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Contexto actual: cultura versus crisis

Shakespeare y el teatro contemporáneo sobreviven a la crisis. Escribir sobre el estado actual del teatro inglés obliga, a los que residimos en países donde la crisis económica está golpeando con más virulencia, a cambiar de mentalidad. Como bien indica Rubén Gutiérrez en su artículo publicado en el número anterior de Nueva Revista, en Madrid tanto la afluencia de público a la escena como la recaudación de las compañías se han contraído lenta pero inexorablemente desde el año 2008. De un tiempo a esta parte no se ha hecho extraño leer en la prensa española noticias sobre el cierre de salas. En Inglaterra, sin embargo, el empeoramiento de la situación económica no está haciendo tambalear las tablas, o al menos, en la misma medida. Es cierto que cuando David Cameron subió al poder redujo los presupuestos destinados al área de cultura en un 20%, pero la escasa dependencia de los teatros ingleses respecto de las subvenciones públicas les permite afrontar con no demasiadas dificultades estos años de incertidumbre económica. Esta es, como señala Toni González, consultor para la gestión de las artes escénicas, una de las diferencias fundamentales entre el modelo de gestión teatral inglés y el español.

Según explica, «los teatros ingleses reciben un 33% de financiación pública, otro 33% proviene de taquilla y el 33% restante de las actividades propias del negocio (cursos, bares y cafés, alquiler de salas…)».

«Sin embargo, en España —continúa— gran parte de los teatros dependen en mucha mayor medida de las subvenciones públicas, en torno a un 75%, por lo que en cuanto el apoyo estatal falla muchas salas se ven abocadas al cierre».

Pero existen otras dos características del modelo inglés que permiten explicar su estabilidad y perdurabilidad.

Por un lado, en Inglaterra el dinero público no es distribuido por un ministerio, sino por una entidad, el Arts Council England (Consejo de las Artes), un organismo independiente formado por profesionales del sector que se mantiene al margen de los vaivenes políticos.

Por otra parte, en Reino Unido existe una voluntad social en el mundo de la cultura que es encomiable. Todos los proyectos, todas las instituciones, todos los centros de arte han de reportar un beneficio social claro.

«En tierras británicas no es raro que un teatro permanezca abierto desde las 9 de la mañana hasta las 22 o 23 horas, ya que durante toda la jornada ofrecen actividades a diversas comunidades, cursos a grupos del barrio o la ciudad donde está ubicado el centro, talleres a personas con riesgo de exclusión social…, es decir, integran a su propio público en actividades de todo tipo», apunta Toni González.

En efecto, basta navegar por las páginas web de los teatros ingleses para descubrir en sus organigramas o en las pestañas de sus portales los correspondientes departamentos de Educación o Participación. Estas áreas siempre cuentan con presupuestos y plantillas considerables. En todo teatro que se precie hay contratados varios profesores dedicados en exclusiva a aproximar la dramaturgia a diversos colectivos. Si bien es cierto que si un centro carece de función social, el Arts Council no le concede las correspondientes ayudas públicas, también es absolutamente incontestable que la integración de este tipo de actividades en los proyectos culturales forma parte de la idiosincrasia propia del pueblo inglés.

Es por ello que este modelo permite a las salas disfrutar en taquilla de un gran nivel de fidelidad y asistencia, sobrellevando con grandes posibilidades de éxito los tiempos de crisis. En este sentido la celebración este mismo verano de los Juegos Olímpicos de Londres no hace más que favorecer la buena marcha de la industria.

Además, tampoco hay que olvidar que Londres es, junto a París, Nueva York y São Paulo, una de las ciudades con mayor prestigio mundial en el ámbito teatral. Y que, pese a todo, lo seguirá siendo.

El teatro clásico inglés: Shakespeare, aún vigente

Al igual que las calles de Londres siguen ofreciendo reminiscencias de la edad de oro del teatro inglés de los siglos XVI y XVII, la escena clásica londinense no duda en mantener vigente al gran maestro William Shakespeare. Un simple paseo por Covent Garden basta para admirar el Theatre Royal Drury y el Royal Opera House Covent Garden, construido este en el siglo XIX después de que el mítico Theatre Royal Covent Garden ardiera pasto de las llamas en 1856. Hasta entonces ambos teatros, ubicados a escasos doscientos metros uno de otro, protagonizaron el llamado «Duopolio de Covent Garden», ya que en aquella época fueron los únicos que disfrutaban de licencia real para llevar a cabo representaciones a lo largo de todo el año.

