José Luis González Quirós

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Profesor Univ. Rey Juan Carlos.
La conciencia inexplicada

Juan Arana Cañedo-Argüelles. La conciencia inexplicada. Ensayo sobre los límites de la comprensión naturalista de la mente

Desde los orígenes del pensamiento moderno, asistimos a una singular batalla intelectual que, pese a su importancia teórica y a la enorme cadena de dificultades que suscita, ha solido pasar inadvertida para los más. Se trata de encontrar cuál es el lugar que ocupa la conciencia en la gran cadena del ser. De un modo genérico, podemos decir que la filosofía moderna ha descubierto un nuevo problema, y no ha acertado a resolverlo de manera elegante, puesto que, de alguna manera, el problema de la naturaleza de la conciencia no existía de manera sustantiva para el pensamiento clásico, lo que no quiere decir que no se plantease cuestiones respecto del alma o del entendimiento, pero en un contexto mucho menos polémico y más abierto. El punto de partida está en la interpretación que habitualmente se hace de las meditaciones metafísicas cartesianas. Descartes distinguió nítidamente entre el pensamiento consciente y la sustancia extensa o material, y esa es la distinción que ha resultado inaceptable para muchos de los filósofos posteriores, aunque no para todos, que han creído que la dignidad y unidad de la ciencia, y el mandato ockhamista de simplicidad teórica, exigirían de modo terminante la anulación de una distinción metafísica tan extravagante. Por mucho que se quiera atribuir al progreso de las distintas ciencias, desde la biología evolucionista, hasta la neurociencia, pasando por la teoría de autómatas y la inteligencia artificial, la convicción de que la conciencia no puede ser una realidad sustancial es previa a cualquier progreso científico, y es una sofistería presentar cualquier argumento al respecto como si se tratase de un descubrimiento empírico. El libro de Juan Arana se adentra de manera implacable en los pormenores de este debate secular y discute palmo a palmo cada uno de los numerosos subargumentos que se emplean en defender la posición naturalista previamente adoptada. Se trata de una tarea muy complicada y que puede agotar la escasa paciencia de muchos lectores presurosos, siempre atentos a que se desvele, a ser posible con una foto, el secreto correspondiente. Juan Arana la lleva a cabo con una notable desenvoltura, con la ironía y el humor que se puede permitir el que domina los argumentos y sus consecuencias al dedillo. Como es lógico, más de la mitad del libro se emplea en exponer las distintas posiciones naturalistas (o materialistas) de quienes pretenden que la conciencia carece de cualquier singularidad realmente relevante y confían, por tanto, que los problemas que actualmente existen para explicar determinados aspectos de la peculiar naturaleza de lo mental, acabarán cediendo al impulso de la investigación (lógica, física, biológica, neurocientífica o del tipo que fuere), de forma que se preserve el dogma básico de la unicidad metafísica de la realidad y se destierre de manera definitiva cualquier residuo de dualismo. Estas presunciones plantean al crítico dos tipos de problemas distintos, en primer lugar, distinguir lo que realmente dicen de lo que se podría malentender, lo que significa que estamos en un campo procelosamente sembrado de minas, es decir de bombas conceptuales, y,...

Del mundo a Dios. Antony Flew y Juan Arana

Reseña de los libros "Dios existe" de Antony Flew y " Los sótanos del universo" de Juan Arana. Dios existe, Editorial Trotta, Madrid 2012. "Los sótanos del universo" Biblioteca Nueva, Madrid, 2012
Nueva Revista

El papel de las universidades europeas en un contexto globalizado

Son evidentes, las diferencias entre el modelo universitario americano y el europeo. Teniendo en cuenta estas diferencias, en el siguiente artículo se realiza un análisis comparativo de sus características con el fin de orientar un proceso de reforma que tienda a aumentar la calidad competitiva de las universidades europeas.

