miércoles - 20 febrero - 2019

Artes

Artes

Beethoven, el idilio de Wagner. Una deuda ética y estética

Analizar la relación que existe en la obra de Beethoven con Wagner, como este artículo pretende, supone adentrarse en la obra de estos dos artistas para descubrir que en ellos la música adquiere una densidad filosófica y espiritual sin precedentes.

Falsos inocentes. Hitchcock en la era del espectador

Kent Jones y Serge Toubiana han vuelto a poner de manifiesto la vigencia de la obra cinematográfica de Alfred Hitchcock recuperando en un documental la célebre conversación que el director inglés mantuvo con Françoise Truffaut en 1962.

El sorprendente caso de La Tour

La historia de Georges de La Tour, el genial pintor francés del siglo XVII, resulta tan interesante como sorprendente. Eso es en concreto lo que pretendemos analizar en este artículo, y con más razón con motivo de la extraordinaria muestra que le dedica el Museo del Prado.

De libros y tipografía. Un día con Alfonso Meléndez

"En edición diferente, los libros dicen cosa distinta”, solía decir Juan Ramón Jiménez. El poeta recién casado supervisaba personalmente la impresión de cada una de sus obras, convencido de que los versos debían concordar con los formatos y los soportes. Las costuras de esta literatura que entra por los ojos se entretejen en silenciosos talleres de tipografía como el que regenta Alfonso Meléndez (Zaragoza, 1965) en la calle de la Princesa de Madrid. El estudio, antaño manufactura y hoy oficina por obra y gracia de los cuellos almidonados de Apple, es lóbrego en su altura de piso bajo que huele a papel, una fragancia en peligro de extinción por el acoso de los furtivos de lo moderno. Meléndez, “diseñador especializado en aplicación tipográfica y en edición y diseño de catálogos de exposiciones, libros e impresos efímeros, en gráfica de exposiciones y en corrección de estilo y de ortotipografía”, según recoge su “ridículum vitae” (como le divierte referir), un tipógrafo embarcado en proyectos de todo tipo, abre la puerta con una sonrisa. De este hombre simpático y juvenil, lo más alejado de un bibliotecario victoriano, dicen los entendidos que es de los mejores. No en vano es Premio de Diseño de Colección en la VII edición de los Premios Visual de Diseño de Libros por los Álbumes de la Residencia de Estudiantes, o de Aplicación Tipográfica en la V edición por el catálogo La vida en papel de arroz. Pintura china de exportación, para el ministerio de Cultura. No obstante los reconocimientos, no nos encontramos ante un corporativista, pues se sorprende de nuestro interés por un oficio “aburridísimo”, en el que se echan “más horas que en un taxi” por una retribución, en algunos proyectos concretos, “de hora de mandadera… si es que llega”. Resulta reconfortante, de inicio, comprobar que no sólo los periodistas reniegan de su gremio, y en la abjuración se cimenta un vínculo sobre el que construir todo un reportaje. Sin embargo, encadenarse a un oficio que limita la vida a “triangular casa, oficina, cuatro portales más abajo, supermercado de El Corte Inglés y vuelta a empezar” ha de tener algún truco. Y ese no es otro que los bienes internos a la práctica, porque, al igual que los cronistas, Meléndez disfruta de su trabajo por encima de los reproches de inicio. Uno de los mayores intangibles se lo da el tiempo respirado entre libros, que bien podría convertirlo a uno en un personaje. “Me pasma en los reportajes que se adentran en las casas, cuando no ves libros y dices uy, uy, uy…”, admite. “Pero, bueno, de todo tiene que haber, no soy yo quién…”, se matiza a continuación. “O cuando sólo ves libros colocaditos sobre la mesa de centro y en las estanterías como mucho unos pocos lomos que más bien parecen elegidos por su interiorista…”, continúa suspendiendo la frase en lo supuesto. Ese concepto, el del coffee table book, será pronunciado con un matiz de socarronería en varias ocasiones durante la entrevista. Acaso su madriguera no pueda...

Exposiciones en Madrid

Repaso a las exposiciones más importantes que tuvieron lugar en Madrid en 2016. Entre las que destacan: la que el Museo Thyssen dedicó a Edvard Munch, el redescubrimiento de Luis de Morales o la de Pierre Bonnard en la Fundación Mapfre.

