miércoles - 20 febrero - 2019

Lecturas

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Nueva Revista

Alfonso Armada: “La supervivencia del periodismo está en la crónica”

El fotoperiodista Gervasio Sánchez se lo advirtió: a una guerra no se va enamorado. Alfonso Armada tenía 34 años y miedo, mucho miedo. Con lo del amor no pudo hacer mucho –en verdad no hizo ni caso-, pero con el miedo sí. Completó día a día un diario personal de todo cuanto veía en Sarajevo, entonces sitiada por el Ejército Popular Yugoslavo. Corría el año 1992, Bosnia había celebrado un referéndum y en abril había declarado la independencia. Pero llegó mayo y con él la guerra. El conflicto bosnio –que entre bajas y migraciones forzadas diezmó un 64% de la población- es el telón de fondo del espanto que significó Sarajevo. Fue uno de los asedios más largos de la guerra moderna: cuatro años, de los cuales dos -1992 y 1993, los peores- los pasó Alfonso Armada como enviado especial del diario El País en esa ciudad. Los dietarios que el reportero pergeñó para espantar el horror de aquellos días ven ahora la luz en Sarajevo. Diarios de la guerra de Bosnia (Malpaso), una edición que alterna las crónicas publicadas en la prensa con las notas, a veces líricas en otras desesperadas, del joven Armada. Las acompañan además las imágenes de Gervasio Sánchez. La publicación llega con 20 años de retraso, dos décadas de silencio que añadieron al espanto ya ocurrido el agravio de sus secuelas en el tiempo. Resulta curioso que Alfonso Armada hubiese publicado experiencias posteriores como enviado especial en otros lugares, por ejemplo Cuadernos africanos, antes que volver sobre aquellas primeras notas. Se trata de un libro raro, ha dicho él. Y lo es: a mitad de camino entre la bitácora y la catarsis, entre la crónica y el desahogo, las páginas de este libro confirman que escribir resulta, sin duda, la mejor manera de escapar hacia la realidad, ese lugar del que entran y salen los periodistas. Desde entonces, adónde no ha ido y de dónde no ha vuelto Alfonso Armada. Ha sido enviado especial en la República Democrática del Congo, Ruanda, Liberia, Angola, Mozambique y corresponsal en Nueva York cuando se produjo el ataque a las Torres Gemelas. Trabajó como reportero para El Faro de Vigo y El País, y actualmente ocupa el cargo de director adjunto en el diario ABC. También poeta y dramaturgo, Armada ha publicado, entre otros, los ya citados Cuadernos Africanos (1998-2002), España, de sol a sol (2001), Nueva York, el deseo y la quimera (2007) y El silencio de Dios y otras metáforas. Una correspondencia entre África y Nueva York (2008). Acaso porque la guerra, como el amor, ha sido el lugar en el que hombres y mujeres han decidido dejarse la vida; acaso porque la palabra escrita es lo único que realmente sujeta; acaso, también, porque el reportero que escribió esos diarios ha cambiado, suman razones más que suficientes para conversar con uno de los periodistas españoles que ha asistido a más demoliciones juntas, incluyendo –quizá- la del propio oficio. ¿Cómo y cuánto han cambiado la guerra y el periodismo? ¿Cuál de los...

Albert Camus, la conciencia de Francia

Enemigo de los totalitarismos e intelectual comprometido, Albert Camus fue un cronista excepcional de los principales sucesos históricos del siglo XX. En esta revisión de sus aportaciones se destaca su integridad moral y su defensa insobornable de la conciencia individual.