Pero dejemos las calles y pasemos a las tablas. William Shakespeare se mantiene vivo en la escena inglesa casi como entonces. Diversas instituciones desarrollan, cada cual con un matiz diferente, producciones que, en mayor

o menor medida, giran en torno a su figura. Quizá la más conocida a escala mundial sea la Royal Shakespeare Company, cuyas raíces se remontan a la apertura en 1879 del primer Shakespeare Memorial Theatre en Stratford-upon-Avon, ciudad natal del autor. La principal misión de esta entidad teatral sigue siendo la aproximación de su obra al público contemporáneo. No hay más que repasar el repertorio. Aunque pone en escena obras de otros autores clásicos (desde Marlowe o Greene a textos de Molière o Calderón de la Barca), su programación siempre rinde un cálido, directo y constante homenaje al gran Shakespeare. Este mismo verano representa Romeo y Julieta, Ricardo III y Julio César, entre otras obras del maestro inglés.

Esta compañía, que produce anualmente una veintena de representaciones, tiene una plantilla de nada menos que 700 personas. Entre ellas se encuentran profesores dedicados a despertar en los más jóvenes la pasión por William Shakespeare. Además, hace menos de dos años Company invirtió 112,8 millones de libras esterlinas en rehabilitar sus teatros. Como muestra de su éxito hay que señalar que una vez acabadas las obras, en su primera semana tras la reapertura, 18.000 personas acudieron a sus salas.

Otra institución que lleva el nombre del prestigioso autor inglés es la Shakespeare’s Globe, construida sobre los restos del famoso edificio teatral en el que Shakespeare pusiera en escena sus dramas. La peculiaridad de esta entidad es que se atreve a escenificar fielmente el modo en que se representaban los textos shakesperianos en su época. Como espacio al aire libre que es, la escena suele prescindir de iluminación artificial y la mayor parte del público asiste al espectáculo de pie. En ocasiones, cuando el teatro presenta montajes de The Original Shakespeare Company, que trabaja siguiendo los fundamentos propios del teatro isabelino, los actores solo conocen sus intervenciones y los pies que les dan paso y, además, se presentan sobre las tablas sin haber realizado ensayo alguno en grupo. Tan valiente es esta institución que en ocasiones se ha atrevido, siguiendo también la estela del teatro isabelino, con el travestismo teatral. Ha llevado a escena obras clásicas unas veces representadas única y exclusivamente por hombres y otras solo por mujeres.

Fundada por el actor y director estadounidense Sam Wanamaker, esta temporada la Shakespeare’s Globe está representando textos como Noche de Reyes, Enrique V o La fierecilla domada. También ofrece ciclos de conferencias y visitas guiadas al teatro para acercar al público actual los textos de Shakespeare.

Otras compañías más modestas que contribuyen a la vigencia del teatro clásico en Gran Bretaña son la English Shakespeare Company, que, fundada en 1986 por Michael Bogdanov y Michael Pennington, supera las fronteras británicas y realiza giras internacionales; la Shakespeare at the Tobacco Factory, que desde 1999 desarrolla sus actividades en una antigua fábrica de tabaco de Bristol reconvertida en teatro; y la Glasgow Repertory Company, que organiza cada verano un festival shakesperiano al aire libre en el Jardín Botánico de esta ciudad.

Por último, destaca la Creation Theatre Company, fundada por David Parrish. Esta última compañía, al igual que la Shakespeare’s Globe, escapa de los cánones tradicionales de la escena clásica al montar sus obras de teatro en lugares no concebidos originalmente para la representación escénica. La institución ha llegado a representar Hamlet en una planta de la empresa automovilística BMW, Otelo en el interior de una iglesia de Oxford y Macbeth en las ruinas de la abadía de Agustine de Canterbury. Este verano escenifica El mercader de Venecia sobre los tejados de un colegio, también en Oxford.