C. S. Lewis contra Sigmund Freud: “La sesión final de Freud”

El 5 de enero de 2015 un grupo de aficionados asistimos en el Teatro Español (Madrid) a un ensayo privado previo al estreno de la obra teatral La sesión final de Freud. Los actores Helio Pedregal y Eleazar Ortiz interpretaban respectivamente a Sigmund Freud (1856-1939) y a C. S. Lewis (1898-1963). La sesión final de Freud es la versión castellana de Freud’s Last Session de Mark St. Germain, que fue primicia en 2009 en los EE.UU. La fuente principal inspiradora de Mark St. Germain para el guión de su pieza es el ensayo de Armand M. Nicholi La cuestión de Dios (2002; Rialp, 2004). Tenemos, por lo tanto, la siguiente cadena de influencias en orden cronológico: del libro La cuestión de Dios al guión de Freud’s Last Session y de ahí a La sesión final de Freud. Volvamos a aquel 5 de enero. A mí me decepcionó la pieza y no porque la función me pareciera mala, sino por las deficiencias intelectuales de este Lewis de ficción, que no se correspondían con el brillante y ocurrente Lewis de la realidad ni con el que recordaba de la lectura de La cuestión de Dios. En La sesión final de Freud, el autor de La interpretación de los sueños habla de los Evangelios como «mitos» y de la existencia de Dios como algo propio de una mentalidad infantil. Cristo sería «un lunático» y «amar al prójimo como a uno mismo» resultaría quimérico. Freud arroja a Lewis improperios del estilo: «Hitler estará de acuerdo con usted, pero yo no». Freud ataca la «estupidez de los líderes de la Iglesia». De Santo Tomás de Aquino sostiene que «ve el mundo en blanco y negro». Lo anterior no tendría nada de particular si las contestaciones de Lewis no parecieran las de un niño de primera comunión o poco más. Algo que de ninguna manera ocurre en la obra de Nicholi. Para redactar La cuestión de Dios, Nicholi, profesor en Harvard, se empapó de las obras y de las biografías de Freud y de Lewis. En su monografía, un relato sin fisuras, presenta las respuestas que uno y otro dan a los siguientes interrogantes: -La felicidad, ¿en qué consiste?, ¿cómo se consigue?; -El sexo, el placer y la búsqueda de placer. ¿Es este el objetivo fundamental del ser humano?; -El dolor. ¿Por qué el sufrimiento si existe un Dios infinitamente bueno?; -La muerte. ¿Es el final de todo? ¿Existe la vida eterna? ¿La felicidad eterna? El profesor estadounidense subraya el llamativo paralelismo entre los escritos y las vidas de Freud y de Lewis, y deja que los argumentos hablen por sí mismos. Freud ha sufrido críticas demoledoras desde diversos frentes científicos, y de gente tan diversa como Noam Chomsky, Steven Pinker, Steven Jay Gould o Karl Popper («el psicoanálisis es una pseudociencia»), por citar unos pocos. Las propuestas freudianas han sido ampliamente superadas y en muchos casos, con razón, ridiculizadas. Sin embargo, nadie podrá negar a Freud el gran mérito de haber sido un gran ensayista, un brillante escritor y un médico que,...

