Jaime Nubiola

6 publicaciones 0 Comentarios
Profesor de Filosofía en la UNAV. Director del Grupo de Estudios Peirceranos

¿Cómo debe ser un académico?

El autor intenta dar respuesta a la pregunta: ¿Qué es lo académico hoy? y explica sus recomendaciones para revalorizar la universidad del siglo XXI

La imaginacion herida

Probablemente la obra de ficción que más me ha impactado en los últimos años ha sido la novela La carretera de Cormack McCarthy (Mondadori, Barcelona, 2007). La conversación de un padre y un hijo, varios años después de lo que parece un holocausto nuclear, arrastrando a lo largo de una carretera norteamericana un carrito de supermercado con sus últimos enseres. Ha desaparecido todo signo de vida; se dirigen hacia el sur en busca siempre de comida, a la vez que huyen de otros supervivientes que quieren matarlos y probablemente comérselos. De tarde en tarde se encuentran con escenas espeluznantes. En las primeras páginas, puede leerse este cruce de palabras entre padre e hijo:-Ten presente que las cosas que te metes en la cabeza están ahí parasiempre -dijo.-¿Algunas cosas las olvidas, no?-Sí. Olvidas lo que quieres recordar y recuerdas lo que quieres olvidar.Y en las páginas finales, cuando el padre está ya gravemente enfermo, reaparece de nuevo ese tema:-Cógeme la mano -dijo-. No creo que debas ver esto.-¿Porque lo que se te mete en la cabeza es para siempre?-Sí.-No pasa nada, papá.-¿No pasa nada?-Ya los tengo metidos.-No quiero que mires.-Seguirán estando ahí.Cuando hace algún tiempo leí esas palabras me pareció que expresaban de forma lúcida el deterioro de la memoria y la imaginación personal y colectiva que está sufriendo la cultura audiovisual contemporánea y que afecta -me parece a mí- en buena medida a los creativos.LITERATURA Y MORALIDADNo soy agorero ni especialmente negativo o pesimista, pero es prácticamente unánime el reconocimiento de que la violencia más brutal, la sexualidad más explícita, la crueldad más despiadada o las más diversas formas de lo cutre y lo sórdido, ocupan buena parte del espacio público audiovisual, conformando el imaginario y las vidas de sus consumidores. Como escribía recientemente John D. Peters, «uno de los temas de nuestro tiempo es cómo la pornografía se ha tornado central» (mainstream). Sin embargo, no quiero referirme particularmente a la pornografía -que es un perverso negocio que ocupa profesionalmente a miles de personas y esclaviza a tantos millones de jóvenes y adultos, generando además enormes beneficios a muchos empresarios del sector-, porque hoy en día nadie considera que la pornografía sea arte. Baste quizá recordar lo que escribía el veterano crítico de Time, Richard Corliss, con ocasión del documental Inside Deep Throat: «Hay mucha pornografía por ahí afuera, pero nadie la llama arte» (Time, 29 de marzo de 2005).El problema real se encuentra en la falta de imaginación, en la pobreza de recursos de tantos creativos que repiten machaconamente unos temas ya sobados, o que simplemente pretenden todavía hacer algo novedoso ridiculizando a la religión o asumiendo una desenfadada actitud de un descaro supuestamente transgresor. Sin embargo, no parece que los creativos bienintencionados, a pesar de sus esfuerzos, lo hagan realmente mucho mejor. Hay -me parece- un problema más radical que me gustaría expresar con una lúcida anotación de Simone Weil en La gravedad y la gracia (Trotta, Madrid, 1994):«El mal imaginario es romántico, variado; el mal real,...