La escena contemporánea: el west end y los teatros no comerciales

En Reino Unido existen dos claras tendencias en lo que a teatro contemporáneo se refiere. La de las grandes producciones comerciales con ánimo de lucro, las del llamado West End, y la de los teatros cuya principal misión es trabajar bien los textos, apoyar nuevos autores y experimentar en la escena sin dejar de representar a los clásicos.

El West End es considerado, junto con Broadway en Nueva York, una de las zonas más representativas del teatro comercial en el mundo. Es el barrio londinense donde, por ejemplo, se ponen es escena los famosos musicales que atraen a miles de turistas, como Billy Elliot, The producers, Mary Poppins, El fantasma de la Ópera, We will rock you, Thriller, Los miserables… Por eso sus ingresos de taquilla están asegurados. Se trata de salas que viven del turismo y que cuentan entre sus estrellas a conocidos actores y actrices de cine estadounidenses como Gwyneth Paltrow, Danny de Vito o Nicole Kidman. Algunas de sus salas más conocidas son Dominion Theatre, Victoria Palace Theatre, Her Majesty’s Theatre, Lyric Theatre, Queen’s Theatre…

Una curiosidad: La ratonera , la obra más longeva en la historia del west end

Conocer qué producciones están siendo representadas de forma continuada (5), sin sumar readaptaciones posteriores, da una idea del gusto del público inglés y de cómo apoya piezas que considera indispensables. Ni los años ni la crisis pueden con estas producciones.

La ratonera, escrita por Agatha Christie en 1952 y estrenada el 6 de octubre de ese mismo año, permanece en las tablas desde entonces. Lleva nada menos que 59 años representándose y es, con diferencia, la obra más longeva de la historia del West Wend.

A continuación, con 26 años ininterrumpidos en escena, se sitúa un musical, Los miserables, basado en la novela homóloga de Victor Hugo. Estrenado en el teatro Barbican de Londres el 8 de octubre de 1985, posteriormente la producción se trasladó al teatro Palace y desde 2004 permanece en el Queen. Es el musical favorito de toda Gran Bretaña según los oyentes de BBC Radio 2.

En tercer lugar se coloca El fantasma de la Ópera, estrenada el 9 de octubre de 1986 en el teatro Her Majesty’s Theatre. Lleva un año menos representándose que Los miserables, 25, pero puede presumir de no haber cambiado nunca de escenario.

Royal Court Theatre y Old Vic Theatre: exponentes del teatro contemporáneo no comercial

Otros teatros fomentan en mayor medida sus labores de investigación, experimentación y compromiso con el entorno social. Apoyan a nuevos dramaturgos y tratan de introducir innovaciones a la par que siguen representando, cuando consideran oportuno, reinterpretaciones de obras clásicas. Es su forma de llegar a público de todas las clases.

Líderes en el actual panorama del teatro contemporáneo no comercial y reconocidos en particular por cuidar y trabajar muy bien los textos, son el Royal Court Theatre y el Old Vic.

El Royal Court Theatre, fundado a finales del siglo XIX, saltó a la fama al producir en 1956 la obra de John Osborne, Mirando hacia atrás con ira, considerada posteriormente como el inicio del teatro moderno británico. También han pasado por esta institución los autores de la generación de dramaturgos conocida como los «jóvenes airados», entre ellos Arnold Wesker, John Arden, Christopher Hampton, Athol Fugard y Edward Bond.

Como prueba de su compromiso actual con las nuevas tendencias, esta temporada el Royal Court Theatre tiene en escena dos obras que dan una buena idea de qué derroteros están tomando las temáticas contemporáneas: Birthday, de Joe Penhall, cuya acción se sitúa en un futuro cercano en el que, por cortesía de úteros artificiales, los hombres pueden ser madres y experimentar las inolvidables y duras experiencias del embarazo y el parto; y Ten billion, de Katie Michell, obra de temática científica ambientada al final de este siglo que cuenta con la estrecha colaboración de un ilustre científico británico, Stephen Emmott, experto en computación y predicción de clima.

Por su parte, el Old Vic Theatre, una sala de gran tradición en Londres que lleva doscientos años poniendo en escena exitosas producciones, está también decidida a continuar atrayendo a los más creativos talentos del momento a través de su programa Old Vic New Voices. Ello no le impide mantener en cartel Democracy, de Michael Frayn, una obra de 2003 ambientada en Alemania Occidental que muestra la relación entre Willy Brandt y su asistente personal Günter Guillaume, que resultó ser espía para Alemania Oriental.

