Ángel Aponte Marín

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De la vida en el campo de españoles e ingleses

En 1783, Antonio Ponz viajó por el sur de Inglaterra. A pesar su parquedad en los elogios, no dudó en alabar muchos aspectos de la vida inglesa. El objetivo de sus viajes por el extranjero era divulgar entre los españoles noticias y reflexiones que pudiesen “ser útiles, y servir de estímulo para imitar, según ellas, lo que hay de bueno en otros países, contribuyendo cada cual según sus fuerzas y estado a la felicidad del nuestro”. Una muestra de su favorable impresión es la siguiente reflexión: “Los ingleses con su industria, comercio, y superioridad en los mares han sido los dueños de los tesoros de todas las Naciones. Han sabido fixar sus riquezas en grandes edificios, excelentes caminos, perfecto cultivo de las tierras, casas de campo por todas las provincias, que es lo que yo llamo hacer estables las riquezas”. Hombre de formación clásica, Ponz admiraba el palladianismo y conocía lo escrito en ciertos tratados ingleses de arquitectura y de jardinería, en particular el Vitruvius Britannicus de Colin Campbell. Se lamentaba de que la construcción de parques y residencias rurales de buen tono no fuese una práctica frecuente en España como, en cambio, sí lo era en Inglaterra. En su opinión, de haber arraigado tal hábito: “hoy sería la parte mas magnífica, la más abundante, freqüentada, y acaso la más rica; pero habiendo dado otro destino á los caudales, fue en decadencia, sin quedar señal de que les hubo, antes muchas y muy claras de pobreza”. Muchas eran las diferencias entre ambas naciones. Las llanuras castellanas, las sierras imponentes, las veredas jalonadas por despeñaderos, páramos y eriales, tenían en común un rasgo: la soledad. No era el campo español un medio tan habitado como el de otros países de Europa. En los pasos de La Mancha a Andalucía, en las grandes serranías de la España interior, en los puertos que franqueaban las rutas hacia el Cantábrico, se podían recorrer jornadas enteras sin encontrar una mala venta en la que guarecerse de temporales y peligros. Quedaban por delante leguas de camino sin un alma, despojadas de haciendas, sin caseríos ni cortijadas, extensos baldíos y pastizales carentes de población.  Para explicar la soledad del campo español y, en particular la tendencia de las elites a abandonarlo, a diferencia de lo ocurrido en Inglaterra, podemos exponer varias razones. Un factor fundamental derivaba del pasado. Las mentalidades y las formas de vida no se conforman sin un largo proceso madurado por los siglos. España se hizo, palmo a palmo, a lo largo de un duro proceso de reconquista y repoblación. Los que avanzaban de norte a sur, desde los reinos cristianos hasta el Valle del Guadalquivir y Granada, se fortificaron en grandes concejos, jurídicamente blindados con fueros y privilegios reales, rodeados de extensos términos despoblados. La constitución de los regimientos municipales, desde 1348, contribuyó a crear una pequeña nobleza que ejerció y, pasado el tiempo,  monopolizó por vía hereditaria regidurías, veinticuatrías y otros oficios públicos. Muchos componentes de esta nobleza modesta procedían de linajes viejos, otros de...

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