El hilo de la luz. Los aforismos de Gabriel Insausti

A continuación, les ofrecemos una selección. · ¿En la onda? Mejor en lo hondo. · Nuestros despistes suponen un juicio de valor. · Las agujas del reloj, cuando se cruzan, se dicen: “¿Qué, a dar una vuelta?”. · Intentar que las cosas se atengan a nuestra idea como las dunas a un mapa del desierto. · Mercaderes de ideas: su ideal de debate es la Bolsa. · Nuestro canto no resuena en ninguna cúpula, ha de erigir la cúpula. · Cuando sacan el insecticida, ¿qué se le pone a la mosca detrás de la oreja? · El exceso puede ser de moderación.  El fin no justifica el tedio · La obsesión por cuantificar esconde, en 87 de cada 100 casos, una forma de inseguridad. · El nihilista ya no milita, constata. · No se pierde la fe, se cambia de dioses. · Fue a tomar un café con los amigos y acabó en una terapia de grupo. · Los principios, como el maquillaje, se notan más cuando no están. · El naufragio sólo es otra singladura. · La vida es un juego cuyo objeto consiste en averiguar cuál es el objeto del juego. · Se requiere mucha tinta para vencer la persistencia de la primera impresión. · En la decepción hay una pedagogía. · Obstáculo: (sust.) dícese del pretexto que concedemos a nuestra pereza.  Perder la cabeza, como las cerillas, por un simple cigarrillo · Que nada te empañe la lucidez de verlo todo empañado. · Todas las opiniones son respetables salvo ésta. · Hace falta mucha astucia para conservar intacta la inocencia. · Se escucha un consejo como se lee un libro subrayado por otro. · El infiel compulsivo sólo tiene que pensar que cuando está con su mujer es infiel a todas las demás. · Un nuevo rico es un tipo que no sabe gastar el dinero que tiene. Un aristócrata es un tipo que sabe gastar el dinero que no tiene. · Lo increíble es que sea el periodismo el que tenga mala prensa. · Siempre tememos que se formen de nosotros una opinión equivocada. Deberíamos temer que se formen la opinión correcta. · En el mercado de la vida el fresco es el pescadero, no el pescado. · En grandes dosis, el desencanto es un virus. En pequeñas, una vacuna. · La diferencia entre el pesimista y el cretino estriba en que el segundo se alegra de tener razón. · Todo el mundo cree en las estadísticas, pero nadie se siente incluido en ellas. · Lo que realmente demuestra tanta teoría moderna es nuestra capacidad para equivocarnos del modo más brillante posible. · A algunos les concederían la nulidad de inmediato. Aunque no estén casados. · Mantener en pie el espejismo de la utopía sirve para no tener que cambiar nada en el desierto. · Nada como una exhortación para desbaratar un buen ejemplo. · Una renuncia sólo consiste en la sensatez de aceptar de antemano una pérdida. · Los otros están ahí para recordarnos que los espejos mienten. · A falta de luz propia no es poco, como la luna, reflejar la ajena. · El buen maestro enseña a no necesitar maestros. · ¿Conciencia tranquila? Una contradicción en los términos. · Saber que el espejismo lo...
Alfred Sonnenfeld, Educar para madurar

Alfred Sonnenfeld: Educar para madurar

No hay hoy una disciplina científica más prometedora que la neurociencia. Pero también es un campo arriesgado, pues con frecuencia las interpretaciones que más éxito y difusión tienen son aquellas que incurren en reduccionismos materialistas. En este ámbito la filosofía tiene un papel importante que desempeñar y su misión tendría que ser la de reivindicar una concepción integra da de la persona y una clara oposición a la transgresión de los límites científicos: la ciencia puede informarnos sobre la configuración neuronal de determinadas funciones, pero no puede comprender y explicar lo que no constituye su objeto. Lo espiritual es irreductible y cuando los neurocientíficos se arrogan el papel de filósofos a menudo realizan sugerencias triviales. Más prometedora resulta la aplicación de los descubrimientos neurocientíficos a la esfera educativa. Alfred Sonnenfeld explica los últimos datos que nos aporta la ciencia, pero supera los planteamientos reductivos para proponer una filosofía de la educación atenta al desarrollo integral del niño. Esa integración de ciencia y filosofía se muestra enriquecedora y, sobre todo, fiel a la naturaleza del hombre como ser encarnado, sin dualidades ni contraposiciones. Este breve ensayo, sólido y serio, puede además ofrecer muchas claves para orientar a padres y educadores en el desarrollo de su importante tarea. Sonnenfeld conecta el propósito de la educación —la maduración de la persona— con el anhelo de felicidad de todo hombre. Educar es ayudar a crecer, pero con la vista puesta en la construcción de una personalidad fuerte y recia atenta a la diferencia entre la felicidad personal y la satisfacción frívola del deseo. Por ello mismo, el análisis está conectado con la esfera ética: esta disciplina no puede ser considerada una abstrusa disciplina filosófica, sino que su principal preocupación debe ser la de educar el carácter. A mi juicio, uno de los equívocos que consigue solventar este ensayo es el que afecta a la noción de felicidad. Sonnenfeld subraya que la felicidad no estriba en el tener, sino en el ser. «Se trata —comenta— más bien de una actitud» que relaciona con la motivación: «la felicidad ficticia es la que vie-ne de fuera, como regalada, sin esfuerzo personal. La que procede del interior, de dentro del sujeto, es la verdadera, y se adquiere como consecuencia de la actitud que tomamos ante las diferentes situaciones de la vida». La felicidad, pues, está en saber de algún modo independizarse de los factores externos, ejercer cierto señorío sobre los actos y tener la capacidad suficiente para ejercer esa dimensión interior de la libertad que, en ocasiones, es la gran olvidada en los manuales de ética. La vinculación de la felicidad con el esfuerzo es lo que reafirma el carácter ético de la educación y también de la vida humana. A mi juicio, uno de los equívocos que consigue solventar este ensayo es el que afecta a la noción de felicidad. Con los datos de la neurociencia y la explicación del funcionamiento de los sistemas motivacionales, la perspectiva ética de construcción de la personalidad cuenta con herramientas para ser más eficaz...

