Francisco García Jurado

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Latín, Ilustración y Liberalismo:una revisión de las humanidades

La educación es un fiel reflejo de lo que ocurre en la Historia, tanto de la de ayer como la de hoy. Es así como los grandes hechos históricos y políticos han dejado su huella en el casi invisible mundo de las humanidades. El profundo cambio que experimenta la enseñanza del latín desde finales del siglo XVIII hasta el cuarto decenio del XIX nos servirá para ilustrar esta huella de la Historia en la enseñanza. De hecho, el latín dejó entonces de ser una lengua de comunicación para convertirse tan sólo en una lengua clásica, en una llave para conocer el pasado. Se daba así un paso decisivo para la transmisión del conocimiento por medio de las lenguas modernas. Dos figuras representativas, el erudito ilustrado Juan Sempere y Guarinos (1754-1830) y el político liberal Antonio Gil de Zárate (1796-1861), nos servirán de hilo conductor a través de este complejo cambio. Asimismo, el testimonio de un latinista, Luis de Mata i Araujo (hacia 1785-1846), será fiel reflejo de la profunda transición. Cuando Sempere y Guarinos tradujo libremente las Reflexiones sobre el buen gusto en las ciencias y en las artes de Ludovio Antonio Muratori (Madrid, 1782), aprovechó la oportunidad para añadir su propio Discurso sobre el gusto actual de los españoles en la literatura. Allí expuso una interesante reflexión acerca de la necesaria reforma de los planes de estudio en España, con sorprendentes reflexiones sobre las lenguas antiguas y las modernas. Tales reflexiones parten de la conocida preferencia de Benito Feijoo por la lengua francesa, como vemos en el texto del propio Guarinos: «Esto mismo dio motivo para que se fuera extendiendo el estudio de la lengua francesa, y con ella el conocimiento de los buenos libros con que aquella sabia nación ha adelantado la literatura. Aunque al principio muchos la despreciaban,o por la falsa persuasión en que estaban nuestros nacionales de que no había más que descubrir en las ciencias que lo que se sabía en nuestro país. Ella fue gustando poco a poco, hasta que llegó a hacerse moda, y a componer una parte de la educación de la nobleza. El padre Feijoo tenía formado un concepto tan elevado de su utilidad, que no dudó en anteponer su estudio al de la griega y demás orientales. Este honor han merecido siempre las lenguas sabias y en las que se publican obras dignas de la inmortalidad». (Discurso..., pp. 208212). Sempere aprueba la opinión de Feijoo favorable al avance de la lengua francesa, pero también es consciente de que las palabras de éste pertenecen a los albores de la Ilustración española1. Si bien es verdad que la enseñanza del francés estaba pugnando en la práctica con la del latín, sin embargo, los asertos de Feijoo no parecen entrar en contradicción con la propia consideración positiva que tiene Sempere de las lenguas clásicas. Nuestro autor desea, ante todo, que se libere al latín de una enseñanza viciada, «estéril y fastidiosa». Es ahí donde hay que apreciar la importancia tanto de los propios contenidos -la...

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