Guillermo Graíño

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Profesor de teoría y Relaciones Intenacionales. Universidad Francisco de Vitoria

La derecha populista francesa

Para empezar a abordar el tema del populismo hay que remontarse a la teoría absolutista del poder. La teoría absolutista del poder tiene como principal objetivo evitar la violencia entre las facciones. Europa pasa por un periodo de guerras civiles terrible y se extiende la idea de que la existencia de facciones dentro de un propio Estado o un pueblo es desastrosa. Así pues, la teoría absolutista del poder tiene como objeto acabar con las facciones. La gran diferencia que se produce después con el pensamiento liberal, particularmente con Locke y Montesquieu, es que las facciones son consideradas positivas si se canalizan institucionalmente y se anulan entre sí. Entonces, se pasa de una teoría de las facciones, vistas como negativas, a una teoría de los partidos, vistos como algo positivo. Montesquieu habla de que la sociedad tiene dos partidos, y que esos partidos no se hacen violencia, no se hacen guerra civil, si realmente establecemos unos mecanismos institucionales de equilibrio de poderes —no de división, como tantos insisten en decir—. Los regímenes pluralistas en los que hoy vivimos tienen como fundamento la idea de que los partidos son positivos. Los partidos representan a una parte de la sociedad que tiene una opinión y que está enfrentada a otra parte de la sociedad que tiene otra opinión. Al principio, el equilibrio de partidos se entendía más bien como una repartición de poderes, y no como una división de un mismo poder, tal y como ocurre en los regímenes pluralistas contemporáneos. En cualquier caso, ¿cuál es la novedad del populismo respecto a esta teoría que está en la base de nuestras democracias pluralistas? Que los partidos son una ficción, que la verdadera fisura o el verdadero clivaje, como se dice en ciencia política, el verdadero clivaje no está entre un partido u otro, sino entre el pueblo y las élites. Esto puede sonar en el fondo a comunismo o a algo parecido, pero en realidad es bastante más básico, pues el comunismo tiene una teoría de las clases bastante más sofisticada. El populismo practica un discurso social más tosco, habla del 99%, del pueblo frente a la casta, etc. Entonces, la verdadera fisura que debería dividir políticamente una comunidad política, en la lógica del populismo, es la que existe entre el pueblo, tomado en su totalidad, y una élite. Las divisiones entre el pueblo son artificiales, y las divisiones entre élites de un partido y otro son artificiales. Su objeto es en realidad ocultar la naturaleza de la división política fundamental: pueblo y élite. Esa es una gran ruptura que el populismo produce con respecto a la teoría de los partidos, que es una teoría, insisto, que está en la base de los regímenes pluralistas en los que vivimos nosotros. Dicho esto, habiendo sentado estas bases, puede parecer que el populismo, entonces, es una ideología más fácilmente apropiable por la izquierda, porque la izquierda se proclama del pueblo. Entonces, podría parecer casi un oxímoron hablar de populismo de derechas. A continuación voy a intentar justificaros por qué no...

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