El Kafka de Reiner Stach

Reseña de José Mária Carabante del libro "Kafka. Los primeros años. Los años de las decisiones. Los años del conocimiento" de Reiner Stach (editado por Acantilado).

“El alma del mundo” vista por Roger Scruton

Reseña del libro "El alma del mundo"de Roger Scruton (Rialp, 2016). La obra basándose en el arte, la arquitectura, la música y la literatura, el autor trata sobre la necesidad de lo sagrado y la incapacidad de la ciencia para explicar la belleza

A la carta. Cuando la correspondencia era un arte

Para el filósofo coreano Byung-Chul Han, las cartas constituyen el alimento predilecto de los fantasmas. “Los besos escritos – apunta – no llegan a su destino. Los fantasmas los cogen y se los tragan por el camino”. Han piensa en la comunicación digital – de Twitter a Facebook o al correo electrónico –, pero cita a Kafka y su correspondencia con Milena, ese resto de un mundo clásico y burgués llamado a extinguirse durante el siglo XX. “¿De dónde habrá surgido la idea de que las personas podían comunicarse mediante cartas? – se preguntaba el autor checo –. Se puede pensar en una persona distante, se puede aferrar a una persona cercana; todo lo demás queda más allá de las fuerzas humanas”. Y, sin embargo, ¿qué es la literatura sino un registro de los espectros que iluminan o ensombrecen la vida? Los fantasmas se alimentan de nuestros besos escritos, del mismo modo que nosotros nos alimentamos de ese diálogo – ficticio o no – que se sostiene en el espacio y en el tiempo, entre el que escribe y el que lee. En A la carta. Cuando la correspondencia era un arte (Elba, 2014), Valentí Puig antologa uno de los rostros posibles de la civilización, antes de que la inmediatez de lo digital sustituyera la espera, siempre anhelante, de la respuesta epistolar: de Franklin D. Roosevelt escribiendo a Winston Churchill un 8 de diciembre de 1941 – “Hoy estamos todos en el mismo barco con usted y el Imperio británico, y es un barco que no será hundido, que no puede ser hundido” – a Francis Scott Fitzgerald exhortando a su hija que no se preocupase “por la opinión de los demás, por el pasado ni por el futuro, por el triunfo ni por el fracaso, a menos que fuese culpa suya”. En su selección, Valentí Puig nos ofrece un sabio recorrido por la arquitectura privada de estos dos últimos milenios, un testimonio del valor de la mirada: una mirada concreta y personal, culta y universal, sobre las estancias nobles de la civilización. Como en todas las artes antiguas, la correspondencia exigía cumplir con el sosiego de un tiempo ritualizado. En una época anterior a los emoticonos, la densidad semántica del texto suplía la asepsia ocasional de los sentimientos. Al igual que en la literatura, lo importante sucede por debajo, como una luz que traspasa las teselas agrietadas de un mosaico. “En las cartas – escribe Valentí Puig – se hace crónica de la historia privada de las naciones, con el contrapunto de una emoción personal”. Confidencias amorosas, coquetería insustancial, filosofía política, decepción y desengaño, las artes de la educación… todo cabe en este género. Entre los clásicos, Lord Chesterfield, que se esmeró en enseñarle a su hijo las virtudes parisinas de la désinvolture; Flannery O’Connor, cuyas cartas iluminan una parte sustancial de su obra; y, por supuesto, el embajador Kennan, en cuyo epistolario la Guerra Fría pasa por el tamiz del pesimismo. Los tres volúmenes de las cartas de Isaiah Berlin...

