H. S. Visscher

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La mirada documental del cine holandés

   La paradoja del primer cine holandés, y que perduró hasta la II Guerra Mundial por lo menos, fue que frente a una escuela de cine documental famosa en todo el mundo, la producción de películas de ficción era bastante pobre no sólo por su rareza, sino sobre todo por su falta de calidad.JORIS IVENS (1898-1989)   Esta estructura paradójica se expresa en toda su amplitud con el artista que se convirtió en el principal pionero cinematográfico de los Países Bajos y en el cineasta de documentales más internacional de Europa: Joris Ivens.Con De Brug (El puente), realizado en 1928, Ivens dotó por primera vez al cine neerlandés de una fisonomía propia. «Su película De Brug -escribió Boost en un estudio muy documentado sobre el realizador-, era un verdadero acto de fe, duro y cortante; su director se había negado en redondo a dirigir la película tal como se entiende habitualmente, y no buscaba sino la realidad desnuda para extraer de ella su movimiento». En efecto, De Brug está despojada de todo sentido dramático relativo a una acción humana -se prescinde incluso de la presencia de individuos-; el poderoso puente levadizo sobre el Koningshaven bastó para inspirar al cineasta un fascinante juego móvil, estrictamente visual, de superficies y líneas fundidas. Poco después, Ivens intentó dirigir, junto con Mannus Franken, un cortometraje de intriga, titulado Branding (La resaca). El drama era anodino -un joven pescador en paro ve cómo un turbio usurero de pueblo le arrebata a su amiga-, pero se desarrollaba sobre el paisaje dibujado por el mar y las dunas en torno al pueblo de pescadores de Katwijk, y cuya visita documental era ofrecida en la película. La obra tenía momentos excelentes, en particular cuando el elemento documental se introduce como una función relevante para la trama, pero no iba más allá de las apariencias cuando Ivens intentaba penetrar en la psicología de los personajes. El salto de la película documental a la película de intriga fue, pues, demasiado grande y por eso, en su siguiente trabajo -Regen (Lluvia) -, que Ivens dirigió otra vez en colaboración con Franken, recuperó su aproximación documental y poética a la realidad y simultáneamente la distancia respecto del hombre (aunque, en este caso, resultó menos pronunciada que en De Brug). Sólo a partir de su célebre película sobre el Zuiderzee (1931) -que retomará más tarde para hacer Nieuwe Gronden (Nuevas tierras) y en la que cabe oír una violenta protesta contra las destrucciones masivas de productos alimenticios mientras el mundo, herido por la gran crisis económica, padecía hambre-, Ivens encontró el estilo que caracterizaría desde ese momento a toda su obra posterior, hiciera lo que hiciese: el acercamiento al hombre que vive una auténtica confrontación con su trabajo, con la técnica y con la naturaleza y, sobre todo, con su condición social. La obra de Ivens testimonia abiertamente un compromiso político y social; toma partido, animada siempre por un ardor revolucionario en la lucha, pero sobre todo por una calurosa pasión humana, intensamente viva. Su obra no...

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