Eduardo Verdugo

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Chile y el semipresidencialismo

El sistema político chileno está enfrentado a una crisis de confianza y credibilidad en sus instituciones. Una profunda grieta acrecentada por la falta de representatividad de la política actual. Un escenario complejo, donde todos concuerdan que es necesario democratizar aún más las instituciones y donde el perfeccionamiento institucional pasaría necesariamente por una refundación constitucional que derogue la carta de 1980.Sin embargo, todo debate para reformar la Constitución parece estéril ante la coyuntura de nuestro país. Las mayorías parlamentarias no han sido suficientes para desbloquear el entramado constitucional dejado por la dictadura. Los herederos políticos del régimen militar en el Congreso se amparan en una Constitución que no representaría a la sociedad.El sistema electoral parlamentario es binominal e impide una correcta representación de la ciudadanía, ya que exige que una lista (con dos candidatos) deba doblar en votos a la segunda para elegir los dos parlamentarios, mientras que a la segunda lista sólo le basta evitar dicho doblaje para elegir uno de los dos cupos. De esta manera, en diecinueve años de democracia, la oposición con tan sólo el 30% de los votos obtiene entre el 45% y 50% de ambas cámaras.Además, existe un entramado de quorums cualificados impuesto por la Constitución para impedir cualquier reforma de rango constitucional. Mayorías imposibles de alcanzar por los efectos del sistema electoral y su representación ficticia en el Parlamento. Se necesita una mayoría de 3/5 para la aprobación, modificación o derogación de las normas legales que interpreten preceptos constitucionales y 4/7 para la aprobación, modificación o derogación de las leyes orgánicas constitucionales (art. 63, CPCH).Ciertamente, estos cerrojos convierten la Constitución en un papel infranqueable. Los bloqueos ya institucionalizados no dejan ejercer el gobierno y, frente a los nuevos requerimientos de la sociedad chilena, aletarga las respuestas e incluso los deja sin solución.Con los bloqueos políticos nacen los bloqueos temáticos y con ellos, la simpleza y trivialidad del debate político. Se desprestigia la política, nace la apatía sobre ella y la desconfianza sobre los que la ejercen, síntomas de un sistema que necesita reformas profundas y donde el régimen constitucional no responde y además entorpece.Desde esta perspectiva, el ejercicio de la política ya no es visto como un ejemplo de servicio altruista. La ciudadanía ve en los políticos y en la política una «caja negra», nada transparente y donde no llegan los mejores, sino aquellos que sólo son parte de las estructuras políticas, económicas y sociales del país.No obstante, la Constitución no es la única responsable de la degradación de la política, pues existe una segunda institución involucrada y vulnerada también por la Constitución. Es el sistema presidencialista chileno, que con características de «cesarismo democrático» ha dado claras señales de su debilidad en dos periodos cruciales de nuestra historia. Primero en la Revolución de 1891 que terminó en una guerra civil y luego con la crisis democrática de 1973 que dio paso al nefasto golpe militar del 11 de septiembre.LA CRISIS DE LA POLÍTICA Y EL PRESIDENCIALISMO En Chile el presidencialismo ha jugado un...

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