Los éxitos de una profunda crisis

Artes y Letras

La afición al teatro retrocede a causa del avance de los espectáculos de masa, y se convierte en dedicación de minorías. Las televisiones públicas no favorecen una programación exigente ni atienden el cuidado de la cultura. El teatro ha desaparecido de los programas. Esta marginación del teatro por parte de la televisión pública resulta paradójica ya que los presupuestos comunitarios dedican grandes cantidades a la difusión del teatro.

Adelanto: los Diarios de Ramón Loureiro

Empecemos por lo importante: la poesía. Acabo de leer –de releer- su antología, Nueva usura, editada en la célebre “colección de las rayitas” de Renacimiento. Y aunque no ha sido usted pródigo en publicaciones, su voz llama la atención por su registro culto, resonante de referencias y obsesiones, tan capaz de melancolía como de –si me lo permite- pícaro juego, y todavía con unas gotas de licor decadentista… De algo de ello ha hablado, por ejemplo, Luis Alberto de Cuenca. Sí, soy un poeta, si se quiere, más oculto que culto, precisamente porque tengo un gran respeto por el que considero el más difícil, al menos para mí, de los géneros literarios; desde mi punto de vista, la poesía hunde sus raíces en la filosofía, en la religión; por ese motivo, concibo el poema como una suerte de oración, la palabra poética debe brillar, refulgir, es incontestable, verdadera. Quizá sea el vértigo anunciado por Mallarmé en aquel verso que ya se ha convertido en consigna, “un golpe de dados no abolirá el azar” o, en otro ejemplo, El emperador de los helados, de Wallace Stevens: a mi entender, ambos representan fragmentos de la más alta creación poética, el máximo logro de la selección y de la pulcritud, la esencia, el numen... Después, a mi aventura lírica deben añadirse otras muchas lecciones: Lezama, Borges, Sarduy, Cernuda, cuyas poéticas me han invitado a realizar viajes, digamos, al más allá de la forma viva, pulida, exacta. La antología que usted cita, Nueva usura, sin embargo, parte de un comprometido, y controvertido, homenaje a Ezra Pound, en el momento en que fue aplastado por la ideología; Pound es otro de mis autores predilectos. Luis Alberto de Cuenca, uno de los poetas más eruditos de este planeta, exageró bastante sobre mis trabajos poéticos en el prólogo de esta antología, y es que nos une una gran amistad... Decía Borges que en Argentina no habían desembarcado argentinos, sino españoles, italianos, alemanes, etcétera. Usted parece llevar algo de ese cosmopolitismo inscrito en su vida –y, de hecho, se nota en toda su literatura. Le agradecería que nos contara de él, ante todo en lo que pudiera favorecer a su formación como escritor. Indudablemente los avatares de la vida personal tienen una presencia constante, más que constante, asfixiante, en mi producción literaria; por supuesto que hay páginas taimadas, pero las hay calcadas de la realidad. Y no puede ser de otro modo. Ese verso de Borges sobre Argentina: "no nos une el amor sino el espanto/será por eso que la quiero tanto", parece dedicado a aquellos que nos consideramos, y somos considerados, "objetos nacionales no identificados", es decir, escritores españoles en Argentina y argentinos en España. Esa deriva transatlántica se inscribe, efectivamente, como muy bien apunta usted, Peyró, a mi biografía, luego trasladada al papel como ficción; esa memoria activa está y estará siempre presente; se trata de una evocación extraña, una suerte de collage tamizado por las brumas de una nueva existencia en otro lugar que no ha sido...

“Poemas pequeñoburgueses” de Juan Bonilla

Reseña de Enrique García-Maiquéz del libro "Poemas pequeñoburgueses" del poeta Juan Bonilla (editorial Renacimiento, 2016).

