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En el mes de junio de este año 2009 acaba de inaugurarse el Museo Hergé en Lovaina la Nueva, localidad universitaria situada a treinta kilómetros de Bruselas, dedicado a la obra creadora de Hergé, que con la creación de su personaje Tintín fue uno de los autores más importantes del cómic del siglo XX con su particular influencia en arte de nuestro tiempo. Con este motivo, desarrollaremos en este artículo un breve análisis de los artistas en los que, de alguna manera, influyó Hergé más intensamente y que incluso llegaron a tomar la efigie de su personaje Tintín como motivo principal de algunas de sus obras.

Hergé fue desarrollando la línea clara que caracteriza las historietas de su principal personaje, Tintín, y define su estilo gráfico. Se impone de inmediato una evidencia: las aventuras de Tintín son el fruto de un durísimo trabajo de búsqueda de la sencillez, prolongado durante más de medio siglo, realizado, no sin mucho esfuerzo, por momentos, por un maestro absoluto en disciplinas muy diversas: el dibujo a lápiz, la acuarela, el manejo de la tipografía, la publicidad, el cartelismo, la sátira social, el humor gráfico, el periodismo, el reportaje gráfico, puestos al servicio de unas «historias» cuya simplicidad aparente es el fruto maduro de un gran artista, dispuesto a sacrificarse por un público no siempre infantil ni adolescente, ni mucho menos.

Tintín es el respeto escrupuloso de los límites de esa claridad: la pureza de la línea. Las aventuras de Tintín se asientan sobre unas bases documentales perfectamente identificables. Personajes naturalistas, objetos, edificios, medios de transporte, interiores y paisajes e incluso referencias políticas e históricas más o menos solapadas componen un verdadero mosaico del siglo XX. Hergé ha conseguido convertir al periodista más famoso del cómic, con su lisa piel sonrosada y su contorno de tinta china, por derecho propio, en uno de los iconos del siglo XX. Como dice nuestro gran pintor Pelayo Ortega la efigie de Tintín «supone el óvalo más perfecto de la historia del dibujo». Pero es en el arte contemporáneo español donde tal vez se hayan realizado más o menos afortunados homenajes a Tintín en pintores de la onda figurativa como Pelayo Ortega, Ángel Mateo Charris, Xesús Vázquez, Santi Tena, Dis Berlín, Fernando Bellver o Sigfrido Martín Begué. Y han interpretado también su efigie, en otro sentido, artistas como Ximo Amigó y diseñadores como Pere Torrent (Peret), Antonio de Felipe, Manuel Sáez, Mariscal o Eric Milet.

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PELAYO ORTEGA

Seguramente sea en la obra de Pelayo Ortega en la que la efigie de Tintín, creada por Hergé, está más presente y mayor influencia ha tenido. La pintura de Pelayo Ortega, a través de una especial figuración minimalista y esencializada, de masas de colores brillantes o de tonos pastel de empastada materia y un fino equilibrio de masas pictóricas, se transforma en lienzos en los que nada es accesorio, todo se desenvuelve dentro de la esencialidad del motivo y de los originales iconos que utiliza. Son lienzos donde muchas veces el personaje se reduce a unas breves, pero expresivas líneas (paseante fumando, paseante con paraguas, hombre en bicicleta), otras veces toma la mayor superficie del cuadro (serie Tintín).

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ÁNGEL MATEO CHARRIS

La obra de Ángel Mateo Charris se engloba dentro de una línea figurativa que se ha dado en llamar «neometafísica» y a la que pertenecen otros artistas de su generación como Gonzalo Sicre. Al mismo tiempo su arte revela una deuda con el arte pop y con los lenguajes visuales del cómic y del cine americano. Charris pertenece al club de fans de los cómics de Tintín. Nos parece absolutamente necesario mencionar a la hora de hacer un recorrido por su neometafísico mundo de pintura literaria y cinematográfica el universo de Tintín. La línea clara (1999) es un concepto nacido en el contexto del cómic belga, y genialmente desarrollado por Hergé, y que ha influido decisivamente en el espíritu del universo pictórico de Mateo Charris. Nacido en el cálido y seco clima mediterráneo de Cartagena, en el sur de España, Ángel Mateo Charris siempre había soñado con viajar a tierras más frías. De pequeño le encantaban los tebeos, y entre los que más apreciaba estaban Las aventuras de Tintín, siendo Tintín en el Tíbet, con sus paisajes invernales, uno de sus favoritos. Charris pudo hacer realidad aquel sueño por primera vez en un viaje a Nueva York durante el invierno de 1988 y también en el invierno de 1992.

A su regreso a España, volvió a fantasear con aquel frío exótico que apenas había podido experimentar. Imaginando un mundo nevado, comenzó a pintar una serie de pinturas de nieve, inspirándose en algunas ilustraciones de Tintín y en fotografías recogidas de diversas fuentes. Le intrigaba la capacidad de la luz solar de causar variaciones en el blanco de la nieve. Charris ha extraído enseñanzas perdurables de la lectura de los álbumes de Hergé, alguien que, por otra parte, logró reunir una colección de pintura y que llevaba muchos años aprendiendo tanto del realismo mágico como de su paisano Magritte, sin olvidar a los propios metafísicos. Más allá de los homenajes explícitos a Tintín, que en su obra los hay y muy sustanciosos, recordemos por ejemplo, entre ellos, Tintinstone, Lógica borrosa (1995), y sobre todo el definitivo Chang chez Hopper (1996), creo que Hergé es uno de los maestros que le han enseñado a Charris a ser él mismo.

