Javier Zúñiga

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Director del Departamento de Economía de ESIC

La deslocalización empresarial

Una de las decisiones empresariales más importantes hoy en día es la de determinar la localización física de la empresa. Se citan como factores de localización: disposición de suelo industrial, el acceso de las materias primas y de otros suministros, la disponibilidad de mano de obra cualificada con costes laborales moderados, la existencia de industria auxiliar, estabilidad política, un entorno jurídico legal que otorgue confianza o la existencia de impuestos razonables, etc. Los objetivos son claros: producir reduciendo costes, cerca de las materias primas, disponer de mano de obra cualificada y situarse cerca de los mercados potenciales a satisfacer (¿China, India, el continente asiático en general?).Además se utiliza el término, acuñado por Abramovitz, de «mínimo de capital social», que consiste en la existencia de carreteras, puertos, un determinado nivel de educación en la población y una cierta estabilidad política. Factores presentes en buena parte de los países de Latinoamérica y ausentes de manera generalizada en casi todos los países de África.El siglo XX finalizó incorporando el neologismo de «globalización» y el siglo XXI comenzó con el de la «deslocalización». Término que, para países de Europa del Este y Asia, supone la búsqueda de mercados más competitivos en términos de costes laborales, unido a determinados avatares que generan cierta inestabilidad o, al menos, incertidumbre sobre el futuro en los directivos empresariales, como los cambios en los gobiernos regionales o el terrorismo, que juegan un papel decisivo.Para el nuevo neologismo ya hay definición: traslado, por parte de las grandes empresas y multinacionales, de plantas de producción a otros países menos industrializados, donde los costes salariales son más bajos y los gobiernos ofrecen ventajas fiscales, subvenciones y terrenos baratos para obtener mayores beneficios, con el consiguiente cierre de los centros de trabajo en el país de origen.LOS DATOS DE LA SITUACIÓNDe igual forma que el proceso de globalización no es un proceso nuevo en el actual siglo (para el profesor Ramón Tamames la globalización nació en el pacto de Tordesillas de 1494 cuando España y Portugal ordenan el comercio con el nuevo continente) el uso de las deslocalizaciones empresariales se viene realizando desde hace tiempo. La búsqueda de menores costes salariales forma parte de la lógica empresarial. La caída del muro de Berlín (1989) y la desintegración de la URSS ( 1991) convirtieron el mundo en un gran mercado sin fronteras, con la libre circulación de bienes y servicios, de capitales y factores de producción, adoptando una de sus premisas básicas: la búsqueda de la eficiencia, que lleva obligatoriamente a las empresas a ubicarse en aquellas zonas del mundo donde sus costes de producción sean más baratos, cumpliendo el objetivo de la obtención de una mayor rentabilidad a los capitales invertidos en el proceso productivo.En España (1), en estos dos últimos años, las fugas empresariales se han convertido en un fenómeno constante. En Cataluña han sido catorce multinacionales las que han trasladado sus factorías, o están a punto de hacerlo, a Asia y a los países de la Europa del Este; y...

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