Naturalismo y técnica en la época de Carlos III

El embajador Jaime de Piniés, representante español ante Naciones Unidas durante muchos años, cubrió una época fundamental de la política exterior española desde su oficina de Nueva York. Por sus manos pasaron los más delicados e importantes «dossiers» exteriores del franquismo y algunos del régimen democrático. Tenía fama de funcionario eficiente, trabajador incansable y estratega habilísimo. Y conocía los vericuetos diplomáticos de Naciones Unidas como la palma de su mano. Jubilado de aquel puesto, Piniés parece decidido a librarnos ahora algunas informaciones sobre temas de candente (y permanente) actualidad. Como, por ejemplo, el contencioso del Sahara. Piniés vivió, día a día y minuto a minuto, la evolución de un problema que se inició a causa de «la incompetencia de algunos de nuestros gobernantes» que perdieron numerosas oportunidades para descolonizar el territorio y que desgraciadamente todavía no ha terminado. Su libro sobre la todavía fallida descolonización del Sahara occidental (que no habrá concluido hasta que no se produzca el proceso de autodeterminación de buena y debida forma: ahí coinciden en teoría todas las partes), constituye, desde luego, una interesante aportación al conocimiento del problema. Y añado inmediatamente: interesante, polémica y bastante tediosa. En la obra se reflejan las acciones diplomáticas producidas entre principios de 1974 y primeros meses de 1976, cuando se consumó la retirada nada gloriosa de España del territorio y se entregó la administración a Marruecos y Mauritania. La obra de Piniés. «cubre», más que nada, lo sucedido en el foro de Naciones Unidas (Comité de Descolonización, Asamblea General y Consejo de Seguridad). Sólo de vez en cuando el embajador se refiere de pasada a lo que ocurría en Madrid y reconoce que la información que a él llegaba sobre el Sahara no provenía de fuentes directas. Lógicamente, uno de sus reproches, justísimo, es que el último gobierno franquista lo tenía «en ayunas» y lo sometía a la humillación periódica de enterarse por terceros (a veces por el propio secretario general de la ONU ) de cuanto hacía o estaba a punto de hacer el gobierno en relación con aquel problema. Era difícil que en tales condiciones un libro de estas características evitara cierto resentimiento y un solapado malhumor. También era difícil que el autor -que no es un profesional de la escritura ni un vulgarizador- pudiese dotar a su texto del mordiente necesario para interesar al lector, perdido entre resoluciones , notas verbales, declaraciones y descripciones de interminables sesiones «onusianas». Como Piniés era, ya queda dicho , un funcionario eficiente, no perdona uno solo de estos documentos , que trasncribe a palo seco. El resultado es soporífero. Y no estoy seguro de que ayude mucho a entender en profundidad el problema inconcluso del Sahara. Uno de sus subordinados entonces, Francisco Villar (hoy precisamente sucesor suyo en la delegación española ante la ONU) escribió hace años un texto completísimo, apasionante y también polémico donde se describe lo quepasó en la ONU y en la colonia, en Madrid, Rabat y Argelsin que aparentemente sea fácil descubrir resentimientos antiguos y justificaciones no solicitadas. Porque...

Los “saberes inútiles” de Simon Leys

Reseña del libro "Breviario de saberes inútiles. Ensayos sobre sabiduría en China y literatura occidental", de Simon Leys, editado por Acantilado.

Europa y México, caminos de ida y vuelta

Con la inestimable ayuda de Gilberto Prado Galán, que es uno de ellos, hemos buscado a seis destacados escritores mexicanos que viven —o han vivido— en alguna ciudad europea, para pedirles que, en su calidad de expertos en el Viejo Continente, nos cuenten cómo perciben nuestra cultura. El resultado es un recorrido por Praga, Londres, Berlín, Lisboa, Bruselas o Madrid, viejas ciudades tantas veces recorridas por nosotros de las que, sin embargo, ignorábamos insólitos parajes y algún que otro misterio. Y desde ahora los conocemos, gracias a ellos.

Varios autores: Sergio Pitol, Silvia Molina, Eudardo Langagne, Juan Villoro, Ignacio Padilla y Gilberto Prado Galán.

