José Herrera

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Director Adjunto de Relaciones Internacionales de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES)

Lula en el laberinto

Escribir sobre un acontecimiento futuro, incluso si se trata de algo que ocurrirá pocos días después, conlleva ciertos riesgos. Si lo escrito es sobrepasado ampliamente por la realidad, uno queda retratado ante el lector como un ingenuo. Si, por el contrario, la imaginación del que escribe se desborda ante las posibilidades de lo que está por venir, se corre el peligro de aparecer como un hombre superado por su propia fantasía.Cuando el lector se encuentre leyendo este artículo, se conocerán los resultados de las elecciones celebradas en Brasil. En mi caso, el cierre de la edición me obliga a plantear la hipótesis razonable de que Lula da Silva será reelegido presidente, mientras que Geraldo Alckmin, candidato de la coalición de centro-derecha, obtendrá en torno al 30% de los votos, y la senadora Heloísa Helena, del Partido Socialismo y Libertad, alrededor del 10%.Si la campaña electoral se estuviera desarrollando con normalidad, los resultados finales no deberían diferir mucho de lo pronosticado antes. Pero hace apenas unas horas, el presidente de Brasil, abrumado por un nuevo caso grave de corrupción, se ha visto obligado a relevar, entre otros, a su director de campaña y presidente del Partido de los Trabajadores, Ricardo Berzoini. Aunque los votantes brasileños parecen resignados a la idea de que la corrupción forma parte esencial de su juego político, está por ver si consideran que el último caso destapado es la gota que colma el vaso de su paciencia.Lula se encuentra, desde su elección como presidente de Brasil en 2002, atrapado en un laberinto de luces y sombras. Nadie discute el mérito vital de un hombre nacido en una favela que gracias al esfuerzo, el trabajo, y la suerte, ha conseguido llegar a lo más alto. Pero eso no le exime de una responsabilidad que le exige tomar decisiones que en otros planos, como el económico, ha sabido adoptar.En el tortuoso laberinto del que debe salir caben tanto la ilusión popular de sus inicios y los buenos resultados económicos como los escándalos de corrupción y el deterioro institucional. El inicio de su segundo mandato enfrenta a Lula a un dilema, que le obliga a elegir entre el camino que antes emprendieron otras naciones exitosas o quedar prisionero para siempre de sempiternas amenazas que conderían a su país a un nuevo retroceso histórico.Este artículo pretende apuntar algunas de las claves que Brasil debe afrontar durante el nuevo mandato para poner luz sobre su futuro, ya que si Ortega y Gasset señaló que el principal problema de los españoles era «no saber lo que nos pasa», cabría señalar que, hasta ahora, el principal problema de Brasil ha sido «preferir no saber lo que les pasa».LOS PROBLEMAS DEL DÍA DESPUÉSDurante estos años se han puesto de manifiesto serios problemas estructurales que no son exclusivos de los gobiernos de Lula, pero que corren el riesgo de desbocarse en caso de que no se afronten con seriedad de manera inmediata.a ) La amenaza de la corrupciónLa corrupción es algo así como el sida...

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