La crisis de la idea de representación política

Las democracias, al establecer un marco genérico de libertades, facilitan extraordinariamente la notoriedad de cualquier crítica al poder, y, con ello, las descalificaciones y el rechazo de los que descreen del propio sistema que, naturalmente, suelen fijar su atención en sus flancos más débiles. Cuando se atraviesan épocas de crisis honda, como sin duda ocurre en la actualidad, y desde luego en Europa, existe el riesgo de que la lógica demanda de mejor democracia acabe por convertirse en un proceso a la idea misma de democracia. Parodiando a Mairena, el poeta machadiano, siempre hay el riesgo de destruir lo fundamental al radicalizar los discursos para criticar lo accesorio. Aturdidos con los sucesos inmediatos, y dejándonos llevar por la justeza de muchas críticas, podríamos llegar a la equivocada conclusión de que nuestras democracias se encuentran en un proceso de deslegitimación, lo que no sería la primera vez que pasara, pero esa conclusión olvidaría que es consustancial a las democracias un cierto nivel de disconformidad y que, especialmente entre nosotros, para acertar con un diagnóstico adecuado y establecer una terapia correcta, habría que fijarse más en las formas de la cultura política imperante que en supuestas deficiencias básicas del sistema democrático que, por otra parte, presenta evidentes, e inevitables, limitaciones cuando se lo considera esencialmente como un sistema representativo de la soberanía popular. Para decirlo de una vez, las deficiencias representativas de los sistemas democráticos responden a dos realidades independientes y cambiantes a lo largo de la historia; por un lado derivan de la función de legitimación del propio sistema, y por otro, dependen muy estrechamente de la complejidad social en la que se instala, de las tradiciones, las creencias y las modalidades de relación entre los ciudadanos, tres asuntos que han variado de manera acelerada en los últimos treinta años, especialmente al socaire de lo que se conoce, por una parte, como globalización, y, por otra, como revolución tecnológica o digital. EL PROBLEMA EN SU FORMA BÁSICA Desde que existen las democracias a la manera moderna, en especial desde las revoluciones americana y francesa, todo cuanto tiene que ver con la idea de representación ha vivido en un estado de permanente crisis porque, a no dudarlo, cualquier sistema capaz de articular este ideal supone, al tiempo, una forma de deformación de lo que supuestamente representa, diversas especies de ocultación, olvido o selección. A medida que las fórmulas más clásicas de articular la representación política se han ido haciendo tradicionales, no han dejado de menudear las críticas y reclamaciones fundadas en las insuficiencias, teóricas o prácticas, de los esquemas representativos. Toda forma de representación es, por principio, insuficiente y equívoca, de manera que no es nada extraño que un tema casi permanente de la agenda política lo constituya el intento de encontrar soluciones que atenúen un tanto las críticas que subrayan la excesiva autonomía de los representantes hacia los intereses, ideas y deseos de sus representados, de los ciudadanos. También es evidente que el desprestigio de las instituciones políticas es actualmente muy alto...
Nueva Revista

Para no concluir: cambio de rumbo en educación

Como muy bien anota Guillermo Cisneros en su artículo, los cambios en materia de formación tienen un impacto muy largo y, por la misma razón, los errores cometidos en el pasado son los que ahora nos están pasando la parte más dolorosa de su factura. Si hubiera que buscar un resumen del excelente conjunto de análisis que incluimos en este número, sobre los cambios que requiere la situación educativa para que la educación se convierta en un factor de competitividad en España, me parece que debería ser el siguiente: nuestros problemas no derivan de la escasez de recursos, dedicamos más fondos a la educación que Finlandia y Corea del Sur, según anota Mauricio Rojas tomando el dato de un informe de la OCDE de 2010, sino de un mal enfoque del sistema y del predominio de una abundante serie de malas prácticas. Se impone, pues, un cambio de rumbo, no un mero cambio de planes ni más demagogia aludiendo a la necesidad de dedicar recursos adicionales que podrían ser destinados a empeorar lo que ya está mal. Decía Ortega que la educación es el sector en el que más abundan las mentiras, lo que bastaría para caracterizarle como un pensador español, porque, efectivamente, la educación en España viene viviendo de dos mentiras básicas que, además, empiezan a ser muy viejas. Aunque pueda parecer sorprendente, la historia contemporánea de los errores en educación se remonta, nada menos, que a la Ley General de Educación de los últimos años del franquismo. En realidad, las políticas socialistas en educación, que son las únicas que ha habido, porque el PP no pudo, por las razones que fuera, modificar con fortuna la situación educativa, no han hecho sino continuar y profundizar el sentido de aquella maniobra del final del franquismo con sus dos grandes promesas: extensión y homogeneización de la educación, y acceso a la universidad para todos. No sería razonable negar que esos objetivos tuvieron aspectos positivos, pero es evidente que lo que se ha logrado ha supuesto unos altísimos costos en términos de fracaso escolar, muy escasa calidad, masificación universitaria y frustración creciente por la inepcia de buena parte del sistema educativo para convertirse en una palanca de renovación, de competitividad y de mejora económica. Bastaría recordar, por ejemplo, cómo en los años anteriores a los setenta existía en España una eficiente formación profesional ligada a grandes empresas, públicas y privadas, lo que ahora empezamos a conocer como sistema dual o alemán, de lo que nos habla López Rupérez, que pereció a manos de los planes administrativistas de los gestores de la proyectada educación general y universal. En la educación española, como dice O’Kean en su texto, ha sido frecuente confundir las causas con los efectos, y eso se traduce de manera bastante inmediata en el problema más grave de nuestra economía, su falta de competitividad. Una de las primeras reformas radicales que habría que introducir en la educación es precisamente la que permitiera a los centros educativos, crecer, competir por los alumnos y los...

