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La poesía española ha mostrado siempre un intenso interés por el tema navideño, hasta el punto de reservarle en exclusiva una forma poética. Según el poeta Antonio Cáceres, prologuista y antólogo de la preciosa colección de poemas navideños Hoy son flores y rosas (Fundación El Monte, Sevilla, 1995): “Se observa una sintonía profunda entre la poesía española, en general, y la poesía navideña, un discurrir paralelo de sus destinos”. El tema resulta prácticamente inagotable, abriendo numerosos campos de estudio, ya que, en palabras del mismo escritor, es llamativa “la supremacía de la Navidad sobre cualquier otro tema religioso en nuestra literatura. Este hecho, fácil de comprobar al repasar cualquier manual, ha de encerrar alguna de las claves definidoras del genio poético español”.

Concentrémonos en esta ocasión en un aspecto encantador. La poesía navideña de los últimos tiempos ha tendido a crear una serie de figuritas de belén de canto y verso. Ha recogido así un carácter de nuestro belenismo, bien descrito por Berenguer y Rivas como “tan atento a la gestualidad de las figuras y costumbrista en su realismo, tan abigarrado, siempre en busca de representar, con característica ucronía en sus tipos y oficios populares […] el énfasis en la viveza y el movimiento, el acento regionalista”. Esa influencia fue explícitamente reconocida por Rafael Alberti. Escribe la serie “Navidad”, de la que daremos después algunas muestras, inspirándose directamente en las figuritas del Nacimiento que levantó con sus sobrinos.

Pero no se bebe del belenismo sólo. Hay una línea de fuerza que viene de nuestra poesía navideña del renacimiento y, sobre todo, del barroco, que recreó a numerosos personajes, lo que la acercaba a la dramatización de sus lejanos orígenes (recuérdese el Auto de los Reyes Magos, del siglo XIII). No hay más que repasar los nombres propios de los pastores (Mingo, Pascual, Llorente, Antón) y su consiguiente caracterización. Silvia Iriso ha destacado “los villancicos de negro”, que gozaron de tanto predicamento: “Son piezas en las que los pastores que se dirigen al portal pasan por ser esclavos africanos e imitan su pronunciación […], cambiando o abreviando palabras […], añadiendo vocabulario propio o incorporando interjecciones, onomatopeyas y ritmos probablemente vinculados a su música tradicional”. No es el único caso en una lírica que se llena de tipos, caracterizados por su origen, como el gallego, el asturiano, el portugués, el gitano, el catalán, el portugués o el vizcaíno; o por su oficio: el alcalde, el poeta, los estudiantes, el alguacil… Quizá, siendo la celebración de la Navidad la gran fiesta de la dignidad y redención de todos los hombres, los autores se podían permitir buscar el lado más humorístico de unos pueblos o caracteres sin hacer por ello sangre.

El ya citado Alberti, en libro que alitera con su nombre, El alba del alhelí, de 1925, con el que cierra su trilogía neopopularista, incluye una serie titulada “Navidad” de catorce piezas de canto y verso que, amén de profetizar algunos tonos del inminente Sobre los ángeles, revitalizan esa tendencia a la creación de personajes navideños:

 

2.

—Un portal.

                   —No lo tenemos.

—Por una noche.

                        —¿Quién eres?

—La Virgen.

                —¿La Virgen tú,

tan cubiertita de nieve?

—Sí.

 

6. El ángel confitero

De la gloria, volandero,

baja el ángel confitero.

 

—Para ti, Virgen María,

y para ti, carpintero,

¡toda la confitería!

 

—¿Y para mí?

                   —Para ti,

granitos de ajonjolí.

 

A la gloria, volandero,

vuelve el ángel confitero.

 

7. La hortelana del mar

Descalza, desnuda y muerta,

vengo yo de tanto andar.

 

¡Soy la hortelana del mar!

Dejé, mi Niño, mi huerta,

para venirte a cantar:

“¡Soy la hortelana del mar…

y, mírame, vengo muerta!”

 

14. Vísperas de la huida a Egipto

—La albarda mejor de todas

las tuyas, albardonero.

 

—Carpintero,

¿para qué?

 

—Mañana te lo diré.

Voy muy lejos…

 

—La mejor mula de todas

las tuyas, mi buen mulero.

 

—Carpintero,

¿para qué?

 

—Mañana te lo diré.

Voy muy lejos…

    

No resulta descabellado imaginar que las figuras que inspirarían estos versos son las del famoso belenista portuense Ángel Martínez (1882-1946). Vinculado al colegio de los jesuitas del Puerto, donde estudió Rafael Alberti, fueron las familias de los alumnos los primeros y más firmes clientes del belenista. Esa atención al tipismo y ese cuidado de la gracia son fácilmente reconocibles. Un heredero de ambos, sería el también portuense José Luis Tejada, como puede verse:    

 

EL USURERO

 

—Puedo prestarle una manta

pero primero, el dinero.

Por algo soy usurero.

 

—Puedo alquilarle posada

pero, no es por nada,

primero quiero el dinero.

 

Por más que…

mañana le cobraré,

que es un pobre carpintero.

 

***

 

EL PASTOR MALO

 

—Vine, pero no por ti,

vine por curiosidad,

por ver, por la novedad.

No por ti.

      

Y…

bien poco de nuevo vi.

Tal como vine me voy…

Pero estoy cansado, hoy

pasaré la noche aquí.

 

Que conste que no por ti.

 

***

 

EL MAESTRO ALBAÑIL

 

—6 grietas y 3 goteras.

Total, 9.

