Gema Sánchez de la Nieta

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Nueva Revista

Tertulias políticas. Del análisis a la salsa rosa

Es uno de los formatos dominantes de la televisión actual pero que cada vez genera más críticas. Quince años después de la creación de Tómbola, aquel espacio telebasura desacreditado por políticos e intelectuales que abría un debate a gritos sobre la vida privada de los demás, las tertulias políticas de nuestro país recurren hoy a la misma fórmula de aquellos “debates espectáculo” que garantizan el crecimiento de los índices de audiencia. Cerca de tres millones de espectadores se conectan a diario con estos espacios que combinan demagogia, ideología, pulso, urgencia y decibelios. “El contagio de la simplificación, el partidismo, el ataque personal o el abuso emocionalista, salvo excepciones que confirman la regla, ha logrado que las tertulias sobre política se aparten de la expresión rigurosa y pluralista para asemejarse cada vez más a lo que llamamos televisión basura”, explica el escritor y columnista Valentí Puig.  “El hábito de las cuotas de partido deja en precario la articulación de matices. Este proceso perjudica mucho lo que es el buen "opinión making" que una sociedad abierta necesita” añade.Como asesor de comunicación y consultor político, Antoni Gutiérrez-Rubí, advierte que "es un formato que alimenta los núcleos duros de los partidos, van al estómago del elector. Las voces sustituyen a las palabras, y el volumen a la razón. Es la versión catódica del "combate de barro". Se trata de atacar, de golpear verbalmente al adversario, sin importar enlodarse. Mientras un imaginario público jalea los golpes".Antonio Sempere, crítico de televisión, considera que “hemos convertido estos espacios en un auténtico culebrón, con una trama de ficción capaz de enganchar a los espectadores durante horas”. Actualidad, ritmo y sensacionalismo son los tres ingredientes que, según Sempere, fidelizan al consumidor. En su opinión, “las televisiones públicas están obligadas a mantener las reglas del juego, pero las privadas invierten para lograr este espectáculo a cualquier precio”. José Apezarena, director de un diario online y tertuliano habitual en diversas cadenas de televisión, apunta que “el elemento de espectáculo que introducen las tertulias en televisión explica, en parte, que los espectadores aguanten tanto tiempo ante la pantalla pero introduce el riesgo de que algunas de ellas tengan más de show que de aportación de puntos de vista y de opiniones”.En este sentido, el periodista y tertuliano Germán Yanke, señala que el gusto por la pelea, la discusión y el espectáculo, está propiciado por el sistema de medición de audiencias que rebaja, muchas veces, la calidad de estos programas. “Hay un ejemplo muy claro que vivimos con la noticia de Fukushima. Tras aquel suceso, todos los periodistas salían pontificando sobre la energía nuclear como si fueran expertos en el tema. Aquellos que sí sabían, se echaban las manos a la cabeza”, apunta. En su opinión, “es necesario un debate más sereno que aporte claves y análisis interesantes sobre las cosas que pasan”.Quizá nunca sepamos el final del caso Noós, los papeles de Bárcenas o los ERE fraudulentos en Andalucía. Pero es evidente que asuntos como estos, junto al análisis continuo sobre...

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