No es mejor callar: Auschwitz y los límites de la representación

En uno de sus muchos guiños a la hemeroteca, Jean-Luc Godard dejó dicho que un travelling es una cuestión moral. Aludía con ello a la influencia de que goza el cineasta -patrón del arte más democrático de la cultura de masas- cuando presenta ante los espectadores una determinada versión de la realidad y no otra. Y si alguien ha tomado al pie de la letra esa afirmación es su compañero de Nueva Ola Jacques Rivette, crítico primero y luego director, quien como es sabido denunció como "abyecto" el movimiento de cámara que en Kapò (Pontecorvo, 1960) se aproxima al cuerpo de un suicida que acaba de arrojarse sobre la alambrada electrificada de un campo de concentración nazi. Desde entonces, no ha habido ningún intento de relatar el exterminio nazi de los judíos europeos que no haya producido -con las debidas variaciones- su polémica correspondiente. Sucedió con La lista de Schindler (Spielberg, 1993) y con La vida es bella (Benigni, 1997), por mencionar los ejemplos más conocidos. Y vuelve a pasar, aunque con menor intensidad que antaño, con El hijo de Saúl, la película del director húngaro Laszlo Némes que ganó el Gran Premio Especial del Jurado en el último Festival de Cannes y acaba de estrenarse en España. Significativamente, la película comienza con una imagen fuera de foco, que da paso a la figura de un hombre demacrado que camina con la mirada fija y un gesto de extrema concentración. Desde ese momento, la cámara no se separará de él: se trata de un miembro de los Sonderkommando de Auschwitz, unidades formadas por prisioneros judíos encargadas de limpiar los hornos tras la cremación de los allí ejecutados, allá por el otoño de 1944. Más concretamente, se trata de un húngaro llamado Saúl Ausländer, o sea, Saúl el Extranjero, a quien seguimos por todo el campo -a través del cual se mueve con una libertad desde luego ficticia- en sus distintos quehaceres: por un lado, el cumplimiento de sus macabras funciones; por otro, el desempeño de las tareas de resistencia que conducirán a una revuelta rápidamente sofocada por los soldados alemanes. Mientras tanto, conocemos sus relaciones con los demás miembros de la siniestra unidad, no siempre buenas, así como el mercadeo -tambien sexual- entre prisioneros y carceleros. Mientras vacía una de las cámaras de gas, Ausländer topa con el cuerpo moribundo de un niño, pronto rematado por los verdugos, al que reconoce como su hijo: un delirio al que una ambigua escena posterior presta cierta credibilidad. Sea como fuere, Ausländer se consagra a la tarea -¿redentora?- de darle sepultura, con ayuda de un rabino cuya búsqueda constituye uno de los motores de la trama. Ésta, en la medida en que la entrevemos mediante el particular y riguroso punto de vista escogido por el director, incluye una visita nocturna al bosque cercano donde el exterminio se ejecuta pistola en mano, entre inmensas hogueras y fosas donde son arrojados los cadáveres, así como la fallida revuelta de los miembros de la unidad una vez...

López-Rúa y la resurrección tecnológica de la pintura

Una aproximación a la obra –y a los nuevos proyectos- de uno de los pintores más fascinantes y mejor valorados del panorama actual.

¿Qué le pasa al Greco?

Con motivo de la celebración del IV centenario de su muerte, adelantamos algunos aspectos novedosos de las últimas investigaciones realizadas sobre la vida y la obra del artista español más cotizado.

Zbigniew Herbert. “El laberinto junto al mar”

Reseña del libro "El laberinto junto al mar" de Zbigniew Herbert (Acantilado, 2013). Traducción de A. Rubió y J. Slawomirski.

Teatro multimedia: antecedentes y estado de la cuestión

El teatro no vive de espaldas al progreso científico o a las transformaciones de la sociedad, por el contrario, integra la evolución de los renovados procedimientos de la narración, conoce las nuevas formas de comprender el mundo, le atraen los avances técnicos o percibe la nueva mirada del espectador.

Gloria al cine de la Primera Guerra Mundial

Este artículo repasa los documentales y los filmes de ficción que reflejaron desde distintas ópticas la experiencia de la I Guerrra Mundial y la evolución en el tratamiento de la guerra que se ha producido en el ámbito cinematográfico.

El tiempo del Greco. Pinceladas de un historiador

Alfredo Alvar contextualiza la figura del Greco como un hombre sabio, «un pintor filósofo», lector de los clásicos y conocedor de la posición que la Monarquía Hispana desempeñaba en el concierto de las naciones de final del siglo XVI.

El Greco, clásico y transgresor

Dos excelentes exposiciones sobre el Greco, la completísima de Toledo, repartida en varias sedes, y la del Museo del Prado, «El Greco y la pintura moderna», sirven para hacerse una idea cabal de la importancia del genial pintor en el cuarto centenario de su muerte.