Adiós al sentido del bien y del mal

La lectura de este libro de Leszek Kolakowski, fallecido el pasado mes de julio a los 81 años, es una verdadera fiesta intelectual. Su autor, nacido en Polonia en 1927, comunista en su juventud y profesor de historia de la filosofía en la Universidad de Varsovia, fue expulsado del partido comunista por su revisionismo de Marx y su defensa de la democratización, y tuvo que abandonar Polonia en 1968. Desde entonces ha vivido en Oxford y ha enseñado en universidades europeas y norteamericanas. Ha publicado más de treinta libros sobre historia de las ideas políticas, teológicas y sociales que presiden la evolución de la cultura occidental. Su obra más importante es Corrientes principales del marxismo, publicada en 1978 en tres volúmenes, en la que traza el origen y el desarrollo del marxismo analizando pacientemente el pensamiento de sus principales valedores desde Plotino hasta nuestros días: «En el presente -concluye en el tercer volumen- el marxismo ni interpreta el mundo ni lo cambia: es meramente un repertorio de eslóganes que sirve para organizar los diversos intereses».El volumen que se publicó hace un par de años en castellano reúne veintiséis textos, bajo el título genérico —«algo frívolo», dice el autor en el prólogo— de uno de ellos, Por qué tengo razón en todo, que es «el más antiguo y tal vez el más ocasional de la selección». Se trata de una amplia carta publicada en 1974 en The Socialist Register como respuesta a una carta abierta de cien páginas dirigida a él en esa misma publicación por parte del historiador inglés Edward Thompson. Sin duda, merece la pena comenzar el libro por este texto que, treinta y tres años después, conserva una formidable frescura quizá por su exquisita penetración en los tópicos izquierdistas. En su recensión en The New York Review of Books, Tony Judt calificaba esta respuesta de Kolakowski como «la demolición intelectual más perfectamente ejecutada en la historia de los debates políticos» (vol. 53, n.º 14, 21 de septiembre de 2006).«En los años cincuenta —escribe Kolakowski a Thompson— tanto tú como yo, militábamos en sendos partidos comunistas, y esto significa que, por más nobles que fuesen nuestras intenciones y por más encanto que derrochara nuestra ignorancia (o nuestra negativa a saber), respaldamos dentro de nuestras modestas posibilidades un régimen basado en el trabajo de masas de esclavos y en el terror más horripilante que la historia de la humanidad jamás haya conocido». A lo largo de la carta Kolakowski va desgranando con maestría buena parte de los tópicos esgrimidos durante años por la demagogia comunista que se engañaba en su análisis de la realidad para intentar ajustarla a la teoría marxista: «Toda ideología, con tal de que sea lo bastante confusa es capaz de asimilar (es decir, rechazar) cualquier hecho real sin tener que renunciar a ninguno de sus elementos».Para el lector español tiene cierto interés que Thompson adujera como muestra de su izquierdismo que no había venido nunca de vacaciones a la España de Franco. Más interés todavía...
Nueva Revista

La transformación de la universidad española

La universidad europea no goza en la actualidad de buena salud. Los estudios realizados en la última década y, sobre todo, los rankings tan en boga arrojan siempre el resultado de que cuarenta de las cincuenta mejores universidades del mundo se encuentran en América del Norte, mientras que la decena restante se reparten entre el Reino Unido, Europa continental y Japón. De ordinario, en esas posiciones destacadas no figuran ni una sola de las universidades francesas, italianas o españolas que tan importantes fueron para el desarrollo de la educación europea y de la ciencia en general. Por ejemplo, en el ranking de Shangai la Universidad de Bolonia, cuna de las universidades, se encuentra —como la Complutense o la Autónoma de Madrid— en la segunda división, esto es, en la franja de universidades entre la 200 y la 300 del mundo.Este contraste entre las mejores universidades norteamericanas y las mejores universidades europeas ha sido pudorosamente ocultado, tanto por los académicos como por los responsables europeos de la educación y la investigación universitarias. Se trata, además, de un proceso relativamente reciente. En el siglo XIX la universidad alemana era la que atraía a los mejores estudiantes norteamericanos para hacer estudios de postgrado y muchas universidades europeas brillaban con luz propia por su producción científica. Hoy día con carácter general ya no es así: basta con ver cómo los premios Nobel en ciencia y en economía van a parar casi siempre a profesores de universidades norteamericanas.El traslado al otro lado del Atlántico de la excelencia académica se remonta a la derrota de Alemania en la primera guerra mundial y, sobre todo, a la importantísima transformación acaecida en la educación universitaria norteamericana tras la segunda guerra. A lo largo de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo se produjo en los Estados Unidos no sólo una expansión sin precedentes del sistema universitario, sino que además sus mejores centros de enseñanza se convirtieron en centros de investigación avanzada, dedicando muchísimos recursos a esa tarea investigadora.A este lado del Atlántico, hemos sido lentos en darnos cuenta de ese despegue académico, y sólo ahora están advirtiéndose tímidos atisbos para intentar corregir ese lamentable retraso. En estos momentos, tratamos en Europa de —sin decirlo abiertamente— acercarnos al modelo universitario norteamericano empleando el atractivo argumento de la unificación del espacio europeo de enseñanza superior.LA TRANSFORMACIÓN DE LAS LICENCIATURAS ESPAÑOLASA alguien familiarizado sólo con el sistema universitario europeo le lleva algún tiempo llegar a entender con cierta precisión el mundo universitario norteamericano que, considerado globalmente, tanto nos aventaja. Hay una distinción clave que atraviesa toda la organización académica y es la diferencia entre los estudios de grado, los tres o cuatro años que ellos llaman de college o undergraduate studies, y los graduate studies que nosotros hemos comenzado a llamar ahora estudios de postgrado y a los que aquí prestaré particular atención. Dicho globalmente puede afirmarse que en los Estados Unidos los estudios de grado son muy inferiores en calidad y exigencia a sus equivalentes españoles de licenciatura,...

