Concepción Dancausa

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La familia, prioridad política

Las últimas semanas han servido para constatar que la familia va ser uno de los temas centrales (lo que en el mundo anglosajón se conoce como issues) de la agenda electoral.Es un motivo para congratularnos. La familia no ha ocupado siempre el lugar que le corresponde en la agenda política. Y, sin embargo, resulta absolutamente esencial para el desarrollo y bienestar de las personas y de la sociedad.La familia debe importarnos por tres razones fundamentales: es la institución que genera mayor bienestar emocional y material; es, como explican los economistas, la unidad primaria de producción económica; y, por último, es el principal agente de socialización y de transmisión de valores. En definitiva, la familia no sólo es el lugar de encuentro entre el pasado y el futuro en el que se establece una permanente conversación entre generaciones, sino el pilar básico de cualquier sistema de bienestar.La relación entre familia y bienestar es de suma importancia, hasta el punto de ser un elemento esencial de la sociedad. El hecho de contribuir de forma tan extensa al bienestar de sus componentes la hace una agente productor de éste complementario al Estado una aportación imprescindible que ha sido olvidada durante decenios por las teorías socialdemócratas del Estado del bienestar, en las que el Estado reservaba para sí la generación de bienestar social, olvidando dos cosas fundamentales: que el bienestar social no es más que la suma del bienestar de las personas, y que el mismo bienestar se genera -se produce, al igual que los demás bienes y servicios- en otras instancias distintas al Estado, básicamente las empresas y las familias.Esta miopía teórica tuvo penosas consecuencias para las políticas familiares, que eran relegadas a un nivel ínfimo, al ser consideradas como parte de una concepción familista de corte conservador. Nada más lejos de la realidad. Las familias realizan múltiples tareas beneficiosas para sus miembros. Ayudan considerablemente a los ancianos, siendo un complemento sustancial a las pensiones públicas y privadas. En el terreno sanitario, la labor de la familia también es esencial, al prestar atención a discapacitados, niños, ancianos y enfermos crónicos y terminales. También ofrecen una importante ayuda a los parados, a quienes proporcionan vivienda, apoyo económico y emocional, y una red de información y contactos de indudable valor para poder acceder a un empleo. Por otro lado, la familia es la institución básica de socialización de un periodo trascendental como la primera infancia. Asimismo, complementa la educación escolar y proporciona valores y modelos de conducta.Todo este sistema produce, al mismo tiempo, un efecto de sobrecarga de actuaciones y responsabilidades sobre la mujer, dado que suele ser ella la que se encarga, de forma abrumadora, de atender estas necesidades. Eso es algo que también debe ser tenido en cuenta al programar políticas de familia, pues, aun reconociendo a la mujer su labor, no deben acentuar su rol de cuidadora.A pesar de tener una importancia tan grande, en España la familia no ha tenido todo el apoyo que se merece por parte de los...

Mujeres, igualdad y ley

Las listas electorales de las próximas elecciones autonómicas y municipales van a ser paritarias, esto es, van a llevar al menos un 40% de mujeres. Las empresas también estarán obligadas a tener en un futuro muy inmediato un 40% de mujeres en sus consejos de administración. Ambas son medidas contempladas en el Proyecto de Ley de Igualdad, que a finales de marzo será definitivamente aprobado por el Pleno del Congreso de los Diputados. La Ley de Igualdad fue un proyecto anunciado en su día con el argumento de hacer efectiva la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, y eliminar la discriminación contra la mujer. El hecho de que la paridad electoral se haya convertido en la medida más relevante de la futura ley es, en sí mismo, significativo de las pocas soluciones que el texto va a ofrecer a los principales problemas de las mujeres. Nadie se atreve a negar hoy en día que, si bien los hombres y las mujeres somos iguales ante la ley (como reconoce expresamente la Constitución), ni en España ni en otros países desarrollados lo son en los ámbitos de la vida cotidiana. Las cifras son elocuentes. Comenzando por el ámbito político, la democracia paritaria sólo se cumple en estos momentos en el Consejo de Ministros, en cuatro parlamentos regionales y en siete gobiernos autónomos. No sucede lo mismo en el segundo escalón del poder. La cifra de secretarias de Estado, por poner sólo un ejemplo, no llega al 20%, y la de embajadoras está en el 7% (un mal ejemplo para quien pretende legislar ahora sobre la vida privada de los demás). En el caso de los gobiernos autonómicos, el de José Montilla, con sólo cuatro mujeres, merece especial atención. El líder del PSC ha incumplido desde el primer día su compromiso electoral de formar un gobierno paritario. En su caso, debería ser un compromiso especialmente vinculante, pues Montilla era hasta hace muy poco ministro de Industria del gobierno que va a obligar por ley a los partidos políticos a incluir en las listas electorales y en los órganos de gobierno el mismo número de hombres que de mujeres. Sigamos. La representación femenina en el Congreso de los Diputados es del 36%, la más alta de toda la historia (la media de la UE se sitúa en un 23% de parlamentarias). No sucede lo mismo en el Senado, donde sólo uno de cada cuatro senadores es mujer. En la empresa, la justicia, la universidad... sucede algo similar: según datos de 2004, hay 4.451 jueces y magistrados en activo. De ellos, el 44,8% son mujeres, la mayoría en el escalón inicial, el de los jueces, donde son más que los hombres. Pero sólo hay un 10% de mujeres entre los vocales del Consejo General del Poder Judicial y un 23% en el Tribunal Constitucional, presidido por primera vez por una mujer. No hay una sola presidenta entre las empresas del IBEX, y sólo un 2,5% de vicepresidentas y un 2,3% de consejeras en estas grandes empresas. No hay que irse hasta...

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