¿Qué fue del cine de aventuras? A propósito de Mud

Ellis y Neckbone, dos amigos adolescentes. Con familias desestructuradas, les mueve la curiosidad y el anhelo de aventuras, atravesados por una inocencia y un deseo de amor verdadero encantadores. Viven en el estado de Arkansas, junto al río Mississippi. Sin que sus familias se enteren toman una lancha a motor que les lleva a una pequeña isla. Ahí han descubierto una pequeña embarcación en lo alto de un árbol, quién sabe cómo llegaría hasta arriba. Alguien se oculta en los alrededores. Se trata de Mud, un fugitivo de la justicia, acusado de haber asesinado a un hombre. El tipo les cautiva con su romántica y malhadada historia, y deciden prestarle ayuda y conseguirle alimentos. Los acontecimientos que se siguen, donde no falta la decepción por un conocimiento más ajustado de la naturaleza humana, les servirán como rito de iniciación en la edad adulta.Podríamos estar hablando de Tom Sawyer, Huckleberry Finn o Jim Hawkins. El espíritu de Mark Twain y Robert Louis Stevenson aletea en Mud, película escrita y dirigida por Jeff Nichols, que fue a concurso en la edición de este año del Festival de Cannes. Los chicos escapan de la mirada de sus mayores para vivir sus particulares aventuras, que les llevarán a la madurez. Sobre todo en el caso de Ellis, Mud deviene en modelo y referente casi paterno, el amor apasionado de este por Juniper le inspira a la hora de tratar de conquistar a May Pearl, una chica de su edad. Inevitable pensar en Long John Silver, el pirata de La isla del tesoro, y la especial admiración que Jim siente por él. Según Nichols, su planteamiento fue hacer «como si Sam Peckimpah dirigiera un corto escrito por Mark Twain». Era consciente de que el novelista «simplemente embotelló lo que se siente siendo un chaval. Y yo quería volver a eso y ver cómo podía ser un chico actual que vive junto al río». En la relación entre Ellis y el fugitivo Mud menciona además un referente en el que se percibe su misma nostalgia, Un mundo perfecto (A Perfect World, 1993) de Clint Eastwood.La pregunta del millón es: ¿conserva su vigencia el cine de aventuras en el siglo XXI? ¿O se ha convertido en una reliquia del pasado, que asoma esporádicamente a las pantallas, resistiéndose a desaparecer, a semejanza de lo que le ocurre al wéstern? No deja de ser paradójico en tal sentido que los años en que apenas se hacían películas del Oeste hayan coincidido precisamente con su reconocimiento en forma de premios Oscar, véanse Bailando con lobos (Dances with Wolves, Kevin Costner, 1990) y Sin perdón (Unforgiveness, Clint Eastwood, 1992). El viejo tema de la frontera nunca deja de cautivar, la existencia de territorios vírgenes y sin explorar, donde no todo está reglamentado con pelos y señales, permite el reencuentro con uno mismo en singular aventura, el planteamiento del reciente film de corte ecológico, y por tanto muy contemporáneo, Hacia rutas salvajes (Into the Wild, Sean Penn, 2007) va en esa...

El inagotable potencial de futuro de los clásicos. I jornada de críticos en almagro

Si hablamos sobre nuestra relación con los clásicos, mis consideraciones no tendrán nada que ver con una fidelidad a los textos literarios, sino a la estética, al estilo de las obras y a cuestiones similares.Como sabemos, el teatro alemán siempre ha tenido fuertes referencias filosóficas. Así, la primera gran obra filosófica de Nietzsche, El nacimiento de la tragedia, está dedicada al teatro. O el renacimiento de la tragedia, en la forma teatral de Richard Wagner, tuvo en él mismo al autor de numerosos escritos sobre teatro. El teatro de Bertolt Brecht es una contrapropuesta que plantea, igualmente, su propia filosofía del teatro.Heiner Müller llamó colección de errores a sus reflexiones sobre teatro. También él explicó su filosofía del teatro a partir de las constelaciones políticas de su propio tiempo, un tiempo impregnado básicamente por el fallido intento del socialismo y del periodo posterior al fascismo alemán, la segunda guerra mundial y la guerra fría.En este sentido, me gustaría llamar la atención sobre el contexto actual del teatro. Vivimos hoy en la época de la posmodernidad. Esta época tiene unas características significativas. Una particularidad clave es que ni el pasado ni el futuro juegan un papel importante en su cosmovisión.Por el contrario, el diagnóstico de Heiner Müller dice así: «La fórmula original de la posmodernidad es aquello que Goethe consideraba el pecado original. Esto es: decirle al instante que vivimos: “¡Detente, eres tan hermoso!”. Lo que se quiere es el presente eterno, de tal manera que la historia y el futuro puedan ser ocupados por el presente» (Müller, The Situation, 22). La ocupación del tiempo con el presente es una característica absolutamente decisiva de esta estética de la presencia.Si se examina el teatro posdramático, las llamadas nuevas formas teatrales, sus oscuridades se refieren generalmente al aquí y al ahora, centrándose en el presente y nada más. Podríamos hablar también de una burbuja temporal de presente infinito. Por el contrario, Wagner, Brecht y Heiner Müller siempre se relacionan con la historia, o también con el mito, con el objetivo de cambiar el futuro.La máxima «Ningún futuro sin pasado» siempre significa que lo nuevo surge solo en la discusión con la historia y con los clásicos. Desde este punto de vista, no se trata únicamente de un gesto de cara a la literatura, sino de un gesto de cara al futuro. Con esto tocamos el asunto decisivo. La confrontación con lo pretérito o con los pretéritos no posee un carácter afirmativo, sino que actualiza la injusticia pasada, los sueños pasados, la esperanza pasada.La confrontación con la historia eleva la presión sobre el presente para transformarlo. Podríamos decir también que se trata de un diálogo con los muertos. «Lo muerto no está muerto en la historia. Una de las funciones del drama es la conjuración de los muertos. El diálogo con los muertos no puede terminar hasta que estos entreguen en el futuro aquello que fue enterrado con ellos».Cuando pensamos en los muertos como muertos para siempre y damos por cerrado su horizonte...

