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Palabras para ser libres, palabras que cambian realidades, que modifican rumbos, que salvan vidas. Palabras que existen y que deben ser usadas aunque duelan y cueste encontrarlas. Palabras que no son solo palabras. Hace tiempo que el cine francés despegó para pivotar en torno a una órbita avant-garde tan rotunda como noble, una vanguardia que les lleva a elevarse mientras, paradójicamente, se adentran más y más en las profundidades de la realidad social. Y lo hacen a las claras, siendo políticamente incorrectos, remarcando estereotipos y subrayando las paradojas de una sociedad que no debe ser juzgada por su superficie, por pulida que parezca. Qué sentido tiene ser pero no parecer; hasta qué punto querer es sinónimo de conseguir; acaso puede llegar todo el que desea hacerlo. Preguntas de primera magnitud que desfilan ante los ojos de un espectador impávido capaz de hacerse preguntas pero que no suele buscar respuestas.

Con Una razón brillante, Yvan Attal nos sumerge en este mundo inexplorado de contrasentidos vitales, intentando extender los límites de una sociedad anclada en presupuestos teóricos que no llevan sino a la crispación y a la desavenencia. Y lo hace vehiculando su mensaje a través de la institución valedora de los derechos democráticos, la universidad, esa ágora en la que el pensamiento crítico y la razón deben primar por encima de todo, fomentando en los alumnos el espíritu de rebeldía intelectual que también genera revolución.

Neïla Salah (Camélia Jordana) es una joven que comienza sus estudios en la prestigiosa facultad de Derecho de París. El recorrido eterno que separa los suburbios en los que reside del centro urbano donde está ubicado su centro de estudios es punteado por sus deseos de romper con el destino manifiesto al que parece abocada. Enfrascada en los acordes de ‘Inner City Blues’ de Marvin Gaye (qué decir de su banda sonora), cada uno de sus pasos no solo representa un logro en su expediente académico, sino la única ocasión plausible de formar parte de algo que cambie realmente su vida.

Pero llega tarde, lo laberíntico del edificio y la escasa ayuda de sus compañeros y bedeles hace que irrumpa en medio de clase de oratoria de manera abrupta, una falta de tacto que no pasa desapercibida para Pierre Mazard (Daniel Auteuil), un profesor tristemente popular por sus salidas de tono, su marcado racismo y su total apatía hacia el lenguaje políticamente correcto. En cuanto Neïla es cuestionada por su tardanza, comenzará un duelo dialéctico en el que el irrespeto de Mazard hacia la religión y las costumbres de la alumna quedará inmortalizado en centenares de móviles y redes sociales. Tal es la descortesía del docente que, de inmediato, el rector le hace llamar para someterle a un tribunal disciplinario. La única manera que encuentran para acallar las acusaciones de discriminación es que Mazard prepare a Neïla para el concurso interuniversitario de oratoria, demostrando con ello su total ausencia de prejuicios. A partir de entonces, y derivado del contacto mutuo, las ideas prefijadas de alumna y docente se enfrentarán en un constante tour de force dialéctico, una situación inesperada que les hará replantearse su propia conciencia y de la que ambos aprenderán de una manera que jamás podrían haber imaginado.

Estimulante película de Yvan Attal, en ella no solo destaca un montaje y una fotografía pulcramente cuidados, sino unos encuadres expresivos de una belleza compositiva extraordinaria. No obstante, si algo llama la atención en esta cinta es, sin lugar a dudas, la fuerza de un guion novedoso y lleno de aciertos, que pone de manifiesto la importancia radical de la oratoria y del debate. A pesar de sus muchos defectos y lacras, Mazard despierta en los alumnos el ansia de adentrarse en un mundo en el que la expresión cobra tanta importancia como el ser, en toda la extensión de la palabra. Con él la universidad se convierte en una puerta hacia la autonomía y la propia individualidad. Aristóteles, François Rabelais, Charles Baudelaire y, sobre todo, Arthur Schopenhauer, se abren camino a través de una trama repleta de contenido y continente, dispuesta de manera didáctica para que la protagonista, y especialmente el espectador, ponga en solfa la importancia de una sociedad cada vez menos dispuesta a dotar a sus ciudadanos de armas de construcción masiva. A través de Dialéctica erística o el arte de tener razón, expuesta en 38 estratagemas, de Schopenhauer, Neïla irá aprendiendo el valor de la fuerza evocadora de las palabras, algo que paulatinamente le hará entregarse a un mundo en el que la emoción y el arrebato deben ceder paso a la razón y la lógica; digan lo que digan, acusen de lo que acusen.

Adquirida esta poderosa herramienta para su independencia, Neïla comprenderá no solo el alcance de términos casi esotéricos como “preterición”, “homonimia” o “panurgismo”, sino también la relevancia de un mundo en el que la indumentaria es un instrumento de alienación, y en el que la imagen exterior debe ser acorde con el espíritu interior. “Lo importante”, remarcará Mazard, “no es tener convicción sino argumentación”, una Piedra de Rosetta que abrirá su mente y le preparará para un futuro inimaginable.

En Una razón brillante, además, la defensa de la oratoria va acompañada por constantes homenajes a la propia historia de Francia, que se enhebran en una trama repleta de documentación de archivo, con declaraciones de Claude Lévi-Strauss, François Mitterrand, Yves Mourousi, Jacques Brel, Romain Gary o Serge Gainsbourg (sin duda un homenaje al que fue padre de su mujer, Charlotte Gainsbourg).

Una cinta que va más allá de la comedia dramática, y que puede servir como perfecta herramienta didáctica para todos aquellos que creen en el debate y en la importancia de la oratoria. En un mundo anegado por las acciones carentes de juicio, no está de más que nos recuerden el valor de la palabra.

Ficha de la película

Título original: Le brio
Dirección: Yvan Attal
Guion: Victor Saint Macary, Yaël Langmann, Yvan Attal, Noé Debré.
Reparto: Daniel Auteuil, Camélia Jordana, Jacques Brel, Serge Gainsbourg, Romain Gary, Yvonne Gradelet, Yasin Houicha, Nozha Khouadra, Jean-Baptiste Lafarge, Louise Loeb, Claude Lévi-Strauss, François Mitterrand, Yves Mourousi, Nicolas Vaude
País: Francia
Música: Michael Brook
Fotografía: Rémy Chevrin
Productora: Chapter 2, France 2 Cinema, Moonshaker, Nexus Factory, Pathé Productions, Umedia.
Año: 2017
Duración: 95 minutos.
Género: Comedia dramática
Estreno en España: 28 de marzo de 2018


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Lucía Tello Díaz es doctora en Ciencias de la Información, profesora del Máster en creación de guiones audiovisuales, del Grado de Comunicación y del Grado de Humanidades en UNIR. Colaboradora semanalmente en un blog de El Huffington Post y es crítica de cine en Todoescine.com