Off-west end

El teatro contemporáneo inglés también se nutre de salas pequeñas e independientes no tan ligadas a los textos. Son centros que mezclan diversas disciplinas, utilizan varios lenguajes y alzan la creatividad como su primordial bandera. Se trata de teatros en ocasiones escondidos debajo de un puente de ferrocarril, improvisados en un almacén

o instalados sobre los tejados de un colegio. Llevan al límite las representaciones, sin prejuicios, para reinventar constantemente la escena. En Londres son coloquialmente conocidos como los teatros del off-West End. Destacan por la alta calidad de sus obras el Donmar Warehouse y el Almeida Theatre. Y en cuanto a salas con actuaciones en escenarios no convencionales, no hay que olvidar el King’s Head Theatre & Pub, el más antiguo pub-teatro de la ciudad. Lleva treinta y cinco años con las puertas abiertas. Por su escenario han pasado Joanna Lumley, Alan Rickman, Tom Stoppard, Hugh Grant, Rupert Graves, Prunella Scales o Sam West, entre otras grandes figuras.

El Royal National Theatre: ejemplo de resistencia y calidad

El National Theatre de la capital británica, institución de prestigio que representa tanto obras modernas como clásicas, es un buen ejemplo de cómo sobrevivir a los apuros económicos. Este teatro continúa poniendo en escena obras ambiciosas pese a los recortes que ha sufrido en las partidas que recibe del Estado inglés. Sus dirigentes se muestran confiados y piensan que sobrevivirán sin demasiados problemas a la crisis económica gracias a las inversiones realizadas en los años precedentes y los fondos privados que reciben. De momento, aseguran, seguirán representando obras de categoría, apoyando nuevos textos y manteniendo sus proyectos educativos, con el fin de no perder público.

Milagros Mabres, analista teatral en Londres, confirma la buena marcha de esta entidad al afirmar que la calidad y la variedad de las obras producidas en la temporada 2011/2012 «continúa siendo excelente».

En efecto, en la temporada de invierno del National Theatre, encontramos dos obras, Travelling Light, de Nicho-las Wright, y She Stoops to Conquer, de Oliver Goldsmith, que han llamado la atención por sus ambiciosas puestas en escena.

A juicio de Mabres, «sus escenografías y ambientaciones llaman la atención hasta tal punto que no podemos dejar de evitar pensar cómo es que el Teatro Nacional consigue mantener este tipo de producciones en épocas de crisis y recortes de presupuesto». «El resultado es —continúa Mabres— que este teatro no solo sigue aumentando la cantidad de espectadores que asisten a sus funciones, sino que su objetivo es duplicar sus cifras para 2014».

El National Theatre seguirá ofreciendo los próximos meses una programación variada. Apuesta por Shakespeare y Sófocles entre los clásicos, pero también por la innovadora compañía inglesa de teatro físico y danza DV8.

Conclusiones

No cabe duda de que la escena inglesa en general y la londinense en particular gozan de una excelente salud. Y ello, pese a la crisis económica. Es cierto que muchos teatros históricos necesitan reformas para renovar sus instalaciones después de decenios y decenios de actividad ininterrumpida y que la industria teme que los fondos públicos vayan disminuyendo después de los Juegos Olímpicos y sobre todo con el próximo cambio de Gobierno dentro de dos años. Sin embargo, también es innegable que el modelo de gestión teatral, apoyado en donaciones privadas, ambiciosas políticas de fidelización del público y los considerables ingresos que provienen de los recursos propios de cada teatro, garantizarán el futuro a una gran parte de estas instituciones. Mientras tanto la oferta de obras es impresionante. Figuras contemporáneas como Tracy Emin complementan la rica herencia de Shakespeare. Como hemos visto, el teatro clásico continúa representándose con absoluta vigencia al mismo tiempo que el contemporáneo y el alternativo no cesan de experimentar e innovar con nuevos textos y autores. Es este sin duda un panorama sumamente atractivo para todo amante del teatro que se precie.


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