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Hace ya un año se celebró el Congreso Internacional «La Biblioteca de Occidente en contexto hispánico», organizado por Unir y Cilengua en las sedes de Madrid y Logroño. El acto fue todo un éxito y Nueva Revista tuvo una participación especial en él. La intención era discutir y reflexionar, gracias a las aportaciones de un nutrido y selecto grupo de expertos, sobre la posibilidad de elaborar una lista que recogiera los títulos de las cien obras más importantes de la tradición occidental. El proyecto cuenta desde entonces con un largo calendario, pero la celebración del congreso fue, si se puede decir así, su primera gran presentación pública. El libro que reseñamos recoge las ponencias y las comunicaciones presentadas durante los seis días que duró el congreso. Es una buena noticia su publicación: no solo por el enorme interés que tiene, de por sí, leer despacio las aportaciones de quienes participaron en él, sino porque puede ser interpretado como un sincero homenaje que la propia Biblioteca de Occidente rinde al libro. En los textos publicados se combina, por eso mismo, la altura científica e intelectual con un estilo cuidado. Podría decirse que, en el contexto de amenaza frente a lo escrito, leer este obsequio humanístico debería convertirse en una obligación para toda persona interesada en el futuro de la cultura. En un ambiente que se ha llamado posliterario, recuperar la primacía del texto es una forma de reverencia.

Hay que decir que algunas de las aportaciones que aquí se recogen fueron publicadas ya en Nueva Revista. El libro se abre con la entrevista Miguel Ángel Garrido que, además de editor de estas páginas, fue el principal organizador del encuentro internacional. En ella, el profesor Garrido explica los objetivos de esa empresa cultural en la que se ha embarcado personalmente y no duda en reconocer el carácter discutible de la lista de los cien libros. Además, Garrido se muestra optimista acerca de la posibilidad de editar en el futuro próximo una colección con ese título. Su pretensión es que la biblioteca se convierta en realidad y ocupe un hueco en todos los hogares. Lo preocupante, como manifiesta Garrido en la entrevista, no es el futuro del libro como objeto material, amenazado por el avance imparable de lo tecnológico. El asunto a discutir es si, junto con el objeto, desaparecerá también la literatura como forma humana de comunicación.

El libro, en concreto, se divide en cinco partes. La primera recoge tres de las ponencias centrales del congreso (las de Michel Zink, Sánchez-Ron y Mainer), además de la mencionada entrevista. En la segunda parte, García-Barrientos, Namora, Miguel-Pueyo y Ruiz de la Cierva reflexionan sobre los fundamentos teóricos de una posible biblioteca que recogiera las aportaciones más sustanciales de la cultura occidental. En la tercera sección, se profundiza en la problemática noción de canon, aludiendo, por ejemplo, a los programas de Great Books que se cursan en la enseñanza americana; asimismo, se presta atención a la cuestión de las traducciones y las versiones de las obras incluidas en el elenco.

«Otros cánones» se titula la cuarta parte de este libro de actas. En ella se pretende advertir de la posibilidad de ampliar el canon a otras esferas, como los libros de música notada, o a la posible elaboración de un canon teatral. La última parte, la más extensa, recoge trece aportaciones, defendidas y discutidas en las diversas sesiones del congreso internacional. Son textos que de forma específica critican la selección ofrecida, la defienden o proponen la inclusión de otras obras y autores por determinados motivos.

Como puede comprobarse en estas páginas, el proyecto de la Biblioteca de Occidente es, esencialmente, una iniciativa humanística no solo por el tema sino también por la forma: lo importante, como puso de manifiesto el congreso, es aprender a pensar y pensar juntos, hablar y discutir, lograr acuerdos razonables. La lista de los cien libros más importantes de la historia occidental podría ser polémica, como advertía el organizador del congreso. Pero es que la polémica ha formado siempre parte de la alta cultura. •


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Profesor de Filosofía del Derecho. C.U. Villanueva.