Las fachadas mágicas del Gaudí ruso. El color de la arquitectura

El camino de Shéjtel —un formidable artista— es la historia de la transformación de un patito feo en un hermoso cisne. Su vida es el reflejo de la historia y la cultura de Rusia en el siglo XX. La familia de Shéjtel era de procedencia alemana: sus antepasados llegaron a Rusia en la mitad del siglo XVIII, se establecieron en Sarátov, donde montaron un negocio y también se ocuparon de actividades culturales. Así, el tío del futuro arquitecto, que también se llamaban Fiódor, creó en Sarátov el primer club literario- musical, al que posteriormente se añadió el parque de entretenimiento y teatro de verano Tívoli. Desgraciadamente, en la madurez de Fiódor Shéjtel murieron su tío y su padre, y la familia se encontró en la ruina. Fiódor Shéjtel, junto con su madre y hermanos, se trasladaron a Moscú bajo el cuidado de amigos y conocidos. Vivían en la pobreza, y a partir de los diecinueve años Shéjtel tuvo que trabajar para poder vivir independientemente. Pero, al parecer, estas duras condiciones de vida no hicieron sino avivar aún más su talento, que desarrolló simultáneamente en varios ámbitos: arquitecto, artista de teatro e ilustrador. En particular, tuvo amistad con los hermanos Nikolás y Antón Chéjov, colaboraba con ellos en las revistas humorísticas El Despertador y El Grillo, e hizo el diseño para el libro de Chéjov Cuentos estridentes.La mansión de Zinaida Morózova ( 1893- 1896), Moscú, calle Spiridónovka, 17El maestro empezaba a proyectar ansiosamente cualquier tipo de construcción: palacios, casas de alquiler, bancos, centros comerciales, oficinas e, incluso, estaciones de ferrocarril. La verdad es que sería muy difícil imaginar Moscú sin la arquitectura de Shéjtel: la estación de trenes Yaroslávsky, los palacios de Morózova, Ryabushinsky, Derozhínskaya, sus propias mansiones en el callejón de Ermoláyevsky y Bolshaya Sadóvaya, la casa de alquiler en la esquina de la calle Známenka y el callejón Starovagánkovsky, el centro comercial de la Compañía de Seguros de Moscú en la plaza Antigua y tantos otros. En el registro de edificios de Moscú figuran unos sesenta proyectos arquitectónicos, obras del célebre artista. Si se suprimieran del entorno urbano de la capital, inmediatamente desaparecerían los rasgos artísticos que dan un aspecto peculiar a la ciudad.La cualidad principal de la obra de Shéjtel es la constante evolución. Eso explica la incesante búsqueda creativa y la diversidad de sus proyectos. En cada nueva obra se encuentra una nueva y experimental revelación.Shéjtel fue autor de muchos proyectos arquitectónicos, pero todos ellos modernistas. A lo largo de toda su vida perteneció al modernismo, movimiento artístico que no duró mucho, pero que, al mismo tiempo, fue uno de los estilos más espléndidos y contradictorios en el arte mundial; un estilo con una ideología compleja, con su propia simbología, significado y con sus múltiples «peros»... Las dimensiones peculiares de sus construcciones, las hermosas y suaves líneas, la fluidez de los volúmenes, el ritmo musical de las plantas y ventanas, la atención a los detalles, la relación entre el interior y el exterior son características bien...

Homenaje a Javier Carvajal

Creo que fue Woody Allen quien escribió, en ese libro provocador y fascinante que es Cómo acabar con la cultura de una vez por todas, algo así como: De todos los hombres célebres que han existido, sin duda me hubiera gustado ser Sócrates. No solo porque fue un gran pensador, pues también a mí se me reconocen algunas intuiciones razonablemente profundas, si bien las mías indefectiblemente giran alrededor de cierta azafata de las líneas aéreas suecas. Bien, mis intuiciones razonablemente profundas (en el caso de que existan) y las de muchos, muchos arquitectos españoles, giran invariablemente alrededor de la arquitectura gracias, fundamentalmente a Javier Carvajal, que es, por encima, o además, de uno de los mejores arquitectos españoles, un auténtico maestro.Hacer la laudatio de Javier Carvajal exige, inexorablemente, referirse a esa doble faceta, a ese magnífico saber conjugar la docencia y el ejercicio profesional, la reflexión sobre la arquitectura y su enseñanza con el fatigoso, arduo y enriquecedor intento de hacerla realidad.Pero esto exigiría demasiado tiempo por mi parte y demasiada paciencia por la vuestra. De modo que, esta noche, quisiera centrarme solo en su faceta de profesor.Sus obras materiales ahí están:Ahí está ese Panteón de los Españoles en Roma, que,con la iglesia de Vitoria, es obra definitiva en el cambiode sensibilidad del arte sacro.O los edificios de viviendas colectivas de Cristo Rey,de Montesquinza, de Caracas, de León, ejemplos de construccióndelicada, sensible, del tejido urbano.O esas viviendas unifamiliares de referencia obligada:las casas Hartman, Sobrino, Biddle Duke, Baselga, Lladó,Cardenal, Rodríguez-Villa y, sobre todo, ese potente, expresionista,exquisito conjunto realizado para los GarcíaValdecasas y para él mismo en Somosaguas.O los edificios docentes, como la Escuela de EstudiosMercantiles de Barcelona, la Biblioteca de Derecho de Madrid,la sede de la Universidad de Comillas, la Escuela deTelecomunicaciones de la Politécnica o la Biblioteca de Navarra,que (lamentablemente para mí) hace la competenciaa mi Facultad de enfrente.O los de oficinas, como el Banco Industrial de León, la Adriática, la Moraleja...O los edificios en altura, desde la Torre de Valencia al espléndido proyecto para Telefónica...O los edificios singulares, como aquel inolvidable Pabellón de España en la Feria Mundial de Nueva York, felizmente en vías de recuperación para Madrid, o el Zoo de la Casa de Campo...Hoteles, mezquitas, estadios, embajadas...Todas esas obras, cuya sola enumeración marea, ahí están. Son demostración de un trabajo obsesivo, una indesmayable dedicación, un buen hacer ejemplar.Pero la rica y fértil vida de Javier Carvajal tiene otra dimensión inmaterial, y por ello difícilmente cuantificable, aunque extraordinariamente eficaz. Y a esa otra dimensión quisiera referirme esta noche.Javier es, estaréis de acuerdo, un maestro.Y un maestro que predica con el ejemplo.Un maestro que sabe que ese fructífero entrelazarse de enseñanza y ejercicio profesional es condición imprescindible para quien intente ayudar a otros a recorrer caminos ya personalmente descubiertos, transitados y sufridos.Hablo ahora como universitario, como alguien que aprendió de Javier a amar una institución que sigue siendo, a pesar de su pregonada obsolescencia, el lugar privilegiado para la creación del pensamiento, el debate intelectual y su transmisión.Pues bien. Si...

Pedro Miguel Martínez: “La lengua en pedazos, un ejercicio potentísimo de lenguaje”

Martínez interpretó anoche el papel de Inquisidor en la pieza "La lengua en pedazos", de Juan Mayorga. Dos personajes y un texto profundo basado en el "Libro de la vida", de Santa Teresa.