Como modifican las telecomunicaciones los comportamientos sociales

Por inevitable que sea nuestro interés por la «última generación» de todos los hallazgos técnicos, es preciso al mismo tiempo ganar alguna vez distancia respecto de los acelerados fenómenos sociales, para observarlos desde una perspectiva que los ponga en cuestión bajo un punto de vista intelectual.

El desarrollo digital

Uno de los privilegios de la edad es, me temo, que aumenta bastante una cierta malicia no agresiva, rara virtud que ayuda a poner en su sitio algunas de las muchas cosas que han pasado en veinte años, y de las que uno tiene conciencia. El tanguista decía que veinte años son nada, pero no hay que hacerle mucho caso, al menos si nos referimos a los que han transcurrido desde que don Antonio Fontán puso en la calle su Nueva Revista, con la colaboración de un escogido grupo de personas entre las que he tenido el honor y el privilegio de contarme. Son muchos los cambios que se han producido, por ejemplo, en el ámbito de la política, de la cultura o de la vida, en España y más allá, pero quisiera fijar esta mirada retrospectiva en algunas transformaciones que no se advierten muy a primera vista, de las que puede decirse aquello que se atribuye a Descartes, larvatus prodeo, pues, aunque mucho se hable de ello, las telecomunicaciones y las tecnologías digitales se han hecho con nuestra forma de vivir y trabajar sin apenas sobresalto. Recuerdo que en una de las primeras reuniones del consejo de la revista, allá por 1989, alguno dio la nota porque, aunque no existían todavía los teléfonos móviles, ya había buscadores que acercaban el teléfono a cualquier sitio en que estuvieras, aunque únicamente mediante un aviso de llamada que requería acercarse a un teléfono convencional para aclarar el caso. Por supuesto, esos cacharros no sabían ser discretos ni eran capaces de ejecutar la melodía preferida por el usuario, se parecían más a los viejos despertadores que a los sofisticados aparatos que ahora manejamos. Sin embargo no tardaron en aparecer los primeros móviles de Moviline, la marca que usaba una acertada iniciativa de Telefónica de España, por entonces todavía compañía pública, para generalizar el uso de teléfonos móviles mediante tecnología celular que ya estaba operativo, aunque en reducidísima escala, desde la celebración de los mundiales de fútbol en Madrid en el ya lejano 1982. En 1990 Moviline empezó su expansión comercial y ya en ese año se acercó a los 60.000 abonados. De cualquier manera, su crecimiento más fuerte tuvo lugar en 1995, año en que casi alcanzó su límite técnico, establecido en un millón de líneas, con una excelente cobertura en cualquier lugar de España. Los móviles y los ordenadores han sido los dos objetos que han soportado buena parte de los tremendos cambios de magnitud y calidad que han traído consigo las distintas etapas de un desarrollo tecnológico casi imperceptible en el día a día. Cuando empezó Nueva Revista los ordenadores eran todavía una rareza, un mero instrumento de oficina, sin apenas aplicación a la vida de los estudiosos, los políticos y los periodistas que formaban el consejo de redacción de la recién salida revista. Pronto empezó a cambiar la cosa y se pudieron ver los primeros portátiles al hilo de las tres grandes aplicaciones de la primera etapa de la informática de consumo,...