Esencialismos y diferencia sexual

En las últimas décadas, el feminismo académico norteamericano vertebrado en torno a los Women's Studies ha puesto en boga la acusación de "esencialismo" para desautorizar las posiciones opuestas a la tradición dominante en su seno. En cierto modo, "esencialista" se ha convertido en un insulto descalificador del adversario, como puede serlo el epíteto "fundamentalista" en las sociedades democráticas o lo fue "fascista" en las comunistas. De modo similar, los estudios feministas en España huyen también del esencialismo como de la peste y emplean la acusación de "esencialistas" para descalificar a sus oponentes. Victoria Camps escribía en Virtudes públicas (1990) que no hablaba ella "de una esencia de lo femenino, pues me repelen los "esencialismos" y Alicia Puleo diagnosticaba la "inquietante tendencia" de algunas feministas "hacia la revalorización de las virtudes femeninas y de la distribución de papeles según el sexo que en los años setenta fueron vigorosamente combatidas. La tentación esencialista de aceptar la diferencia (...) entre los sexos se abre camino fácilmente debido, en parte, al clima de escepticismo y decepción acarreado por la caída de los paradigmas revolucionarios, por la recesión económica y el auge del pensamiento de derechas" ("De Marcuse a la Sociobiología: La deriva de una teoría feminista no ilustrada", en Isegoría, 1992).Estas palabras muestran con claridad que, bajo la acusación de esencialismo, Puleo está aludiendo al reconocimiento de la diferencia entre los sexos. Si solo fuera esto, podría parecer una trivialidad, pues la diferencia de los seres humanos por su condición sexuada es tan obvia que solo puede haber pasado por alto a los filósofos. Cuando en el debate feminista las o los contendientes se acusan mutuamente de "esencialistas", emplean ese epíteto con un carácter equívoco, esto es, en sentidos muy diversos y en cierto modo opuestos.Esencialismos y constructivismo Como ha señalado Diana Fuss, no hay, por así decirlo, una "esencia del esencialismo", sino que solo podemos hablar en plural de esencialismos. En este contexto, puede definirse típicamente la concepción esencialista como aquélla opuesta a las diferencias entre los sexos, como aquélla que sostiene que la esencia común humana anula o torna meramente accidentales las diferencias entre mujeres y varones. Pero, por otra parte, son también tachados de esencialistas quienes reconocen una diferencia biológica radical entre varones y mujeres que da razón de los géneros. En este sentido, ambas concepciones esencialistas serían opuestas entre sí y el esencialismo en cuanto tal se definiría entonces por su contraste con el constructivismo, que sostiene que las diferencias no son innatas, sino culturalmente construidas, enseñadas o impuestas por toda una educación orientada en esa dirección.En la perspectiva constructivista, los géneros masculino y femenino son construcciones culturales relativas a cada sociedad de las que la común esencia humana se reviste en cada caso, de acuerdo con la influencia del entorno o con la orientación personal. A pesar de la frontal oposición entre esencialismo y constructivismo, puede advertirse que "la barrera entre esencialismo y constructivismo no es en modo alguno tan sólida e infranqueable como suponen los defensores de...

George Santayana y Eugenio D´Ors, Roma 1946

Los textos que aquí se reproducen son las glosas que Eugenio d'Ors publicó en Arriba los días 6, 7 y 8 de diciembre de 1946 bajo los respectivos títulos de "Filósofos y profesores ", "Santayana" y "Seguimos con Santayana". Se incluyen además la glosa "Son gustos", del 20 de abril de 1947, en la que d'Ors comenta su lectura de las memorias de Santayana y evoca algunos detalles de su visita, y la parte principal de la nota "En la muerte de Santayana", que publica d'Ors el 5 de octubre de 1952, seis días después del entierro del insigne filósofo pragmatista en la Tomba degli Spagnoli del cementerio Del Verano de Roma.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies