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El proceso de inmigración extranjera en España se inicia «oficialmente» en 1985 con la promulgación de la Ley de Extranjería y la convocatoria de regularizaciones extraordinarias para aminorar la situación de irregularidad legal que afectaba a altos contingentes de trabajadores extranjeros, sobre todo africanos. Desde entonces, la inmigración ha recorrido fases de alcance y significados diferentes.

Desde la inmigración de trabajadores jóvenes…

a) 1985-1998: El bajo censo inicial de extranjeros en España —242.000 en situación regular— evoluciona con incrementos anuales medios de 7,7% y volúmenes absolutos entre 30.000 y 40.000 nuevos inmigrados anuales. En 1998 se encontraban empadronados 637.000 extranjeros —1,6% de la población de España—, de los que 148.000 eran africanos y 118.000 latinoamericanos. Durante este primer periodo las tasas de paro laboral en España con frecuencia sobrepasan el 20% de la población activa.

b) 1999-2008: Los incrementos anuales de los extranjeros se disparan, con tasas que sobrepasan el 20% y cifras absolutas que la mayoría de los años oscilarán entre 400.000 y 700.000; los totales de extranjeros empadronados evolucionan de 0,75 a 5,65 millones —12,2% de la población de España—. En 2008 los africanos son 910.000 y los latinoamericanos 1.758.000, que sumados a los europeos del Este y asiáticos alcanzan 4,4 millones de inmigrantes que llegan por motivos económico-laborales. Esta «década de oro» de la inmigración se sustentó en el descenso del paro laboral en España —solo hasta el 8,3% de los activos en 2006 y 8,6% en 2007— y en las posibilidades que brindaba el trabajo en la construcción, hostelería, agricultura, empleo en el hogar y en el pequeño comercio y ambulante.

c) 2009-…: La actual crisis económica-laboral casi ha paralizado el incremento del stock —que no flujos— de extranjeros empadronados, pues en 2009 el total solo se incrementó un 1,8% y 0,07% durante 2010; los latinoamericanos son el único colectivo continental que en 2009 y 2010 ha disminuido su censo en España, mientras los procedentes desde el resto de continentes han continuado con incrementos moderados, que han compensado positivamente el saldo migratorio total.

… a la reagrupación familiar

Los inmigrados africanos y latinoamericanos residentes en España se acumulan en los adultos jóvenes, es decir entre 20 y 40 años de edad, periodo central para la formación de familias. En este grupo etario el padrón de habitantes de 2009 (fig. 1) contabiliza 563.000 africanos —56% de su total empadronado— y 991.000 latinoamericanos —55%—; en el mismo grupo de edades los españoles suman el 28,6% de su total. Esta acusada juventud de africanos y latinoamericanos podrá incrementar, pues, la reagrupación familiar, siempre que el inmigrado residente posea las condiciones exigidas por las leyes españolas para que pueda ejercer este derecho.

tabla1.jpgLa reagrupación familiar también cuenta con otros factores que la pueden favorecer, como son, entre otros, el carácter muy reciente de esta inmigración laboral. Los bajos niveles de desarrollo económico, social y político en los países de origen de los inmigrados, sobre todo de los africanos. La acusada masculinidad del grupo africano (son varones el 69% de los que tienen 20 a 40 años de edad) y sus características socioculturales y religiosas. La importancia decisiva de las redes familiares de inmigración ya establecidas, tal y como señalan los reagrupantes encuestados. La elevada proporción de inmigrados con proyecto de permanencia definitiva en España, tanto para sí mismos como para sus hijos, sobre todo entre los africanos: desean permanecer en España «para siempre» o «hasta que se jubilen» el 44% de los africanos encuestados en 200910 y el 36% de los latinoamericanos; para sus hijos, desean permanencia en España a largo plazo el 46% de los reagrupantes africanos y el 40% de los latinoamericanos.

Tamaño de la familia del reagrupante

Los familiares que conviven en España con el inmigrado que ha realizado reagrupación familiar, pueden incluir al cónyuge, hijos, progenitores y otros familiares. Una parte de estos familiares llegaron a España de acuerdo con las leyes de reagrupación familiar (cónyuge, hijos menores de 18 años —no casados—, incluidos los adoptados, y progenitores mayores de 65 años, si están a su cargo), mientras que otros, según las declaraciones de los reagrupantes encuestados (en 2009-2010), son ajenos a este procedimiento, sobre todo porque han nacido en España, accedieron al país de forma independiente o, simplemente, llegaron al margen de las leyes de inmigración/reagrupación, pero que han terminado como parte de hogares familiares a resultas de nuevos matrimonios, etc.

Los reagrupantes africanos encuestados en las ocho provincias litorales entre Girona y Almería viven en familias que alcanzan una media de 4,21 miembros, incluido el reagrupante. Entre los latinoamericanos la familia media tiene 3,73 miembros. La familia más poblada de los africanos es acorde con la mayor fecundidad que alcanzan sus mujeres, tanto en sus países de origen como en España (en 2008, las mujeres africanas residentes en España tenían una fecundidad media de 3,76 hijos por mujer, por solo 1,41 las latinoamericanas, y 1,36 las españolas).

La familia media de los africanos está formada por el reagrupante, 1,96 miembros que llegaron acogidos a las leyes de reagrupación familiar y 1,25 miembros que no utilizaron estas leyes (por ejemplo hijos nacidos en España…). Entre los latinoamericanos, el menor número de miembros de sus familias se debe, exclusivamente, al descenso del número de miembros que utilizaron las leyes de reagrupación familiar, con 1,50 por reagrupante.

El tamaño de estas familias según el número de sus miembros es de interés por sus posibles efectos sobre la calidad de vida de los interesados, o por las repercusiones en el mercado de la vivienda, entre otros. Las familias con 2, 3 y 4 miembros están más representadas entre los latinoamericanos, mientras que las que cuentan con 5 y más miembros son más frecuentes entre los africanos. Las familias con 4 miembros son las más frecuentes entre los latinoamericanos (34%), y los de 5 miembros entre los africanos (26%). Las familias que cuentan con 6 y más miembros son relativamente escasas: suman un 15% del total entre los africanos y solo 8% entre los latinoamericanos. No obstante, un 12% de los reagrupantes latinoamericanos y un 9% de los africanos admiten que comparten vivienda con personas ajenas a la familia, sobre todo con otros inmigrantes.

Los tamaños familiares descritos pueden ser acordes, en general, con una notable calidad residencial si atendemos al número de dormitorios de las viviendas que declaran habitar los encuestados, pues las que cuentan con tres o más dormitorios incluyen al 75% entre los reagrupantes latinoamericanos y al 71% entre los africanos. Además, la calidad de sus viviendas la juzgan buena o muy buena el 72% y el 63% en cada uno de los dos colectivos indicados. Sin embargo, la calidad residencial que podría deducirse de los datos indicados queda matizada por los ingresos familiares que declaran los inmigrados reagrupantes: 1.500 euros mensuales los superan el 45% de los latinoamericanos y solo el 23% de los africanos, mientras casi la mitad de estos no supera los 1.000 euros mensuales. El pago del alquiler o de la hipoteca de la vivienda es el gasto principal —mayoritariamente entre 300 y 700 euros mensuales—, junto con alimentación y vestido.

Nivel de estudios

El nivel de estudios que los reagrupantes declaran poseer, ellos mismos y los familiares con los que conviven, alcanza diferencias extremas entre africanos y latinoamericanos, especialmente en el extremo inferior de la escala de estudios.

Lo reagrupantes que se autodeclaran «Sin estudios. Sin título» suman el 4% de los latinoamericanos, frente al 22% de los africanos, diferencias que se reafirman con el nivel de estudios primarios, pues este último es el nivel máximo alcanzado por el 18% de los latinoamericanos y un tercio de los africanos. En resumen, el 54% de los inmigrados reagrupantes africanos no ha superado el nivel de estudios primarios, situación que se reduce al 22% entre los latinoamericanos.

Entre los familiares africanos que conviven con el reagrupante, la deficiente instrucción de los cónyuges se acentúa en las mujeres, sobre todo entre las que se declaran «Sin estudios. Sin título», pues este nivel afecta al 31% de las mujeres, frente al 17% de los varones.

El nivel de estudios que podemos calificar como «satisfactorio», es decir estudios secundarios y universitarios, ofrece situación inversa: lo poseen el 46% de los reagrupantes africanos y el 77% de los latinoamericanos. Las carencias de los cónyuges africanos se acentúan en formación profesional y estudios universitarios, pues la poseen el 11% de los cónyuges, frente al 19% de los reagrupantes, diferencias que en parte se explican por la masculinización de los reagrupantes y la consiguiente feminización de sus cónyuges. Entre los cónyuges latinoamericanos sus niveles de estudios son muy satisfactorios, igual que sucede entre los reagrupantes.

En conclusión, las diferencias en estudios satisfactorios entre africanos y latinoamericanos se reducen respecto a los que solo han alcanzado niveles de estudios elementales, lo que se traduce en mayor descapitalización humana por emigración en los países africanos de origen.

Desde las escalas regionales, son destacables las diferencias observadas entre Cataluña litoral y Murcia-Almería. En estas dos provincias meridionales, los encuestados que se autodeclaran «Sin estudios. Sin título» alcanzan proporciones «hirientes», pues doblan las medias del conjunto de cada colectivo. Así, este nivel de estudios lo padece el 44% de los africanos, lo que es grave por sus efectos familiares, ya que esta proporción está referida a los reagrupantes, casi todos entre 25 y 54 años de edad. Las diferencias de instrucción entre los reagrupantes latinoamericanos que residen en Murcia-Almería, en su mayoría ecuatorianos y bolivianos, se deben a los varones, con un 13% de «Sin estudios. Sin título», por solo 3% en las mujeres. La Comunidad Valenciana y, sobre todo, Cataluña concentran el capital humano inmigrado mejor preparado por su nivel de estudios: los que residen en Cataluña que han alcanzado estudios secundarios y universitarios suman el 84% de los reagrupantes latinoamericanos y el 53% de los africanos.

Estructura por edad y sexo

Los reagrupantes encuestados (2009-2010) declaran edades mayoritariamente comprendidas entre 30 y 49 años —75% del total—, tanto para los africanos como para los latinoamericanos. Esta relativa juventud es acorde con sus flujos inmigratorios muy recientes, en mayoría concentrados durante la primera década del siglo XXI.

tabla2.jpgLa proporción entre sexos de los reagrupantes, siempre masculinizada, alcanza diferencias extremas entre los africanos, pues son mujeres solo 15 por cada 100 varones (fig. 2), mientras entre los reagrupantes latinoamericanos las mujeres suben hasta 80 por cada 100 varones. La desequilibrada proporción de los reagrupantes africanos responde a su inmigración masculinizada (casi dos tercios son varones), sin duda favorecida por aspectos de su cultura que pueden aminorar la iniciativa femenina en la emigración internacional.

Los cónyuges de los reagrupantes son mayoritariamente mujeres en los dos grupos continentales: 90% de todos los cónyuges entre los africanos y 63% entre los latinoamericanos. La juventud de las cónyuges africanas es muy acentuada, pues el 56% del total tiene menos de 35 años de edad y solo el 15% sobrepasa los 45 años. Entre las cónyuges latinoamericanas la juventud se aminora, ya que las menores de 35 años suman el 41% y el 23% las que sobrepasan los 45 años de edad. La extrema juventud de las cónyuges africanas —con solo 33,4 años de edad mediana—, junto con su saneada fecundidad (3,76 hijos por mujer residente en España en 2008), explican bien el perfil creciente que determinan los hijos en la «pirámide» de edades de las familias africanas reagrupadas en España (fig. 2). Por el contrario, la muy deficiente fecundidad de las mujeres latinoamericanas residentes en España (1,41 hijos por mujer) es la causa fundamental que determina el perfil regresivo en la base de la pirámide de estas familias residentes en la España mediterránea.

Los hijos de los reagrupantes son el subgrupo más numeroso de los familiares que conviven con el reagrupante, tanto entre los africanos —49% de todos los miembros de la familia, incluidos los reagrupantes— como entre los latinoamericanos —46%—. Estas elevadas proporciones que alcanzan los hijos se explican, entre otras causas, porque la población con 60 años y más es solo testimonial (1,5% para los africanos, 3,4% para los latinoamericanos), dados lo reciente de esta inmigración y su carácter laboral. Una parte muy destacada de los hijos tienen edad laboral.

El perfil expansivo de la pirámide de edades y sexos de las familias africanas —0 a 15 años de edad— ilustra bien sobre la posible permanencia futura en España de este colectivo, pues la abundancia infantil es garantía de un mayor arraigo en España para las familias reagrupadas. Al aumentar el número de hijos en España, el ahorro para volver al país de origen se hace más difícil, y la estabilidad laboral en España deviene más necesaria a resultas de los gastos crecientes con varios hijos en edad escolar. Además, al aumentar el número de hijos nacidos/educados en España se crean intereses a favor de una mayor duración de la permanencia en España, a consecuencia de las amistades, de la no interrupción de la escolaridad y de la inserción laboral de los hijos en la sociedad donde han vivido su infancia. En este sentido, casi la mitad de los reagrupantes encuestados declaran su deseo de que a medio o largo plazo sus hijos permanezcan en España.

Conclusiones

Con el inicio de la actual crisis económica-laboral se han interrumpido los flujos masivos de inmigrantes que llegaron a España entre 1998 y 2008, entre los que se cuentan 1,8 millones de latinoamericanos y 1,1 millones de africanos. Los africanos y latinoamericanos autorizados a inmigrar a España por motivos de reagrupación familiar —en 20062009 son equivalentes a la mitad de las nuevas altas patronales por inmigración desde estos continentes—, aunque han disminuido por efecto de la actual crisis; en el futuro este flujo cuenta con causas que favorecen su reactivación, pues entre los inmigrados residentes son muy altas las cifras de adultos jóvenes, de inmigración reciente y en muchos de los países de origen de los inmigrados —sobre todo africanos— persisten niveles muy deficientes de desarrollo económico y social; además estas carencias en los países de origen pueden erigirse, por el momento, en barrera para el retorno.

Los inmigrados africanos suelen concentrar aspectos estructurales más negativos que los latinoamericanos en nivel de instrucción, dominio del idioma español, menores ingresos familiares y familias más pobladas, integración en la sociedad española mucho más difícil… Sin embargo, los africanos son los inmigrados que declaran intenciones de permanencia indefinida en España más generalizada y decidida, tanto para los mismos encuestados como para sus hijos, lo que conllevará realizar reagrupación familiar, casi siempre como nueva inmigración. Por ello, es el muy deficiente desarrollo económico y social de sus países de origen, junto con el concurso de sus activas redes familiares de inmigración, lo que explica su deseo más generalizado ante una permanencia definitiva en España.

La conclusión obvia lleva a prestar atención, por una parte, a las acciones a desarrollar en España como lugar de inmigración y de reagrupación familiar, y, por otra, a los países de origen de los migrantes. Los problemas que se derivan de la segregación y falta de integración de las familias aquí reagrupados, con efectos negativos a corto y sobre todo a medio plazo, necesitan ser prevenidos. Por otra parte, impulsar la cooperación internacional para el desarrollo —que necesariamente ha de aumentar su eficacia— es condición para alcanzar mayor equilibrio en los flujos migrarios internacionales. Las desigualdades extremas de desarrollo son, cada vez más, incubadora permanente para alimentar la emigración internacional al margen de los necesarios intercambios exigidos por la economía u otros factores de desarrollo.

 

La información estadística utilizada procede fundamentalmente del Instituto Nacional de Estadística (Padrón Municipal de habitantes), Ministerio de Trabajo e Inmigración, Ministerio de Interior, y sobre todo de una encuesta realizada en 2009-2010 a 805 inmigrados reagrupantes africanos y latinoamericanos, que residen con sus familiares en España mediterránea (provincias litorales entre Girona y Almería). Esta encuesta se ha realizado dentro del Proyecto CSO 2008-01796, financiado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología.


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