“El meteorólogo”. Volver a leer sobre el horror

“El meteorólogo” de Olivier Rolin, recién traducido por la editorial Asteroide, sabe concretar el horror del totalitarismo en la figura de Vangengheim, “una especie de Santo Job comunista”.

El peso de la lengua española en el mundo

Fund. Duques de Soria e INCIPE
Madrid, 1995, 282 págs.

Academias Nacionales ¿sin futuro?

García Belsunce, exdirector de la Academia Nacional de Historia de Argentina, reflexiona en este artículo sobre las funciones que ejercen las Academias en las sociedades libres y la necesidad de que los poderes públicos apoyen su labor.

Vladimir Lenin. Sin piedad

Si la Revolución rusa es el acontecimiento más importante del S. XX, esta no se explica sin el concurso de quien primero estableció un régimen de terror.

Cine: El poder del Mediterráneo. La luz de ” Te querré siempre”

 UNA PELÍCULA SIMPLETe querré siempre es una película en la que apenas sucede nada: un matrimonio inglés en crisis visita una ciudad a orillas del Mediterráneo y allí vuelve a encontrarse. De hecho, George Sanders e Ingrid Bergman se sintieron sumamente incómodos e incluso desesperados durante el rodaje, porque todo estaba demasiado dejado a la improvisación. Nada parecía meditado o estudiado. Y, efectivamente, cada una de las secuencias de la película, lo que hacen sus protagonistas, lo que se dicen y viven, parecen anodinas, banales, digamos que carecen por completo de tensión, y, sin embargo, quizá debido a eso precisamente, cada diálogo, cada plano, se torna finalmente esencial en la historia. Porque, efectivamente, el argumento es tan simple como la vida misma, nada reseñable acontece, los días transcurren monótonos, casi aburridos, uno no sabe hacia dónde se dirige la trama, ni siquiera si se dirige a alguna parte. Y lo sorprendente es que, cuando llega el fin, el espectador reflexiona y concluye: esto es verdad.Y es que probablemente estamos ante la película más rosselliniana de Rossellini, que ya es mucho decir. En otras, como en la aclamada Roma, ciudad abierta, da la sensación de que está todo más estudiado, más medido, más alejado por tanto de ese cine puro, natural, sin aditamentos, del que Rossellini hablaba. ¿Cine puro? Sí. Como hemos visto, en Te querré siempre se puede decir que todo sobra, que este o aquel plano están de más, o que esa secuencia o aquel diálogo son prescindibles. Sin embargo, esta afirmación encierra en sí misma otra de significado mucho más escondido, pero más cierto: que no sobra absolutamente nada, que la vida es así, sin más, que lo que vemos es realmente real. Como decía Eric Rohmer —uno de los autores que mejor ha sabido entender al maestro italiano—, «el talento de Rossellini consiste en su falta de imaginación». Y es que es la vida misma la que tiene lugar en la gran pantalla, no hay artificios: nada, ni siquiera una mirada o un gesto cualquiera ha necesitado de un calzador que a modo de giro argumental haga posible su entrada la película. Porque aquí cabe todo. «Cuando he mostrado lo esencial, corto: ya es suficiente», decía Rossellini.Pero, ¿qué era lo esencial? No hay que olvidar que para Rossellini el cine, y en particular lo que se ha llamado neorrealismo, es ante todo una postura moral, concepción ligada inseparablemente al destrozo ocasionado por la Segunda Guerra Mundial. Esa postura moral del cineasta italiano se expresa en la atención máxima y casi totalizadora que hace del individuo, del hombre concreto. Te querré siempre reúne un extraordinario conjunto de primeros planos primorosos, donde los rostros parecen estar iluminados por dentro, llenos de vida interior. Rossellini jamás pierde esa concepción personal a favor de argumentos sorprendentes o interesantes del género que sean. No. Para él solo existe la persona, con sus miedos y alegrías, con su grandeza y su miseria, su angustia y su paz. Por eso se han equivocado...

Glosario de arquitectura defensiva medieval

Luis de Mora-Figueroa,
Glosario de arquitectura defensiva medieval
Universidad de Cádiz
Cádiz, 1994,341 págs.

Jane Austen. Una geografía de lo humano

Un breve homenaje a la autora inglesa en la conmemoración de su bicentenario.