XESÚS VÁZQUEZ

Xesús Vázquez expresa en sus grandes lienzos la introducción de elementos figurativos que hacen convivir en un mismo lienzo la abstracción con el naturalismo. Su producción se desarrolla en series y se puebla de personajes dispersos en espacios interiores, ambientes o paisajes realizados en una técnica cercana al pop. Entre 1989 y 1991 realiza las series de las batallas, reunidas bajo el título La memoria de una noche estrellada. En su obra Chat el Arab (1990) sitúa la silueta ribeteada de blanco de Tintín con paleta y pincel en un imaginario espacio interior, de un rojo intenso, como de café o salón, con la inscripción en azul de las letras «CHATT ELARAB».

SANTI TENA

En la pintura de Santi Tena aparecen mezclados, a través de una ejecución plástica figurativa, elementos extraídos tanto del cómic como de la cultura de masas. Mediante una resolución plástica suelta y desenvuelta, de iluminación de cinematógrafo y artificiosa, en la que es frecuente la utilización del plano cinematográfico, Santi Tena aborda con humor la historia del arte, en especial la tradición goyesca, aludiendo a la pintura popular lo mismo que a la culta, en abigarradas composiciones de personajes y figuras populares donde la anécdota del título es lo representado. Es una pintura muy cinematográfica y literaria poblada de personajes extraídos del mundo literario, histórico, o de la pintura, así como del cómic (entre ellos, Tintín), actores y actrices del cinematógrafo, y personajes de la música pop y de la cultura de masas. Así, en Pesadilla (1996) sitúa a Tintín con su fiel perro Milú en un corro de personajes entre los que distinguimos sentado al célebre cardenal Inocencio X. Y en el lienzo Nova cuisine, del 2005, aparece el personaje de Tintín junto a las personalidades de la nueva cocina cultural: Marlon Brando o Picasso. Mariscal hace una graciosa versión fusionada del rostro de Tintín con el de Milú.

ANTONIO DE FELIPE

Antonio de Felipe (1965), valenciano también y continuador del Equipo Crónica, se ha apropiado de los mitos y la estética de la publicidad y de los cómics. Tan amigo de recrear imagen y palabra en un juego lúdico, muy lleno de significados, Antonio de Felipe incluye en su obra La vaquita de Tintín (1996) dos fetiches de los medios de masas: el de la publicidad del queso en porciones «La vaca que ríe» y el de Tintín. Es decir, una imagen de incitación al consumo y un mito del cómic. El enlace en la obra de Antonio de Felipe viene dado por su intención de recrear un juego de palabras tin, tin, tin…: Tintín y el ¡tin tin!, el tintineo del cencerro. En definitiva se trata de una recreación irónica entre pasado y presente, entre los mitos culturales y las marcas de productos, imágenes de consumo, que nos son familiares por su continua repetición en los medios de comunicación visual.

SIGFRIDO MARTÍN BEGUÉ

Las obras de Sigfrido Martín Begué surgen de unos encuentros teatrales y escenográficos entre un clasicismo de múltiples adherencias con una modernidad que mezcla a los hitos clásico-modernos más sobresalientes, como la pintura metafísica, con los dispositivos actuales de la publicidad, la cosmética y la moda. Destaca en su toma de posición casi circense su permanente humor. Hay otro rasgo, dependiente de ese humor, que marca con sello indeleble su trabajo. Si nos fijamos en los protagonistas que Begué elige como actores en el papel del pintor o el artista -el obeso Michelín, Pinocho, pintor de morandis, la botella de Tío Pepe, Tintín y Milú, y Humpty Dumpty, al que denomina «Pintor del milenio»- y, también, en su preferencia por la creación de máquinas para pintar no cabe sino deducir en él una melancólica incredulidad en las virtudes de la pintura y del pintor tanto durante el siglo que acabó como para el siglo XXI que hace nueve años que ha comenzado.

PERE TORRENT

La obra del ilustrador, diseñador y pintor catalán Pere Torrent (Peret) se incluye en las formas gráficas más elementales y funcionales como son la geometría y la pictografía. Con una depurada calidad técnica, su obra a simple vista se puede relacionar con grandes maestros de las vanguardias artísticas, como Kandinsky, Malevitch, Klee, El Lissitzky, Malevich, o con influencias de Cieslewicz o Brody. Crea con finalidades culturales, se recrea en estilos primitivos africanos y en formas abstractas históricas, con un aspecto novedoso lleno de ironía y humor, basado en el análisis crítico y el conocimiento. Triunfó con la reducción del rostro de Tintín a las formas esenciales del círculo, el triángulo y el cuadrado, en blanco y negro sobre un fondo amarillo con toques de azul y rojo en una especie de constructivismo abstracto que recuerda a De Stijl, que por esas fechas volvía a ponerse de moda entre arquitectos, interioristas y diseñadores.

La Fundación Miró le encargó la creación de Hergé para el montaje de la exposición «Tintín en Barcelona», donde Peret dejó ver su talento y sus múltiples e internacionales conexiones con los profesionales del diseño y la ilustración.


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