Jorge Collar

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Dinard 2009: paso a los jóvenes

Un festival es una fiesta. Y más cuando se cumplen veinte años. Este es el caso del Festival de Cine Británico de Dinard, la bella estación balnearia de la Costa Esmeralda, que afirma así el éxito un proyecto que hace veinte años parecía a muchos ilusorio. Hoy, en cambio, el puente establecido con Gran Bretaña es una realidad, como lo es el interés de la población local, pues toda una región se transforma en un público que llena las cinco salas de proyección del festival. Este ha sido siempre seguido por la mirada atenta de su presidenta actual, Sylvie Mallet, responsable de la cultura de la ciudad de la que es alcalde su esposo, Marius Mallet, sin olvidar al director artístico del certamen, Hussam Hindi.¿Por qué Dinard es sede de un Festival de Cine Británico? La respuesta es evidente. Porque desde 1836 en que lord Russel viniera pasar sus vacaciones a Dinard, la ciudad comenzaba una metamorfosis británica, sin olvidar que frente a la ciudadela corsaria de Saint-Malo, el paisaje es uno de los más bellos de la costa bretona. Los turistas ingleses llegaban cada vez más numerosos y las calles y las tiendas adoptaban nombres británicos -George V, Edouard VII, Winston Churchill, etc.-, consagrando así lazos ancestrales. Se nos recuerda que Agatha Christie aprendió a nadar en Dinard y que quizá Alfred Hitchcock se inspiró en una casa de Dinard para el decorado de la sombría mansión de Psicosis.Como en Canes hay Palmas, en Berlín Osos, en San Sebastián Conchas, en Dinard hay Hitchcock. Una estatua monumental de cinco metros de altura preside desde el 8 de octubre la playa, remplazando la antigua imagen del maestro del suspense, un género que reivindica su origen británico.Desde hace unos años el festival multiplica sus proyecciones, estas comprenden más de una docena de «avant premières» y seis películas en competición, que son muchas veces primeras obras. Añadamos este año diez autores, descubiertos en Dinard pero aún al comienzo de sus carreras. No hay que olvidar que Dinard puede gloriarse de haber sido la rampa de lanzamiento de directores hoy famosos. Citemos a título de ejemplo a Danny Boyle (Slumdog millionaire) que obtenía en 1994 el gran Premio por su primera película Shallow Grave, pero también Michael Winterbottom, Stephen Daldry, Paul Greengrass, Peter Cattaneo, Shane Meadows, etc. Ycómo no evocar en 1999 a un joven de 28 años, Christopher Nolan, con una película realizada con un puñado de libras: Following. ¿Quién reconocería hoy en este joven al director de The Dark Knight, segunda película en los resultados de taquilla de todos los Cartel oficial del festival tiempos justo detrás de Titanic?Ante un festival existe siempre la tentación de buscar una línea directiva cuando en realidad estamos ante un caleidoscopio de tendencias. La noche de la inauguración, Sylvie Mallet citaba a Paul Nizan «He tenido veinte años y no dejaré decir a nadie que es la más bella edad de la vida». Quizá pensaba en ciertos títulos de la selección, de tonos sombríos,...

Una visita a la diversidad del cine

«Se eligen los mismos y se vuelve a empezar». Esta fórmula que se aplica a menudo en la vida política ha sido aplicada este año a la selección del Festival de Cannes. A menudo acusado de club elitista, el festival ha tenido sus veleidades de rejuvenecimiento. Sin embargo este año todo el mundo comprobaba que los autores invitados eran en muchos casos veteranos de Cannes. Algunos incluso habían recibido ya una Palma de Oro: Ken Loach, Jane Campion, Lars von Trier o Quentin Tarantino. La lista de nombres conocidos no hacía presagiar grandes sorpresas. Al retorno de Cannes es preciso responder a la pregunta sobre la calidad del festival. La respuesta es compleja pues la etiqueta «cine de autor» cubre realidades diversas. La «cuvée» de este año no era una excepción. Se pueden avanzar sin embargo tres características: un recrudecimiento, casi patológico, de la violencia y del sexo en ciertas películas, la ausencia de revelaciones extraordinarias, el predominio de obras de calidad que podríamos calificar de «menores». Añadamos la ausencia del cine americano, el predominio de Europa y de Oriente y un tono general sombrío. Los únicos momentos de euforia venían, fuera de concurso de The Imaginarium of Dr. Parnassus de Terry Gilliam y de Up, la última obra de Disney/Pixar.EL CINE COMO TERAPIA ¿Podríamos abstenernos del juicio de algunas películas, como los jueces en ciertos procesos, constatando que el acusado no es responsable? Ciertos autores no han dudado en decir que sus películas eran una verdadera cura terapéutica. A esta categoría pertenece una de las películas más esperadas del festival: Antichrist de Lars von Trier. La historia, en su secuencia introductoria, muestra una pareja haciendo el amor, mientras el hijo, de tres años, se cae por la ventana. Este traumatismo obliga a la pareja a retirarse a una casa perdida en un bosque donde el sexo y la culpabilidad se dan cita. Inútil de ir más lejos, sino decir que todo terminará trágicamente. La obra con sus prolongaciones erótico-violentas es además de un hermetismo total. La dedicatoria a Andrei Tarkovski era recibida por las risas de los críticos. De esta perplejidad, Lars von Trier no nos sacará nunca. Su película es el resultado de una depresión nerviosa que dura desde hace tres años. Afirmaba seriamente ser el mejor director del mundo, pero se excusaba de no poder dar explicaciones sobre su película. «Ofrezco imágenes fuera de toda lógica y de toda reflexion dramática», decía. La indulgencia se impone dado el estado mental de su autor.Desgraciadamente la necesidad de una terapia afecta a otros autores menos conscientes de ello. Así, Gaspar Noé, habituado al escándalo que ha ido a rodar a Tokio su Soudain le vide, historia de dos hermanos que se pierden en la capital del Japón. El consumo de drogas permite jugar con una serie de imágenes caleidoscópicas que terminan por producir un terrible aburrimiento. Gaspar Noé cultiva las imágenes chocantes, algunas de ellas son insoportables no sólo por su crudeza, también por su estupidez.El filipino Brillante Mendoza...

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