establece España en reino y democracia, constituye la España de las autonomías. Coinciden los conocedores del derecho y de la historia en que la España de las autonomías surge por la necesidad de dar respuesta a la pluralidad española. Cataluña, el País Vasco y Galicia son comúnmente las comunidades a las que se les reconoce la condición de «nacionalidades históricas», por el hecho de la lengua, de la historia y un sistema propio de partidos que dan prueba del sentirse estos pueblos, en gran proporción en sus respectivas sociedades, nacionalidades históricas.Sin embargo, nuestra ley máxima, la Constitución española de 1978, supo diseñar un buen sistema político democrático lo suficientemente amplio y generoso como para que fuera el propio pueblo de España, los pueblos de España, quienes fueran moldeando año a año, década a década, los matices, reformas y adelantos que quisieran gradualmente darse a sí mismos, en el marco de dicha Constitución.Hoy, cuando transcurridos cerca de treinta años de aquella Constitución, el debate político es muy importante y difícil, por lo que tiene de sumamente intenso y controvertido, debemos acudir todos a dicho debate con respeto, conocimiento y serenidad, aportando los mejores conocimientos sobre las necesidades reales de nuestra sociedad de hoy, asistidos por los mejores documentos de derecho y de la historia de España. Sólo así nos sentiremos con la seguridad de que podemos y debemos avanzar juntos, y revisar y mejorar, en todo lo que se estime necesario, nuestra democracia.La globalización ha transformado nuestra vida y debemos preocuparnos...

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