Orbis Testius

 

«Ese plan es tan vasto que la contribución de cada escritor es infinitesimal. Al principio se creyó que Tlön era un mero caos, una irresponsable licencia de la imaginación; ahora se sabe que es un cosmos y las íntimas leyes que lo rigen han sido formuladas, siquiera en modo provisional».
 
(Jorge Luis Borges, TLÖN, UQBAR, ORBIS TERTIUS, II)

El ejemplo de Aquiles

Javier Gomá, que obtuvo el Premio Nacional de Ensayo en 2004 por su libro Imitación y experiencia, nos ofrece ahora una continuación, Jentonces anunciada, al tiempo que reitera su plan original prometiendo otro par de volúmenes que seguramente han pasado ya la etapa de las musas y están en el telar.En una época en que buena parte de la filosofía (engañosamente atraída por el modelo de las ciencias) tiende a producirse en artículos breves y en revistas arcanas, el proyecto de Gomá exhibe características insólitas. Estamos ante un libro de filosofía personal, original e inhabitual, un libro que, además, es fácil de leer (relativamente, se entiende, a lo que ayuda un espesor poco extenuante) y que, sin duda, sirve para que el lector tenga que abandonar sus categorías más peculiares y se dedique a pensar. No es poco, desde luego. Javier Gomá ha sorprendido siempre por una aparente contradicción en su escritura que es a la vez juvenil e impetuosa (para lo que suele ser el gremio) pero sorprendentemente madura, trufada de unas lecturas que atestiguan la sólida formación del autor y el buen gusto con que se mueve entre los clásicos. Su escritura es clara y carece de cualquier pedantería académica, aunque lo que trata de decir no siempre es de fácil interpretación; el autor, tal vez consciente de esa cualidad de sus análisis, nos recuerda con frecuencia por dónde vamos y lo que estamos haciendo al compartir sus análisis. La razón de esta peculiaridad me parece que reside en que el género que nos ofrece es tributario de una concepción según la cual la filosofía es, casi exclusivamente, una meditación personal sobre ciertos interrogantes de la existencia humana. En esa clase de discursos es muy difícil la comparación con cualquier canon, de manera que el lector (y esto dista mucho de ser un inconveniente) tiene que hacer algo más que leer y comparar (con lo que sabe o cree saber), tiene que aceptar el reto de llegar hasta el final porque la obra no está construida según una geometría común sino conforme a una experiencia personal. Textos como éste hacen especialmente cierto el aserto de que el tipo de filosofía que se hace depende del tipo de hombre que se es.¿De qué trata el libro de Gomá? La respuesta no sería fácil si se nos exigiese una aproximación, digamos, académica, a partir de la tipología común o de las escuelas. No estamos ante un texto de] filosofía de tal o cual clase, de tal o cual especialidad, sino ante un capítulo de una meditación original, llena de interés, pero personal desde la cruz hasta la fecha. El autor admite sin dificultad que lo que él hace pertenece a lo que él mismo describe como «confesiones de la naturaleza humana», un género mixto o híbrido, si tal cosa cabe, en el que, como advierte al principio se trata de conjugar el Emilio de Rousseau y el Ser y tiempo de Heidegger (dos ejemplos, dicho sea de paso, mucho...
Nueva Revista

La tecnología como modelo en la educación

La introducción de las tecnologías en el ámbito educativo en España. El creciente retraso al que nos enfrentamos.

¿Pero se puede aprender a escribir bien ficción?

Un catedrático emérito de la universidad en que me formé recomendaba a los jóvenes profesores adjuntos, antes de estrenarse en las aulas, que buscasen un comienzo deslumbrante y un final brillante en cada sesión, que dieran la clase de pie, que pasaran uno a uno los papeles, tendieran a mover la mano izquierda -más elegante que la otra- y que por cada lección consultaran al menos dos manuales y diez artículos.