Por las grietas entra frío,

por las goteras rocío,

lluvia y nieve.

 

¡Trabajar a media noche

con este tiempo…! Mañana…

hoy tapiaré esta ventana.

Pero no aguanto el reproche

de ese mirar que me acusa:

mientras que la parturienta

sale o no sale de cuentas

haremos una chapuza.

 

¡Deprisa, las herramientas!

 

***

 

VILLANCETE DEL ESTORNUDO

 

Como está la noche fría,

por un rayito de luz

estornuda

San José.

María dice: ¡Jesús!

Y el niño contesta:

¿Qué?

  

No es exclusivamente del Puerto de Santa María esta tradición, por más que yo me empeño ahora, como un niño mimado y metomentodo, a colocar también aquí mi figurita: un camello, por ejemplo.

 

EL CAMELLO

 

El camello del rey Mago

era, al principio, un caballo;

pero andar por los desiertos, 

de noche tras un lucero,

pasar calor, pasar frío, 

perderse por mil caminos

y no comer buena paja,

sin duda, le jorobaba…

Así que llegó a Belén

más camello que corcel. 

Pero al Niño-Dios le emboba

la forma de su joroba

y le hace más gracia que

los regalos que hace el Rey.

El caballo, entonces, piensa

esta profunda sentencia:

“Si por Jesús me jorobo,

la joroba es mi tesoro”.

Y se marchó, tan feliz,

con joroba por ahí. 

 

Con más exquisitez, con la exuberancia que corresponde a un monarca astrólogo del lejano oriente, Felipe Benítez Reyes ha traído su Rey Mago:  

 

 

 

VISIÓN DEL REY ASTRÓLOGO

 

Sobre la luna gélida de Persia,

maga en su ingravidez de enigma helado,

ve abrirse el abanico de una estrella

un insomne monarca. En su palacio

 

se revisten de pronto de luz lívida

los espejos de mármol y de jade,

y parece esa luz plata en ceniza,

el espectro sin paz de un astro errante.

 

Se inquieta la razón del rey astrólogo,

sabio de un universo vagabundo

y exacto en su serena geometría.

 

Por decreto celeste deja el trono,

ensilla su caballo y sigue el rumbo

sin rumbo de la estrella fugitiva

 

Antes, Luis Rosales había traído una figura que era, ya puestos, un epigrama:

 

LO DE SIEMPRE

 

No se daba cuenta;

iba de uno en otro

protestando —Bueno

¿Pero es eso todo?—

Vivir para verlo.

—Bobo.

 

Y Alfonso Canales a su miríada exuberante de ángeles:

 

¡Y cómo se descolgaban

los ángeles desde el Cielo!

¡y con qué alegre revuelo

por el techo se le entraban

a María! ¡Cómo daban

sus alas sobre el cristal

 de las ventanas, igual

que si rompieran espumas!

¡Cómo pusieron de plumas

los ángeles el Portal!

 

Pablo García Baena, atento a las tradiciones, innovador a la vez, contribuye con su “Espiritual negro”, en perfecta consonancia con los clásicos “villancicos de negro”:

 

—Negra, vente pa Belena.

—¿Pues qué pasa, Magdalena?

—Pasa el carnaval de Río,

samba y frío;

pasa el Rey don Baltasara,

chirimía y algazara

con nuestros primos del Congo,

mambo y bongo,

asándar de Tombutú.

—¿Qué me pongo?

Dime tú…

—Ponte la ropilla asú

con galón de prata antita.

—Dime, amiga,

¿seré negra pa Jesú?

—¿No es lo tinto la hermosura?

Oscura es la Virgen pura

y el Niño de cañadú,

miel morena.

—Negra, vente pa Belena.

 

Y tendremos que ir terminando nuestro Nacimiento de este año. En realidad, el objetivo está cumplido. Se trataba de ilustrar el vigor contemporáneo de un subgénero dentro de la poesía navideña: el de las figuritas; y soñar con la idea de coleccionar una abigarrada galería de personajes poéticos y montar con ellos un belén cada año. Y, de paso, dejar que la idea de fondo cale honda: la Navidad es un acontecimiento que nos afecta personalmente a todos. Por eso aquí cualquiera tiene mucho que decir, hasta el can cantor de Abel Feu:

 

VILLANCICO DEL CAN(TOR)

 

El perro ladra contento

alrededor de la cuna,

pero el jefe de la tuna

le dice: “Cállate, perro,

que no podemos cantar”.

 

¡Y al perro qué más le da!

 

El perro llegó primero

y también quiere cantar.

 

“Que me dejes, venga ya.

También yo tengo derecho

a ladrar, digo cantar”.


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Enrique García-Máiquez (Murcia, 1969). Estudió Derecho en la Universidad Navarra y lo enseña en un instituto de secundaria de Puerto Real. Ha publicado cuatro libros de poesía, el último es “Con el tiempo” (2010), tres dietarios (el más reciente, “Un largo etcétera”, 2017), dos colecciones de sus columnas periodísticas (la última, “Un paso atrás”, 2012), un libro de aforismos, “Palomas y serpientes” (2016) y un brevísimo cuadernillo de haikus, “Alguien distinto” (2005). Tiene en prensa “El burro flautista”, nueva colección de columnas periodísticas. Ha traducido a Mario Quintana, a G. K. Chesterton, en prosa y en verso, y el “Tomás Moro”, de William Shakespeare, nada menos, y de otros. Codirigió la revista literaria “Nadie parecía” y escribe crítica de poesía en diversas revistas especializadas. Mantiene el blog “Rayos y truenos”.