Compartir:

Por muchas que sean las lecturas históricas que se atesoren, siempre se volverá a la obra plutarquiana en búsqueda de la profundidad psicológica y hondura analítica de actitudes individuales y colectivas que solo cabe encontrar en los clásicos, de manera muy especial en los grandes cultivadores del oficio de Clío en el mundo grecolatino. No en balde —y en ciertos pueblos hasta fechas relativamente recientes— incontables generaciones del pasado medieval y moderno se educaron, en amplia medida, en las enseñanzas proporcionadas por un libro que nunca cansa, singularmente, a los espíritus con vocación pública y docente y a los lectores en edad juvenil —hora de ideales y ensueños— y senecta —sazón de recapitulaciones y epílogos—.

Este griego por entero romanizado por su incondicional admiración hacia el genio civilizador de la Urbe sentó las bases del proceso histórico en el desenvolvimiento y proyección de los hechos y hazañas de las grandes personalidades. La biografía se decantó así como el motor de la historia, en la que la marcha de los pueblos sería moldeada por la actividad de sus caudillos y figuras de excepción. El modelo de interpretación plutarquiano tardaría mucho en ser reemplazado como el más extendido en Occidente, y nunca de manera total, según lo revela, entre otros datos similares, el auge y popularidad actuales de las biografías en toda suerte de expresiones mediáticas. Ni siquiera en el siglo XX, en el que tanto enraizaron la concepción y el método marxistas, situados en los antípodas de los plutarquianos, quedó obsoleto u orillado. Su paradigma se descubrió intacto en las naciones más moduladas por el credo materialista, a la manera de la Rusia de Lenin o Stalin, la China de Mao o la Cuba de Fidel Castro. Leer a Plutarco es asegurarse un placer literario a la vez que una fuente de experiencias intelectuales inagotable.


Compartir:

José Manuel Cuenca Toribio (Sevilla, 1939) fue docente en las Universidades de Barcelona y Valencia (1966-1975), y, posteriormente, en la de Córdoba. Logró el Premio Nacional de Historia, colectivo, en 1981 e, individualmente, en 1982 por su libro “Andalucía. Historia de un pueblo”. Es autor de libros tan notables como “Historia de la Segunda Guerra Mundial” (1989), “Historia General de Andalucía” (2005), “Teorías de Andalucía” (2009) y “Amada Cataluña. Reflexiones de un historiador” (2015), entre otros muchos.