Clara Sanchís, actriz de “La lengua en pedazos”: “Este personaje es el más difícil que he hecho hasta ahora”

Clara Sanchís representa a Teresa de Jesús en "La lengua en pedazos", obra de Juan Mayorga que anoche triunfó en el II Festival de Teatro del Somontano. Conversa con NR antes de la función en Barbastro.

Almagro se rinde ante “Tomás Moro, una utopía”

"Tomás Moro, una utopía" se estrenó a las 22:45 horas del pasado viernes en la Plaza de Santo Domingo de Almagro, dentro del Festival Internacional de Teatro Clásico que se celebra en esta ciudad manchega. Todo salió con la precisión de un reloj.

La muerte acecha a Tomás Moro en Almagro

Ensayos antes del estreno en Almagro de "Tomás Moro, una utopía", obra dirigida por Tamzin Townsend, atribuida a William Shakespeare l Nueva Revista

Entre Wagner y Verdi

Sobre el bicentenario de los compositores Wagner y Verdi, sus semejanzas y diferencias, a partir de uno de los directores de orquesta que entendió a ambos con el mismo grado de excelencia: Arturo Toscanini.

El Enrique VIII de Rakatá: una función para recordar toda la vida

En esta pieza, de alguna manera un acto conmemorativo de homenaje al régimen, Shakespeare evita a ciertos personajes conflictivos para la monarquía de entonces, como Tomás Moro.

Tamzin Townsend: “Tomás Moro, una utopía” engancha y tiene fuerza

La directora, británica asentada en España, confía en que llegará al estreno de Almagro, el próximo 5 de julio, con su pieza perfectamente a punto. "El equipo es fabuloso, he trabajado ya con todos ellos menos con uno. Con este elenco es muy fácil".

A propósito de Tomás Moro, una utopía: Sir Thomas More en los teatros ingleses

En el "Sir Thomas More" que se conserva en el British Museum intervino la pluma de William Shakespeare. A mediados de los años veinte del siglo pasado, con Alfred Pollard a la cabeza, se presentaron argumentos sólidos sobre la autoría.

Natalia Menéndez: el Tomás Moro de UNIR, obra destacada del Festival de Almagro

Natalia Menéndez, directora del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, ha destacado la obra "Tomás Moro, una utopía", como una de las grandes apuestas del programa de este año.

Ciudadano Disney

En "The Perfect American", la música de Philip Glass, la escena de Phelim McDermott y la dramaturgia de Rudy Wurlitzer intentan rescatar una débil historia de Peter Stephan Jungk.

¡Viva el cine libre! Las películas sobre la esclavitud en Estados Unidos

Pese a lo que podría sugerir el título, Lincoln no es un biopic sobre el célebre presidente americano, sino que centra su atención en la lucha política mantenida en enero de 1865, cuarto año de la Guerra de Secesión, por recabar apoyos que permitan que el Congreso apruebe la decimotercera enmienda de la Constitución, que supondría la abolición de la esclavitud. Abraham Lincoln acaba de ser reelegido, y fue usando de sus poderes excepcionales como presidente en tiempos de guerra que aprobó la emancipación de los esclavos; pero la búsqueda de una paz honorable para el Sur en un país desangrado podía suponer una regresión en tan espinoso asunto. Steven Spielberg tuvo la clarividencia, cuando su guionista le entregó un primer libreto de 500 páginas, elaborado a partir del libro de Doris Kearns Goodwin Team of Rivals: The Political Genius of Abraham Lincoln, de ver que en las 70 páginas que ponían el foco en la «batalla» de la reforma constitucional tenía una película. Para el director, «Lincoln guió a nuestro país en sus peores momentos y permitió que los ideales de democracia americana sobrevivieran y garantizaran el fin de la esclavitud».El gran mérito de Steven Spielberg es haber logrado filmar una magnífica lección de historia, más audaz y atrevida todavía que La lista de Schindler (Schindler’s List, 1993) y Salvar al soldado Ryan (Saving Private Ryan, 1998). Porque estos dos filmes que le dieron el Oscar tienen la ventaja de abordar lo universal —el holocausto de los judíos, los sacrificios que supuso la causa aliada en la Segunda Guerra Mundial— a través de lo particular —el industrial que trata de salvar a sus trabajadores hebreos, el esfuerzo por devolver a su madre al hijo superviviente de cuatro hermanos combatientes—, y ello con pasajes muy espectaculares del horror de los campos de exterminio y el fragor de la batalla.Munich (2005) ya anticipaba Lincoln, no en balde los dos títulos comparten guionista, Tony Kushner, y es que ahí el rigor narrativo era casi documental hasta el punto de sacrificar en parte la emoción. Una forma de hacer a la que se ha recurrido nuevamente con una brillante narración, compleja, donde abundan los pasajes discursivos y pasean múltiples personajes, y ello con la virtud de apasionar y no aburrir. Sin caer en desahogos épicos forzados, hay espacio no obstante para lo emotivo, con escenas maravillosamente escritas, a lo que se suma la inteligencia de trenzar la narración histórica de la cuestión esclavista con el drama familiar de Lincoln, la salud mental de su esposa, la frustración del hijo que quiere luchar en el campo de batalla. De modo que el retrato de un gran personaje, un extraordinario hombre bueno, queda perfectamente perfilado, a lo que ayuda desde luego la sensacional interpretación de Daniel Day-Lewis, verdaderamente transfigurado en un Lincoln humano, cercano, creíble.Hay además en el filme un buen sentido de la oportunidad, como explica Kushner: «Los dos pensábamos que llegaba en un momento muy oportuno, ya que en estos tiempos...

