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La notable pensadora norteamericana escribe, más que un libro, un informe sobre el riesgo serio que para la enseñanza superior supone el progresivo abandono de las humanidades en beneficio de un enfoque educativo cada vez más centrado en el rendimiento económico para la sociedad de los titulados. La mera rentabilidad económica como fin de la enseñanza universitaria que se va imponiendo lleva a la autora a denunciar el riesgo que esto supone para la democracia, que necesita de ciudadanos educados para la convivencia democrática y el debate a partir de una conciencia crítica y formada en materia de ciudadanía.

Martha C. Nussbaum
«Sin fines de lucro»
Katz 2010
199 páginas

 

Nussbaum llega a calificar su libro como “manifiesto” (pág 161); y en efecto es más un informe para las autoridades educativas o llamada de atención que una obra de carácter general sobre la materia. Por eso también me parece que su interés para un público amplio es escaso más allá de la puesta de manifiesto de la idea de fondo que me parece acertada y oportuna.

UN LIBRO APOYADO EN LA EXPERIENCIA UNIVERSITARIA

El libro se apoya especialmente en las experiencias de la universidad americana y de la India y presta especial atención a las ideas sobre educación de Dewey, Tagore y Rousseau a los que considera formuladores de propuestas idóneas para una deseable enseñanza socrática (algo que me parece arto discutible respecto a Rousseau).Quizá para expertos en pedagogía o educadores pueda aportar alguna sugerencia útil. Para los demás, es una oportuna llamada de atención sobre una deriva preocupante de la universidad. Su mensaje, resumido en las páginas finales (187 a 189) es que “distraídos por la búsqueda de la riqueza, nos inclinamos cada vez más por esperar de nuestras escuelas que formen personas aptas para generar renta en lugar de ciudadanos reflexivos (…) tendremos naciones enteras compuestas por personas con formación técnica, pero sin la menor capacidad para criticar a la autoridad, es decir, naciones enteras de generadores de renta con la imaginación atrofiada. En palabras de Tagore, un suicidio del alma”.


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