Quiero someter al criterio y la opinión de diferentes profesores esta exposición que pretende reproducir mis clases a varias promociones de universitarios de Comunicación. Expongo el método, la carga práctica -con convicción boloñesa- y la soltura con que a mi modo de ver se puede transmitir este asunto de componer creaciones literarias con aspiraciones artísticas sin olvidar la racionalidad.

Confío en que ayude a estudiantes y a quienes se sientan inclinados a la escribir narrativa. Y a mí. Confío en que les tiente.

El templo del saber hacia la biblioteca digital universal

Recibió el Premio Ensayo 2005 y aborda las consecuencias que tiene la revolución digital, algo sólo comparable a la invención de la imprenta. Sus autores, un filósofo y un físico, analizan el momento actual, caracterizado por el éxito de la ciencia, «que ha llegado a alcanzar una enorme influencia en el desarrollo de la autoconciencia moderna», y que es la base, en la mayor parte de las ocasiones, de la tecnología, lo que ha dado lugar a una transformación de la sociedad sin precedentes en la historia. Y todo ello considerando que, en el fondo, nos encontramos solamente en los albores de esta revolución. Siguiendo a Robert K. Merton, se analizan las características de la ciencia y de los científicos en el momento presente, porque la ciencia, como cualquier otra actividad humana, tiene su sociología con sus propias características. El crecimiento, posiblemente desmesurado, de la información científica es algo típico de nuestros días. Desde 1670, se viene multiplicando por dos cada quince años. Todo ello plantea una gran dificultad, que es la de saber qué cantidad de esa información es auténticamente relevante. Siempre se necesitó organizar el conocimiento. Así surgieron los libros, las revistas y las bibliotecas. La tecnología digital ha cambiado los archivos, que, de mate riales, se han transformado en lógicos. Todo ello nos conduce a reflexionar sobre las relaciones entre la ciencia y la política. Antes, inclusive en el siglo XIX, que está a la vuelta de la esquina, un científico solo en su casa o en su laboratorio, podía trabajar, investigar y encontrar nuevos hechos o nuevas leyes. Hoy, esto es prácticamente imposible. La ciencia, mejor dicho las ciencias, necesitan aparatos, fuentes de información, empleados, en suma, una organización que sólo pueden financiar grandes empresas o el mismo Estado. De ahí que haya surgido la política científica como una nueva disciplina. «La ciencia contemporánea necesita de una política que defina, que los recursos que se emplean en su promoción estén bien dirigidos y correctamente administrados». Además de ordenar el conocimiento, la vida moderna exige la divulgación de ese conocimiento, al menos entre los propios especialistas. Pero éstos son muchos. Esta misión la cumplen las revistas, que pueden pertenecer a universidades, a sociedades académicas, a editoriales universitarias y a editores comerciales, como es el caso de Elsevier. Y aquí se da el caso, aparentemente paradójico, no sólo de que el autor no cobre por publicar, sino que pague por publicar. Podemos llegar a una situación, ya intuida por algún escritor, que se pague por trabajar. Los marxistas no se dieron cuenta de nada de esto, por eso están completamente desterrados del pensamiento y de la vida contemporáneos. No se trata del precio del trabajo —la teoría de la plusvalía— sino del trabajo como valor en sí mismo, sin considerar, ni pensar, en su posible precio. El último capítulo, que es el tercero, está dedicado a Popper. Fue un estudioso de las características básicas que definen el método científico, lo que él llamó «problema de la demarcación». La cuestión de...