Hugh Thomas: la fascinación por la historia

El hispanismo no puede ser comprendido sin Hugh Thomas. Su éxito mediático favoreció que fuera una de las voces más respetadas en la esfera pública de la naciente democracia. Una semblanza con ocasión de la muerte del gran hispanista británico.

Mente y cerebro

José Luis González Quirós,
Mente y cerebro
Iberediciones, col. Parteluz 5
Madrid, 1994, 329 págs.

José Jiménez Lozano, “Se llamaba Carolina”

Reseña del libro "Se llamaba Carolina", de José Jiménez Lozano (Ediciones Encuentro, 2016).

Necesidad de lo efímero. Novelas de quiosco del primer tercio de siglo

Las grandes verdades, las que suelen escribirse con mayúsculas, las que son esenciales para la filosofía, la religión o la historia, con frecuencia a la literatura le vienen grandes. Esto no es algo que cualquiera esté dispuesto a admitir y hay quien, en este final de siglo, ocaso de tantas ideologías menos de las  radicales, haciendo acopio de epítetos y buenas intenciones, defiende  la necesidad de un pensamiento fuerte allí donde su efecto es letal: en  el campo literario.Los que reclaman con insistencia la necesidad de un pensamiento fuerte creo que aspiran, por la eterna ley de las compensaciones, a librarse de su condición de alfeñiques ideológicos con proclamaciones de una ejemplar fortaleza. Suponen que a cada obra literaria, a cada capítulo o a cada poema le ha de preceder una intención ideológica, un proyecto sistemático, como a cada militante de un partido le precede un carnet. Gustan de segundas y terceras lecturas, que desentrañen contenidos ocultos, olvidando el significado de la más elemental:  la primera. Esperan con impaciencia una "ruptura epistemológica" como aquellas que rastreaban con avidez algunos discípulos aventajados de Gaston Bachelard, y, como inspirados por el lema de Gustav Aschenbach de Thomas Mann, "Resistir", miran desdeñosos las modestas conquistas del humor o el divertimento literario.]En nuestro siglo, cuando han aparecido declaraciones solemnes y afirmaciones categóricas de verdades irrenunciables -pienso en el Miguel de Unamuno agónico o en el tronante y torrencial Giovanni Papini- ha sido a costa de desvelar patéticas tesituras personales -que causan espanto en el lector más templado- y crisis ideológicas anunciadoras de los primeros fascismos, en países -España, Italia- en que las llamadas al orden y las peticiones de cirujanos de hierro fueron de una desdichada frecuencia. Sin escapar de ese mismo horizonte, con el mismo tonelaje y menos alharaca, el orondo Gilbert Keith Chesterton acogía en sus afables brazos a millones de descarriados que hallaban en un inteligente humorismo el dulce lenitivo para sus heridas.De la anemia espiritual-no se sale con proyectos fáusticos ni declaraciones solemnes, sino practicando una dieta más variada. Persuadido de esta higiénica medida, que un destino generoso ha puesto en mis manos bajo la forma de una porción de novelas y publicaciones periódicas de comienzos de siglo, me he entregado a su lectura. ESPÍRITU  DE UNA ÉPOCA"Que mi leve tono sea codicia de espíritus curiosos, recreo de cultos, solaz de frivolos, enemigo del tedio y entretenimiento de la inquieta avidez de arte y emoción, que llena el espíritu moderno". Con tan cervantina disertación se presentaba a los lectores de los felices veinte una colección de novela breve, La novela semanal (1). No era la única; otras se le anticiparon en la década anterior con los mismos propósitos y otras muchas se encargaron, en la siguiente, de mantener vivo el interés por una literatura fidelísimo espejo de las inquietudes y los gustos de una época.Cuando en el drama valleinclanesco Luces de bohemia (1924) el ciego Max Estrella para comprar un décimo de lotería manda empeñar la capa al Chico de...

Paul Auster y la Gran Novela Americana

¿Por qué interesa tanto la Gran Novela Americana a los europeos si narra hechos históricos ocurridos a miles de kilómetros y en una sociedad radicalmente distinta a la nuestra?