Los Beatles frente a los Stones: la última palabra

Cuando era niño, este era el debate estético más importante de mi generación. Seguro que los ancianos lo están debatiendo todavía. De todos modos, fue un resultado desventurado de esos tiempos. En cualquier momento, siempre hay grupos de música que son muy interesantes, y la idea de que puedan ser reducidos a solo dos fue bastante tonta. El hecho es que ningún artista de la música popular llega a igualar la alabanza dirigida a los Beatles. Según su recepción, son genios trascendentes, son emblemas de toda una época. Son esencias extrañas de nuestra conciencia colectiva, etc., pero su música es absurdamente insuficiente.Ya habrás adivinado en qué lado del debate me voy a poner. Pero en primer lugar déjame decir que la idea de la esencia de una generación, o de un zeitgeist, grabada en un disco de vinilo es una idea que viene de las concepciones modernistas de las artes y otras disciplinas. Se puede pensar en Beethoven o Van Gogh, o en Nietzsche, Picasso o James Joyce: son fuerzas extrahumanas de la naturaleza, genios trascendentes que vislumbran el futuro y nos llevan allí gracias a las grandes fuerzas visionarias que habitan dentro de sus cabezas.La manera en que pensamos estas personas sirve a varias funciones, más allá de nuestro deseo de tener algo que venerar. Hacen más fácil contar las historias del arte, de la filosofía o de las ciencias: te permiten escribir un relato de grandes avances y de personajes singulares. En el fárrago de las artes o de las ideas, son nódulos: simplifican historias y experiencias en una taquigrafía que consiste en algunos nombres o esbozos biográficos. Además, nos interesan como estudios de personajes, o como estudios de la patología simbólica, siempre presente en nuestra imaginación entre lo híper eficaz y la enfermedad mental. La elevación de las personas a tales alturas es, creo yo, bastante aleatorio. Pero hace las cosas más fáciles y sacia nuestro deseo de admirar algo o a alguien sin condiciones.Lo cual no quiere decir que una cosa valga igual que otra, o que un artista no sea mejor que otro. Pero sí quiero decir que nadie es más mejor que todos los demás, como imaginamos en el caso de Picasso o de los Beatles.Avant la avant-gardeEn parte, la divinización de los Beatles fue posible gracias al auge del arte vanguardista, que llegó al occidente en el siglo XIX con Manet. Las artes de vanguardia procedieron por una serie de innovaciones radicales o, desde otro punto de vista, por una serie de rechazos radicales del pasado: una serie de negaciones. Superar o destrozar el pasado es signo de genialidad, y el arte vanguardista consiste en una serie creciente de movimientos, cada uno definido en parte por su destrucción o negación del momento anterior:impresionismo/fauvismo/cubismo/dadaísmo, por ejemplo o expresionismo/minimalismo/pop/conceptualismoEn el arte vanguardista, la autenticidad del artista y del trabajo se establece por la victoria ssobre el peso muerto de la tradición. El vanguardista se libera y nos libera de la opresión de la tradición...

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