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Fundada en 1926 por Emilio Prados y Manuel Altolaguirre, la malagueña Litoral es una de las revistas literarias más emblemáticas de España. Cada nueva entrega, por su planteamiento, extensión y empaque, hace el papel de libro más que de revista al uso. Lleva lustros dedicando cada número a un tema concreto, sobre el cual realiza interesantes y exhaustivas antologías de poesía, ensayo, arte e ilustraciones de deliciosa lectura y de irrenunciable utilidad (quien lo probó lo sabe) para estudiar a fondo cualquier asunto tratado, desde el vino hasta el autorretrato. El último número lo dedica al humor, y buena falta nos hace, además de ponernos en suerte para las vacaciones.


 

Litoral nº 265: Humor, arte & cultura. Edición de Antonio Lafarque y Lorenzo Saval. Málaga, 235 páginas.


 

El principal logro de este número es zanjar (esperemos) esa crítica aburridamente eternizada acerca de la falta de categoría del humor. Lo hace de forma imperial, que se resume en una cita de Julio César: “Desconfía de quienes nunca ríen. No son personas serias”. Deja nítida la importancia del humor para el arte y la literatura gracias a un acercamiento multidisciplinar, a la calidad de los ejemplos y a la entidad de las firmas que colaboran. Carlos García Gual recuerda que “después de tres días de tragedias, en las fiestas de las Grandes Dionisias, los atenienses dedicaban toda una jornada a representar comedias”. Litoral eleva a regla áurea ese 3/1 que nos conmina a rematar todo, hasta las tragedias de la vida, con un 25% dedicado a la risa.

El volumen, no obstante, propicia sus propias dudas. Su mayor peligro lo advierte desde el principio Felipe Benítez Reyes: “No hay cosa menos recreativa que una teoría del humorismo, dado que el humor tiende a ponerse demasiado serio —como nos pasa a todos— en cuanto se ve tendido en una mesa de disección”. A ratos, tanta teoría termina trastabillándosenos un tanto; pero enseguida nos reponemos gracias a las anécdotas (¡a cientos!), que son de categoría.

Una particularidad del humor es que hay varios, y que a menudo no hay nada como otro humor para no hacernos gracia. No recuerdo haber tenido tantos desacuerdos concretos en ningún número de Litoral. Ya sabían los clásicos que humores hay varios. Por eso, entre otras cosas, el humor es también una escuela de tolerancia y de paciencia. Por eso, también, nos hace tantísima gracia cuando nos hace gracia. A fin de cuentas, más milagroso que reírse de una desgracia, es reírse de una gracia.

Entre muchos momentos gozosos, he recortado éstos, que incluyen piezas de humor gráfico que también he recortado, esta vez, literalmente:

 

Y rían […] ¡Lo más sano, lo más bueno, lo que más se parece a la felicidad! [Pedro Múñoz Seca]

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En el fondo no hay nada más serio que el humor, porque puede decirse de él que está ya de vuelta de la violencia y de la tristeza. [Wenceslao Fernández Flórez]

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Ya tu sonrisa entre mis labios arde [Leopoldo Panero]

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Si tuviésemos que definir la risa en términos de SMS sería: jajajaja. Si tuviésemos que describir la ironía en términos de SMS sería: ja. [María Eloy García]

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Si la risa es partirse, la ironía es estar partido. Ja. [María Eloy García]

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Creo que para amar la hermosura de la nieve es necesario estar bien abrigado. [Julio Camba]

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En un partido de fútbol todo se complica por la presencia del equipo contrario [Jean Paul Sartre]

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[Epitafio] Aquí yace Edgard Neville que por fin se quedó en los huesos.

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The End [Epitafio de Buster Keaton]

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Pero no puedo ser un desgraciado porque sé reír. [Carlos Edmundo de Ory]

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O timo o mito [Palíndromo de Augusto Monterroso que vale por toda una tesis doctoral en antropología]

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Dicen que para presumir hay que sufrir. Quizá también para reír y hacer reír haya que sufrir. [Javier Salvago]

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Si oyes que he sido fusilado en un muro de México, entiende que es una forma digna de morir, supera a la ancianidad, a la enfermedad o a una desgraciada caída por las escaleras. Ser gringo en México, querida, ¡eso es eutanasia! [Artur Cravan, en carta a su prima Nelly, poco antes de desaparecer en México]

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Cuando murió el gran Peralta/ se vio que no hacía falta [Refranero]

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Silencio: el mejor sustitutivo de la inteligencia [Noel Clarasó]

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Enrique García-Máiquez (Murcia, 1969). Estudió Derecho en la Universidad Navarra y lo enseña en un instituto de secundaria de Puerto Real. Ha publicado cuatro libros de poesía, el último es “Con el tiempo” (2010), tres dietarios (el más reciente, “Un largo etcétera”, 2017), dos colecciones de sus columnas periodísticas (la última, “Un paso atrás”, 2012), un libro de aforismos, “Palomas y serpientes” (2016) y un brevísimo cuadernillo de haikus, “Alguien distinto” (2005). Tiene en prensa “El burro flautista”, nueva colección de columnas periodísticas. Ha traducido a Mario Quintana, a G. K. Chesterton, en prosa y en verso, y el “Tomás Moro”, de William Shakespeare, nada menos, y de otros. Codirigió la revista literaria “Nadie parecía” y escribe crítica de poesía en diversas revistas especializadas. Mantiene el blog “Rayos y truenos”.