Terrence Malick o el cine pensado

Terrence Malick es decididamente una «rara avis» en el panorama cinematográfico. Basta echar un vistazo a los títulos de las películas de este cineasta lírico y reflexivo, que incluyen palabras nada triviales como «malo», «tierra», «días», «cielo», «maravilla», «vida», «nuevo mundo», o la alusión a «delgadas líneas rojas», para llegar a esta conclusión. Por no hablar del irregular ritmo en la producción de una obra de indudables cualidades artísticas, aunque sin espectaculares resultados en taquilla, o lo que es lo mismo, entre el gran público. Dos películas separadas por un lapso de cinco años cimentan el aura de artista consumado. Veinte años de ausencia alimentan la leyenda y preparan el glorioso retorno. Y luego, tras recuperar el paso tranquilo, llega el frenesí, hasta el punto de tener en fase de postproducción, mientras se escriben estas líneas, tres películas.Los enigmas en torno a Malick arrancan ya con su nacimiento, que unos sitúan en Waco, Texas, y otros en Ottawa, Illinois. Sí hay acuerdo en la fecha, el 30 de noviembre de 1943, y en una infancia transcurrida en los grandes espacios abiertos de Texas y Oklahoma, luego presentes en su cine. Parece que sus padres son cristianos de origen sirio, a él se le suele relacionar con la iglesia episcopaliana, y desde luego su cine presenta claras resonancias bíblicas, con citas explícitas de Job y el apóstol Pablo.¿Cómo llegó Terrence Malick a dirigir películas? Antes, gracias a su imponente físico, jugó al fútbol americano en el instituto, trabajó en los campos petrolíferos, pasó por Harvard, estudió filosofía, conoció en Alemania y tradujo a Martin Heidegger, y logró una beca Rodham en Oxford. Ejerció de periodista en Life y New Yorker, y aunque destacado en Bolivia, nunca terminó un reportaje sobre el filósofo francés Régis Debray, ligado al Che Guevara. Profesor de Filosofía en el MIT, en 1969 decide matricularse en el American Film Institute. «No era buen profesor», confesaba en la única entrevista que existe con Malick, publicada en Sight and Sound (primavera, 1979), hasta tal grado llega su aversión a las declaraciones públicas. «No poseía el gancho que debería tener uno con los estudiantes. Las películas siempre me habían gustado de un modo naif. Hacerlasno parecía una carrera menos improbable que otras».En el AFI de Los Ángeles aprende cine y rueda su primer corto, Lanton Mills (1969), historia de cowboys atracadores de bancos. Y conoce a Mike Medavoy, su agente y futuro productor de La delgada línea roja. Él le consigue sus primeros trabajos remunerados en cine, la revisión y reescritura de guiones, con Jack Nicholson y su Aquellosaños (Drive, She Said, 1971), y la saga de Harry, el sucio(Harry Dirty, Don Siegel, 1971), donde sus contribuciones no son decisivas. Sí aparece como guionista de Los indeseables(Pocket Money, Stuart Rosenberg, 1972) y en Deadhead Miles (Vernon Zimmerman, 1973), pero no son títulos en que se reconozca a Malick.Y llegó Malas tierras (Badlands, 1973), la historia de dos jóvenes asesinos, Kit y Holly, que cometen sus crímenes en 1958 en...

Sueños en el umbral

Fatima Mernissi,
Sueños en el umbral
Muchnik Editores
Madrid, 1995,292 págs.

Sergio Romano, “Putin e la riconstruzione della grande Russia”

En "Putin y la reconstrucción de la Gran Rusia", Sergio Romano descifra los elementos que han ido configurando personalidad política del dirigente ruso que se está convirtiendo quizá en el principal protagonista de los cambios geopolíticos en nuestra época.

Arthur Rimbaud, “Obra completa bilingüe”

La edición de Mauro Armiño (publicada en Atalanta) ofrece el corpus rimbaudiano completo, ordenado cronológicamente, lo que permite descubrir las claves de su evolución y el enriquecimiento paulatino de su imaginación lírica.

Les Elemens

Les Elémens,
de Jean-Féry Rebel
Alessandro,
de Christoph Willibald Gluck
Sonata en Mi m,
de Georg Philipp Telemann
Musica Antiqua Koln
Director: Reinhardt  Goebel
ARCHIV. 445 824-2. DDD

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