Jorge Moragas

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Diplomático. Diputado al Parlamento español. Secretario ejecutivo de Relaciones Internacionales del Partido Popular

¿A quién le gustan los quirófanos?

  Suenan tambores de guerra y todos nos ponemos a temblar. Así reaccionamos los ciudadanos occidentales que hemos crecido en la cultura de la paz y la estabilidad. No podía ser de otro modo porque, en nuestro concepto del bien y del mal, por muy confuso que sea, sigue viva la idea de que cualquier guerra es indeseable y abominable por los efectos que produce y por los instintos que despierta. Hasta aquí estaremos casi todos de acuerdo. La guerra es mala y todo ser humano con un mínimo de armazón moral es lógico que sienta rechazo ante la perspectiva de una intervención militar. El problema y la discrepancia surgen cuando las cosas se ponen feas y nos tenemos que poner a hablar en serio. El melón del debate se abre cuando la cruda realidad internacional nos obliga a levantarnos del confortable sofá de la tertulia y nos empuja a la fría sala de operaciones en donde ya no sirve la ironía y el sarcasmo se convierte en una broma de mal gusto. Ese instante en el que tenemos que ejercer la responsabilidad y, por lo tanto, empezar a tomar decisiones. No hay otra opción, la responsabilidad nos empuja al compromiso que por definición siempre supone una dosis de riesgo y una pizca de renuncia. Llegado este momento, hay que ser humildes y reconocer que la nueva realidad geopolítica nos trasciende y, en cierta medida, nos viene dada. Ser humildes en el sentido de que los ciudadanos españoles, europeos, occidentales o americanos, nos hemos encontrado con unos acontecimientos que no son el resultado lógico y previsible de lo que eran nuestros deseos políticos. Dicho de un modo más simple pero no por ello menos certero: ¡Despierten amigos!... el siglo XX ha terminado. Desde 1989, cuando cayó el muro de Berlín, las democracias occidentales hemos estado durmiendo una agradable siesta y ahora toca despertarse y volver al tajo. O si quieren, también podemos recurrir a la versión más realista y más clara: ¡Despierten, aliados, el mundo está cambiando! La perspectiva de una intervención militar en Irak puede leerse de muy distintas formas y con muy distintas ópticas. La oferta de argumentos en contra y a favor es muy variada. En una democracia como la nuestra, cuando se abre un debate de este tipo, afortunadamente siempre se sirve barra libre. Incluso la visión más conspirativa y antisistema puede presentarse como un planteamiento respetable desde el punto de vista intelectual y moral. Pero si asumimos por un momento que lo que decíamos antes era verdad, es decir, que el mundo está viviendo un punto de inflexión extraordinario de la historia, entonces podremos coincidir en que los únicos planteamientos políticamente razonables en estos momentos son aquellos que se contemplen con una óptica bien pegada a la cruda realidad. Es un momento para el realismo político. En la era de la globalización, la España del siglo XXI debe decidir en qué división desea jugar en el concierto internacional. Félix de Azúa se quejaba de la proliferación de comparaciones...

Una apropiación indebida del sufrimiento de los débiles

Reflexiones tras un análisis del resultado obtenido de entrevistas con políticos, diplomáticos, periodistas, empresarios, responsables de ONG, etc., sobre el fenómeno de Chávez en Venezuela.

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