Compartir:

Ralph Ellison (1914-1994), escritor y profesor, se hizo famoso por la novela El hombre invisible. El título lo empleó primero H. G. Wells, pero en un contexto de ciencia- ficción. En Ellison, el hombre invisible es el negro a quien nadie tiene en cuenta.

La primera afición y el primer trabajo de Ellison fue la música de jazz, como trompetista. Desde 1929 publica artículos, ensayos y relatos. Estuvo en la marina mercante durante la segunda guerra mundial y más tarde fue profesor en una cátedra sobre folclore y cultura afroamericana. El hombre invisible es de 1952. Un hombre negro anónimo se convierte en un hombre «invisible» ante la indiferencia que le rodea.

Ellison posee un estilo sencillo y culto al mismo tiempo, con mucho diálogo, en el que se advierte tanto la tradición literaria norteamericana, desde Walt Whitman a Ernest Hemingway, hasta la poesía de T. S. Eliot y el dramatismo de los sufridos personajes de Dostoievsky.

Vuelo a casa es una colección de trece relatos, compendiados por el editor John F. Callahan tras la muerte de Ellison. Reúne cuentos publicados en los años cuarenta, más otros inéditos. Las historias están ordenadas según las edades del hombre, desde la niñez a la madurez.

No son relatos de retórica denuncia antirracista. Basta la narración de los hechos para que el lector se haga cargo de la realidad. El primer relato, «Una fiesta abajo en la plaza», cuenta cómo un conjunto de hombres blancos acorralan, desnudan y queman a un negro. Solo en ese relato se muestra la violencia de forma tan dura. Así, en el segundo, «Un chico en tren», después de la muerte de su marido, una mujer negra viaja en el tren con sus dos hijos pequeños, que ríen, se divierten y juegan. El más pequeño de los hijos tiene la piel mucho más clara que su hermano, y cabe pensar en un abuso sexual por parte de un blanco…

En otro de los cuentos, «El vigilante de Hymie», la pobreza es igual para un grupo de desgraciados, un blanco y varios negros que viajan ilegalmente en un tren de mercancías. En un determinado momento, el hombre blanco mata a uno de los vigilantes del tren. La policía buscará al culpable solo entre los negros.

Los cuentos están ordenados de tal forma que, aunque los personajes sean distintos, hay unidad, como en una novela. En los últimos cuentos los protagonistas, ya no viajan de un lado a otro, sino que se han establecido en grandes ciudades. Pero también allí se les ignora o se les discrimina.

No hay ni uno solo de estos tres cuentos que dé pábulo a la esperanza. La visión de Ralph Ellison, aunque se entiende, está llena de amargura, sin que aparezca la menor pista para una solución justa. La realidad, sin embargo, demostraría que, a partir de los años sesenta, la situación de los afroamericanos mejoró. Probablemente Ellison no llegó a imaginar que quince años después de su muerte los Estados Unidos tendrían un presidente negro.


Compartir:

Adolfo Torrecilla (Madrid, 1960) es profesor y crítico literario. Dirige la sección de literatura de la agencia Aceprensa y colabora en diferentes revistas y medios de comunicación. Entre otras publicaciones, es autor de “Dos gardenias para ti y otros relatos”.