Jerónimo Molina

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Jerónimo Molina Cano (Murcia, 1968) es profesor de titular de la Universidad de Murcia. Donde ha a impartido las asignaturas Política social y Teoría de los Servicios Sociales. Es historiador de las ideas políticas y jurídicas, ocupaciones que compagina con la traducción. Especialista en el polemólogo francés Gaston Bouthoul, es autor de varios libros sobre Julien Freund, Raymond Aron, Carl Schmitt o Wilhelm Röpke. Desde su fundación y durante 10 años ha dirigido la revista Empresas Políticas.

Julien Freund o la imaginación del desastre

«Freund quiere decir amigo en alemán» (Freund, ça veut dire ami en allemand). Con esta presentación a principios de curso, toda una declaración de intenciones en boca de un teórico del enemigo, comenzaba sus clases de sociología en la Universidad de Estrasburgo el polemólogo y filósofo político francés Julien Freund. «Teórico del enemigo, soy consciente», escribe en su breve autobiografía, «de que he suscitado la enemistad de los profesionales de la fraternidad solo por haber elaborado esta teoría». UN PENSADOR INCÓMODO La obra freundeana aparece dispersa en una gavilla de libros mayores, en cientos de artículos, notas y entrevistas publicados en todo tipo de revistas, en obras colectivas o actas de congresos, tanto en Europa como en las dos Américas. Ello corrobora su afición por el sano contraste de ideas y, seguramente también, su absoluta despreocupación por el radio académico de sus escritos, que lo mismo elogian el chucrut que se ocupan de la epistemología de las ciencias sociales. Freund es un autor relativamente conocido en Italia y España, países en los que su obra ha sido objeto de numerosos trabajos desde los años noventa del siglo pasado. En España, de hecho, su gran obra sobre La esencia de lo político —un vasto tratado de casi mil páginas— fue traducida y publicada íntegramente por la Editora Nacional en 1969. En Francia, sin embargo, operan obstáculos ideológicos, tal vez más poderosos que en sus vecinos del sur, retardadores de su recepción académica. Como Alessandro Campi en Italia o Juan Carlos Valderrama en España, Pierre-André Taguieff ha intentado hacer de Freund un escritor político frecuentable en su país, atrayendo sobre él la atención de los politólogos, cuyos prejuicios desactiva. En el contexto de la recepción de las ideas freundeanas, Alemania es caso aparte, pues sus ensayos, durante algún tiempo, aparecen incluso en lengua alemana por primera vez. Defensor del bilingüismo de su región natal, habla y escribe alemán. Consciente de su «esencia alemánica», tratado incluso condescendientemente de alemanisco (alamand) por compatriotas suyos, conoce, divulga y traduce en Francia a Max Weber, Georg Simmel y, sobre todo, a Carl Schmitt, uno de sus grandes maestros —el otro es Raymond Aron—. ¿Por qué desde su muerte, acaecida en 1993, un escritor político como Julien Freund ha caído en el olvido? Freund, sin duda, es un escritor político a contracorriente. Sus ideas molestan. No se gobierna inocentemente, es sabido, pero tampoco se escribe impunemente, como él hace, que no hay política sin enemigo (pas de politique sans ennemi). «Quien escribe se proscribe» no es un epigrama afortunado, sino la condensación de una amarga experiencia milenaria jalonada por las biografías de Han Fei, Abenjaldún, Maquiavelo, Saavedra Fajardo y tantos otros miembros de la que Pitirim A. Sorokin llamaba «comunidad de subversivos» de los maquiavelianos o realistas políticos. UNA DECEPCIÓN POLÍTICA SUPERADA Nacido en un pueblo de la Lorena (Henridorff) en 1921, hijo de un peón ferroviario, joven socialista y résistant durante la Segunda Guerra Mundial, participa en atentados contra Pierre Laval y el ministro de salud pública Raymond Grasset. Después de...

Christopher Dawson y Las Religiones Políticas

«Los problemas políticos del mundo moderno son en último termino religiosos» Religion and the Modern State (1935) En enero de 1815, Joseph de Maistre escribe a su correspondiente y amigo el conde de Bray, que «toda Europa es testigo de una fermentación que nos ha conducido a una revolución religiosa y la revolución política de la que hemos sido testigos solo fue su espantoso prefacio»1. Es tal vez la primera afirmación de la naturaleza pseudorreligiosa o cuasirreligiosa de la Revolución Francesa. Christopher Dawson la recoge circunstanciadamente en las páginas de este libro, de modo que no resulta fácil sustraerse a la impresión de que Los dioses de la Revolución es algo más que un libro sobre la revolución, su preparación y sus consecuencias. Lo que da coherencia a sus páginas, en las que se remonta al siglo XVI para descubrir las fuentes del pensamiento revolucionario europeo, en primera instancia liberal, hasta llegar a la última posguerra mundial, es el desarrollo de su idea, perfilada ya en los años veinte, de que la religión es el germen de toda civilización y, asimismo, que en circunstancias excepcionales la religión se expresa imperiosamente por cauces bastardos2. En este sentido, Los dioses de la Revolución de Christopher Dawson ocupa un lugar aparte en la historiografía sobre 1789, complementario del acervo fundamental –político, social o económico– y también, por qué no, del accesorio –demográfico3, teoría de los ciclos históricos4 y del cambio5–. Lo que el autor ofrece es pues una interpretación religiosa del cataclismo revolucionario francés. Cuando en 1929 Dawson escribe sobre el progreso como una religión subsidiaria del cristianismo, una religión enmascarada posibilitada en realidad por aquel, en el sentido en el que Marcel Gauchet habla del cristianismo como «la religión de la salida de la religión» (la religión de la sortie de la religión)6, es cierto que las religiones políticas no son ni una realidad ni una categoría nuevas, pero apenas si se empiezan a nombrar en el Interbellum. Aun apartando las anticipaciones de Gustave Le Bon y Vilfredo Pareto, relativas al socialismo, «religión nueva» que comparan con el cristianismo primitivo7, sobran los ejemplos de economistas, filósofos, sociólogos o escritores políticos que detectan la desviada religiosidad de ciertas doctrinas políticas. Las visiones del problema de fondo menudean desde entonces, pues la temática de las religiones seculares se ha convertido en un tópico de las ciencias políticas. Con otro sentido, religiones políticas o civiles ha habido siempre Al redactar su imponente tratado sobre la imposibilidad del cálculo económico socialista, Ludwig von Mises repara en la religiosidad quiliástica del socialismo (socialistic chiliasm), cuyo triunfo supondrá la salvación en este mundo (an earthly Kingdom of Salvation)8. Religiones de Estado (religions d’État) las llama con naturalidad René Guénon en 19299. Cuasi religiones (quasi-religions) Leopold von Wiese en 193010. Religiones políticas (politische Religionen) Eric Vögelin en 193811. Religiones seculares (religions séculières) Raymond Aron en 1944.12 Después de la Segunda Guerra Mundial se encuentra la explicación de la brutal politización de la religión. En las formas desnaturalizadas del mesianismo, dirá Romano Guardini13. En...

Filosofía: La España invertebrada, hoy

En estos momentos que vivimos nos ha parecido oportuno volver a la obra España invertebrada (1921) de Ortega y Gasset, uno de los ensayos políticos más influyentes en la España del siglo XX. En estas páginas se subrayan los aspectos más equívocos del ensayo orteguiano: la permanente decadencia española, la falta de sangre germánica y la impronta castellana sobre España. Un balance sintético de la dictadura franquista y el sistema político instaurado en 1978 pone de manifiesto la actualidad de España invertebrada.

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