Hans Thomas

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Hipócrates fuera de juego

  Introducción del profesor de la Universidad Complutense JOSÉ MARÍA BARRIO MAESTRE  Hipócrates fuera de juego El doctor Hans Thomas, director del Lindenthal Institut de Colonia, es conocido en Alemania por sus trabajos de Bioética. En este que presentamos ahora, en versión castellana extractada, pone el dedo en una llaga que también supura en el colectivo médico español. Se trata del lento pero progresivo sometimiento institucional de la clase médica a criterios distintos —a veces en abierta contradicción— a los estrictamente profesionales. Salvando la bonhomía personal y la buena praxis de la mayor parte de los médicos, legislaciones como las relativas al aborto provocado, la fecundación artificial y otras —incluyendo la eventual aprobación de la eutanasia— han ido produciendo, poco a poco, una crisis de los parámetros hipocráticos en los que tradicionalmente se ha desempeñado la profesión médica.En el llamado primer mundo, la industria del aborto ha logrado visualizar con apariencia de normalidad tanto la destrucción como la fabricación de seres humanos. El mero planteamiento de la posibilidad de intervenir de esta manera en los estratos iniciales de la existencia humana ha supuesto un cuestionamiento radical del-  —en expresión de A.W. Mülle—-  «tabú» de la sacralidad de  la vida humana, y ha ido abriendo paso, paulatinamente, a una imagen social de la profesión médica, ciertamente inédita, según la cual ésta habría de ponerse en disposición de ofertar servicios sociosanitarios a la carta, sin otro límite que el de lo técnicamente asequible, o lo administrativamente equitativo, cuando no el de lo políticamente correcto.Inexplicablemente, las reacciones frente a este fenómeno han sido, por parte del colectivo médico, escasas, aisladas y faltas de la necesaria contundencia. Incluso los órganos colegiados que representan a la profesión, encargados de velar tanto por el decoro social de la misma como por su independencia, no han sabido o no han querido poner el grito en el cielo ante la amenaza de «regular», por parte del gobierno español, el derecho constitucional a la objeción de conciencia para los médicos que no quieran practicar abortos. (Como alguien ha sugerido con toda cordura, más que hacer un registro de los médicos objetores, lo lógico sería señalar a quienes están dispuestos a traicionar su conciencia profesional).Como pone de relieve Hans Thomas, emanciparse de la conciencia moral y profesional supone para la clase médica un cada vez mayor sometimiento a otros compromisos ajenos a la profesión, y a menudo contrarios a ella. Un médico no está para matar, sino para curar; en todo caso, si esto no es posible, para aliviar y acompañar. Pero nunca puede verse con normalidad el dar muerte como una prestación sanitaria, a no ser que se corrompa absolutamente la identidad de esta profesión, que naturalmente muchos aún representan con toda dignidad. Pero es preciso que sean éstos los referentes de la profesión, no quienes se venden por otros motivos. ************************************************************************************************************************* La hipótesis inicial de mi exposición es que una ética médica consistente es la mejor protección de los profesionales contra la injerencia política, el control público y la burocracia, así...

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