La República, las religiones, la esperanza

]Nicolas Sarkozy, ministro francés del Interior y candidato a la presidencia de la República francesa, mantuvo una larga entrevista al alimón con un padre dominico y un catedrático de filosofía sobre cuestiones de carácter político-religioso. De ella salió un libro fácil de leer y que ha sido traducido al español por la editorialde la Fundación Faes.La conversación abunda en referencias concretas a la vida política francesa pero contiene una reflexión de interés más general sobre las relaciones entre las religiones y el Estado. El libro comienza con una cita de Tocqueville que establece la diferencia entre el despotismo y la libertad: el primero puede prescindir de la fe, la libertad no puede hacerlo de ninguna manera. Parte el político francés, por tanto, de que la religión tiene que jugar un cierto papel en un Estado laico, entre otras razones porque, de lo contrario, el Estado tendría que convertirse en una religión, en algo que está no sólo lejos sino en las antípodas de una visión liberal de la política, que es el prisma con el que José María Aznar comenta la obra en el prólogo a la edición española.Para Sarkozy, curiosamente, la religión cumple un papel político similar al que le adjudicaba Carlos Marx («el corazón deun mundo sin corazón»), aunque sin lasconnotaciones peyorativas de éste. Sarkozy defiende el papel público de la religión en cuanto la toma como fuente de esperanza, como alivio de las flaquezas de la vida. No es que la religión no cumpla ese papel (aunque, desde luego, no todas las religiones lo cumplen), pero no parece fácil adjudicar un papel específicamente político sobre esa base, digamos, antropológica. Sarkozy, que admite explícitamente que la democracia se enraíza en una serie de valores que tienen su origen en el cristianismo, parece dar por sentado, lo que es el segundo gran tema de este libro, que lo que funcionó con el cristianismo podrá funcionar con el islam, es decir, extrapola su visión de la religión cristiana a la musulmana (en realidad a toda religión) para poder encontrar una política que pueda resolver los problemas de integración que plantean los musulmanes en Europa, del mismo modo que la democracia ha podido convivir con el cristianismo.Sarkozy no pretende, seguramente, pasar a la historia del pensamiento sino ganar unas elecciones, lo que tampoco está mal, de manera que no está dispuesto a embarcarse en problemas teológicos ni filosóficos sino a legitimar un plan. No hay duda de que consigue presentar una imagen coherente de esa clase de problemas, lo que no siempre está al alcance de un político al uso, pese a la afición de las primeras figuras galas a componer libros con sus visiones. Sin embargo, la cuestión principal que se plantea en el libro no puede resolverse con complacencias teóricas porque será necesario ver cómo funcionan, si es que lo hacen, en el caso del islam, las soluciones propuestas.La propuesta de Sarkozy consiste en promover una cierta complementariedad entre religión y política. El problema consiste en que esta...

La cultura durante los gobiernos del Partido Popular

Según el autor, el Partido Popular ha tardado en comprender que no basta ganar, sino que es necesario convencer y que eso es imposible sin una intensa política cultural.

Una reflexión sobre la izquierda española

Reseña del libro "Siniestra. En torno a la izquierda política en España" de Héctor Ghiretti

Glorias intactas, vidas rotas

Reseña del libro "El rompimiento de Gloria" de Marqués de Tamarón.

Pensamiento social

Reseña de las recientes publicaciones de Eugenio Trías "Pensar en Público" y de Fernando Savater "Perdonen las molestias". Un marco comparativo entre ambos filósofos que constituyen la parte de la obra española en el mapa del pensamiento europeo contemporáneo.

Nueva Revista

Los límites del saber cientifico

Dada la importancia que se concede hoy a la ciencia, parece de la mayor urgencia interrogarse sobre los límites del saber científico. Pero el límite superior, se reconozca o no, es —así lo manifiesta el análisis de José Luis González Quirós en este artículo— una zona de misterio inexhausto.

Quien sabe, sabe

Reseña literaria de "La razón de ser hombre. Ensayo acerca de la justificación del ser humano" por Rafael Alvira.

Estrellas del saber científico

Reseña literaria de "Así son las cosas" por John Brockman y Katinka Bateson (ed.); "La tercera cultura. Más allá de la revolución científica" por John Brockman.

En la muerte de Kieslowski

Su cine tiene interés, novedad, ambición, encanto, misterio y emoción.
En suma: ha ampliado el campo de la visión.

Nueva Revista

De ordenadores, redes y futuros

El mundo digital aparece todavía frente a los más como un fruto de raíz misteriosa cuyas posibilidades se adivinan inagotables y subversivas del orden comunicacional establecido: por eso es importante distinguir el pensamiento Ubre, capaz de imaginarse el futuro, de la "beatería tecnológica".

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