José Ramón Garitagoitia

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Doctor en Ciencias Políticas y en Derecho Internacional Público.

Juan Pablo II y la unidad de Europa

 La derrota del ejército polaco, en los primeros compases de la Segunda Guerra Mundial, y el sometimiento de toda la nación, fue el preludio de una suerte que muy pronto alcanzaría a numerosos pueblos del viejo continente. Poco más de veinte años antes, el 11 de noviembre de 1918, Polonia había recuperado su independencia. Lo hizo notar Juan Pablo II durante un encuentro con miembros del sindicato Solidaridad, a los que recibió en el Vaticano en el año 2003. «Al recordar la fecha del 11 de noviembre —dijo en aquella ocasión— no puedo por menos de referirme a la libertad nacional restituida aquel día a la República de Polonia, después de años de luchas que costaron a nuestra nación tantas renuncias y tantos sacrificios». Fue una libertad efímera, pero permanece en el horizonte como un punto de referencia. Un periodo relativamente breve en el que no faltaron dificultades para el desarrollo del nuevo Estado.El OBJETIVO DE LA INTEGRACIÓN EUROPEATerminada la Segunda Guerra Mundial, ese recuerdo histórico permaneció vivo en la memoria durante los largos años de sometimiento a un régimen totalitario, hasta la revolución pacífica de 1989. «Sé cuán importante era ese día para todos los que, en el tiempo del comunismo, trataban de oponerse a la supresión programada de la libertad del hombre, a la humillación de su dignidad y a la negación de sus derechos fundamentales». Los hombres que Juan Pablo II tenía delante eran artífices y continuadores de aquel movimiento. En Solidaridad permanecía, de alguna manera, cuanto se había logrado aquel lejano 11 de noviembre de 1918: la «expresión exterior, política» de la libertad que había nacido «de la libertad interior de cada uno de los ciudadanos de la República polaca dividida, y de la libertad espiritual de toda la nación».Los decenios posteriores a 1945 no fueron acompañados del crecimiento y el progreso, tan necesarios tras las destrucciones que el conflicto había producido. Por el contrario, como el Papa recordó en el mensaje a la conferencia Episcopal polaca en el 50º aniversario de la Segunda Guerra Mundial (26-VIII-1989), «fueron causa de una gran crisis socioeconómica y nuevos daños, ya no en los frentes de la lucha armada, sino en el frente pacífico de la lucha por un futuro mejor de la patria». Esos años de prolongada posguerra impidieron a Polonia ocupar «el puesto que le corresponde entre las naciones y los Estados de Europa y del mundo».La paz, el entendimiento y la colaboración deben ser, en efecto, el anhelo de todas las naciones. Fue también el objetivo de la declaración Schuman, con la que el 9 de mayo de 1950 se inició el proceso de integración en Europa. El proyecto no se basaba en la voluntad de poder, sino en la idea de que el diálogo y la estima recíproca son esenciales para la construcción de un continente próspero y en paz. Los padres fundadores de la actual Unión Europea propusieron a sus pueblos un nuevo modo de vivir juntos en una comunión de destino, aceptando...
Nueva Revista

Benedicto XVI en la ONU

El ordenamiento jurídico internacional experimentó una profunda Etransformación al término de la II Guerra Mundial. A la vista de los horrores y sufrimientos padecidos por tantos millones de personas, algunos gobiernos y Estados del mundo entendieron que caminar hacia un futuro mejor suponía el reconocimiento de los derechos más radicales de las personas y de los pueblos. Con esa finalidad, en enero de 1945 los delegados de cincuenta países se reunieron en San Francisco para ultimar el documento fundacional de la ONU.En un principio, los líderes aliados que habían convocado la conferencia sólo contemplaban la idea de un acuerdo colectivo de seguridad para el periodo de posguerra. El borrador de la propuesta para la nueva organización contenía una única mención a los derechos humanos. Pero entre los delegados que participaron en la conferencia algunos tuvieron una visión más amplia de la nueva organización. Entendían que el respeto de la persona y su dignidad debía ser el lenguaje común en el que todos los pueblos del mundo pudieran entenderse. Fue así como, al término de la conferencia, en junio de 1945, los principales principios sobre los derechos humanos fueron incluidos en siete lugares del documento fundacional. Tres años después, en 1948, vio la luz la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Mediante el reconocimiento del patrimonio de valores que pertenecen a toda la familia humana, esta declaración quiso proteger a toda persona, cualquiera que fuese y dondequiera que estuviese( 1) .LA RESPONSABILIDAD POR LA VERDADSesenta años después Benedicto XVI ha sido invitado a pronunciar un discurso en la sede de la ONU. Siguiendo los pasos de sus predecesores, Pablo VI y Juan Pablo II, el 18 de abril de 2008 tomó la palabra en la Asamblea General. Era una de las citas más esperadas de su viaje pastoral a los Estados Unidos, el octavo en sus tres años de pontificado. Desde ese lugar emblemático, el Papaprofesor ofreció al mundo sus argumentos para una fundamentación antropológica y ética de los derechos humanos. El discurso fue seguido con gran interés por los delegados de los 192 Estados allí representados. Le interrumpieron varias veces con aplausos, y al final de la intervención le brindaron una larga ovación.El Papa se refirió a la tradicional disposición amistosa de la Santa Sede hacia las organizaciones internacionales y hacia la ONU en particular. La posición de la Santa Sede es sólida y constructiva. Ante los intentos de un grupo por cuestionar su papel en las tareas de esa organización, fue objeto de una resolución que adoptó la Asamblea General el 1 de julio de 2004. Había sido presentada como texto presidencial consensuado. Trataba sobre la participación de la Santa Sede en las tareas de la organización, según el artículo 59 titulado Refuerzo del sistema de Naciones Unidas. Fue un paso importante. La resolución refleja los sólidos valores y los intereses colectivos compartidos por la Santa Sede y las Naciones Unidas. Ambas están comprometidas con los mismos objetivos: la protección de los derechos fundamentales, la defensa de la dignidad...

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